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Full text of "Descripcion é historia del Paraguay y del Rio de la plata"

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1 V 






i. '• 




SAS^7g.^7 



HARVARD COLLIi:Gt: LIBR-\RY 

SOUTH AMERICAN lOLl-KCTlON' 




THE CIFT OF ABCHIBALD CABY COOLIDGE, 
AND CLARENCE LEONAHD HAY, 'o8 



DESGRiraON t ISTOBIA 



vPhI& Ib VB^mVB^^P VB^ft 



Y DEL RIO DE U PUTA. 



i 



V • ». 



DESGRIPGION É HISTORU 
Y DEL RIO DE LA PLATA. 

OBKA PÓSTVM& HE 

u niuu Hi uam i miiai 
m SlSOR DOS teCSTIII DE iZlRl, 

■n^ k IUUb. nklln it li irte ia C£i« III, it. it. 

BAIO L& DUBCCIOH 

H Kü llSaiO SIUSTIil USIIIUIIOS II USlIl. 

Cikalle» da 1m ¿rdenef da iMbcl U CauHlM, y da Sii Geuro. 
ABtieurío de la BiUiowca Nsdoaa) , etc. etc. antor da Tiriaa 
obraa literariu, da la biografia da dicho autor con qae conelsja 
h obra f d« Ua saUi qaa la HaslraD. 




. SBi^üMaim)} 184*. 
lanra» h Sahcbii. calli bi Jarbii»*, 



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HárvarH CoUsm Library 

AfQhfb**(i Cdf^ Co»lldg« 

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Claninoo Ceonard Hay 

Aprü 7. 190§. 



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f-'/fUf c^' ^-^t^ 



A LOS LECTORES EL EDITOR. 



De$de que en iBOd conétúyó nU uSUpt Iíú don Félix 
^ Azara de e9ctíbir esta obraipara eompUlar ia$ que 
habia ya puMcado en i 802 eobre toe pájatoi y éfuadru- 
l^ios id Paraguay yddrtódeiá Plaia , fM su ánkno 
darla á laprensai tan prant0 como lagi^asis s» te r«im* 
tiese de la Asuii cíoit del Forogiisy , tina «fipta del plano 
que regaló á ¿u eabUdo y delquesedánoHeia m ju^o- 
grafía ; etípU qíiese hiMa d^adó en aquMla población 
eon otros tféetés , fia que tenia pedidam repelidas oe<k^ 
tnofies á la perÉona encargada de ellos. 

' iAuní cuanlio entre los papeles reflerenites á $u eontísion^ 
áe la déinareiieion de limites de' aquel territorio que m« 
iregéalgMemo á eu Hégada á EspéñOf habia también 
un ptaño de aquellos países, estese referia mas á sus 
trabajos o/kuúeS, que á Idsq^e habia fiecho de esprofeeo 
para su obra y para corresponder al aprecio f dtsfjneúH 
ñesconfptek fátmeeieron aquMos natunúes^ Be todos 
est&s trabajos cienüfieos 9 solo eonsereaba algunoi apun^ 
tes yf dibufos que^ en te ekaüUuá^on que hoicia todas 
Sus cosas ^ no éréyfi ^bastaníCi para kater vn\ mapa tan 
exacto como el que habié dejado en Amiricaj^ 
' Viendo i que á pesas" de-sus'mutíuu rechonádoneSf 
no podía lograr su desdado mapa , se deddiA. á solicitar 
del gobierno se le fadliiase el.que hdbia entregado á su 
Uegáda » á fin de^ rehacer aquel ^ en vtsta de los apuntes 
que conservaba, poniendo' ilotas eli los piMos enqueíu^ 
vine algunas dudas. I^:glorioáa guerra de la indepen^ 
deaeia que so ^inauguró en £808, y sus consecuencias 
^ aloraron hasta i 814 » impidierún el que Ucoase á ea; 



bo $U8 de$eo$ por ^í^nceA. iMBga qu^ fef/retó el reg Fer- 
nando Vil á España^ y que se volvió á enttar en d esto- 
do normal , ptdto doh Félix et plano espreeado para Ue- 
var á cabo d referido írabajo; pero ya no ee encontró en 
bUsecniarias'de.Matmaefid^rEiíQioi . 

DeefuuM /oK^oíntienfo d$ B*.FiH^ , M pr^cliea^ 
dálOAmae nqnieU^e iiligemkm en biwad$, dicho, ma* 
pajfmiá pae09. kém títh .to/ttiicMa^i Aoeto, el dia , d 
biet^ comento ta Ufoíifiera eeperai^ de pod^r -cons^pdr 
tma oQpHib dát^qM ecpist^jm d- otfMiaviienlO' 4e /d Ásu»'- 
eioit , en Mfócmo t^ Aard\ puMícar imMdiaktfnmiU. ^ 

Coma á peemr deVempeñ^ d»m ifA^^íH m f^- 
Míearjtt^ra eemM referidamapa i no le-, cwddn'é ya. 
indispensable á la miátna obru de <a 4ue eefi/í mas . bm^ 
ua adamo que una cosa fiée«Kirici » i9|e Ae d^ido q.jpU' 
bliaarla en oks^iuio á eu.ftttenauMmarta' » tf ¿^\)fin,4e fue 
un ¡azar desgraciado no prwe al mundo imüMdo >4i y^ 
escrílto fiM creo uftVtflífiío pora ei ceii06imíenl(i> 4e o^ue- 
li0s\p(S^ «y qUe |)er o<ra parte tomtieiü^ io uapuHiea**^ 
dOiSobre eUos por d fnisma auíor^ . 

A eüe fúMcariguáM revisión y ]NiM¡caeie« 4 «i 
omiirp' et Sa, D. Basilio SesiiSTiAif G^sordbunfoa m i#^ 
ajuiAy iifUMbioríp de^ AiUtbCacfliAaeumrf de Jtadríd , y 
6i0ti eoftootdo por (oe mtjcj^ o6raf eft^ti/Scoey /tieraria» 
9(ie ka dada á lu% » 'y itaj« fíK Utreccíbn todoy oá piW«o» 
creyeiwloliaosrtmUmeUfttíe^ihaarqiidafai cMo^noe 
notas y con laiíegra/fa dffaiifar,» alertaos otiie/lai y es^ 
laporeteqirenido Merolf».: \ . • .^ 

En d capitula 9 ddtoino h^Mrñzokmi,sií¡oriiod» 
la obra de tos Cuadrúpedoe dd Porojiiay > piiUíeadft en 
Fraficid sin su eonsenümienio » y faltñ de notícM^ é in-* 
completa en ío principal. Refiriéndose en d mismo capii^ 
tuto al geMMe de Hidma ñalund de Pam» túferma 



III 
en muoka porfe, ai muma opinión $obre aiguno$ de sm 
esplieaioB cuadrúpedoif tazan por lo que puede eonside* 
rane inkretanüsuw^ esta parte ; par que com¡ieta $us 
obras éehi cuadrúpedos y aun kide los pájaros dd es- 
presado Paraguay. 

Es íamUénnde gran inlerés WnárúMi y Miilt/h«min«* 
te eáa obra^ porque D, Fetía^ deseubre y oertig»^ con 
fíl6úicRtfoa y eon suma eUmdadf los errores 'en que 
por mofeta S per ignoramia inemrieranlas auíoree que 
deseribkron eelae paises antes ftw ¿(, y en partíeislar los^ 
que consiguaraneH stís obras el aéeiaalada AJvar OiuoeA, 

No<áse.lia paresia^ ^cessiuaenle variat to lünieteftt 
qm diíméseiUmtiürá'esia obhi ni Ion poco sts estilo^ or^ 
íografiaypuniuaekm^ por parecernke debsür puNtMrtá 
tal y cualilladqó escrita y corregida \ y la he hecho 
ejecutar en igual forma tipográfica y tamaño que las 
obras ya publicadaSf á findeque siga el nusmo orden y 
na iesáiga^ en lo poinUe» de sUa^ 

Creyendo yo que obra de esta clase debe pasar á la 
posteridad f he preferido^ para su impresión « el papel de 
fábrica antigua española llamado de (íno, al de nueca m. 
f9encion que se hace á máquina , porque si bien este tie^ 
ne mudm mas blancura y hermosura para que luzca la 
impresión^ es al propiotiempo de muchisima menos dura- 
ción que aquH y se rompe con la mayor facilidad a poco 
que se use. 

Como no ha presidido á esta publicaeion el espiriiu 
de ganancia , solo se han tirado 500 ejemplares, con el 
fin principal de mandarlos gratnitameníe á todas las Bi- 
bliotecas publicas y establecimientos de ciencias naturales^ 
nacionales y estrangeroSf de suerte que solo el pequeño so- 
bra$^e que resulte^ se espenderá á los españoles que deseen 



fv 
esia obraj en cuyo caso im pagarán nu» 4IM el coU» de 
impresión^ encuaiemaeion y eommonn. 

Tambim he erado dar A reíraio y facaiamk dé iam 
iluxtre español al frente de la obra , por pareeerme me-- 
recer bien^ por iu$ servicioi presladosála patria f*elqm 
conozcan tas nobUs facciones 90$ conciudadanos. 

Entusiasta de sus virtudes que admbri de cerca en mi 
juventud^ y desu taUnto que contribuyó á mi edueacion;- 
agraüeidoá sus benefieiosy creyendo contribuir ^al pro^ 
pió tiempo y áí bien piMieo por quien tasdossaerilkios fctsa 
miseñortío^no tardarien dar á la prensa sus demos 
obras y y sien ellas y en esta pubtíoaeion logro aumentar 
la aureola de gloria que circunda yatu venerando nom-- 
brciyquese me juzgue agradecido por mk compalriotaSf 
habrá logrado el único fin que sepropone 



S^oé6aéae$éa cá 9^4!ÑCimei. 



• * •' •> 



PR6L060 DEL AUTOR 



4 . Et añd de 1781 me embarqaé de orden del rey 
eo LiAoa y arribé al Brasil « de donde pasé luego al 
fiio de la Plata. Alli me encargó el gobierno muchas 
y grandes comisiones , qoe no es del caso especificar; 
bastando decir , que para desempeiarlas tuve que ha- 
cer muchos y dilatados yiages« y que hice Toluntaria- 
mente otroo con el objeto de adquirir mayores conoci- 
mientos de aquellos Tastos países. En todas mis pere- 
grinaciones observé siempre la latitud geográfíca al 
medio día y á la noche por el sol y las estrellas con 
nn buen instrumento de reflexión y horizonte artificial. 
Y con la proporción de ser el país tan llano » jamás 
omiti el demarcar los rumbos de mis derrotas y los de 
los puntos notables laterales con una brújula , corri* 
giéadolos de la variación magnética que averiguaba con 
frecuencia cotejando su Azimut con el que calculaba 
por el sol. Con estos fundamentos , sin usar jamás de 
estima ¿ del poco mas ó menos , hice el mapa de mis 
viages situando en él todos los pueblos , parroquias y 
puntos notables por latitudes y demarcaciones obsor- 
vadas, y creo que ninguno de ellos tiene error. Tampo- 
co creo lo haya en el mapa de las provincias de Chi- 
quitos y Santa Cruz de la Sierra ; porque lo hizo al 

i 



— 2 — 

mismo tiempo qne yo el mió , mi compañero el capitán 
de Trágala D. Antonio Alvarez Sotomayor. 

2. En cuanto á los ríos principales , crei ocioso na. 
vegar muchos de ellos, sabiendo que lo habían ya hecho 
otros facultativos con el mayor cuidado. Asi copié las 
primeras vertientes del Paraná hasta su Salto grande» 
y del Paraguay hasta el Jaura que están en dominios 
portugueses , del mapa inédito del brigadier portugués 
D. José Custodio de Saa y Paria , que anduvo muchos 
anos por aquellas partes. Pero como no era astrónomo 
sino ingeniero , no merece toda mi confianza , aunque 
si mayor que todos los mapas publicados hasta hoy. El 
curso del Paraná desde el citado Salto grande hasta el 
pueblo de Candelaria, le copié del que hizo mi com- 
paitero el capitán de navio D. Diego Alvear , que lo 
navegó y reconoció en tiempo de mis tareas ; y el res* 
to del Paraná hasta Eoenos Aires , lo hicieron por mi 
orden návegándole , mis snbaltepnos el capitán de na* 
vio D. Martia Bonoo, \ús pilotos D. Pd>lo Ziznr ydon 
Ignacio Phzas y el ingeniero D. Pedro Gorbiño. Los 
mismos navegan^ por disj^sicion mía el rio Uruguay 
desde Buenos Aires hasta su Salto, el Gorugnati, el Je- 
jín, el Tebicuari, y el Paraguay desde los diez y no^ 
ve grados de latitud basta su unión con el Paraná; des« 
de esta latitud hasta la boea del rio Tanra , lo he 
copiado del de les detnsf caKiores del tratado de limites 
del añt) 4780. 

3. Por lo qué hace á los tributarios de los citados 
rios, como sea inttmefaMes y riegan inmensos paises 
despoblados y llenos de bosques, me ha sido imposible 
reconocerlos , y marcar con acierto su verdadero cur* 
^0. Asi me he limitado á dirigirlos desde sus confluen- 
cias c<m los grandes rios á los pontos donde los he 



— 3 — 

cortado od mis viages» y lo demás par oolicias á buen 
juicio: de modo qae ea esta parle hay precisamente 
machos yerros que do podráa corregirse \m\A que pa- 
sando bastantes siglos « se est&eada la poblapion por 
todos ellos. Entonces se sabría lo que son y el purso de 
dichos tributarios ; y si el río Aracuay ó Pihuroaio ea- 
tra en el del Paraguay por dos brazos ; uno poco ro%8 
abajo de la Asunción y el otro en los veinte y cualrp 
grados y veinte y cuatro minutos de laíilud como yo 
creo ; ó este último mucho mas abajo sfi^un lo marca 
el mapa de D. Juan de la Cruz. 

4. Para arreglar mi mapa ¿ un primer meridiano 
conocido en Europa « hice muchas observaciones en 
Montevideo, Buenos Aires » la Asunción y Cernen les 4e 
bs inmersiones y emersiones de los satélites de Júpiter; 
que aunque por defecto de sos tablas astronómicas pue- 
den dar errada en cinco leguas la direreacia de meri- 
dianos« no por eso lo estarán las posiciones respectivas 
de los pontos de mi mapa. 

5. No se limitó mi atenciion á hacer dicho mapa; 
porque hallándome en un pais vastísimo , sin libros ni 
cosas capaces de distraer la ociosidad , me dediqué l^s 
veinte anos de mí demora por allá á observar los obge- 
los que se ofrecían á mis ojos en aquellos ratos que lo 
permitían las comisiones del gobierno, los asuntos geo- 
gráficos, y la fatiga de viajar por despoblados y muchps 
veces sin camino. Pero como para esto estaba yo solp, 
y los obgetos que veía eran muchos mas de los que 
podía examinar » me vi precisado á preferir , después 
de lo dicho , la descripción de los pájaros y cuadrúpe- 
dos , quedándome pocos momentos para reflexionar sp- 
bre las tierrasi piedras, vegetales, pescados, insectos y 
reptiles. Asi mis observaciones sobre estos artículos se 



/ 



— 4 — 

hallarán triviales y escasas , como escritas por qiueii no 
tenia tiempo ni inteligencia en tales materias. En cimiq- 
to á los hechos de toda especie que refiero , he procu- 
rado no exagerar nada , sin pretender que las refle- 
xiones que de ellos deduzco se crean , no hallándose 
fundadas. Muchas de ellas las omili en el primer bor« 
rador que hice de esta obra« temiendo á los críticos , y 
figurándome que ya las habrían hecho otros antes que 
yo: pero hoy deponiendo estos temores , publico esta 
obra como la concibe mi mente , con el único fin de 
que sirva á la instrucción del gobierno y de la historia 
natural priocipalmenle del hombre. 

6. No estaba ocioso cuando rae hallaba en las po- 
blaciones; porque leí muchos papeles antiguos de los 
archivos de las ciudades de la Asunción , Corrientes, 
Santa Fé, Buenos-Aires, y de los pueblos y parroquias,* 
y consulté la tradición de los ancianos. Leí también 
algunas historias del pais , que en bastantes cosas no es- 
taban acordes con dichos papeles originales; y en todas 
hallé que sus autores no tuvieron bastantes conocimien- 
tos locales ni del número de naciones ni de indios, ni de 
su situación ni costumbres. Esto me ha determinado á 
escribir la historia del descubrimiento y conquista, cor- 
rigiéndola en cuanto he podido , de los yerros y equi- 
vocacioues que han cometido dichos escritores, algunas 
veces por ignorancia y otras con malicia. Para que esto 
se comprenda mejor, haré aqui uua relación breve del 
carácter de dichos autores. 

7. üldérico Schímide's fué de soldado á aquella 
conquista en i 534 y salió deallien 4552. Libre ya 
del servicio se fué á su patria Straubingen en BabierL 
donde escribió en alemán la historia de los hechos que 
había presenciado^ estropeando, corrompiendo y tro^ 



-• 5 — 

«ando tanto los nombres de las personas, ríos y Ioga« 
res, qae solo las puede entender quien los conozca por 
«tra parte. Su obra se tradujo al latín y de este idioma 
al castellano sin corregir su nomenclatura. Quitado este 
defecto es la mas esacta que tenemos , la mas puntual 
en las situaciones y distancias de los lugares y nacio- 
nes , y la mas ingenua é imparcial; sin que peque en 
otra cosa, que en habérsele pasado alguna vez anotar 
las diferencias entre los que mandaban y algún hecho 
ocurrido en su ausencia. También tiene el defecto ine* 
titable á un soldado raso, que es abultar el número de 
enemigos y de muertos en las batallas , y decir que los 
indios tenian fosos, estacadas y fortalezas para aumentar 
su gloria en supeditarlos. Alguna Tez para dar varie- 
dad á su historia , añade que algunos indios tenian vi- 
gotes y que criaban aves y animales domésticos , fid- 
tando en esto á la verdad que usa en lo demás general- 
mente. 

8. Alvar NuBez Cabeza de Vaca , fué el año de 
I5i2 á continuar aquella conquista; y disgustó tanto á 
sos subditos , que estos lo despacharon preso á España 
en 1 544 juntamente con so confidente el escribano Pe- 
dro Hernández. El consejo supremo vio el proceso que 
le habían formado ; y oídos sus descargos, le condenó á 
privación de empleo sin indemnizarle los gastos que ha- 
bía invertido, y á un presidio en África. Mientras dora- 
ba su causa , ó poco después escribió unos comentarios 
del tiempo de su gobierno, que se han impreso poco 
há ; porque no tuvo él impudencia para hacerlo estan- 
do tan fresca su sentencia. Esta obra es á veces tan 
confosa , que no se entiende , y otras altera y cambia 
los nombres. Por supuesto que no se queda corto en 
su apología , y que sabe aplicarse cosas buenas hechas 



_ 6 — 

después estando él preRO en Madrid. Tampoco es 
caso en acriminar á sos contraríos, no perdonando me- 
dios ni iorectivas y aun achacándoles la ataricia y otros 
vídos que eran suyos. 

9. Al mismo tiempo qoe Ahrar Nuies escribía An- 
tonio Herrera en Madrid , y es de creer qoe este oyese 
á aquel 6 i dicho Hernández ¿ que consultase sus co- 
mentarios. To no be leído á Herrera; pero creo que 
DO pudo tener suficientes conocimientos locales para es- 
cribir con puntualidad. 

(0. Martin del Barco Centenera, clérigo estreme- 
ño , pasó al Rio de la Plata el a&o 1 573 y escribió en 
Argentina desde su descubrimiento hasta el año de 
4581 imprimiéndola en Lisboa el de 4602. Los profe- 
sores juzgarán su mérito poético; yo en cuanto á his- 
toria considero esta obra tan escasa de conocimientos 
locales, y tan llena de tormentas y batallas, de cironna- 
tancias increíbles, á los que conocen aquellos natora^les, 
y de nombres y personas inrentados por él, que creo 
no se debe consultar coando pueda evitarse. Pero su 
empeño majror es desacreditar á los principales y á los 
naturales, siguiendo en esto el genio característico de 
todo aventurero y nuevo poblador como él lo e ra. 

4 i . Ruiz Díaz de tíuzman era sobrino de Alvaro 
Nufiez, según dice. Yo no sé con que motivo se mudó 
el apellido y también el de su padre , qoe era Alonso 
Riqoel, y él le dá el de Riquelme: su madre fué Ursa- 
la , una de las muchas' mestizas que de Indias tuvo Do- 
mingo Martínez de Irala. Nació con corta direrencia el 
año de 4554, y pasó casi todo el tiempo que estuvo en 
el Paraguay en la provincia del Guaira de la que llegó 
^ ser comandante. Con esta autoridad tomó alguna gen* 
te, y se fué á fundar la segunda ciudad de Jerez. Estao- 



— 7 — 

de en eUa ell / de abril de 4503 escribió jenlameite 
coD el ayoirtamieDto que acababa de erigir , al de la 
Asancíou diciéadoles, que á petición é instancias de les 
vecinos de Cindad Real babia fondado á Jerez , y que 
convidaba á los que de la Asancioa quisieran ir á esta* 
blecerse alli. La coutestacion fué mandarle restituir log 
pobladores á Ciudad Beal, de donde los habia sacado; 
porque al mismo tiempo se quejaron amargamente los 
que babian quedado en el Guaira de que Ruis Díaz ha- 
bla sacado los pobladores para Jerez á fuerza contra 
sus repetidas protestas y con grave perjuicio de la pro<^ 
vlncia. Pero Ruiz Diaz no hizo caso del mandato^ ni de 
otros iguales que le repitió el gobernador general» de 
cuyas resultas se le formó proceso, y él se ausentó dd 
pais. Todo esto consta por menor en el archivo de la 
Asunción. Se fué Ruiz Diaz á Chunqnizaca, donde ea» 
cribió su Argentina y la envió el ano de 4 64 2 al duque 
de Medinasidonia. Aun no so ha inipreso esta histom, 
de la que tengo una copia en la que oft eee exonda 
parte; pero creo qné no la escribió. Lo dicho basta 
para que no lo teDgamoi por éaernputoso y ipara que 
nos cause novedad si vemos que en vei 4e terdades 
cuenta novelas, eomo soa: laúdela leona que defendió 
ilamnger: la tmnsnrigrslcioii de ks Ghiriglianas : el 
viaje de Alejo García , el baber conocido á su hijo f y 
cuanto refiere de las alhafas de piala llevadas del P«ri 
al Paraguay. También altera tas fedhat cuando lo leoe^ 
Ata para interedlar espedioioiies finidas. Foija gvaados 
batallas, ejércitos numerosos, fortalezas, liíchaseftvene» 
nadas'y dtras cesas ^iie inventa para honrar á sv ipa- 
dre, idouelo y lio. Con la. mlssaa idea acrimina cruel- 
Mente á Frttcisco Ruiz'Galan que compitió el mando 
eeii m abuelo y nunca fué de en partido , á Felipe de 



Cáceres, ponfiie trabajó en la deposicioo de sa tío^ f 
á Roiz Díaz Magarejo porque le prefirieron á so padre 
para las comisiones. Finalmente sa mracion hace co« 
nocer qne estaba poco impuesto priMípalmente det 
curso del rio Paraguay y de sus naturales. 

4 2. El P. Jesuíta Lozano escribió en el Toasman 
la historia del descubrimiento y conquista del río de la 
Plata , la cual se halló en sa colegio manuscrita en un 
Tolúmen que posee don Julián de Leira en Buenos Ai* 
res. Tuvo presente i todos los autores citados y otras 
memorias; pero como ignoró la geografía del país, y la 
situación áé muchas naciones , sus nombres, nimero y 
costumbres , no es estraño que las equivoque algunas 
veces, que no corrija las equivocaciones de sns orfgina^ 
les, y que no entienda á Schnnidels. Su principal cui* 
dado fué acopiar cuanto han escrito, lleno» de acrimo- 
nia y de pasión contra los conquistadores Alvar Nu^ 
iez » Barco y Rui-Diaz; y aun no satisfecho con esto* 
aumenta, inventa y tergiversa los hechos. No huboalli 
en su concepto sino dos hombres buenos y santos que 
hicieron milagros , á saber? Alvar Nunez y el prkner 
obispo á quienes el consejo condenó justamente por so 
mala conducta y porque realmente foeron lo» mas inep* 
tos. En fin , presentó el P. Lozano esta su historia á 
los PP. de su colegio de Córdoba, y estos la hallaron 
tan cavilosa y mordaz , que no permitieron se publica* 
se, y encargaron al P. Goevara, que la corrigiese se- 
gún me han informado gentes de verdad que oyeroB 
esto mismo & los PP. de Córdova. 

4 3. Dicho P. Gueyara purgó á Lozano de algunas 
caTílaciones y maledicencias , añadiendo oUrad mas h^ 
salsas; omitiendo cosas sustanciales, pone otras que no \» 
son , é ingiere sin venir al caso la historia dd Tuco- 



— 9 — 

man. Esta obra manoscrita se encontró en aquel cole- 
gio, y algunos la han copiado figurándose que es la me- 
jor por ser la última. 

1 4. Aunque yo conozca los defectos de los citados 
autores he tenido que yaierme de ellos, porque creo 
que no hay otros originales; pero los he corregido cuan- 
to he podido por los papeles auténticos que he visto en 
los archivos, y por los conocimientos del país y de las 
costumbres de sus naturales. En erecto , sabiendo que 
estas son en aquellos indios tan fijas é inalterables se- 
gún deduzco del cotejo de relaciones antiguas con las 
del dia , y no hall&ndose f tiítro nt tradición de idola- 
fria, de comer carne humana , de flechas envenenadas. 
Ai de conservar en la guerra eacrtivod á los varones 
adultos , quedan destruidas AMbs ésHas fábulas con que 
algunos escritores adornan sus historias. Cuando los 
he sabido , he aplicad» tos ver Atderiü Aombres á los 
l^ragesy nación^ qM k)tfaMfM*étfaftéran y equivocan 
muchas veces; mas no debe inferirse de esto que al- 
gunas naciones han sido estermioadas , como errada- 
mente lo dice Rui-Díaz de la de Agaces ; porque me- 
nos dos ecsisten todas las que vieron los conquistadores; 
y su número de almas , que se verá en el capitulo 4 O, 
destruye las ideas que él mismo y otros nos dan de nc- 
merosisimos ejércitos. Los padrones que se ven en los 
archivos hechos en los primeros tiempos de los indios so- 
metidos, no les dan tanta gente como la que hoy tienen 
sus pueblos ; infiriéndose de aquí que no los han ester- 
minado la avaricia y crueldad española , que es la úni- 
ca salida que se dá á tantos millares de indios como se 
han amontonado arbitrariamente en las batallas y re- 
partimiento de encomiendas. 



OBsaaiiiiiiiiiiiiiiiiiüiiíiiií 

DEL FAE.AOITAr - 

Y DEL RIO DE Li PLATA. 



CAPITULO I. 

Del clima y de los vlenton. 

f . Tomemos por límites del Norte y Medio» 
dia los paralelos de t6 y de 53 grados : por lin- 
dero occidental á las faldas mas orientales des- 
tacadas de la cordillera de los Andes entre los 
citados paralelos, y por límite oriental la costa 
patagónica hasta el Rio de la Plata, continuan- 
do después por la línea divisoria del Brasil has- 
ta los 22 grados , y después al Norte hasta di- 
chos 16 grados. Lo que estos límites encierran 
es lo que voy á describir ; que comprende una 
superficie larga 740 leguas y ancha de 150 á 
200 ; pues aunque no la haya corrido, todas las 
noticias que me he procurado bastan para dar 
una idea general. Pero no hablaré de la provin- 
cia de Chiquitos ; porque lo quiere hacer don 
Antonio Alvarez Sotomayor. 

2. Como en lo que describo no hay monta- 



— €2 — 

ña , siguen los climas una graduación propor- 
cionada á la altura del polo. Asi bastará decir 
lo qae he observado en las dos ciudades mas 
remotas para formar juicio del resto. En la 
Asunción que está en los 25^ 16' 40'^ (i) de 
latitud, el mercurio del termómetro de Fahren- 
beít subia en un cuarto á los 95® en los dias 
comunes del estío « y á los 100* en los meses 
calorosos, bajando á los 45* en los mas fríos del 
invierno. Pero en años estraordinarios, como el 
de 1786, y 1789 bajó á los 33*. Son pues sen- 
sibles las estaciones , y muchos árboles mudan 
las hojas. El frió ó calor parece no pender 
tanto de la estación ó del «Sol como del viento; 
pues si este es Norte , siempre hace calor aun 
en invierno , y si es Sur ó Sueste hace frío aun 
en verano. La razón parece ser , que el Norte 
corre antes la inmediata zona tórrida', y el Sur 
la zona fria. Los vientos mas frecuentes son los 
del Este y Norte. Los Sures no soplan la duo- 
décima parte del año; y los Suestes en poco rato 
no dejan una nube en el cielo. Apenas se conoce 
el Oeste ó Poniente y nunca dura dos horas; 
como si lo detuviese la cordillera de los Andes. 
3. Aunque no tuve termómetro en Buenos- 
Aires como su latitud es 34* 36' 28^' , no hsLj 

(1) Asi espresaré los grados, mioatos y segandos. 
Las latitades serán aastrales , y las longitudes occideo- 
tales a) meridiano de París : nnas y otras obserradas. 



1^ 13 ^ 

dada qne süi h^ce menos C9lpr y mas frió que 
mk la AwBcion j y «e reputa y^yienio reguJar, 
cuando cuentan tres ó cualro días de helarse iin 
poco d agua ; pero si e^ta ae bi^la mas intensa- 
mente ó mas días, se g^adjiia el invierno por es- 
ccsivo. Los vientos signen el sistema déla Asud- 
cion, pero coa triplicada fuerza, principalmente 
en la primavera y estío, hqs de Popiente soplan 
algo mas, y los {^oestes siempre traen lluvia en 
invierno nunca en veprano. Los mas duros en to- 
das aquellas partes S09 los del Sudueste al Sues- 
te , y el otoño es la estación mas apacible. En 
mi tiempo solo hubo dos huracanes. £1 del 14 
de mayo de 1799 derribó en el Paraguay la 
mitad del pueblo de Atira matando Qiycba gea* 
te, y llevó muy lejos muchas carretas: y el 8 de 
setiembre del mismo año arrojó á la playa ocho 
grandes embarcaciones y muchas menores en 
el puerto de Montevideo. 

4« En todas partes es la atmósfera tan hú- 
meda, que toma los g^ones y muebles. Princi- 
palmente en Buenos-Aires los cuartos que miran 
al Sor , tienen Liimedo el piso , y las pare- 
dea es|Miestas al mismo rumbo esjtán llenas de 
musgo. Los tejados que miran á la misma re- 
gión , se cubren tanto de yerba, que es preci- 
so limpiailos cada tres auos para evitar goteras 
y peso : mas nada de eso perjudidica A la salud. 

5. Muy rara jet se ve la ui^bla desde los 



— u — 

cuarenta grados hacia el Norte, y el délo es ei 
mas alegre y despejado. Pero aun es mas rara la 
nieve, pues solo he encontrado memoria de ha- 
ber nevado poco una vez en Buenos-Aires , y 
causó tanta novedad á sus habitantes , como á los 
de Lima el ver llover , porque en su ciudad no 
llueve. Ta se comprende que jamás nieva al Nor- 
te del rio de la Plata , y que los fríos, nieblas y 
nieves son mayores al Sur de los cuarenta gra- 
dos. Algunos creen que el emisferío austral á 
igual latitud es mucho mas frío que el septeo- 
tríonal ; pero de lo dicho se deduce que á lo me* 
nos nieva mas en este que en aquel ; y en Bue- 
nos-Aires no se usan tantas chimeneas ni brase- 
ros como en Cádiz^ que está cuasi en la misma 
altara de Polo y mas reunido y metido en la 
mar. Sea de esto lo que fuere parece que el (rio 
ó calor no pende tanto del lugar del Sol como 
del viento 9 y que no están tanto en la tien*a co- 
mo en la atmósfera ó el aire. 

6. Aunque ios granizos no sean tan fre- 
cuentes como en España, una tempestad eldia 
7 de octubre de 1789 , arrojó piedras hasta de 
diez pulgadas de diámetro á dos leguas de la 
Asunción ; y suelen recoger los granizos para 
beber helados. La señal general mas fija de llu- 
via próxiQía, es una barra de nubes al Poniente 
pegada al horizonte cuando se ipúoe el Sol. El 
viento Norte y recio que ocasiona pesadez á las 



— 18 — 

cabezas, indica lluvias al segundo dia ; y los re- 
lámpagos al ^udueste al anochecer, y el calor 
calmoso, anuncian lluvia fija la misma noche. £n 
Buenos Aires tienen por señal de agua al descu- 
brir la costa opuesta ó del Norte del rio. 

7. En todas aquellas partes llueve en gotas 
mas gordas y espesas que en Europa, y la. can- 
tidad anual de agua llovediza creo que es muy 
notablemente mayor que en España. En todas 
las estaciones y mas en verano , suele llover 
con muchos relámpagos, á veces tan continuos 
que apeoas hay .intervalo de unosá otros, y pa- 
rece que está el cielo ardiendo. En cuanto á 
rayos caen diez veces mas qpié en España, sobre 
todo si vieuQ la tormenta dd Norueste. Una de 
estas arrojó treinta y siete rayos dentro del 
recinto de Boenos Aires , matando diez y nueve 
personas' el 21 de enero de 1793. Observé en 
el Paraguay , que todos los rayos seguían de 
arriba abajo los postes de madera mas altos y 
Terticales de los edificios , aunque estaban em- 
potrados ó' embutidos en las pa^es; y sí aque^ 
lias gentes se hubiesen separado, ile tales postes^ 
no habrían perecido los muchos'que han muerto 
del rayo en mi tiempo. 

8. La mayor abui^d«ucia. de tempestades, 
rdámpagos , delruenos, de rayos y de aguas plur 
viales , no puede atribuirse á las semmías que 
distan centenares de leguas* Tampoco puede 



— f fr — 

ocasionarla k mfluefte^deJM bosqkiés ^ fKMrqne 
caasi puede decirse (pie ño hay ártifoles' desde 
el rio de la Plata hasta los cuarenta grados y 
aun mas: y los que hay hacia el Norte hasta 
acercarse al Paraguay se encuentran solo en' los 
rios. A mas de que sucede ló mismo dónde los 
hay que donde no. Es pues preciso conjeturar 
{pie aquella atmósfera tiene mas electricidad , 6 
que posee una cualidad qué condensa itfais va- 
pores y que los precipita mas prontamente cafo- 
í^ndo los meteoros citados. 

9. Parece deducirse de lo dicho # que el 
frio^ la humedad y la dureza de los lentos van 
creciendo en razón de la htiiud^ que éslaútirca 
causa Tisible capaz de poderlos alterar; pero no 
sucede lo mismo de los truenos y rayos que al 
contrario parecen mayores y mas en el Para- 
guay que en Buenos-Aires. En fin , lo dicho es 
suficiente para conjeturar fo que sucede de es^ 
tas cosas en mayores y menores lattttkdes del 
pais que describo. 

Í0. Por lo relativo & la salud , puede letíer- 
se por cierto -que no hay en el mundo países 
mas sanos que todos aquellos. Las orilhi^ anen 
gadas y de las albercas no alteran lá salud de los 
que las habitan: bien que puede atribuirse á 
estas situaciones pantanosas algunas |>^i^ás 
qué se notan en las poblaciones dé Remofinos 
y Santa Rosa! del Paraguay. 



— 17 — 



CAPITULO II. 

AftqpMdetoB y ealldad dd terreiM. 



1 . De todo el país que describo» casi puede 
generadmente decirse que es una llanura unida; 
pues las escepciones que esto tiene se reducen 
á cerritos ó serrezuelas de corta estension y que 
no tienen 210 varas de elevación sobre súbase^ 
y á quienes no se daría semejantes nombres, 
sino por la casualidad de estar en llanuras ; de 
modo que juzgo no deberme detener á hablar 
de cosas de tan poca monta é importancia^ en 
una descripción tan general como esta. Pero si 
debo advertir que los confines del Brasil desde 
'el Rio de la Plata hacia el Norte , son unas lo- 
madas suaves , obtusas y estendidas, mezcladas 
de algunos cerritos que van descendiendo has* 
ta los rios Paraná y Paraguay cuasi insensible- 
mente. 

8. Aunque se conozca á la simple vista , la 
cuasi horizontalidad de aquellos paises , también 
lo indica en parte el asegurar los navegantes 
que se.tntroducen las aguas del Rio de la Plata 
setenta leguas por el rio Paraná cuando suben 



— 18 ^ 

las de aquel siete y octio pies por los tientos 
del Este y del Sueste. To deduje además de las 
alturas del barómetro marcadas por los comi- 
sarios de límites del afto 1750^ qne el rio Para* 
guay en su curso de Norte á Sur desde el pa- 
ralelo de 16^ 24' al de 29* 57; bo tieae wt pie 
de pendiente ó desnivel por milla marítima de 
latitud ó distancia. 

3. Merecen alguna mención las consecuen- 
cias de la planicie de un pais tan grande. Laoor- 
dillera de los Andes y sus faldas orientales que 
son el límite occidental de esta descripdim en 
740 leguas úe longitud , no pueden menos de 
despedir por innumerables arroyos ó canales na* 
turales, sus mochas aguas procedentes de Unrias 
y faentes dirigiéndolas hacia el Este á jantarias 
con el río Paraguay, y Param ó caer á la mar. 
Pero la verdad es, que en tan enorme estensioii 
á penas hay cinco ó seis riachuelos é arroyes 
^e lleguen á terminar á donde se ba ^dio; 
porque la horizontalidad de los terrenos inme- 
diatos á las citadas faldas de la cordillera^ hace 
que las a^as que bajan por ellas se detengan 
indecisas en las llanuras , hasta que se van eva? 
pórando ; lo mismo que las lluvia? qne caen en 
las pn^ias llanuras. 

4. Otra consecuencia es qne nunca el pM 
podrá ser regado por canales artificíales , ni co- 
nocerá molinos y máquinas hidr^nlicas , «i ten- 



— If — 

drá laa foente dé «|^ coadúdia. Lái esée^ 
6ion» 406 esto poeda tMer m^ JkallMrMl ea la 
mniédíacioii de los limites oriénteles y óocideor 
tddeb de ese descríponi : esto es al saKlr las 
flgvas de las fofidas de la confilleva y de les ce^ 
eanías del Brasü, fMr soiif raáé;kMliliadasó am» 
nos horaoBlales^ 

5. También Ma seeóelas do la Namira de 
aquel país, las mochas albercas que se encuenr 
ttmv en^ ét; cA que estas lengaa grande superfi- 
cie y poo« peofundídaidy y el que se agolen- coo 
hü e^aporaciod del Terano, PoiCque rio |)jiidibndo 
le» MnrenoB dar sufidente espedtoío* á las Un» 
IMV ai>á IsB agaaeqoe Íes Uegaa de olt aá partes; 
AMesariameaie sé abáfean en 10» silios algo mas 

les. cuales » atendido el estado: del pais 
ser profundos r siáó esteiidí(|os« To. 
do ée taiiGeapiMStualnenle ení el pnis que de^ 
eaibeu 

6. £1 íaiffíí de los Taraibs se forma de la 
MBHDA.de la» ;^gMa Uetidai en ghande abun- 
¿Éoefaí per lom meses de^ jsovierabre » dt€¡eihbr4 
jiSMii» enil» provincia de loa Ohiqnitos , y en 
todai ]asfsie«iia»que concucréacoá sus vertíei^ 
tf^mifátant el rib.Paraguaiy háciar la parte.de 
KO érigoiBy peiqueño' pediendo este rio conled 
ilelrlM e»so oauoe p rebosan por anlias orillas j» 
kmaa dÍBlincias , peradiciéndoselo el pais^ liori«^ 
aooktl; n este* derrame es- lo une se Hama hunt 



r 




— «o — 
de los TaraiM. G>iiio las UnviaB ñom odob zgk 
mas ahondantes que otros» sígae el lago kimis» 
Día regla ea sa estensíotí y y como su 60iitanM> 
pende de la mayor ó menor horisentaüdad de 
ios terrenos , *es también muy irregular ¿ iiB- 
posible de describir ponUudmente. Sin embar^go 
daré ana idea de este famoso lagd , hablando 
primero de su ostensión al Oriente del rio Pa- 
raguay. 

7. En los 17 grados de latitud donde pria* 
cipia^ tiene como 20 leguas de anchura conta- 
das desde el rio Paraguay hacia el Este, y conti* 
niia con la misma anchura , ya mas ya menos» 
hasta el paralelo de 22 grados: esto ea por 
mas de cien leguas, dejando aislados los cencílos 
de San Fernando 6 Pan de asiicar y á otras. 
Por la parte occidental del mismo rio, comíensa 
el lago en los 16 grados y medio de latitud , y 
sigue hasta los 17 y medio, haciendo una es* 
trada de muchas leguas en la provincia doilos 
Chiquitos. Desde los 17 grados y medio hasta 
los 19 y medio, se estiende poco* al Occidente 
del citado río , pero contiuüa hasta el paralelo de 
22 grados , introduciéndose mucho en el Cha- 
co , y aun mas por la provineia de los Chiqui- 
tos. De modo que su longitud de Norte a Sor 
puede computarse poco mas ó menea en 110. 
leguas, y su anchura en 40 sin que su peoo 
fondo permita navegarse sino por el rio Para» 



— «1 — 

gaay qM lo corta á lo largo* Lo singular es 
que casi todo él está seco y sin agna p«ra beber 
gvaa parte del ano y aunque Ueno de espadañas 
y'^antas acnátícas. Se creyó pdr algunos que 
este lago daba j^incipb al rio Paraguay y es 
lo oontraiKo^ que se fortna el lago de lo que 
rebosa de) rio. Otros dijeron que dentro de 
este lago se hallaba el imperio da los Taraies ó 
del Dorado ó del Paititi , y adornaron, todas es- 
las mentiras .con otras aun mayores. 

8« También se seéan en verano las albem^ 
de Agnraeatéfaácialos 25 grados; las que hay 
d librle y al Sur de la laguna Iposi en el parale* 
bifda-fiG grados^el de NeihlÑíai en el de 2T 
fias ioes'ál Este del río Paraguay) y una nM]il«^ 
Htiid innumerable de léda& estenáioi|es :en b 
máaadíaoioD de^os ríos: y arroyes. 
M.9. ¡Aunque las- launas sean permanentes 
todo el ano 9 todas tienen poca proñiñdidad. De 
€Sttf ebáesoB }as de Mandiho en los 25''20S la 
Ipacarai^hasta los 25^ 23^ lá Ibera al Sur del 
r¡6^ Bauraná muy: ésrca de él ^ Ja ■ Miri y la 
Mangnerv faáeiai los 33^^ coo : otra nraltitud in- 
auíneibble de -chicas y grandes ^é hay en el 
Chano jy en^ todas partes* De manera que estas 
lagtuas^f ios áne^suttzosJ indicados en los nú- 
meros* pnoededtes^ eschiyeadel diltivo una» 
esleásíélie» de pais m^orei que ranchos reinos i 
do^dBniiefMu filitéaiiajp está Mi^qn^ la 



tafidad se opondrá siempre al desigSe y «n ifem 
la poca prolondidad no permitir» Mt^egacnQ* 
La ofíisQmliórizoBlaiidaé se opone aoúr de otra 
manera al coltiTó y poUacioB; poes por ella 
bay distancias muy grandes sin* nos, ni arroyos 
ni fuente; cmno snoede desde el rio de b? Pbta 
alescrecho de Ifagdianes y eii noa giia» piMe 
dd Cbaco. 

10. Las penas que oOflApóníen Idscerriton 
y serreznelas so» nreniscQB de diferentes granes 
y ^reza ijpie el tiempo desconpone; pero las 
de las iomediadonesi de M eñtétidea aos^glani* 
toa. En la superficie^ de lai Jemas de la hoáíém 
n del Brastt y ana unnedbdioneey snele :áaiÉDiÉ 
la peña arenilson, y.a^tma wé^haf desonbíer^ 
tos unos pedraeeonesi de ella^^ dé modoqul» á 
parecer el pais oriental, de ids rios PaiaRny: 
Paraguay se;coBipone de' WKpmascOide .tínn 
[Meza^.óubierlsr.de'uaa eortísa-tíbridelgada ab^ 
chas veces j qsia na es* sofideéte pan> tk dsllii» 
m para que se^ atíraiguén arbolea qaíadsien uni 
estensioo! de mil kgriss cnndraAasa Mo' snlóedép 
asi en leeki|paraftmns'fatí]^MM(alns y mns.b^^ 
cómoloesei Ghnéo! ó e^ |hwi oceiderittf n ion 
cüados' Panaipaay y Pataná y ^ nmy grandol 
desde el rio doia Piátn bánin! elSoÉ. £n esisst 
países está i»pefiaamprofinda^^y ¿'TeeesT'á! 
12 ó 1& Taras de b snpsrfiisie^ pn dié ádan e' 
atríbnir estb^af.qnelas agiíaaiknn luf^itaná 



! f 



..^ ts «* 
úmfñ éí hm «OfdlknM qoe la qat pueden ar« 
ngtwde la parte del Este. 

1 1. En algmae loaiaf háeia la frontera del 
Br^ he ?Í8tO| tal ebal vez, asomar Tetas de 
enaneflity Manco y en algaaos eerritos se ven 
pnams Moles y aiMriyentas en hojas mtiy 
gmesaa. Las piedras de ch^ia son raras y donde 
floas he eneooArado es en «n arroyito cerca de 
Fsndo á 7 legnas i)e lloolewieo; pero no es* 
eaaeniaafle «Alar m el Paragnay. En el pueblo 
delMípor 1m 90^ 3^ hay nna eantiNra de pie* 
dra nnan q9e paiMe de inferior oaKdad , y con 
ala ealá empedrado el patio del cura. Cami- 
nandb de ¥iq>eitt al Spilto de Dmguay, se ve la 
madre de pn arroyo Hsna de piedrezuelas mny 
darasy crieMdinae, aaaríUas y rojas, que creo 
man eomdinas; y taflfibíen las hay en el Valle 
de Pirain del ffanigiiey « y por los dí^ escasos 
de faititnd i» kw«ei«fMiíM ^ Oe^te del río Uro* 
gnay. Sa bastantes parajgesse enonentra lo qué 
Mnniín eeeea y aen upas pedrascenes sudtoe 
qm emámnm denteo cristales eon sus faceta 
tea apiíndos eemo los granos de una grana» 
da. Los hay de ^vtiriee cóIúmím y los niayo^ 
ros y maabelks eslán eif la aemeíada de Mal* 
drandow AaegnrMi afh que por k xaostra este* 
ym paneirando el jago qae forma dentro 
y y que creeíend oestes y faltándoles 
cavidad, aebienla el coco con un estruendo igual 



^ 34 -- 

al de uda bomba ó cañonazo. Los essajMypí^ 
jarros^ son muy raros y de los qne hay, los roas se 
encuentran en el cauce de las cabeceras de los 
arroyos y rios: mas nunca he visto brechas ó pe-* 
ñascos formados de cascajo. Hablando general-* 
mente son tan raros los parages que tengan pe-* 
dras rodadas y sueltas , como qne se pnedeii 
caminar muchas l^uas sin encontrar una pie* 
dra como una nuez ; y aun presumo que ningu* 
na de las piedras mencionadas en este ndmen> 
se encuentra al Occidettte de los rios Pánn 
guay y Paraná ni al Sur del de la Plata* 

1 2. No tengo noticias de canteras de piedm 
de cal sino de las que hay en las barranqeme 
de los rios Paraná y Uruguay en el paralelo de 
32® y otras en algunas de las serrezueh» de 
Maldonado. Parece que la del Paraná es una 
piedra compuesta de ocmchas marinas aun no 
bien marmolizadas, qne tienen arcilla en muchoe 
de sus intermedios , de donde tiene ser su cal 
de inferior calidad. Las piedras de cal del Uru- 
guay no lo parecen á primera vista , ni tienen 
conchas ni se asemejan al mármol y tampoco 
dan mas que mediana cal. Las que he visto.de 
Maldonado son unos pedruscones , como can* 
taros y tinajas , de mármol blanquizco con el 
grano fino y se encuentran sin unión ums 
con otro entre dos muros de pizarra coomd 
dan una cal sobresaliente. Tanibiea hateo cal 



— as- 
ile inferior calidad en Buenos^Aires de algu- 
lM)8 bancos de cancliiias fluviales. Aunque yo 
na conozca otras caleras , es de esperar que el 
tiempo y la ndcesidad las descubrirán. £n 
cuanto al yeso , no se conoce otro que el que 
hacen de unos pedruscones que encuentran 
éodtosBn el cauce del rio Paraguay por los 26^ 
17^ de latitud/ y en el del Paraná por los 32°. 
13. Se dijo en el numero 10 que lo interior 
de aquelloüs países parecía ser un peñasco de una 
pieza , cubierto de una costra mas ó menos del-* 
gada. Esta costra es de arena etí aquellas partes 
donde se han descompuesto las pcñas^ como 
en los pueblos de la Emboscada j Altos, Atira^ 
Tobati y otros; pero hablando generalmente es 
tma arcilla algo negruzca en la superficie por los 
vegeti^s podridos. Se encuentran en aquellos 
países arcillas muy blancas, muy rojas, muy 
amarillas , negras y de colores medios ; aunque 
parece que sdiundan ma$ las de colores vivos 
hacía la frontera del Brasil , y que quizás no las 
hay de esta especie en el Chaco ni al Sur del 
r fía de la Plata. Disolviendo en agua la blanca, 
como 9Í fuese cal, blanquean las casas campes* 
\ tres , pintando los zócalos ó rodapiés con la roja 
" y amíaritla ; pafificandlo ó lavaádo á la última, 
resulta un bello ocr^. Los plañteros del Para* 
guay fabrican sus cristales de una amarillaza 
parda , y de la negrizca tomada en las cañadas 



— 86 — 

fahnciin tinajas y vasijas. Las hacen can la 
no y alisiíndolas con una Conchita , porque no 
conocen el torno del alfarero. Para que no se 
rajen al cocerlas, mezclan en la pasta polvos de 
vasijas rotas; les dan por fuera un baño de greda 
roja ó bermellón y las cuecen llenándolas y cur- 
briéndolas de leña pegándola fuego. Esto se en- 
tiende en el Paraguay y Misiones ; porque en 
Buenos- Aires hace poco que se han establecido 
unos alfareros catalanes. 

1 i. Pero en los paises de lomadas « como 
son la frontera del Brasil desde el rio de la 
Plata hasta los 2 i grados con todas sus inme- 
diaciones hacia el Poniente hasta muy largas 
distancias, que incluyen las Misiones jesuíticas 
y mucha parte del Paraguay, aquella costra 
superficial es im compuesto muy duro de limo 
rojo y arena, que descomponen las lluvias He* 
vándose el limo y quedando la arena« que algu- 
nas veces es negra y escelente para polvos de 
salvadera. £slá mezclada con otra blanca de 
igual grano , pero esta se separa soplando, que- 
dando la negra por mas pesada, como que tiene 
fierro pues la atrae el imán. En la frontera del 
Sur de Buenos Aires, está lo que llaman cerrito 
colorado, y es compuesto de aquella arenilla^ de 
que se hacen las ampolletas ó relojes de arena. 



— Í7 — 



i — - — ^^^ v^ « * • « i » 



CAPITULO III. 



De la» sales y minerales. 



1 . Para tratar de sales» divido aquel pais en 
solos dos trozos y sirviendo de separación el rio 
Baragnay basta su fin , y desde allí el rio Pa- 
raná hasta el mar. Todas las lagunas y aguas al 
Este de los citados ríos son tan dulces, que no 
podrían vivir allí los ganados mayores ni menores 
sino cuatro meses y los toros algo mas , sino su* 
pliesen la falta de sal comiendo los huesos secos 
que encuentran, y principalmente lo que lla- 
man Barrero. Este es una arcilla salada que se 
encuentra en algimas cañadas poco profundas; 
pero no la hay en la parte oriental de las provin- 
cias del Paraguay y de Misiones jesuíticas» que 
por esto no pueden criar ganados. 

% El hombre parece poder vivir sin la sal, 
pues hay muchos en dichos lugares que solo co- 
men carne asada sin sal ; y antes de llegar los pri- 
meros españoles los habitaban muchos indios. 
Verdad es que quizá estos encon trarían su equi va- 
lente en la mies silvestre, en la caza y los pesca* 



— Si- 
dos ; ó acaso comerían el bcírréro p donde la ec 
contrasen; y donde no, suplirían la sal al modo 
que los indios Albayas y G uarías. Estos quemaa 
unas yerbas» de cuyas cenizas y carbones hacen 
pelotas y y las echan ea la olla porque son sala- 
das; de modo que quien no lo sepa podrá figu-p 
rarse que comen tierra. 

3. Los terrenos occidentales del rio Para- 
guay y en seguida del Paraná, con los que hay 
al Sur del rio déla Plata^ tienen ana btiatídad con^ 
traria ; porque todos sus pozos, lagotiaH, arroyos 
y rios son salobreños, ^rn escéptoar los ríos 
rücomayo y Bermejo, sino tal vez al rio Negrd 
de la costa patagónica. Ta se suiííone que unas 
aguas son mas saladar que otras, yqueeninvier^ 
no cuando los píos y lagos están llenos, se conoce 
poco ó nada la sai que tienen. Tampoco aque- 
llas sales 6on de la misma especie , pues en el 
paralelo de 33^ 44' se encuentra el faeitefellte 
de Melinené , en cuya inmediación vi por mar- 
zo nna superficie de casi una legua de travesía» 
cubierta de dos á cuatro dedos de ^1 de fipson. 
A 130 leguas de Buenos-Áirés por él rütrito del 
Oesté-Sudueste, hay una laguna siempre llena de 
escelente sal común , í donde la van á bffscar en 
carretas una vez al año; y la prefieren á laque 
les llevan de Europa, pc^qtie dicen que íuifai 
mas, y porque no i^mutiíca á tos guisados uñ 
poco de amargara que tenfcuentran en ladíska 



— t9 ~ 

de finro|Nu TMihíeD UeraD aignna tal á la mb» 
ma ciudad y á Montetidéo ée k booa del rio 
üesi^ dé la costa patagónica, y de otras Jago* 
ms del Sur del rio ée la Plata. La hay igual** 
mente en varias lagunas de las oercanas al rio 
fiermeja Pene para lograr ^e esta sal en el 
Paraguay en las Misiones' y en Corrientes* que 
iodos están en los (erreíos dulces de los núme^ 
ros 1 y 2, recogen en tiempos secos por lascaña* 
das donde hay baroero las florescencias blan* 
cas ^e aparecen en la superficie, para colarla y 
kacen hervir la legia hasta que deposita la saL 
En cuanto á salitre creo le hay en todas partos; 
puM'consta que los conquistadores lo beneficia- 
ban |)ara lacersu pókora. 

i« No es adaptable á la looaKdad de^losleiw 
renos salados y dulces, la idea de que la sal de 
nqoellos procede de lámar; ypareoe'mas natu- 
ral que «endo los terrenos salados horisontales 
y generalmente incapaces de permitir curso á 
las aguas , se evaporan estas d^postlando sus 
sales. Los terrenos dulces, tienen otra disposi* 
don, porque no lesialta le precisa pendiente 
para que corran las aguas juntamente oon sus 
sales; y donde no pueden correr, como en las 
nñadas muy anchas de poca ó ninguna indina- 
ckm , allí se encuentran los barreros. 

5. Sabiendo que aquellos pmes son Hanos 
con pocas y no devudaa-aieiMB, se viene m «o« 




— 30 — 

nocimíentoque no contienen minerales, Sm em- 
bargo, eaei pueblo de Concepdoo^faácía Maldo- 
Dado»se encuentran granos de oro de buenqai- 
lale entre las arenas del arroyo de nn Francis- 
co; pero su escasa cantidad no creo pueda satis- 
facer ios costos del lavadero. También me ase- 
guraron que hacia el pueblo de san Carlos, se faa 
encontrado rara vez alguna piedrezuela de co- 
bre; y en el Paraguay creen algunos que el oro 
del copón de una parroquia de la Asundon se 
sacó del cerro de AcaaL £n la sierra llamada de 
Santa Ana por los conquistadores, y de san Fer- 
nando en el mapa de Cruz, que es)á pegada al 
rio Paraguay en la provincia de los Chiquitos, 
hay probabilidad de que se encontrarán miaas 
de oro, y quizás de piedras preciosas, porque 
están cerca de las que poseen los portugueses eo 
Matogroso y Cuiabá. Lo mismo digo de todas 
las serrezuelas de dicha provincia de los Chiqui- 
tos y de las de los Mojos« 

6. Concluyo este capítulo con la noticia de 
un fenómeno difícil de espücar. Es un pedazo 
único de fierro puro , flexible y maleable en la 
fragua , dócil á la lima , y al mismo tiempo tan 
duro^ que aveces rompe y mella los cinceles al 
corlarle. Sin duda contiene mucho zinc, cuando 
no se deteriora con la intemperie. Se le notan 
algunas desigualdades superficiales, y se conoce 
que á. cincel le han cortado grandes pedazos, 



m; ;:ii^ ii:i i 



— SI — 

su figqra irregnhr* Sin embarga sus 
medidas prmcipales soa de poca diferencia, Ion* 
gitod 13 palmosy anchara media 8, altora 6, y 
solides 624 palmos cúbicos. Me valgo de estas 
medidas que le dan en su diario original, don 
Miguel Rubin de Celis y don Pedro Cervino^ 
que por orden del rey le reconocieron el ano 
de 1783. Salieron de Santiago del Estero cuya 
latitudobserwonde27®*47'-42" y encontraron 
el fierro a las sesenta leguas estimadas en línea 
recta por el rumbo del Ñor te, 85 ^dos hasta «1 
Este. Caminaron esta distancia por la llaDura 
del Chaco sin encontrar una piedra, ni tampoco 
en la escavacion que hicieron bajo del fierro 
para ver si se internaba en el terreno. Todo lo 
dicho consta del citado diario^ como igiiahnente 
que el fierro posa sobre una superficie horizontal 
arcillosa^ sin profunldizar nada. A su regresa les 
mostró el gobernador deleitado Santiago, una 
piedra con bastante oro del peso de nna onaa, 
diciéndoles que un indio la habia sacado del pozo 
de Rumi distante 20 leguas del fierro; y al ins» 
tante despacharon dos hombres á buscar mas de 
aquellas piedras. En efecto, se las llevaron» pero 
noteoian indicio de metal; v el mismo Cervino 
me ha asegurado que averiguó después que la 
piedra de oro vendida al gobernador habia veni- 
do del Peni. 

7. Vuelto Rubin de Celis á España, se es- 



— « — 

zo de fierro nativo , poUkíé despees de máéhos 
dífioft en €4 vamolS de Im iransadones ffloisdfi* 
eaí» (según he leido en el extracto de los mejo^ 
«M diarios ndmero 190)^ que á muy coria prcw 
jfbndidad bajo del fierro^ había enoontrñdo cnar- 
asos de oíoy bello rojo con granos de oro, j cka 
la piedra del gobernador. Ko hay duda poes^ 
en que escribió la memoria sin consultar su 
Mismo dtario ^ que le habría hecho ver qne se 
equivocd^. Dice qite el tal fierro tiene (trinca 
pió volcánico, pero no reparó en que iio e& agrio 
ó quebradizo j ni puso atención á que esta e» 
vna iddiensa Hadura que no admite veloMies; 
hallándose el mas próximo^ quizás á 300 leguas, 
ni á que un peso oomo aquel y siendo arro^Oy 
na podia estar en la superficie sin p^rofundizar 
nada. T;ampoco ha sido conducido por las aguas 
pues no hay rio cerca • ni mina alguna de fierre 
en la América meridional de donde poderlo 
aaear. 

8. Aunque la mina de Huantahaia déla 
cordillera de los Andes ostá lejos de las limites 
de mi descrip(»on , diré lo que de ella me han 
informado porque tiene relación con lo dicho 
del fierro. E»tá en un llano de arena pora y soel* 
ta; y los q^ la benefician no hacen sino revol- 
verla , encuentran pedazos de plata pura graiH 
des , y pequeños , aislados entre la arena ó sin 



- sa — 
conexum unosooa otros. Eito Ince ter que ai 
el frío, ni el calor, ni las filtraotoaes, ni oingoaa 
causa de las qae llaman seguodas puede haber 
formado tales pedazos de plata; y que es nece- 
sario acudirá 1.1 canda primera, diciendo que 
estas las crió cuando a) globo, para hacer cono- 
cer su inGnifa fecundidad , variedad y poder en 
todas las líneas. Lo mismo puede creerse del 
citado fieiTO. 




— 5* — 




CAPITULO IV. 

De alganos ríos principales ^ puer^ 

tos 7 pescados. 



1. Siendo absolatamente impracticable la 
descripción de todos ios rios de aqnel pais tan 
estendido , me limitaré á decir algo de los tres 
que se unen para formar el rio de la Plata. £n 
cuanto álos demas^ aunque algunos sean iguales 
y mayores que los mas caudalosos de Europa, 
me refiero á mi mapa que indica su curso. Pero 
ante todas cosas advierto que la zona tórrida 
austral está mas elevada que la zona templada 
meridional en el continente americano , pues los 
tres rios mas principales que nacen en aquella, 
y son el Paraguay, Paraná y Uruguay corren 
de Norte á Sur. 

2. Guando arribaron los primeros españo- 
les, habitaban solo los indios Garios ó Guarants 
toda la costa o/iental del rio Paraguay, y la lla- 
maban Paiaguay, aludiendo á que los indios 
Paiaguas lo navegaban privativamente en todo 
su curso; pero los españoles le han alterado algo 



— 5« — 

el nombre Hamándole Paraguay. No falta quien 
diga se tomó el nombre de un cacique antiguo 
Hamado Paraguaio ; pero esta palabra nada sig- 
nifica en ninguna de aquellas lenguas y ni en nin- 
guna memoria antigua hay tal nombre de caci- 
que , no obstante que conservan el de cuasi 
todos. 

3. Las primeras vertientes del rio Para* 
guay son varios arroyos que principian hacia 
los 13^ 30' de latitud austral en la sierra llamada 
del Paraguay, donde los portuguesa poseen 
minas de oro y de diamantes, topacios > beritos 
Y crisolitas. Reunidos dichos arroyos, forman al 
rio Paraguay , que corre rectamente al Sur ó 
Uediodia , hasta que finaliza uniéndose al Pa* 
rana junto á la ciudad de Corrientes en los 27^ 
27' de latitud. Puede navegarse con goletas des- 
de los 16 grados hasta su unión referida; por- 
que no tiene arrecifes ni embarazos , y no le 
felta caudal, aunque su conce sea en lo general 
estrecho. 

4. Para formar alguna idea de su caudaL 
estando en la Asunción, elegí la ocasión, en que 
nadie del pais le había visto tan ¡escaso de agua. 
Medí su anchura de 518 varas: la divido en va«. 
ríos trozos, averigüé el fondo y la velocidad de 
cada uno sondeando y observando lo que tarda- 
ba en correr una determinada distancia un copo 
de algodón esponjado y conducido por la cor- 



rieate, y de estos, antecedeflies akx¡é qm 
por hora 1 56, 1 1 Ty media Taras eiibicas de agua, 
Saponiendo paes qae su caudal oiecfio sea d 
doble y como efectivamente Jb es y ana mas; re- 
solta qoe fluia en cada hora 312,223 Taras eév 
bicas; sin comar las aguas que le entraia .mas 
ahajo que pueden estimarse en dos ríos conui^el 
Ebro. 

5. Nunca si|s agaas son en la Asuncioa m«* 
cómodamente turbias ^ porque las lluvias pam»»* 
les no bastan para ensuciar tanlo caudal, nii aun 
en las generales arrastran mucha tierra en aque* 
líos países incultos. Tiene su creciente periódi^ 
ca que prificipia á conocerse eu' la Asunción á 
fines de febrero, y aumenta oon igualdad adfá^ 
rabie y pausa hasta fin de junio, que es cuándo 
comienza á bajar por los mismos grados inseor 
sibl^ y tiempo que subió. Algunos anos sube 
esta avenida hasta seis brazas sobre el mvel oiw 
dinarío en dicha ciudad ; pero otros es mucho 
menor, sin que por eso varié notablemente fia 
principio ni su fin* £i lago de los Taraies ei el 
regulador de esta creciente; porque reoibíendo 
según >se dijo en el capítulo % tuimero 7 y ^ las 
aguas que el rio Paraguay no puede abarcar 
impide que baj^ amontonadas, y después se 
las restitiiye á proporción, que su cauce lo per^ 
mite: la calidad del ^ua es.escelente« 

6. Las primeras vertientes del Paraná na^ 



— 57 — 

€^ de las síeilras donde los portugueses tienen 
las minas de oro que llaman GoifM^es bácia los 
17*30* y 18" de latitud austral. Por alli se 
rei«en muchas Tertientes ó arroyos^^ encami- 
náadose al Sur. Después inclinaa iDucho al 
Oecidente, y luego eovren al Oeste Sudueste 
kasta que por los 2ft grados toma el Paraná 
otra dirección ; que puede verse en mi mapa lo* 
inismoi que: el ndmer& de sus muchos tributa^ 
ríos» Entre estos Iris* hay ¡guales y mayores que 
tasi pmmereS' de £uropa , euales son el iguazu', 
el Pttraguay, Uruguay , etc.; de modo que aun-* 
q¡m^ no haya practicado esperiencia para cono«- 
cer elcBudtil d^ Paraná, creo no exageoar din 
ciendo* que es mayor diez veces que el Para-t 
goay at juntarse con este. Cuando últimamente 
9ie le incorpom el Uruguay tomando el noipbre 
de rio ée la Plata y un lugar en la lista, de los. 
nayenes del mundo, tiene tal vez tanta agua: 
como todos los de Europa juntos grandes y chi* 
eos; Aiítes del arribo de los españoles lo llama- 
baa los Guaranis de sus riberas Paraná cuyo 
qígnfflcadei ignoro. Los primeros esparídes la^ 
pusieron el nombre de rio de SoUs por su des* 
cnbrídoi* Juan Diaz de SoIíS; pero se lo quitaroii 
fiíego para darle el de rio de la Plata, figuran*^ 
dose que los paises que baña abundaban de pla- 
ta come se vee^ e{ capitulo 18 número 9* Ver- 
dad> w^qu^ este nombre ultimo está hay con- 



—.58 — 

traido solamente al pedazo del Paraná que 
corre desde que se le une el Uruguay hasta el 
mar. 

7. Como el Paraná viene por los países 
orientales de m¡ descripción , que ya dije eran 
notablemente mas desnivelados , es mucho mas 
violento y atropellado que el del Paraguay , y 
por lo mismo sus grandes avenidas no le hacen 
subir tanto. Su anchura medía en el pueblo de 
Candelaria es de 933 varas , y desde alli liácia 
el Norte es lo general aun mas estrecho; pero 
después hacia el Sur va ensanchando y de modo 
que enfrente de Corrientes es ya de 3500. 
Forma innumerables islas hasta de 30 leguas 
de longitud. No tiene una avenida única» como 
el Paraguay, sino muchas en diferentes tiempos^ 
aunque las mayores acaecen por diciembre y 
duran menos tiempo. Sus aguas pasan por esca- 
lentes no obstante que se «uelen encontrar en 
ellas huesos y troncos petrificados. 

8. Apesar del grandísimo caudal de este 
rio I no puede navegarse en toda su longitud^ 
porque lo embarazan la violencia de su curso y 
principalmente sus saltos y arrecifes. Tiene uno 
al Norte de la boca de Tiete que se le junta en 
los 20^ 35^ de latitud ; pero yo solo describiré 
el que se halla cerca del trópico de Capricornio. 
Le llaman Sallo de Canendiyu por un cacique 
que encontraron alli los primeros españoles^ . y 



— 59 — 

Salto de Guaira por la inmediación á la provin* 
da de este nombre. Está en los 24^ i^ 27^^ de 
latitud observada, y es un espantoso despeña* 
dero de agua digno de que le describiesen Vir- 
gilio y Homero. Se trata del rio Paraná, que 
tiene alli mucho fondo y 4900 varas de Castilla 
de anchura medida; estoes una legua, y que 
seguramente contiene mas agua que muchos 
juntos de los mayores de Europa. La citada an- 
chura se reduce repentinamente á un solo por- 
tillo ó canal de 70 varas , por donde entran to- 
das las aguas p recipitándose con furia desespe- 
rada, como si quisiesen lo que solo ellas podrian 
intentar con sus enormes masa y velocidad, esto 
es, dislocar el centro de la tierra y ocasionar la 
nutación que observan los astrónomos en su eje. 
Pero no caen las aguas verticalmente como por 
un balcón ó ventana^ sino por un plano inclinado 
50 grados al horizonte hasta completar 20 va- 
ras, y un pahno de altura perpendicular. Los va- 
pores ó rocío que se eleva del choque de las 
aguas contra los muros de roca tajada, y contra 
algunos peñascos que hay en la misma canal del 
precipicio, se ven en forma de columna de mu- 
<:has leguas, y miradas estando dentro de ellos 
forman con el Sol muchos arcos iris vivísimos y 
trepidantes al compás de la tierra^ que se siente 
temblar bajo de los pies. Los mismos vapores 
y espumas ocasionan una eterna y copiosa Uu- 



tia ea kn tiontanos. El ruido se crjf« de ^m 1»- 
go as 9 y en las inmedÍAcioQes no se eaciieatm 
niagan pájaro ni caadnSpedo. 

9. El que quiera reconocer este Salto áébe 
camiiñir 30 leguas desiertas desde la población 
de Curognatj hasta el río Guatemi. AlU ha de 
buscar árboles muy gruesos , para construir al* 
gunas canoas. En estas se han de embarcar los 
que han de iv y los víveres y demás necesario, 
dejando en el sitio alguna escolla armada coa 
el equipaje y caballos, porque bay por allí indiod 
silvestres. Las canoas navegarán 30 leguas ha^a 
salir al Paraná, por dicho Guatemii siempre con 
cuidado porque en los bosques de sus orillas 
suele haber indios que no dan cuartel. Cuando 
el Guatemi está bajo es preciso arrastrar las ca-. 
noas sobre varios arrecifes, y alguna ve¡( car- 
garlas al hombro. Aunque restan que bajar por 
el Paraná tres \egdsA hasta el Salto las que pue- 
den hacerse en las mismas canoas, ó á pié por 
la orilla d^l gi^mde bosque, aunque se desbroaan 
las botas y zapatos con las puntas de las pefias. 
En las inmedtaeiones del Salto haypn^rcion 
para tomar lasmedidasgeométricas que se quie- 
ra; y metiéndose por el bosque se puede recono* 
cer lo inferior del Sallo; bien que para esto es 
menester desnudarse totahínenie porque Hueve 
mucho. 

10. Lo que hace saltar este rio es lo qoe 



— * 41 — 

llaman impropiamente cordillera de Maracain, 
debiéndose notar que solo se ba bablado de lo 
mas violento del Salto pues aun deben conside- 
rarse como continuación suya las 33 leguas en 
línea recta que bay desde dicho Salto á )a boca 
de Iguazü situada en los 25^ ÁV de latitud 
observada; porque corre el rio toda esta distan- 
cia por una canal de peñas tajadas á plomo, 
pero tan estrecha que dos leguas bajo del Salto 
solo tiene el rio 1 10 varas de anchura, y en la 
boca del citado Iguazü 443, de manera que coa 
la mucha pendiente y la estrechez corren las 
aguas furiosamente dando trompadas contra las 
peñas p y chocando unas con otras , formando 
innumerables y violentos remolinos y abismos 
capaces de tragar cuantos barcos navegasen 
por allí. 

11. A propósito de saltos de ríos haré men- 
ción de otros dos en aquellas partes. El mencio- 
nado Iguazü ó Curttuba , cuyo caudal puede esti- 
marse igual al de los dos mayores de Europa 
juntos, tiene su salto dos leguas antes de unirse 
ai Paraná. La longitud total del despeñadero^ es 
de 1531 varas y la altura vertical de 63 '/•• Está 
dividido este salto por tres gradas principales, y 
cada una de estas en muchos canales por donde 
cae el agua muchas veces á plomo hasta de siete 
varas de altura en el mas elevado, bajando en 
los otros por planos mas y menos inclinados. El 



. 4S ~ 

raido y espumas» roció » arco iris etc. , sécaseme- 
jan á lo dicho del det Paraná. 

í% Et otro salto es de un rio <H)iipa»yeal 
Sena, fiamado 4guarai que vierte en et le}m y 
los dos junios en el de) Paraguay. Bi mapa de 
Cruz no escribe bien su nombré y y le liace jun- 
tar equivocadamente ál río Ipané. Este salte es 
á pique ó vertical y de 1 49 Vs varas de eleva^ 
cion ; se encuentra dentro de un bosque en los 
a»' 28^ de latitud observada. 

1 B. No estrañaría que me dijesen habia en 
el antiguo immdo despeñaderos de agua tanto ó 
' mas empinados y poro no se hallarán compara* 
bles á los descritos • atendidas todas sus cir^ 
constancias. En la América es donde se han de 
buscar lós términos , si se qniere hacer el cote- 
jo; porque allí las sierras y los valles, llanuras, 
rios; cataratas y todo, son tan grandes, que en 
su parangón tas mismas cosas en Europa deben 
reputarse miniaturas y muñecos. En efecto, 
Monsteur P. F. Tardieu que ha copiado el mapa 
de los Estados Unidos de América de OrroSinit, 
ha traducido también del inglés la descripdea 
del salto deí rio Niágara, Itamado mas abajo rio 
de san Lorenzo uno de los mayores del mundo. 
Se haHa el salto en la comunicación de los dds 
grandes lagos Eríe y Ontario; la traducción dice 
en sustancia , que la anchura del rio al déspe* 
fiarse es de 866 varas; que se precipita cOn tan 



- as - 

cúiMíxion oiK» oon otros. Esto hace ver que ni 
el frió , nt el calor, ni las filtracioaes, ni niagnga 
cansa de las que llaman segundas puede haber 
formado tales pedazos de plata; y que es nece- 
sario acudir 'á la cáuSa primera ^ diciendo que 
estas las crió cuando al globo, para hacer cono- 
cer su ínflnifa fecundidad , variedad y poder ed 
todas las lincas. Lo mismo puede creerse del 
citado fíeno. 




^ u ^ 
ellgdasü'y y elNiágava otra' de siete. A. lo ^pe 
par^ce^ diohasp^a estaban ya formiidas coaii^ 
do:Ql ^oa prmeif¿6:á correr sobre eUaa;tpQes 
m ea( fácüceeer i|tte rtés de tanto poder, bay^w^ 
peiroií Udo que te-conaolidáseD bajo d c >oH W f iMfO 
¡06. rite tuviaroa principio coando laalmóafeía 
^ cp»odo las. lluvisis. y fowites» lestOk^rfi^mpd» 
slLglobo, $a ^puede/ creer geBer9tiMiiip>4|w94w 
pe9a% d€| losi»aUos.d4 fiM y tpda^JaadftW-filiig 
Ao han sido. foprfQadas^sMiOicrí^dASLCiMAdQ ^ 
mando. £1 cjCiflQ vj^igpro dice qiiA.el,N¡ágarm 
corroí sobi;^ eUUs desdo princliiio, d^ . nofidas 
pei^^OQv^l^jia ^aberso caUd^tparampüiúd^^ 
T^r 4 kis d^ 3u e^ffífi» cofoo cQ^as qgíad^ ypa 
forin0d^,po^teríQPX9^^Qt«d^ 1^ diferwtqiMHiir 
. taoda» qo(ei|.)9S. qujJNJtf:^ 0|i..4fa»* 

I.as de^ffis ^to^ «ae fiarecop ({Raiiac^ peiMW 
Wto.val0{K>M^#«^pjUt(íci|]^ £l.cÍMul9i,iHk- 
g^o .dic9 qii9 l^iif^l ^fágfii» spBi «aJif»ri|A4Ín 
esplicar$lsQp de i^:^raiol coipp|i^<(to j^e eqm^ii/tk» . 

16».. Y(ÚHien4oJÚ2í^t^tkm 
llamadp It]i ó »aUo 4e;Ag|ui«en.l<ia2Z''^7A«^ 
de latitud y ^"^ d^ iQf^udipeop.pmaiMM^ 
pa^ de «mbar^ci^M^s wf^re& i, y aun á }¡m0h 
letas en |ító?rfij^nl^.deíaíft(¿iqj|íj|^l^arf|» 
navegable desde poco mas arriba deiJf bfHS9i»^ 
Igu^ú has^ If^.pajf. Cercaid^i^l^ arrecife ^ 
el lago Ibei*4tque, mi^recq.ipi^fjic^ fon^ 

KorlQ tiena.trpjutalegua^arfji^pil^f^ 



— 45 — 

dehoiilla austral del Paraná oón qnien ñoco» 
moldea TÍsiblemente. Por el Esle ó Levante se 
prolonga otras treinta leguas, foratimdo al fin 
en la parte del Snr la angostara ó-gü^nta Ai- 
^Mfná b cual ensancha mas ahajo ^ datado olrigea 
al rio Ifirifiai, qoe es caodaloso jMP^rte en él 
Umgnay. La orilla austral d A UlSrá tigne a] 
Poniente detde luqniqná Ireiiita lególa, saKsn» 
do de ella los ríos de sahta Lneia, Gorrieotas y 
Bateles, que jamás se • vadean ytrilmthn al Pa^ 
rana. Por nltimo, el lado ocoidekitol del lago es 
¡goal á los otros, uniendo al del Sur , con di del 
Norte. Apenas se conoce anmento ni. disdlkiil* 
doaelifdlberáporquenoleentra ningoa rio 
ni amyte/ entrefenkbdote la sola filtipacion ád 
FataÉáir qne^es tan grande como que suminísm 
el eaodal para los cuatro no pequeños ríos y 
parU'SifKa la enome e viqperaeÍM, qneAo puor 
de iMJar detetenia mil toneles díanos según 1«$ 
espewanttas de Haileié 

17. He leído en unrgMinuscrito|esnitico que 
denlroi del -ibera .habitaba nna nación de indios 
pigmeas^ tfw.dé8ail^ mnypdr menor) pero.es 
dnienentO'falso. El Ibelá es mía gnwdeeMeDr 
sion de fimga y agua» de phntas<acuáticas y de 
alguna» isletag de anheles , aunque en algttoas 
paiMsites fbniadeifa laguna líaqpia: de modo 
^que cu iinpesiblo fuupnoccr m interior á pié ni 
á qí^MImu elnbavfado^ Su sílimckm 1^ 



-- 4» ~ 

persunde qqe el PaFuiá toma por eittsd» «■ 
lo aotigao , dtftdlétidooo entlos ottátró ciladoi 
tios que Mhm del Isgo. 

1^. Bl rio Umgoay toma á mi ■eii tewfat aa 
nombre de^ un pájaro coman en mmhmKfam 
Hatnadd 1%^ porque üraguay eigofficé^ a^del 
pafe'dél ünL' Mn¿ípia ;bácia los *S8 gradkis de 
-latited d^i más: ístéritis^arOekteidei'kv isla de 
Santa €atatm¿v/<iOihti desde loego aS ffaoiéDte» 
ne'éiftrendb taütasfagéas que i* las iíS IrgitM de 
ea oi^gén dooidei iooMa el ¿amtno dé Saü Babia 
á Vhnioii», feáriyh !ckidiik»o y Hoira allnoidK^ 
derio^Üb ibt OmMt;;Sigiiieada I liegqáa aaasd 
echado eáttiino iMí le ooa im rio ddásidembla 
Kátnado ü^gttby-iiMity rHi.deUi»^^afai«|.i^ 
^tmdó jutttOfriél< ttombée de rio Umf^yi'ákMi^ 
do e^Ve rk» «ule: de tas MuriMiiks» dk^ M^wígea 
tótte Itit*^ ttte^Wo'fif^ patee» aAoidadbp'airár^ 
bbléfif;? pi^t» se-ttteié des{>ttes ptir ^iiitvé 
naos bosques, engrandeciendo' eoii 

ytí^, \Mt/^k ip^'mié^jfmm^t^l tMigda^i^oitii Mi 
íúápti máM^ eon«dM(fl»bi|ieUr«Madééiioa^^ 
My'bMiá-VMiirae «l^(Pamn4>piffttfliiaifi ^aataalo 
qiUl^laiüiMiOB 4fliy44oiilidi Hala^UMkíeMadole 
¿btre^M^irtayóMfA.^did abundo* / ^ :u:\ • ;* m 
' t9>) Afliaqpená JaiMple 4Í9ii;|iáiiniaain|tii 
»b^ Cfcuffcl : e»H><gb afi g»e ^ a|ni. élidel m»iln» 
guáy, podrí ImImmt im «sM^aqiUiiaafaibe) pon* 
qbf^ es «Mk <im4MMo y aé^^ 




^ 47 ^ 

Panlnti por venir «m orÍMtid ^ donde 1m ter- 
reM6 SM QMaoa horiiottlideB. So sq cauce» 
priacípakiieDte al pié de ew safcee^ 8e eiicueo- 
taraa moekas petríficaeíoiiea de bjteaea y iroo- 
oeft, y aift efobai|(a pa«M ms aguas por eaceien- 
tee^ aleado aim mas aeyredilftdMa laa del rio Ner 
gro M inbBkario. Sm mayore» aoresciipieQtfi;^ 
swebm aooiitecer desde fia de juUq á primeros 
de aoviambre. AoBqoe deate donde se le junta 
el Fepirí baala el rio de la Plata, tieae xnas de 
50 arreeifes« sob deben lUiaarse saltea el del 
paítelo de SS"" 9' 23'^ y el que hay «nía em^ 
booaáara del Nivemi : este tiene dos varee de 
allUM-fettiMl y aqael algo mas de once. Asi no 
deba ealwiíaie qneíaa aavegaciaa sola eslé es«- 
pedita desde el ríe de kPiaiai basta el arreei- 
fellaondo Sallo Quca enkia31<» S13' 5^< dele- 
tiiod» Es verdad qiea algaaa tea se ha veaeido 
este iropieaacoA alywa creeieol» •ertrawdta»* 
ria.9 subiendo beata el Salta Qraiide q¡$» tiene 
en. los 31* 12^ df* pero deadbS'aqiM a^ lospueUoe. 
de lÜsienea le nategpuk sienfira coa eeBeee- y 

Wk Nol pq4ré mcMM 4« «iininwift :4 qM 

oír qoiloitlMMnitMííibÍMfrlodlMtlilflEtnkY'VitoMii 
gMÍdMt y «bim qm hm itHmiIm 4m^. lo» $Eí 



— M — 

cepcioa C0090 en el rio Paraguay» para eso b»y 
otro8 como el Tiete# qae tiene 14. Esta multitiid 
de saltos en todas partes no obstante qñe son 
tan llanas indica una causa general que no se 
encuentra en el antiguo continente : yo no hallo 
otra que estar formado lo interior del país de 
bancales horizontales de pena como sncedéi á la 
cordillera de los Andes, según dice elscAdr don 
Antonio Ulioa en sus noticias americanas* Pero 
lo que se deduce principalmente es que el pe- 
rene trabajo de las aguas no ha tenido aan el 
tiempo necesario para destruir Mmejantes em- 
barazos* 

21. Digamos algo del conjunto de todos 
aquellos ríos : esto es, del rio de la Plata: puede 
considerarse como un golfo del mar , aimque 
conserva el agua dulce y potable hasta 25 ó 30 
leguas al Este de Boenos*Aires. No se advierten 
en él las mareas que son tan fuertes en la oosta 
patagónica ; ni el subir ni el bajar de las aguas 
pende del crecimiento de los rios , sino de los 
vientos ; porque el Este y el Sueste las hacen 
subir hasta siete óma» pies# y los vientos opees* 
tos las bajan a proporción. Pero el ano de 1795 
estando yo en el Paraguay bajó tanto el s^a 
nn dia de calma, que descubrió en Buenos^Aíres 
tres leguas de playa conservándose asi un dia 
entero , y después volvió ¿ su estado natural 
espaciosamente* Para que esto sucediese dobíó 



— 49 — 

retirarse mocho la mar hacia el Bsie ó se abriá 
úsu caveroa en el fondo del río ó el del mar 
allí cerca ; y no fué por terremoto ; pues no se 
sintió allí ni en otra parte. 

23. Mi mapa de este golfo ó río de la Pla«* 
ta manifiesta sos bancos de arena , y so sonda 
por lo relativo á la navegación. Hesta decir que 
sos orillas aonqoe bajas, no dejan de propendo-* 
nar algon abrigo , y mas la del Sor ; porque los 
vientos mas daros y peligrosos soplan de aqoe« 
Ha parte. Asi se han mantenido al ancla mnebos 
navios sin averias largas temporadas, y el llama- 
do Vigilante nneve años en el amarradero que 
dbta tres leguas al Norte de Boenos-Aires. Su 
tenedero no poede ser mejor en todas partes. 

24. Ocioso seria tratar de los puertos de la 
costa patagónica cuya descripción y planos han 
pnUicado ya otros viageros. Los del río de la 
Plata son la Colonia, MontevMeo , Maldonado, 
Ensenada de Barragan y el Riachuelo: los dos 
áltimos en la costa del Sur , y los otros en la 
opuesta. £1 Riachuelo que está cerca de Bar «• 
nos^Aires , es un arroyo largo y estrecho que 
viene de tierra adentro» pero le entran también 
las aguas del rio de la Plata. Ta se supone que 
es seguro, pero no admite sino buques mecKa- 
aos, y aun estos han de esperar á que el viento 
haga subir las aguas para pasar sobre la barra 
que hay á la entrada. 



— 50 — 

25. La Bnsauuk de Barragaiiy está 10 le- 
guas mas afuera que el puerto precedente , y 
fobdeaban en ella las embarcaciones antes de 
poblarse Montevideo. La conserva limpia el 
arroyo de Santiago que corre por enmedio , y 
es muy segura y de buen tenedero. Su entrada 
es angosta; y sdo' tiene dos brazas y media de 
agua donde maS| esto es la superficie para fra- 
gatas. 

26. El puerto de la Colonia es poco capaz, 
y no de buen abrigo contra los Suestes y Su- 
duestes ; que son los vientos mas duros. Verdad 
es que algo le defienden la isla de san Gabriel 
y otras menores, como también un plater ó 
banco de arena, que todos se prolongan en una 
finea delante del puerto. La sonda es de seis á 
siete brazas , porque las aguas vaciantes del 
rio de la Plata corren pegadas á la costa cpn 
tal velocidad, que á veces llega á seis millas 
por hora. 

27. £1 de Montevideo es el mas firecnenta- 
do: su sonda disminuye tan apriesa, que es de 
temer se inutilizará antes de mucho tiempo. 
Está espuesto á los vientos mas duros, que le- 
vantan en él mucha mar y hacen garrear las em- 
barcaciones, enredar sus cables y caer unas 
sobre otras. A veces las arrojan á las playas, 
por que su tenedero es fango «lelto , donde no 
agarran las anclas, y se podren los cables y las 



— 51 — 

madera». Tamipaco «e sale de ü cuaado s# 
qaiere , porqoe se necesita bastante vieoto para 
sacar los buques del fango. Fondmn en él fra* 
gatas y ann navios de linea^ pero estos lo han 
de hacer mny affbera donde hay poco abrigo. 

26. El de Maldonado es grandísimo con 
l>uen tenedero y fondo para los mayores na víob, 
pero no es abrigada toda su ostensión , sino so- 
lamente la paírte que está al socaire de la isla 
de Górriti : se entra y sale con todo Tiento por 
que tiene dos bíocas. La corriente sale siempre 
]por la que llaman del Este; y esta circunstan- 
bla hace que 'Oponiéndose á todo viento , me- 
nos al del Oeste , alivia siempre á los caUes. 

• • • 

* 29. ' Arites dé nombrar lo^ pescados^ diré 
lo (fie se me hizo estraño en los cangrejos* Son 
"áe la especie de los de Europa, pues tienen 
Iks tnistaias formas; magnitud, color y gusto, 
jpérd no se encuentran en las orillas de arroyosi 
ni en sus cercanías que pueden innundarse 
laonla^crecientes^&ino en los campos arcillosos. 
Allí hacen sus agujeros redondos y perpendí- 
'Cifláres para entrar* y salir de noche , y los en- 
Calichan bastante en lo interior, jmra estar con 
^dmódfilád y para que contengan bastante 
-i^|in Hovediza « por que no ven otra ni la bu»- 
^tí.*Solo habitan dos en cada agujero, y mis 
^ééádMSpedos Micure Pope y Aguaragazü los 
*lmseañ y comen Imucho. No se puede correr 



— 83 — 

por donde hay cangrejos , por fue c%on los 
caballos metirado lo» piasen los agajacos» qne 
son hondos media vara, ^rian distar Iob .can^ 
grajos muchas leguas itnep de Qffo^t <ui ípe 
se conciba como hayan p()dído . abmvesar tan 
largas distancias. 

30, ^n el Paraguay, pesan los indio* Pa* 
iaguas y otros a flechazos y con aaaoeloa» p^ro 
los españoles ao lo haoeo, y si son campeakresi 
aborrepen el pescado. En Buenos Airea pan 
pescar^ entran dos hombres momadas en. <1 vio 
hasta qtte nadan sus cabaUps paméndose €D-|M 
sobre elloa^ Entoqces se. separan y liendcsLla 
red f sacándola Iqs miamos ^b^llM. fta^Mna 
al pencado que .sale» y si j^tá'flaco é sia gor* 
dui!a.b arrojan á la p^ya.. No se oonocen las 
ostrací y oíros mariseos qi^ hae^ en Chile» pero 
abufidan Iqs pescados de buena ó á lo loepos 
mediana calidad. £n Santa Fé de la Veaa Qem 
secan algunqs del rio. Parva y los vend^ por 
bacalao: lo propio hacen en Alaldonado y en 
Ja costa patagónica. 

3j.. No puedo hablar bíett4e jios paseado? 
de a^uelloi^mares^ por qué apenas «co^oaco. uno 
ú Oiirp» Me limito üpicam^o^ 4 Iqs fle'SfquaUoa 
xioa^ cpsí;SÍiKpq^r hacer ^as^ue noi^lir^vloií. 
Hay Míqigurois de mas de.cjien :liblAl^^r^bi^ 
de trj^iala; Paiciis dorados y ua^pqa de Tfifrt^ 
Dorados mayores mas beIlos.y düer^jte^, do» Jioa 



- w - 

piqM al^pia ¡m piM ocaManáaiÜb m0aiinacíon 
y 4elorts wmfriblMi TanAteB bay Patís , Bo- 
gas» SihaíMy. Falometaa. EsUs preeigaA á estar 
en continuo movimiento á los que se bañan ; por 
que de estar quietos se esponen á que la Palo- 
meta les 8iM{ue el bocado redondo. Hay igual-* 
mente Cazones ó Armados» Lenguados, Bagres» 
Tarariras y Peces reyes los mayores del mundo. 
Se encuentran ad^ms Pirarapitas » Yiejas* Den- 
tudos» Mojarrttas» Anguilas» Tortugas y otros 
muehoB. En la obraf de mis cuadrúpedos hablé 
de las Nutrias^ Quiya y Capibara » cuadrúpedos 
de aquellos rios y también del Tacare ó Caimán. 
Aunque es fiíbuloso el Tagnaro» ninguno es tan 
famoso entre el vulgo del Paraguay. Suponen 
que escarba con prontitud increible por debajo 
del agua las barrancas de los rios » basta que 
las hace derrocar sobre las embarcaciones. 

32. fis «Bcusade advertir» que los pescados 
grandes no se e n cuentr an 4»i poca agua y que 
no todos los nombrados se hallan en todas par- 
tes. Por ejemplo» yo no sé que haya Tarariras, 
Anguilas » Viejas » Tortugas ni otros en los ma- 
yores rios ; y son muy comunes en los peque- 
ños y metíanos y en las alboreas. El citado Ta- 
caré y la Anguila existen en todos los lagos de 
América » por mas separados que se hallen unos 
de otros. La anguila nadie hasta hoy sabe como 



— Bi- 
se multiplica^ no habiéndole jam» eatSatAnib 
hijos ni huevos en el vientre. Aseguran algana 
que encima de los saltos del río, no se eacoen- 
tran algunas especies de pesckdo gD« haj de- 
bajo. 




— 56 — 





CAPITULO V 



Do Imi veselales mlUremtrem. 



1. No siendo yo botánico , no hay que pe- 
dirme las claseSf caracteres ni nombres griegos 
de los vegetales» sino tal coal noticia muy super- 
ficial como la puede dar un viagero distraído 
con otras cosas. Habiendo dicho en el capítu- 
lo 2«* que aquellos paises son llanos , casi siem- 
pre arcillosos y alguna Tez areniscos , se sigue 
que su vegetación debe participar de la misma 
uniformidad, no habiendo otras causas que la 
puedan variar, sino la temperatui;a de la atmós- 
fera, sensibles solo en larguísimas distancias, y 
en ciertas plantas , y la da tener el suelo mas ó 
menos humedad y miga para penetrar las raices. 
En efecto, he notado constantemente en aque- 
llas campañas incultas , que tienen las mismas 
plantas, altas de tres á cuatro palmos, tan tupidas 
que no permiten ver el suelo, sino donde hay ca- 
minos, y en los arroyosy canalejas que hacen las 
lluvias. Las especies de plantas son pocas , pero 
entre los paralelos de 30 y 3 1 grados en la fron- 




— 116 — 

se encaentran bastantes plantas qae no he TÍsto 
en otras partes. Entre eUas hay algunas cayos 
tronquillos^ hojas j flores parecen estar llenos 
de escarchas y una de cuatro hojas anchas lar- 
gas de tres pulgadas en figura de lanza y pia- 
das al suelo, da por junio una vara y flor como 
el Renunculo^ áspera y de un rojo naranjado que 
jamás se pierde aunque esté seca. 

% En las cañadas y parages que se suelen 
inundar con las Uarias ó con crecientes de arro* 
yos^ dominan plantas diferentes y roas elevadas 
como espadañas , pajas , cortaderas, alciras f pi- 
tas ó cardales de varias especies , y otras que no 
se nombran : llaman pajonales á estas cañadas 
y bagios. Si la humedad es considerable, se crian 
entre dichas pitas ó caraguatas, cebollas como 
el puño , que dan flores carmesíes al modo de 
azucenas, y en algunos lugares anegados del 
Paraguay recogen los indios ^Ivestres una es^ 
pede de arroz muy bueno. Al Sur del rio de 
la Plata y donde es pais salitroso, hay varias 
plantas que lo son , y que tal vez servirían para 
jabón y tintes. 

3. Guando las plantas están ya duras y se* 
quizas, las pegan fuego para que retoñen y las 
coman tiernas los ganados ; pero sin doda pere- 
cen asi las plantas mas delicadas y se queman 
h^ semillas disminuyendo las especies. Solo se 



— 57.—-- 

datknea estas qaemaaones ealosartoyos y ca- 
minos esteodíendose'tantt^ cóiiel.rbntOy como 
oné TO camioé mas de dotoieatos leauas muy 
TsaV de Bueaos Aires «obre ona- campaña que. 
principiaba á retoñar y hábia sido abrasada de 
una vez. Como las orillas de los bosques son. 
siempre muy cerradas y verdes , también detie* 
nen el fu^o ; pero quedan chamuscadas para 
arder eu el incendio siguiente. Bereoen iguala 
mente iafioitos insectos , reptiles y'Cuadriipedos 
menores , y las águilas y gavilanes aicsuden á las- 
qoemazones para com^ estos despo^. 

4.. Lo dicho hasta aqui de la vegetación de 
los campos sin bosques ^ padece alteración por 
al influjo del hombre; y de Jos cuadrúpedos^ 
porque en las estancias ó dehesa» poblaidas al- 
gunos anos de ganados mayores y de pastores^ 
86 eaterminan acpieilos pastos altos* y los pajo- 
nakiis^ y nace la grama icomun y un abrojo acha- 
parrado xle hoja muy menuda. ¥A ganado lanar 
abrevia el esterminio de toda planta elevada^ y 
' fomenta la grama. Ue observado mil veces^ que 
mu cualquiera desierto donde el hombre se !es^ 
lahleaca , nacen al año , al rededor de su ckdr 
n f malvan, hortigas# abrojos comunes y otrs^s 
varias plantos ^e; no h^bia visto á treinta 1^ 
goas en contojnM). BasCa que el bombire/:frf- 
^icnejBta vé caamñó, aunque sea sdo já caballo, 
f|»ra que ú tos lados ú orillas nazcan algunas 



^ 8B — 

de áicbw plantu , qi» 110 m notaa Mi los 
p« inoiediatos; y hastü qpie eoUve m Imoto^ 
para que naecaa vaidolagas ^ hort^ps» eto. En 
la mflftediacioQ de las madriguerae de la YiaeaN 
cha» nace la hortiga viaeackera qae no se ve 
olea ffarte. 

5. Vamos á tratar de árboles* Los hay 
las cercanías del esfeécko de Magallanes , y 
desde alü al i4o .de lá Piala » se esoaenlraiit en 
«aros parages de k campana y algosas listas ó 
mandias de algarrobos y espiíiiUos claros. En 
snma^ escasefi tanto la kAa en aqtielbs parles, 
qoe hacen fiaego con cardos y Tiziiagas, y. con 
los hsesos y sebo de l^s yeguas s¡l?6stres# qse 
le mataá muchas veces solo con este ofafeto. 
Aon en los beraos de ladrillo de Buenos Aires 
-f Ifctetcrvídeo., queman poroíones enormes de 
lufesDS y bien que se mmediaii macho een hs 
^orassales qse aíembnan para, aprored^ la !•- 
'fiti. También oortan bastante de las ortilae de 
ios arroyos que vierten inmediatamente en el 
rip de la nata, y ana la traen de fas islas y 
^Has de los rbs Paraná y Uruguay. BeM so- 
da esta leña se va visiblensente esterminañda 
y por lo que haoe á maderas para edtfiokis, car- 
retas y eknbarcaeíoses , casi teda se ^a^dél 
-Psragáay y Misiones jesm'tiess. * • 

. 6. &i el ChoM o al occidente del ale »P^- 
aagvíiy y y en segnida ifel Paraná hasta san^ 



— 49 — 

foüraurse mocho la mar hacia el Esie ó se abrid 
itaa caverna en el fondo del rio ó el del mar 
allí cerca ; y no fué por terremoto ; pues no se 
«ntíó allí ni en otra parte. 

23. Mi mapa de este golfo ó rio de la Pla«* 
ta manifiesta sus bancos de arena , y su sonda 
por lo relativo á la navegación. Hesta decir que 
sus orillas aunque bajas, no dejan depropercio* 
nar algún abrigo , y mas la del Sur ; porque los 
vientos mas duros y peligrosos soplan de aque« 
lia parte. Asi se han mantenido al anda muebos 
navios sin averias largas temporadas^ y el llama- 
do Vigilante nueve años en el amarradero que 
dista tres leguas al Norte de Buenos* Ai res. Su 
tenedero no puede ser mejor en todas partes. 

24. Ocioso sería tintar de los puertos de la 
costa patagónica cuya descripción y planos han 
pnUicado ya otroe viageros. Los del rio de- la 
Plata son la Colonia, MontevMeo , Maldonado, 
Ensenada de Barragan y el Riachuelo: los dos 
líltímos en la costa del Sur , y los otros en la 
Opoestá. £1 Riachuelo que está cerca de Bor «• 
iio6*Aires , es ttn arroyo largo y estrecho que 
viene de tierra adentro» pero le entran también 
ka aguas del rio de la Plata. Ta se supone que 
M seguro, pero no admite sino buques medb« 
aoSf y aun estos han de esperar á que el viento 
luiga subir las aguas para pasar sobre la barra 
que hay á la entrada. 

7 



— 60 — 

qae es dtOcü puedan ks seimilas que eaea to« 
car en tierra , ni ser cubiertas de polvo p<m{iie 
al aire entra sensiblemente. Dentro he visto al- 
guna vez un arbusto cuya forma y las hojas soq 
de pimiento , de figura de cuerno aunque tres 
ó cuatro veces mas alto. Creo que llaman Aji 
cumbari y su fruto es amarillo, naranjado', re- 
dondo y del tamaño de la pimienta negra, pero 
tan cáustico , que su jugo hace mudar la piel. 
£1 mismo efecto ocasiona un gusanito que ae 
suele enccmtrar en este arbusto , solo con do* 
jarle correr sobre el revés de la mano. 

8. Se ven en estos bosques muchi»mas es- 
l>ecies de árboles todas diferentes de las de 
Europa y tan interpoladas , que para encontrar 
una docedá de la misma es menester registrar 
á veces un grande trecho Hay por allí consi- 
derables bosques de naranjos, que presumo 
posteriwes á la conquista , porque siempre los 
he visto cerca de pueblos ó donde los ha habí- 
do. Este árbol no admite agáricos ni plantas 
parásitas, ni sufre debajo ni en su alrededor, 
otra vejetacion que la suya. Asi estos bosques 
son limpios y sin mas embarazos que sus hijoe* 
los; aunque algunas veces se ve uno ü otro ar- 
bolen de otra especie , que yo creo anterior á 
la esteasion de los naranjos. Aunque, su fruto 
sea generalmente agrio , también es en.algüAos 
agridulce; juzgo que todas en su or%en eran 



— 61 -- 

dnlciea y qne les TÍeae el áddo de la fiíha da 
ciütívo; porque he enervado raaohas. veces 
que las calábasas comanes que nticeii y se 
criao junto á las choasas abandooadas del cain* 
po, dau on fruto mas amai^ que la hiél, no 
obstante que en su oríjen no lo era^ 

9. Presumo que en los bosques grandes del 
Norte habrá árboles de un grueso estraordkia- 
rio, aunque no los he visto Hoy se ignora tam- 
bién la aplicación y usos que pueden darse á 
muchas de aquellas maderas , pero el tiempo 
los descubrirá. Algunas son mas fiíertes que 
otras de la misma especie. Por ejemplo los 
cedros del monte grande entre los 29 y 30 
grados de latitud, aunque criados en tierras 
alomadas, nó tienen la fortaleza y duración 
que los cedros del Paraguay. Sin embargo ha- 
blando en general , las maderas del Paraguay 
son mas compactas, sólidas y vidriosas que las 
de Europa ; por lo menos se esp«rimenta que 
una embarcación construida de eUas dura tri* 
pilcado tiempo. 

10. La del Tataré se consume sin hacer 
llama ni brasa y de mal olor. £s muy compacta^ 
suavBÍma, amarillrata y tan tenas, que no pue- 
den arrancarse los clavos de ella. I^a emplean 
con preferencia para baos, curvas y ligaiones 
de los barcos; y machacando la cortesa y po- 
niindola en agua, resulta tinta. De la del Ybi- 



— 61 -- 

raro 6 Lapac&o hacen la mejor táUacon # t^», 
tijeras # mácu» ^muib y rayo» de canreta^ didias 
tablas «m las tpit mas darán mí loa fondos de 
ks eaatocacloaea. Emplean la del üig n iT oba 
para pinas, bar engas etc.; y ia del UnuuUtfmka 
que es roja-, para portes labi^ndolos eañndo 
están vetdes; por r|ne despves desbocan las 
herramientas. Esta mádeha es dorisima y coosi 
incorrtf plible b&jci de tierra * principalmennte si 
k clavan en seniidó contrario 6 por la parte de 
las ramas. Tampoco se podre él YanéHM 6 E^ 
pinlUo, pero cMno sus pidoá son oortos, toer- 
los y no gruesos, los emféean sedo part hacer 
corrales de estada y para qnemar; pol" ^e es k 
kña mqor del mando, tanto por k gtende aty 
tívidad de ,su fuego y duncioa de s» brasas, 
como por la (acilfdad con que alde mmo Terde 
como seca . La madera del ffmdBÜnU ee eoH 
plea en mneb^es preck«os, porque es dnrkima 
de fondo amaritkKO <;en vetasf tan vitas ^negras 
rojas y amarillas, qoe qnfa&ás ningcma madura 
le iguala en esto. Verdad es que se cooAmden 
y oscurecen con el tiempo, pero se preáervai^ían 
con algnn barniz. Es árbol de primera tnagwH 
tnd y moy gmeso como el otro Trandei ; pero 
apesar dé su dureza , le persiguM^ mas que i 
ninguno UÍ109 gusanos como el dedo;^ modo 
que poeas veces pueden sacarae.taUas qoe pa* 
sen de medk T«fa 4e andmM. D4 ^¿láita é 



aotíl tiliMlM. haooi tablas y miMblas por su 
heUo cobr amarillo. El Timbó es ná arbolon de 
primer ¿rdeo, bastante sólido ^ no pesado ,> y 
de manera qne jamas se raja; por cuyos. motif» 
iros la prefieren para canoas y paiia cajas dees* 
copeta. Del cedro que es muy difemo del del 
Lib^o y asierran mochísima tpbiazoa para lodf 
nao. También la usan para báés y forros di 
ombarGacioneSy y ann para remos i por la far 
cXdad con qne se trabaja^ pero no hay madera 
ten sensiUe á lo seco y hnmedo, y sus tablas 
sé separan siempre aunque estén bicm onidap. 
Del ÁfMerebi sacan vigas y también palos para 
«mbarcaciónai; pues aonqne no tengan el graep 
ao y longitud de los pinos del Norte, son mas 
8¿}idos fuertes y pesados. Hay rariedad de lan*» 
teles diferentes de los de Espada, y les emplea 
-principalmeme para aoademas de embareacio- 
4ie8« Hacen del Sandipá cajas de escopeta t dol 
CmtAócá, del Sapiy y del naraqo ejes de cae- 
Mtas :del Pab áelanM Taras y lanzas de coehe 
«te*^ y dd Cruayacan apenas hacen nso« Ápró^ 
yecfaan luochoen tijenp paraeid>rir los edificios 
-de la palma Giranday que se cria en logares 
Iknon, bajosyhúniedasdpl Pora^éy/Sa tropeo 
es doro y se conserva mpeho á cubierta^ del 
agóa. Sos hojas nacen jonte^ y fiarmaQ figni^ 
de ÁbaiíieSy y sos dátiles vden poco. En bs 
fiíiMiea beafues se haHan los «fue én üadriil 



i > 




— «4 — 

llamn Plátano de Oriente y Lauro Resrf^ y 

habiéndose lleyadd estos^ á Europa , no sé como 
no. se han eondacido los demás qné saa más 
útiles. 

11. Me detendré un poco á hablar de h 
utilidad qne póede sacarse de algunos árboles» 
y de lo que me parece estraño. Hay bosques 
estendidos de Guriys no muy distantes al Este 
de los rios Paraná y Uruguay desdé Misiones 
hasta el Norte. Suponen algunos que el Cmiy 
solo tiene una raiz perpendicidan lo cierto es 
que su tronco es tan recto y lar|jo <xNno el de 
los pinos del Norte , y tan grueso ó mas. So 
madera es resinosa semejante á la del pino co* 
mon B pero sos hojas mo(^o mas cdrtas y anchas 
con la figura de moharra de lansa^ y la punta 
aguda. Las ramas naced en coronas ó á la- mis* 
ma altura en dirección horÚBontali sin ser mu- 
chas ni gruesas : á bastante distánicia mas arri- 
ba nace otra corona , y lo mismo hasta la et>pa. 
Sus pinas arredondeadas del tastia&o casi del 
de la cabeza de un muchacho , tienen las esca- 
mas menos sensibles que nuestros pinos, y 
cuando están saxonadas se deshacen totah^en* 
te y quedando solo el palito de enmedio grueso 
como el dedo. Sus piñones son muy largos del 
grueso del dedo pulgar en el estremo mas abul- 
tado # y asados son tan buenos ó mcjoreá que 
castañas. Los indios silvestres los comen mucho. 



==. 66 — 

y nuAéndolOd hacen harina para comer tortas. 
Tb creo qufe seria su madera escelente para ta- 
Uarán^ y pafa palos, vergas y masteleros de 
ilatio. Los jesuítas sembraron algunos en los 
huertos de su^ Misiones , y son ya árboles de 
primera magnitud : podrían prosperar en £u« 
ropa. 

12. El Ybkrapepé es un grande árbol de 
buena madera, por cualquiera parte que se 
asierre el trodco horizontalmente , resulta una 
estrella cuyos radios son casi tan laicos como 
d diámetro del núcleo. El Ybaró es otro arbOl 
que da mucho fruto en pomos. £8 redondo 
oon el cuesco esférico , liso, lustroso y oscuro 
que sirve de juguete á los muchachos. Entre él 
y la piel estertor hay una pulgada glutinosa» 
que algunas indias estrujan y se sirven* de ella 
éomo dé jabón. 

13. El Ombú es muy grande y frondoso» 
que prende de rama gruesa, sin errar jamas # y 
sin reparar que el suelo sea bueno ó malo , hu« 
itiedo ó seco. Crece en la mitad del tiempo que 
Otros , y es bueno para sombra y para paseos 
y cammós. 9u madera se pudre antes de secar- 
se » no arde al fuego , ni sirve para nada. Hay 
tfno en el jardin botánico de Madrid y otro en 
el Puerto de santa Haría » donde han averigua- 
do ^he mi hojas limpian y curan las üfceriis. 

II. El fiúpamundó es de la mayor corpu* 

9 



— 66 — 

lencia, de bellas hojas ^ muy frondoso y de un 
fruto como ciruelas que comen los de paladar 
grosero. Hay otro árbol muy común fnmdoso 
y grande en el Paraguay. Su tronco parece com- 
puesto de un haz de muchos que entran y vael- 
ven á salir y hacen alguna vez asas como las de 
un cántaro. 

15. £1 Higueron es grande y frondoso en 
estremo, que crece como todos cuando nace 
aislado en el suelo ; pero cuando nace en la 
horqueta muy alta de otro árbol grueso ó sobre 
un poste ó estaca, arroja sus raices rectas , se- 
paradas y flotantes al aire , hasta que en lle- 
gando al suelo prenden , engruesan y se unen 
unas con otras formando tronco abrazando y 
ocultando para siempre el árbol o estaca donde 
nacieron. Si. ei higuerou nace pegado á una pe« 
ña, la va abrazando de modo que su tronco 
tiene á veces una vara ó mas de ancho p€|prio 
á la peña con .solo tres ó cuatro dedos de 



16. Aunque la familia de Nopales ó Tuna- 
les sea la mas des[^oporcionada y mal hecha 
entre los árboles , yo he visto dos verdaderas 
tunas , árboles mas bien formados del mundo: 
su tronco alto siete á ocho varas, era liso y tan 
redondo como si le hubiesen torneado ; y solo 
de lo mas alto salían muchas ramas á un tiem- 
po arraquetadas para formar la copa esférica,. 



— 67 — 

tupida y compuesta toda de dichas raquetas ó 
palas : las flores también se asemejan á las de 
la tuna ó nopal aunque son mas pequeñas. Los 
encontré en dos bosques del pueblo de Atirá, 
distantes como una legua uno de otro » y no 
tenian hijos ó renuevos ; de modo que me fi- 
guré que su especie no tiene sino estos dos in- 
dividuos. 

17. Lo que en el Paraguay llaman azuce- 
na del bosque es árbol común , de talla media^ 
na 9 muy verde y copudo. Se cubre totalmente 
de flores, que aunque de solos cuatro pétalos 
hacen bella vista largo tiempo por su muche- 
dumbre y hermoso color morado ; el cual de- 
genera en blanco con el sol y los días. En los 
jardmes del Rio Janeiro lo recortaban y cria- 
ban como á los bojes y mirtos. En Buenos* Ai- 
res y Montevideo llaman fdumeriio i un mator* 
ral común junto á los arroyos que dá unas flo- 
res en figura de hisopo ó plumero , porque en 
vez de hojas tienen unas como cerdas gruesas 
rojas muy vivas de dos á tres pulgadas de lar- 
go : las mugeres se adornan con ellas. 

18. He oido nombrar en España á la yeii>a 
llamada Vergontoia ó sensitiva porque tiene la 
propiedad de cerrar las hojas al tocarlas # y por 
aquellos paises hay dos ó tres con la misma pro- 
piedad. Pero también la tiene el Tuquery que 
M muy común en lugares hümedos. Es especia 



— 68 — 

de Aromo y y se le parece en hoja, formas y 
magnitod, aunque las ramas son mas horizon- 
tales. Da vainas como de judias aplastadas , y 
muchas juntas que forman grupos casi circo- 
lares. 

19. Por los veinte y cuatro grados de la- 
titud vi matorrales de dos varas de dev^tcion, 
cuyos troncos y las hojas parecian á la vista y 
al tacto un terciopelo, y también hallé benen- 
genas silvestres, albahaca y salvia, pero esta es 
arbusto. 

20. No escasean aquellas cañas ó taguaras 
gruesas como el muslo muy fuertes y útiles para 
andamios y para muchas cosas. El ejército 
Guarany forro sus canutos con piel 4e toro , y 
se sirvió de ellos como de cañones contra las 
tropas combinadas de España y Portugal que 
trataban de efectuar el tratado de Umites del 
año de 1750. Se hallan á la orilla de los arro- 
yos, pero sobresalen á todos los arboles. La 
raiz es como la de caña común ; aunque mucho 
mas gruesa, y como ella se cria en matorrales» 
pero dicen que tarda siete años en ser adulta: 
que entonces se seca , y que vuelve á arrojar ai 
segundo año. El Taguapará se encuentra solo en 
los arroyos tributarios del Uruguay, es una ca- 
ña que usan para bastones, por que es Uenat 
fuerte , sólida y bien pintada de negruzco sobreí 
fppjdlo pajizo. De otra también splicja y Uepa se 



— 69 — 

sif xe<^ ft^^ ^l9s de Isinzas y para afianzar los 
teja(}os. L^ Taqqapi tiene sw p^pfitos muy laiv 
gQS y lo que los forma es t^o delgado coipo \kü^ 
piel ó CQvies^f £la ellos sueleq los viajeros ha* 
f er ypla^ de se|)0 » y v^ii co|;t^do d^l molde á 
proporción que la vela se copsume. Aun bay 
otras cañas llenas y vacias desconocidas ei) Es- 
paña donde probarían bien. 

21. £1 árbol que da la llamada Yetba del 
Paraguay se pria entre los demás en todos los 
bosques de los ríos y arroyos tributarios del Pa- 
raná y Uruguay, y también en los que vierten 
en el del Paraguay por la banda del Este desde 
los veinte y cgatro grados de latitud acia el Nor- 
te. Aupqpe los he visto como naranjos media- 
nos , no sucede así dopde benefician sus hojas 
porque los chapodan cada dos ó tres años que 
es el tiempo que creen necesario para que estén 
sazonadas. Pertenece á la faipília del laurel á 
quien en todo se parece « tiene las hojas den- 
tadas en SH contomo. La flor es blanca en ra-* 
cimos de treinta á cuarenta con cuatro pétalos 
y otros tantos pistilos que nacen de los inter- 
ipe4ÍQíí; y 1^ semilla que es rojfi piorada, como 
fpf^QSi ^e pimieif ta i epcierra cada una tres ó 
cp^tfo nucleqs* 

^. Para h^w(^isvp h ye^ba pl^amusqan las 
hojas,, p9ii;^4o U mism^ ranvi ppr la llama. 
Í^PWf.t WÍV» y tUiimíweme l/id^me- 



— 70 — 

nuzan hasta cierto punto , poniéndola asi 
tadamente en un depósito, por que recien he- 
cha no tiene buen gusto. Para usarla poner un 
pnñadito en una calabacita que Uaman mofe 
con agua caliente» y al instante chupan por un 
cañutillo ó bombilla que tiene en lo inferior agn- 
jeros para dar paso al agua deteniendo la yerba« 
Esta misma sirve tres ó cuatro veces echando 
nueva agua , y algunos ponen azúcar. La toman 
á todas horas siendo el consumo diario de un 
vicioso una onza, y la que trabaja ó beneficia 
un jornalero no baja de un quintal ó dos. Los 
indios silvestres del Mondai y de Maracayá 
usaban tomar esta yerba , y de ellos lo apr^i- 
dieron los españoles. Se ha estendido tanto el 
uso de esta yerba , que se lleva mucho á Potosí 
Chile, Perú y Quito: el año de 1726 se estra- 
geron del Paraguay 12.500 quintales de ella, 
y el de 1798, 50.000. 

23. Los padres jesuitas plantaron estos ár- 
boles en sus Misiones y beneficiaban la yerba 
con toda comodidad. Separaban ademas las 
puntitas de los palos, desmenuzaban mas las 
hojas y llamaban á esta yerba Caá miri : mas 
nada de esto influye en la calidad « sino el que 
esté bien chamuscada, tostada y cogida en sa- 
zón no impregnada de humedad. Asi sin con- 
sideración á quitar palitos ni á lo menudo , di* 
viden la yerba en fuerte , y electa ó suave. 



— 71 — 

24. Diré algo de algunos otros usos que 
hacen de los vegetales. En los lugares húmedos 
del Norte del Paraguay, abunda una planta que 
da varitas como de cuatro palmos casi tapadas 
con las hojas bastante grandes que le están 
pegadas á lo largo. Tiene muchas y lai^s rai- 
ces flexibles muy amarillas por dentro , que 
sirven de azafrán para colorear los guisados. 
Las cortezas del Cebil y Curupai les sirven para 
curtir los cueros con mas brevedad que con 
Zumaque 9 con la del Catiguá hacen un coci- 
miento en la que empapan la piel ó la tela que 
quieren teñir : luego la estregan con las manos 
un rato en agua con ceniza poniéndola al sol 
hasta que se seque. Últimamente la lavan en* 
agua clara y queda teñida de un rojo ñierte. 
El Caaeangai es una yerba que se esliende por 
el suelo en el Paraguay : de sus raices encar^ 
nadas hacen un cocimiento: empapan en él la. 
tela preparada con agua de alumbre , y reaylta 
un rojo que se aviva layándola con orines po- 
dridos, cuyo oliMT le quitan enjabonándola. El 
llrucá es árbol común en el Paraguay , cuyo 
fruto se abre y encierra midtitud de granitos, 
que lavados tíñen el agua de un rojo bellísimo, 
y drecipitan el color en poco rato al fondo; mas 
no sequehagan uso de él para tintar telas. Con 
las astillas del Tatayiba ó moral silvestre hacen 
un cocimiento: en caliente empapan en él la. 



téla ^ffepárédá tíoh áfóiUbM^ f é%&úM üq bello 
amarillo eh lá éeáti y álgbdóli. La ládá íió le 
toma taú biéii. Auh dé á^Véo Ae ótrás jAalntas 
¡iara teAír amarilltf. 

' 23. tiás ¿oínas y teáihas de qcké tén|& áo* 
tícia soD la^ sigaiéÉlt^ y todaá del P^ajha^dy y 
Misiones. Eq las partes sSépieáMónüle^ áe en- 
cuentra el ithol muy gi^ahde lláAiádb PcUoáatuo. 
9a madera fuerte y olorosa hecha ásliüfts jr faer- 
büda^ despide ntíá resiiiá qué recogeh sobhé él 
a^ua^ y se cuaja enfriándose. Se sirved de efla 
para sahumerios, pdh|ue da túuy bttM olor. 
Llaman i tin árbol Incienso porqué beridkí des* 
tila una resina de olor y toloi* de incienso: per 
tal le usan en los teníplos del Paraguay . y Mi- 
sibhes y aunque lo ireéogen imputo ó oíiezbládo 
con arena y bórtéza. Los índió^ del |>iiélJÍo de 
Corpus encuentran en el cauce ó madre tlefl Pa- 
raná cuaiido está bajo un^ bófiiáé de resina 
algo transparentes/ las fúayores'coíñó ufíá pe-' 
que&a nuez. T ü6 dudo qué las destilan lúe iíh 
mensos bosques de mas arfiba ', ni que son un 
iftcieiiso superior al c¡áé se quefma en Espafia. 
Dichas bolitas prenden hiego en lá llaiiía , y á 
proporción que se queman se dei^rite eti forítia 
y color de caramelo, ctra sustanéiá qtté fio 
prende en la llama» pero que poniéildblM én 
brasas despide un hulnó de muy suavef dor, 
m^or que el que daba cuando ardia. 



26v El'Mángaísy es ua: járbol (]tte no se en- 
cueatra ea aquel paií sino hacia el tío Gale* 
mú Su goma llamada ^ma elástica , eü tan co- 
nocida j que en Europa la dan ya mudias apli- 
caciones. 

27. Cuentan del Nandipá que hiriendo su 
tronco sale una resina , que mezclada con igual 
dosis de aguardiente y puesta al sol se convier- 
te en un barniz^ bueno para maderas y ttiuebles 
preciosos. De otro árbol sacan por incisión la 
verdadera trerkentma, y de otro la escelente 
goma-^lemi. 

28. En las Misiones abunda tíUAgwraihi 
cuyo tronco es á veces como el cuerpo y. las 
ramas algo desparramadas. En invierno no caen 
las hojas, que son de up verde mas dsgro que 
las del sauce, largas pulgada y media, á dos, 
anchas tres Uneas t agudad , dentadas , nacen á 
pares y una en la püinta , y estrujadas sueltan 
una humedad pegajosta que huele á trementina*. 
L«a flor en racimos blaqca y pequeña , produce 
ana cajita ^n semillas. Me parece hab^r vi^to 
dos arbolitos de estos en el ji^rdiii^ de pIswKas'de 
París. Toman sus hojas» hierven m agika ó. "vino 
hasta que $uekan la. resina: las. quitan, cOnli- 
nqando el fu^go hasta qufe tiette^ el icaldtí (Minto 
4b jarabjei^^y á estollams^o Bilsafj^Q 4e:4qH^mi^ 
baipádfir Misiones :# sacan ui^^^ arroba de ciar 
cpepta hqjas. Cj^á ppeblo de Misiones » envía 

10 



ma» de dos libras aiiitáldieilte á kí botica real 
de Madrid, día qoe hasta hoy se haya publica- 
do rehM^km de sos Tirtodes. 

29. Se aplica por allá # con bae|l efectoi 
á las heridas, ablandándolo con vino tibio si es 
<{iie se ha endmecido. Creen qoe fortalece el 
estómago dotándole co|i él por foera ; j qoe 
haciendo lo mismo en ^s sienes y en lo mas 
dto dek cabesá, alivia bu dolor; Suponen qoe 
aplicado esterioriMnte y mitiga los caicos, ei 
dolor de costado > la- dqreea del estómago, la 
opilación y los flatos, y que tomando con asd* 
car la dós¡e«de dos almendras mañana y tarde, 
cura {a disenteria , la flaquezci dé estómago ^ y 
áf los qüfe áivojan sangre* por la ,boca. Lo in- 
ventó el jesuíta Ségismutkdd A^^perger qoe ejei^ 
oió la medicina y botánica ¿ubrenta anos en 
Mi^oMS. AlU'pMctieó cbanios ensayos le pa- 
Mcieron con los indios v y de fesoh^ , dejó es* 
oríto im i^ecétaf 10 sólo de-Ios vegetales del país, 
qm ccmserv^n ülgunos curanderos : si se exa- 
Aináíse ) tal v^ se encontraría algiMa espeeíGco 
litil á ta humanidad* 

' do. 'Aseguran que hay en el Paraguay y 
Ilisi<Ae6, Ruibarbo, Canchalagua y Catorguala, 
Doradilla, Caballos de ángel, Ruda, Salvia, 
Snekla# Consuelda y otras yerbas médicináfles^ 
Hay también lo qu^ llaman^ pifiones púrg^ies, 
porque purgan con violencia en un cuarto' de 



— 75 — 

Jiona comi^icío medio piñoa , esto es h 
de afidía almendra. SiapQQea que la parte del 
gératen Jbace vo:iiitar; quela olira produce /cur- 
ies, y que comiéndolo entero se nerifican amr 
Jbos efectos. Paseando yo por donde b^ta de 
uestes áribdles con la Gobernadora y so hija ; las 
esplique la propiedad de tales piñones , y esto 
i>astó para que quisiesen probarios ^ comieron 
ventre las dos poco mas de uno y lo :haliaroa 
-de buen gusto: pero apenas ¿usibri^n pa^o 
veinte minutos ^ cuando en amba$ principió la 
iuncion por arriba y por.s^ajo, sin dar lugar á 
melindres. Nada de eso tiene mala resulta, y 
^ corta repentina meipite con solo beb^ vino. 
Fr. Miguel y Escriche, cura .de Itapua, y que 
liacia de médico ó curandero» me aseguró que 
las tfaojas de un árbol común en los bosques, 
tensaban el mismo efecto que las de jíaiapa to<* 
madas en la mitad de la dosis , esto es» ipie (er 
nian doble virtud purgante. 

Bi . Digamos algo de las plantas enredado^ 
ras ó parásitas. Los Isipos ó Rejucosson infiait 
tos en ios bosques. Suben y bajan < por los ma* 
yores árboles , pasan de unos á- otros, y puede 
decirse que son los que ligan y sujetan les 
bosques para que el viento no .los arranque; 
íLm hay muy gruesos, y á veces se lemroscan 
•cim otros< troncos formando espirales, y uniéa- 
do9e tan intimamente , que parecen ser nna> píe- 



— 76 — 

íA. Entre las niiichas enredaderas hay algunas 
^oe hacen beUa. vista 9 cubriendo totalmente i 
grandes árboles con sns flores aTnarillas y na- 
ranjadas; entre la mallitud de plantas parási- 
tas y hay varias especies llamadas flores del aire, 
recomendables por la estrañeza y hermosnra 
de sus flores ó por lo grato de su fragancia. 

32. La parásita llamada Guembe , nace en 
la horqueta alta de los mayores árboles cuando 
estos principian á podrirse interiormente. Tie- 
ne varios troncos del grueso del brazo ^ largos 
de una á dos varas , las hojas son de mango 
muy largo , verdes muy lustrosas » largas tres 
palmos , anithas la mitad , con su contorno pro- 
fundamente hondeado, y anualmente se caen 
algunas de las inferiores. El fruto es una ma- 
zorca totalmente parecida á la del maiz en la 
magnitud» figura y granos, que suelen comer 
cuando están maduros porque son algo dulces. 
Desde su elevación arroja raices rectas sin nu- 
dos del grueso del dedo » que á veces dan vuel- 
tas al árbol , y otras bajan derechas y flotantes 
hasta el suelo donde prenden. Las cortan con 
un cuchillo atado á una caña; y de su piel, que 
es delgada y se saca fácilmente con los dedos, 
tuercen cables ó amarras para todas las em- 
barcaciones del Paraguay , y aun para fragatas 
de guerra , sin mas preparación que la de mo* 
jarlas si están secas. Es menester darles mas 



— 77 — 

graeso que á las. de diñamo , porqoe no tienen 
tanCi íoerák y se rozan mas estando secas y dan- 
tlo Tii¿ltM» pera son baratas, sanca se podren 
-tú él ugM ni en el cieno , y resistett'may biect. 

33. Son muchas las plantas Ha AKMfas Pitas, 
cardas, y caragoaias, y las hay entre ellas qae 
nacen lo mismo en el suelo que en los troncos 
y tejados. Todas conservan en sus cogollos el 
agtka de las Novias y recios qoe á veces recejen 
los viajeros para beber. To solo haré mención 
de dos: la nna ahonda inGnito en las orilfas de 
los bosqoes y también á descubierto. Sos hojas 
ó pencas, tienen el color, anchora y groeso qoe 
las de la Pina ó Ananá ; pero son mocho mas 
largas y espinosas, y encierran onas hebras 
mocho mas finas qoe las de la Pita de España, 
aonqoe nadie las aprovecha. Se moltiplica por 
renoevos , y el qoe de ellos ha de dar froto» 
nace con las pencas de color de nácar el mas 
vivo. De entre ellas sale un vastago de una 
vara escasa grueso lleno de florecitas de cuatro 
hojas qoe dan muchos y apretados dátiles largos 
de dos pulgadas, gruesos una, naranjados es- 
tando maduros , que algunos muchachos suelen 
comer asados. 

34. La otra caraguatá llamada íbira da un 
fruto muy semejante á la famosa Ananá , pero 
nada vale* No vive á descubierto , sino en lo in- 
terior de todos los bosques del Paraguay. Sus 



— 78 — 

p^Bcas son pooo ^pinosas: d6 poco grueso, lar- 
^m de uaná dos varas y coa des pidgadits de 
wayor aoohwa. Las cortaa 6 arrancan lasina- 
tas; las podran oomo el cáSismOf sacaa ficfl- 
melite eon los dedos la piel, y qnedanias hdMras 
tan fioa^ como las del cáñamo y del m¡siQO<XH 
lor, á las que llaman estopa de Goan^^tá. ^ 
mas beneficio las hilan para coser zapatos ; y 
enredándolas un .poco con un rastrillo ihociio de 
seis ü ocho clavos comunes, calaCnteao coa 
«eUas las embarcaciones copoi la "vont^ja , de que 
nunca aflojan ni se pndrea en el agua. No hay 
duda que pueden hacerse del Caraguatá lonas^ 
jarcias y i^bles , que resistirian mas que los de 
cánamo ^ según yo he esperimentado ea peque- 
fio. Verdad es que presumo no tendrán tanta 
flexibilidad, y que no admitirán bien el alquitrán. 
35. Cuentan en el Paraguay tres especies 
de Ouaiabas y mas de doce castas de frutas 
silvestres, ponderándolas mucho, pero para 
mí ninguna vale lo que las ser vas,. nísperos y 
madroños. £1 árbol común Hamado Tarumá^ h 
dá en el tronco,* y aun en la raíz, siesta descu- 
bierta en alguna parte p es morada del 4amañe 
de una ciruela algo larga. Hay zarzas comones, 
pero pocas y no dan fruto. Tal vez lo produ- 
cirán si las podasen 6 machucasen á palos » co* 
mo hacen en los rosales en el Paraguay para 
^jue den rosas. 



mm.-n " 



CAPITULO VI. 

De lo» tregeiales de ealtlTO. 



t. Ya 86 sabe qae la «na tórrídapo pro^ 
duce trigo. Aon en lo rqsiMite de las prorindas 
del Paraguay y Mkkmes^ se siembra muy pocó^ 
y prodoce coaodo mocho tres ó cualro por uno. 
Consta sin embaído que poco de^oés de la 
conquista » se llevaba á vender trigo del Pará^y 
goay á Boenos Aires : lo qoe no podía suceder 
st no poi" la mayar facilidad de sembrarlo ^ ha^ 
hiendo mas indios ó brazos. 

2. La cosecha media de trigOiOn Ifonleivi^ 
deOy es el doce por uno, y en Boenos Aires ci 
fiiex y seis. El grano me parece bastante oaenor 
qoe en fispaffa » y qoidls esio cobiriboye áqÉe 
produzca mas, Cmm quiera -el pan ^en aqobUds 
países es de lo mejor del mondo , sob^p lodo *iá 
t\ irlge^4e la callada <le Morón 4 déla Gesta 
lie san bídpo. ^ . Á 

•3. Como en 1os«aiapos al lf0rte;del rk»4p 
la Plata» se ocv^n «casi en coidav des gáno d yi 
Y en hacer caeros y salar csiraesv eiembiMlD 



A 



~ M «* 
poco trigo, y les Uevan el qae les Cdta de Boe^ 
nos Aires donde computan su inedia cosecha en 
cien mil fanegas del pais« que hacen 219,300 
de Castilla. £1 <^op$uiao de dicha ciudad se 
regula en se^ebta mil fanegas de las suyas, 
y llevan á vender el reslp en el Paraguay, Mon- 
tevideo, Habana, Brasil é isla de Mauricio. No 
se eche cuentas de la población por el consumo 
de trigo ; porque los pastores y campestres no 
eomen pan sino carne : aun lofa esd[av<iii5 y . po- 
bres, de hs ciudades, apenas lo priiebau. En el 
Paraguay y Misiones suplen stt falts^ con el maix 
y mandioca, de que hacen. lambida paix. 
• 4. El mejor clima para Irígó, s^ist .el (leí 
Sur del rio de la Plata , pero antes da lob cua- 
renta grados de latitud hasti. el esti^cbo de 
Magallanes parece salobre jío, ycapaznea po- 
cas partes de producir trigo. De míodp qu^ por 
ésto y por la escasez de aguas potjd>les en .mu- 
chas leguas á io largo de la oosta» no po^á ha- 
ber allí mucha población ; pero en: s^plno^imán-* 
lióse ;á la falda oriental de la Co]rdillei!a 4e Jos 
Andes, es ya td suelo éscdente pana los fifutos 
de Europa* . ' : ; . 

5. Consta igualméole que d-«íao.d^l602 
babia en las cercanías de la capital dei.j^ara* 
guay: Éitiy cerca' de dos millones de Urdes, y 
que de allí Ueviiban vino á vender en Jtoeftios 
Aires; pero no hay en el dia allí ni en;el:pa<s 



— 81 — 

qae <]escribo, sino uoa ü otra parra : y de Mea* 
doEa Uevaa anual mente , en carretas, á vender 
en Buenos Aires y Montevideo 7313 barriles 
de vino 9 y de san Juan 3942 de aguardiente 
de uvas, supliendo lo que les falta de arabos 
licores, con el que llevan de España. Mendoza y 
san Juan son dos ciudades de la falda de la cor- 
dillera del los Andes en la frontera de Chile, 
cnyos territorios son tal vez los mas abundan- 
tes del mundo. 

6. Quizás se aburrieron de las viñas porque 
su fruto es muy perseguido de pájaros, cuadrú- 
pedos, hormigas, avispas y otros insectos que 
abundan infinito » ó porque luego que se mul- 
tipliearoo los ganados, les fué mas fácil tener 
licores á cambio de pieles y sebo. Esto ademas 
es mas conforme á la inercia ó flojedad que se 
atribuye á aquellas gentes; las cuales repugnan 
ser labradoras» y muciías veces no. segarían sí 
b1 gobierno oo las forzare. 

7« Desde los veinte y nueve grados de la* 
Jítwd áda el Norte ^ cullivabaa el tabaco de 
hoja» y Jo. llevaban libremente á todas partes, 
pa^pndo al Erario la sisa y la alcabalap que 
redituaban seseqta mil pesos fuertes anuales, 
sin aumentar na empleado á los que había para 
.otras cosas. En cuanto al de polvo, los comer- 
ciantes lo compraban del estanco de Sevilla, y 
Id llevaban y vendían como podian ^.pagando 

41 



— 82 — 
siís dereclios. Todo eso duró hasta que en 1779 
se estcincó todo tabaco^ cuyas resultas bao sido 
redituar poco ó nada a) fisco , emplear iniitil- 
méate á millares de gentes; fastidiar á la supe- 
rioridad con recursos y cuentas , dar sujeciones 
á los viajeros y comerciantes, ülcimamenie 
aniquilar el cultivo del mismo tabaco , según 
se conoce de que con la libertad se estraian del 
Paraguay quince mil quintales al año , y y a en 
1799 no se hallaban medios de asegurar de 
cinco á seis mil que se venden en aquellos es- 
tanquillos. La calidad del tabaco es de poca 
fuerza aunque de buen gusto. 

8. Cultivan la caña dulce y el algodoft solo 
en el Paraguay y Misiones; aunque si ocarren 
fríos tempranos y perjudican mucho á ambas 
plantas. El azúcar es de buena calidad;- pero 
prefieren muchos reducirla á miel y á aguar- 
diente; que uno y otro tienen machos apasio- 
nados. Llevan el azúcar sobrante á Buenos Ai- 
res, ¿uyo clihia no lo produce; pero como no 
sea en cantidad íshfíciente , suplen su felta com* 
prándolo de la Habana y del Brasil. Lá cosecha 
de algodón es tan escasa qué apenas ' se lleva 
del Paraguay y Misiones el necesario para pá- 
bilo en el rio de la Plata. El resto se emplea 
donde cultivan, en lienzos tan ordinarios» que 
fiolo lo usan los esclavos y la gente pobre. 
9. El pais del azúcar lo es igualmente de 



— 85 — 

Mandioca ó Yuca que es de dos especies. La 
Mandioctté dá uiuchas y grandes raices ; qué ra- 
lladas y esprimidasy sueltan una agua que mala 
los cerdos si la bebep , y también se comen la 
raiz recien esprimida. £1 hombre debe temer 
lo mismo; pero los portugueses del Brasil no 
oonjen otro pan que lo que llaman Fariña , y 
es esta misma rai^ rallada, esprimida y tostada. 
Los españoles solo la cultivan en la cantidad 
que basta para estraer almidón. La otra especie 
llamada simplemente Mandioca, se cultiva wu-* 
cho. Sus raices blancas ó blancas amarillazas 
con la piel rojiza , son muy conocidas e^ toda 
la Amériica caliente , consistiendq en ello la fe- 
licidad de aquellos paises i porque de ellas faa« 
cen pan , y ademas las comen de muchas ma- 
neras* Convendría probar su cultivo en Ma- 
llorca y en las provincias meridionales de £s« 
pana. 

10. Siembran y prueban bien en todas par- 
tes las especies conocidas del maiz ; pero be 
visto otra en el Paraguay llamada Álbaü guai' , 
curte I qae sin llevar ventaja á las otras ni di- 
ferenciarse de ellas en los granos ni en otra cp- • 
sa, cada grano está separadamente envuelco» 
con hojas pequMas idénticas á las que cubren» 
toda mazorca. 

11. Hay especies de batatas blancas, ama-, 
rillas y moradas. La llamada Ábai^bacue en el > 



— 84 - 
Paraguay y Misiones, tiene piel roja y es del 
graeso de la panlorriHa , krga lo que la pteraa» 
con h carne Manca y de buen gusto. Todas de- 
berían llevarse á España , coaio también ocho 
ó diez especies de calabazas y de judías. Ebatre 
estas ultimas son escelenie la llamada Paitmrés 
y las que da un arbusto que no perece en iii- 
yiemo. En todas partes prueban bien las ha- 
bas, guisantes, lentejas, arbejasyel fii«it é 
mendubí. En España conocen al dltimo por ca- 
hnes y estráen de él aceite. 

12. También la estraia por aUá un curioso 
de la semilla del tártago y hacia jaboa. £sca 
planta es conocida en Europa y la «bay e& el 
jardín botánico de Madrid, pero como ao la he 
visto por allá sino junto á las casas ^ sospecho 
que es de las producidas por la presencia del 
hombre <x>mo ks ortigas. 

13. Los almendros y cimeios crecen mo- 
cho y se visten de flor en el rio de k Plata; 
pero hasta hoy no han dado fruto. Los meio-> 
cotones al <K»trario dan mucho y baeno^ yaon 
hay allí algunas especies buenas ttevachis de 
Chile y otras- partes que quizás no se conocen 
en Europa. Llaman allí damascos á los i^ieri- 
coques, cuya origen es este : Aníamo el Ckari^ 
cero , que era italiano , hizo llevar de sn pais 
un cajoocito con semillas de col y de lechuga, 
entre la cual encentré dos hoesos de aiberiee- 



— 8» ~ 

fpe qtte tto túMtíé^ pero li» Mmbró.ei» aá 
tiMip6 y de dlw tieMQ tedoi loa qoe iiaj^. Eh 
el Pimgiiay m liay almendros ni cinielas y 
loe- melocotones das rere nes fimt^flialo y egu- 
seni|dOw 

14. Tampoco iiey en el Paragmy peras m 
guindas ; qae aon en el rio de la Plata valen 
poeo. Las naranjas y sos análogas son abondan* 
les y bneoas en el Paragnay ^ pero uno y otifO 
disminuye al aoercarse al río de la Hata. La 
Pácoba d plátano se cria bien en el Pan^ay; 
pero se yda fácílmeiite y da poco finito. La pi* 
fia ó Anaftá no requiere tanto calor cono la 
Paceiía j y dá regularmente aunque creo- no es 
tan delicadoel gmto como la de otras parces^ 
La mannna es buena en Montevideo, ne lanío 
en Boenoe^ires , no fructifica ea el Paraguay» 
y exisle silveaftre en la falda de k cordiHera de 
Chile* En todas partes hay kigos, asembrillos^ 
y granadm , que se quedan en mediana calidad 
y aun no llegan k ella en el Paraguay. Eaenaa» 
lo á olfTM f sok> hay algmms en BÉeoofr-Airea 
que duD tedoe loe aftos« 

15;. El melón vale poco, y en el Paraguay 
nada. La sandia m mejor en mías partes que 
en oMtf, eegm el tetrm o y ain eonsideracbn 
á ta btilud; pero e» Iw cereanim de la Asui^ 
cioa suele emer nsm semilbaqte carne. La 
fresa es dU dsBcenacfah^ pei^abiindaiilosfre* 



— «6 — 

sones qae liaauui (hitiUas en el rio 4e 1^ i^aU» 
donde producea bien el cáñamo y el linOt ^™' 
que el costo de beneficiarlos es escesívo. Ltf 
bortalizas ea general crecen mas ó menos bien, 
según crece la latitud ^ y en el Paraguay ylt I 
siones siembran el arroz que necesitan , en las 
cañadas sin regarlo. 

* t6« En el Paraguay es común y silvestre 
la planta del añil , el que podrían beneficiar, j 
quizás la seda , si llevasen gusanos , porque hay 
morales. Lo propio digo del cacao y del café, 
pero se opone á todo lo caro de los jornales, 
las poeas necesidades y ambición de aquellas 
gentes, la falta de instrucción, y la imperrec- 
cion de los instrumentos de labor. En el Para- 
guay y Misiones se sirven para hazadas, de las 
paletillas de vaca, acomodándolas en mi man- 
go, y sus arados son dé un palo pukiteágudo' 
que cada uno se hace y se acomoda , socedien* 
do lo mismo con el yugo y demás aperos. Ver- 
dad es que sucede lo mismo en casi todos los 
oficios ; el platero hace sus crisoles , el músico 
su guitarra y las cuerdas , el tegedor los telares 
y peines , y las mugeres sus usos, las velas , ja- 
bón, dulces ; remedios y tintes. 

17. Poseen algunas flores de Europa, y 
otras americanas* La diamelo es un matorral 
que da muchas flores largo tiempo, compo- 
niéndose cada una de muhas apiñadas y Uan- 



— 87 — 
cas, del olor mas saave del mando. No dan 
semilla, y la maltipIicaQ por acodos. La pe- 
regrina no da olor, y se maltiptica por semi- 
lla. Da machas flores bien jaspeadas de rojo y 
blanco. 




— 9g — 





CAPITULO yii. 



De los InseetiMU 



1. No es fácil describir puntualmente los 
insectos ^ porque sobre ser pequeños y de in- 
numerables especies^ obran por lo oonran ocul- 
tamente y ó á distancia que no permite obser- 
var sus operaciones. Yo por consiguiente , que 
los he mirado de paso , y que ignoro lo que 
otros han escrito, diré U¡/l cual cosa de algunos, 
nombraré á otros, dejando tal .V(te «Ividada la 
mayor parte. 

2. En ej Far|iguay distiogueii dos familias, 
una de abejas y Sotfa de abí$f)as#y las diferen- 
cian , suponiendo que estas pican y no hacen 
cera , y que las abejas hacen cera y no [Mcan. 
Según esto la abeja de España que pica y hace 
cera , y lo mismo otra americana que he visto» 
serian un intermedio entre las dos familia». Sea 
lo que fuere yo ahora reputaré por abejas , á 
todas las que no saben ó no pueden construir 
los muros esteríores de sus casas , y los buscan 
ya hechos en los agujeros de troncos para ha- 



— 89 — 

cer SOS panales: y llamaré abispas á lasque fa- 
bricaa su habitación interior y esteriofmente. 

3. He oido de la abispa y de la abeja en 
España y que en cada panal hay una sola hem- 
bra y maestra con una multitud de machos que 
la fecundan : que el resto de los individuos son 
neutros ó sin sexo y destinados únicamente al 
trabajo y y que se multiplican las colmenas ó 
familias por los enjambres que salen* Yo ignoro 
si esto es cierto en £uropa» y tampoco se si asi 
lo practican mi¿ abejas ; pei^o no dudo que 
nada de lo dicho sucede á mis abispas, sino 
que todos sus individuos son machos ó hembras 
á loordinarioy y que se multiplican los panales 
por parejas 9 y no por enjambres. 

4. Numeran en el Paraguay hasta siete es- 
pecies de abejas : la mayor el doble que la de 
España y y la menor ni la cuarta parte que la 
mosca común. Ninguna de ellas pica y todas 
hacen cera y miel. Edta , por lo que yo he visto, 
tiene la consistencia y el color de almivar fuerte 
de aaiicar blanca > y y o solia por las tardes des- 
leiría en agua> y la bebía, no solo por su buen 
gusto, sino también por que tiene la cuahdad 
de refresbar «1 agua, ó de parecerlo. Pero la 
miel de la especie mayor de abejas , suele par- 
lici^ del gusten de las hojas de las flores que 
el insecto conduce > y aun mezcla con^Ua. L» 
mieldeotra ) llamada Cabaiaiúy da intenso do- 

12 



— do- 
lor 'de cabeza y al mismo tiempo ^nborracln 
como el agaardiente; y la de otra, ocasioiía 
convalsiones y dolores vehementes, basta qse 
van cediendo á las treinta horas. sin otra nüh 

m 

resulta. Una abeja mas cuadrúpeda y algo me- 
nor que la de £spana, no deposita, sa.nñel eo 
panales» sino en cantarillas esfértcaí» de cera de 
seis líneas de diámetro, Llevaron d^ Tucnoian 
a Baenos-Atrcs , distante 150 leguas , una o^ 
mena de esta especie ; lo que indica que tai reí 
ésta abeja y otras varias de América , se po- 
drían trasplantar á España. Los tndtos silves- 
tres comen mucha miel y desliéndola* en agua 
y dejándola fermentar , la be^en y. se embria- 
gan. 

5. En cuanto á la cera ; la que be visto es 
amarillaza j mas obscurp qu^la de España ^ mas 
blanda^ y la gastan solo en los templos 4el cam- 
po y de Jos indios sin saberla blanquear» La que 
aícopia la especie m^aypr de abejas^ es macho 
mas blanca, y tan consistente^ que le mezclan 
la mitad de sebo los vecinos de Santiago del 
Estera, los cuales recejen anualmente catorce 
mil libras en ios árboles del Chaco. Si esta es- 
pecie se domesticase en colmenar, daría una 
utilidad muy considerable. 

6. Nada mas puedo decn^ dé aquellas abe- 
jas que no pican , por que las* he observado poco 
no siendo fácil hacerlo, viviendo «omo-* viven 



— 91 — 

toáaáy lientro de los grandes y cerrados bos- 
ques , las macs veces á bastante altura de los 
árboio. Pero tratándose de cera diré aquí que 
es mejor, mas blanca y consistente la ^ue fa» 
bricsm unos insectiUos en bditas como perlas, 
pegándolas muy jutas en bastantts número, á 
las ramítas del Guabiramí, que es uÉa iba tilla 
ahft de tresá cuatro palmos, h cual da una de 
tas mejores fmtas silvestres^ arredondeada, 
meiKMr. qoe una zarza, y da la figura y color 
que la goapaba. 

7. Aunque creo no conocer todas las abis- 
paa, indicaré á once especies. Solo una vea he 
TÍsto im tolondrón pegado y suspenso á un tronco 
del grueso del brazo : era esférico # de tres pal* 
roos de diámetro, y fue menester una bacba 
para desprenderle y deshacerlo # por que en 
partes tenia hasta medio palmo de arcilla bien 
amasada, componiéndose interiormente de pa* 
nales do cera con buena inicl totalmente en* 
bierlos con dicha arcilla. La abispa era de co- 
lor negruzco, del tamaño de la de España, 
aunque mas cuadrada, y pica menoá. Ignoro 
81 se multiplica por enjambres como la abeja 
de España, aunque lo presumo. 

8. Todas las abispas siguientes pican mu* 
cho. Lamas coman, naranjada* y bastante ma- 
yor que la común de España, fabrica sus panales 
como ella idénticos aunque mayores y de la 



— '9Í — 

niisma madera algo podrida , qae de madm^ 
da recoje en bolitas como guisantes , royendo b 
superficie de los maderos secos sia corteza qae 
el roció de la noche ha ablandado ua poco. 
Solo una pareja ó dos abispas , principia su' pa- 
nal pegándolo por un pedículo á la viga que so- 
bresale bajo del tejado, ó alguna peña: siem- 
qre con la advertencia de que esté á cubierto de 
1 a lluvia. Comenzada la obra, no la desampara 
una de ellas , pero qo hacen sino mas que seis 
casetillas en las que deposita la hembra un gn- 
sanillo y que ignoro con que le alimenta , por 
que no acopian miel , ni les llevan arañas ni 
gusanos : los padres comen frutas suculentas v 
otras cosas. Cuando vuelan los hijos y pueden 
ya engendi*ar , aumentan el único panal al re- 
dedor con nuevas casillas , y las llenan de hijos 
mientras los primeros padres hacen lo mismo 
en sus primitivas casetillas. Asi continúan hasta 
que siendo el panal algo menor que un plato « 
se destacan parejas á formar otros algo sepa- 
rados en la inmediación , y en llenándose de 
ellos el lugar adecuado , le buscan lejos. Siem- 
pre están de guardia en el panal la mitad de 
las abispas # mientras las demás buscan lo que 
han menester. 

9. Infiero de lo dicho ^ que en el panal de 
esta abispa no hay maestra ó gefe que mande 
ni dirija : que todos los individuos son fecundos; 



— 93 — 

que cada pareja caída solo del producto de su 
coman particular reducido á seis hijos , poco 
masó menos, y que cuando el panal es ya tan 
grande que se incomodan unas á otras , buscan 
otros lugares donde fundar nuevas repúblicas. 
Todo esto creo que se verifica en las demás 
abíspas sociables, inclusa la de España. 

10. Otra abispa mas pequeña > negrizca 
con pintas amarillas, busca mayor resguardo; 
pues no solo hace su panal mas abrigado del 
tejado ó de lo mas tupido de alguna parra, sino 
;iun con preferencia en el techo de lo interior 
de un coarto, sí encuentra en el tejado un res- 
quicio por donde entrar. Lo hace de la misma 
materia y lo pega á una viga ó tigera por un 
pedículo # principiándolo solas dos, según dicen 
por que no se lo he visto principiar. El panal, 
esteriormente , tiene la figura de un gorro alto 
palmo y medio y ancho dos en lo inferior. Sirve 
este para abrigar y cubrir los redondeles de 
las celdillas de criar, que son pequeños en el 
fondo del gorro que es la parte alta y van en- 
sanchando puestos unos bajo de otros horizon- 
talmente sin tocarse y pegados a lo interior del 
gorro. Este nunca se cierra por debajo , por 
donde con mucha celeridad van añadiendo 
mas panales , y aumentando la prole , sin hacer 
m¡el# y sin que yo sepa con que la alimen- 
tan. Cada abbpero de estos tiene mas indivi- 



— M — 

dúos en mi Jaícioy que cnatrocieDtos 4b Uí pro- 
cedeQte ; y en cuanto á lo demas^ me %wo 4fae 
son idénticas en lo dicho /&a el nüm. 9 aiiBfve 
no lo aseguro. 

11. Otra heencontflido al ree^wirdQ de 
alguna peña^ y nunca en Us casas ni oerea 4e 
ellas. Su panal es mucho mas estrdabo q«e «I 
de la anterior^ aunque construido de la oiibma 
materia, con mnchos redondeles 4 panda hwv 
zontales sin miel y cubiertos de u&a eMtra 4 
gorro. Me aseguran que solas dos prineipbB la 
obra, y esto basta para que yo crea 4e esta 
abisp todo lo dicho dala primera w 0I mime* 
ro9, 

12/ No hice reparo de como se mnlt^plíca^ 
ni donde cria otra abispa comabt y ne^wa del 
tamaño de la común en España; no pvedo fior 
consiguiente asegurar si es socíaUet ^omo las 
precedentes» Mi vecino empapdó las n^aa de 
su parra , y las libertó un año : híao lq^,«iiamo d 
fiiguieote 9 pero la abispa agujereando los pape- 
les np le dejó una uva* 

1 3, Otras áo& abíspas,. llamadaa £ec%Maá 
y Cí^rnaftfi, hacen panales a%> parecidos á los 
del niimoro 10 y del propio materidL La pri- 
mera le suspenda da las ratitas de algún ar- 
busto á U, prtUa dfel bosque, y la segunda d« 
alguna mata grande de paja en campo libM ó 
cañada. La costra cfue encierra y «ubre fes pa^ 



— 9S — 

nftles^dieplli^Ldc^igttaiiáf es mucho ffia^ dura que 
en la oti» ]fi tieiie ^dmas por (iiera bastantes 
dteligaaldadéS'inQy reparables»* de las que care^ 
ce la dblGamottií. Las dos sou' muy fecundas 
como que sm gorros ád panales llegan á tener' 
medili iTQra de diámetro^ y mas de altura v con 
miel.alnsnidaiili^^ buena ymas consistente que' 
ládeaqudlas abeja»:* no acopian cera*^ y en 
cnanto* á tío 'demás, oreo deí ellais' 16 diého en* 
eVwimi dj 

' lili ' LasadJítfas- firee^déíntes soé sociables 
ó'^WeiinMiciíasjaiitaSy pero las cuaftro siguien- 
tes alK90iilra»to, son soiítaría»; Por lóniettos yo 
no be notado jamás ^ttO' sé reúnan dos dé su 
éspede^ nfr de ^tmv 

f$i íi» primera es negr» con algunas matt- 
dbfts Clarillas Vivas: tiene ^el* cuerpo como d?i' 
Yidido en dos , por una cintura larga muy del- 
gÉdáiy y^As parees* bí^ber visto utfár éñ un- nie- 
fm.ééÉñiáílitlt^v CA-iaetf los-cmHrtos, aunque' 
dísermé'ftídi!^, tMto en^lá bbca una bofiia dé' 
hátt^ dontef u» gnfeaUtS'^ ^ la e9tie>ndé en lo' 
aiétf dét< maiñtJO de^4a' puerta 6Weñ(^a^ 6 -en 
ntgutta'Vtgati^ tijera* dÍBlié^bb; liue^; canutas' 
boBtssv fbrmaetieiÉia'^n'Cátititó^ lá^cóimy 
pn)gÉda^<inéd¡á^^on^«i»(uéo^:ó títttiiiía 'pót ' áét^- 
«Nvy dbpositdndo ail tíjfá'eú^'elíéíidái cóndttce' 
d4l MnÉfb* «MM á tms^MfiíáS^intteM^ á^ piéotá^^ 
sdsí'l^ttfllerttH^'fdtaklítfénflé dé * elftis «et ^i^iitkny 



i < 



cerrándolo con b^rro. ^ sfsgiiida.liaoe: otro 
canuto al lado, otro encima, y te* fia h^sta 
cuatro ó cifico. Ciando fina)aa : «1 itttma> ya 
el primer abispillo se halla ea estado^ de.Tolar 
y parece que la, madre le eMUchaj le .dbre la 
puerta por donde «e^ va $il intta^yte p»ra no 
volver mas. Si^^^le seiprir el mismo ^eabiita.pgura 
nuevo hijo. jBn mi cvarAo :del Paragttay muca 
falló en yervip una de<66tas.abnpa6» y* obaer^ 
vé al desacer los canutillos, que habiatt pef9pir 
do;los abispillos siempre .t^#;algitoa de laaUa* 
ñas se h2^>ia podrido, ó que JbiaJb¿a;|>ríiie¡pÑido 
a hacer su .telapor do e$tai) bi^ iwertft á-vf^ 
venenada* Spelefi los .muohaobos :ikuitaf «á; U 

■ 

abispa; y cortándola por lá QiRtlira tMoao la 
mitad postrera y la apli^pan con.di^Hnnko 4 jotro 
qracl^acho para ch^squeárb, fW>ipq[Qe ¿ana asi 
pica^. 

16. La segunda 9&. naranjada r 1^ M^Vf de 
todas y mas del d<;>ble qne; la qomm.do . l^[|a* 
ña. Busca los corredor^es ó. lugares. <;ulñectoa4€r 
la lluvia en las casasr campestres» d«iid^ Usiya 
un.snelo de polvo y tierya; no muy dvi^t- attí 
escarba prpntaniep te coa last manos ^odo Mi^^ 
dedor un espapio como de un palmo> prpi^ndí* 
zando.dos dedos apartando con la bpealaspip- 
drecitas , bí las en^u^ntr^ , .dispone ea el medio 
una canal, ü hondura . Urgaita y marcha hietfcK 
al campo • de allí trae arrastrando, caminando 



— 97 — 

para* atrás V ooa araña mayor qde uoa avellana 
cbd cascara , muerta á pibotazos , y la deposi- 
ta en díctía ca&af » de n&odo que descaiísando 
eii los bordes* , no llegde á tocar en el fondo. 
Inmédiatíitteaté te' pega d abispíltó én la par- 
te miis bajá y y lo edbi^ todo coh lá tierra que 
antes había escarbado hasta etnparéjár el suelo, 
y se maróhá (tara nó volver lÉáá'. f o encontré 
otra'abispa cotí su araña arrastrando, y la se- 
guí hasta' su defpósito distarité 168 pasos, sin 
coiitar los que ya antes habrik caminado. La 
dejó alguha vez y canüínó üii p6óo, cónáosí se 
asegurase de la derrota.* Está sie hallaba toda' 
cubierta de pasto á veces tan alto ; (|ué la abis- 
pa no pudo vencer la dificultad , porque sé en- 
redaba la ariifia con sus pátásT; [iéro dándó un 
corlo desvio llegó derechamente. Él abl^pitló 
se va comiendo lá araña , y cuándo la há con- 
sünHdo se halla ya «en disposición de desemba- 
rázate dé la tieí'Ira qué le cübria, y de mar- 
charse á^vblar; sin haber visto á su madre la 
cuál *\tíi natu^álníiétoté & criar mas hijos en otros 
lugares, pori[{tté yo ntf he observado que críe 
ma» dé uno en cádá párage. La especie es muy 
escáisa; 

t7. La tercera es común, amarilleja y del 
taittiito <lfte:l¿ de Bspafia: coa 14 boca hace 
unos canutillos penetrando las paredes de tapia 
y dé lá Jfitió títí cocido que esl:ín al abrigo de 



— t8 — 

la llovía* En el fondo deposita á su abispülú y 
le alimenta con gusanos verdes , muertos á pi- 
cotazos introduciéndolos por la cabeza. Se ha* 
Han á veces muchos de estos canutos ó aguje- 
ros inmediatos , y presumo que cada abispa 
hace muchos , no los cierra , spministra los jgo*- 
sanos cuando son menester. 

1 8. La cuarta , . fabrica con barro tres ó 
cuatro cantarillas esféricas menos la parte por 
donde están pegadas á las ventanas , resguar- 
dadas de la lluvia, deposita en el fondo el abis- 
pillo, y le Va alimentando con los mismos gusa- 
nos que la precedente , introduciéndola por el 
gollete que está arriba , y tiene la figura de em- 
budo. 

19. Para mi es cosa singular el que esus 
cuatro últimas abispas sean tan solitarias, que 
nunca he visto dos juntas. También es el igno- 
rar quien, las fecunda > y el que no tengan pa- 
nal ó domicilio fijo , si no mientras crian. Aun 
9e nota en estas abispas, que el veneno de sus 
aguijones, preserva de la corrupción pues de no 
ser asi se corromperían en aquellos paises tan 
cálidos las arañas y gusanos picados con que 
viven algunos dias los abispillos hasta que son 
adultos. Si se hallase un medio de recqjer ó de 
imitar semejante veneno , podría esperarse qpe 
seria un eficaz preservativo contra la gangrena 
y que podría aplicarse interiormente sin riesgo 



— 99 — 

pues los abíspillos lo comen en las arañas y 
gusahos. 

20. Como el Paraguay y Rio de la Plata 
ño son países fríos , se puede sospechar que la 
temporada de criar las hormigas sea mas lar- 
ga que en España ; por lo menos por ella salen 
y trabajan las hormi^^s todo el año, n^eoos tal 
cual dia de frió. Por eso no hallo estraño el que 
haya á mi parecer álli no solo mas especies de 
hormigas, sino que cada una de ellas tenga 
mas hormigueros y mas numerosos en indí-^ 
viduos. Se comprueba esta idea sabiendo que 
viven únicamente de hormigas dos especies de 
cuadrüpedos grandes y forzudos y aun muchos 
Tatus. Pero también creo que las hormigas van 
á menos, en razón de la cercania al Estrecho 
de Magallanes. 

21. La hormiga llamada Araraa^ abunda 
infinito en el Paraguay ; pues no solo están de 
ellas llenas los troncos gruesos de los bosques 
y las maderas cortadas , sino también los del- 
gados si tienen la corteza agrietada. Y conio las 
paredes de las casas campestres son de paloá 
clavados en tierra muy juntos y tapados los in- 
termedios con barro que se raja al secarse, los 
Arararaas entran y salen sin cesar por todas las 
grietas. La magnitud del Araraa varia bástante 
en el mismo hormiguero ó paraje, y los mayores 
se acercan én tamaño á las mayores hormigas 



— JOO — 
qqe he Tisto en España. Su color pardo dwr 
curo es algo mas claro en lo postrerp del 
cuerpo I donde aparenta tener vello. Es la mas 
▼eloz y camina comumnente á embestidas > ^er 
teniéndose como para observar. Corre los tronr 
eos y rama^ y paredes y también por el ^uelo, 
para ir á b^scar otros » y no be visto ^ue jicopíe 
alimento^ sino que come lo que encneatra, 
pero no hojas ni semillas. En las casas jio sé 
que ^oque sino el azúcar, (^oinunicándole mal 
gustp y olor. Nq frabrica hormigueros^ qi ^ac^i 
tierra ni madera, y vive eo jas rendijas* Tam* 
poco forma aquellas procesiones ^ien onjter 
nada^.que otr;is, ni he vistQ que tepga ataácg ^ 
aladas; hiendo presumible que no las tiene cnan- 
to no se la ve acopiar comidfi, 

22. Una de las meoores habita dentro de 
la^ casas , ya seaiji esitas campestres ó eslctn en 
las piayoires ciudades^ aunque ignoro su gua- 
rida, y si la tjene fíjai comQ también si acopia 
viveros, y si tiene aladas. Pero lo cierto es, qoe 
obran ;iGordes y .que v;in en procesión adonde 
encneatra^ carne, azúcar ó dulces ; qae scmlas 
Go^ que mas les gustan, j^ualme^te que las 
fruta^^ ^as no sé ,que bagfm qiso de hoj^ j 
semillas. En muchas cas^s e^ inpipQslhle co^ 
f^j^Y^ azúcar ni almiya^^^ y para precav^erjbqs, 
los pQnen s^re una ^esa, y cad^.pi^ 4e.esl,^ 
dentro 4e m lebrillo de ^a. jCpimu^neote 



— i«l — 

,I)P$^ eirip precaacion; pero también he visto 
que agan^dose unas á otras i^s hormigas for- 
.paa^iaQ 9obi)e el a|;oa po pqeqte.lar^o un pal* 
jSK(f .Wichp un dedo y qqe )as demás pasaban 
,por .enqim* á l{l;|nQM^Si esta se ciielga, suben 
}^ hormiga» .al lecho (lasta encoptrar las cuer* 
das y bajan á comer peredas. También se ha 
probado ; ¡nfirpctap^amepte^ envolver con lana 
y orífi^ los pies de la mesa ; ,no pasan por el 
alqqitran mieo^^ ^tá £rescoi. Es bueno llevar 
el dillce á otro .cuarto ^isUsoite por que tardan 
á encontrado; «pejcp sí se lleva con él á alguna 
hom^ga f luei^o van otras. 

.2^. jSay otra honiMga en 9I Paraguay^ no 
.€¡0 el Rio de la f lata , que estrujad^ huele mal 
y por eso la UaipaP F<^ qneaigpifica liormiga 
hedionda. Nadie sabe á donde reside , ni que 
es .I9 que ordinariamente coap^» por que no se 
ve $ino cuando aale. Lo hace casi siempre de 
nocl/L^ y anticipando doa dias á pna grande re- 
volqcion de tiejitpo ^ y se desparran^u la muU 
titwJU flfiíifUfi^ todo el aqelp^ tecbo y paredes 
del cuarto por grande qne sea. No dejan cofre, 
grieta qi agujero que no r^gíatren , y en breve 
rajtoae cqmem las «(anas, grillos # escarabajos 
y vichoB que encuentran. Si .tropíezan con un 
ratqnqto jeql\a i eorrctr; pe^ro 91119 acierta á 
«alir 4(A ciiai;te^ so h yao pegando cuantas hor- 
P^ifP» pisa; y sin soUaijlo jl^ van comiendo basta 



— 102,— 

que al fin le sugetan y consumen. Dicen que 
practica lo mismo con las viveras , lo cierto es 
que al hombre le precisan á salir de la cama y 
del cuarto corriendo. Por fortuna sé pasan me- 
ses y aun años sin que vuelvan á parecer. M« 
digeron que para sacarlos del cuarto, basUba 
encender en el suelo una cuartilla de papel: 
lo practiqué y en pocos minutos marcharon sír 
quedar una. Me ocurrió una vez escupir sobre 
algunas de las que andaban por el suelo > y hu- 
yeron todas en poco tiempo > cosa que repetí 
después en dos ocasiones con el mismo efecto. 
Su figura es regular; negra , de medicina mag- 
nitud y su cuerpo no tan duro como el co- 
mún de las hormigas. No la he visto acopiar 
comestibles, ni sé que tenga aladas é ignoro to- 
do lo demás. 

24. Una mediana negrizca y blanduja que 
se estruja fácilmente, habita ünicamente los 
árboles , con preferencia los frutales y pairas, 
donde sin comer uvas las* ensucia con sus es- 
crementos. Me persuado qué no tiene otros 
hormigueros ó madrigueras , que no acopia co- 
mestibles y que carece de aladas. Aun sc^pe* 
cho que engendra á unas orugas que se ven en 
las hojas dobladas. 

25. Lá mayor , que será como tres ó cua- 
tro de las mas grandes de España , es muy es- 
casa , negra , lindamente manchada de rojo vi- 



— 405 — 

yo» y tan dura , que es menester fuerza para 
entrujarla. Siempre la he visto ir sola sin con- 
ducir comida , y no sé si tiene madriguera co- 
mún con otras , ni lo que come , ni si tiene 

aladas» 

26. En los terrenos bajos que a veces se 
anegan, se encuentran montones de tierra có- 
nicos , poco duros, y como de una vara de al" 
tura muy cerca unos de otros. Son obrs^ de una 
hormiguita negrizca , y creo no sale del hormi-* 
güero con motivo de comer vegetales ni otra 
cosa. Las innundaciones las fuerzan á salir, y 
las de cada hormiguero forman un pelotón ar- 
redondeado como de palmo y medio de diáme- 
tro y cuatro dedos de grueso. Asi se sostienen 
mientras dura la inundación .sobre el agua ; y 
para que la corriente no se las lleve , se agar* 
ran algunas a una yerba ó palito , hasta que 
pueden volver á su guarida. Muchas veces las 
he visto formar puentes como el citado en el 
número 22. En sus pelotones no se vé una ala- 
da # ni es creible se hayan quedado en unas ha-» 
hitaciones inundadas donde las hormigas no han 
podido permanecer. Creo que solo comen tier- 
ra , y que son las que con preferencia busca el 
i^unimt para alimentarse de ellas. 

27. Otra pequeña rojiza # forma de la tier- 
ra que sacfi un montón arredondeado de mas 
de media vara de diámetro y la mitad de al- 



tora: cféa cómá úétrí, fúié? úb ftendladcr 
qué ^alga para cDiliér. Pkrá'ihdItttilldii'lMlior* 
miguéis, ntíac cblbtiia dW eHhá ^ tMtí^fierp 
dfe noche por' cáMiiKi siAterfánfeo» MAficá^ 
tan superficialmente, que con frecuencTÜ se 
conoce Eabersé Cáidb )a^ B6Vc^á. Ctníndo' hs 
&tiéi)ak ó crisálidas están' ^ábieü^ fófinMa»^ sa- 
can las boráirgas dé lo interior itKHáédé 'tte^ 
rá 7 iksf coioídán ^bré'él^ ifOfitügüero f&rriite^ 
db' uha- costirá' ó bóveda^ td , que' Sc^aente 
la pénet^n los rafyos del sol [^áM^ cdéiítár y 
vivificar dichas crisálidas que óbiofeán d^jd 
de la costra sinqtle'está las oprinkat díñete <^ 
serva por la mañana^ qbé laé ' eriéálídas eslán 
bajo dé lá bóveda , no hay qde' téíhtfi^ el agda 
aquél dia , aunque ' hay^ nnbés> y creó qtié la 
hormtgái conoce éí^úéúí^ á 16 mMos* cod ün 
dia de' anticipación. DesÜátiendd^eálasbóvedaisi 
hé Mtádd siempre que las hohhigás n6 pierden 
ilil itidméñto'eh^neicogér'á'lód hijos , e&' repa- 
rar el d¿stí*o£o y en' acootletér al'agresdr. Al 
mismo tiempo se observa qné las' atada!» estáá 
como aturdidas sití ausiliát á' nadie, ilí toiñ» 
de las crisálidas, y qtíé apenas aciertan á'ocut- 
tátse ellas' mbmad. 

28. La Cufiff es muy iMolerosa , blatt^pát- 
ca , bastante grande, dé'jüerttas más grnes^us: y 
Ibas echadas á fuera que todas, y 16 mas tor- 
pe para caminan Sus madrigueras llamadas 



— 10» — 

TacarúSf tienen diferentes formas « segUn donde 
están. Si es en árbol (que ha de ser grande, 
grueso^ TÍejo y algo secarrón )>k> fabrica el 
Cupiy en el trdnea principal ó ed d de alguna 
rama muy gruesa , dándole la figura de un to* 
londrdn, negro, arredondeado hasta de tres pal^ 
mos de diámetro, y com^pueslo, por dentro, de 
innumerables esfoliaciones que separan la muí* 
tftnd'de caminos embarnizados', anchos y ba^^ 
jos de techo. Todo esto se eonstrnye con la 
anstancia del tronco. Desde el Tacurú prbci- 
pian las galerías del grueso de iiAa pluma , só^ 
brepueslas á lo lar^ del tronco de las ramas 
j cubiertas con bóveda de' engrudo. £1 insecto 
no coiáe las hojas i^ flore» b\ frutas ^ tíi lae.ra<- 
oaitaá delgadas yi'siiio'' los. troncos/'q r su sustan-' 
€ia hasta qutí el 'ái^faiK^icae coa^Hii^iAo. Si eI.Cu« 
piy se éstaUeee en alguna caaa ^ fortta d^l mo- 
do didbo él Taeuru.en .tipa! viga, yt tjiU^pando 
las paredeaí de;iaf>m y detadobo QnKlo>bosca 
otras made^ift'yla^ consume, áin qfte se sepa 
mú medio de ahuyentarle ó estermíoarle totalr 
mente. Si se fija en. cañadas arcillosas» faaee el 
Tacurú durísimo deila-doíiisma avqUla en medí» 
naranja comQ de tiie^: palmos de diámelro y tan 
.em^da* ufH)s dQ..otrosj qA^I» Veces. sOlo distad 
^ty» ó;^^tfK> Yaras en dilatadísim^a est^cíc^^ 
,iie fC^ipp^i Perp si le edifii3q;en Jooiad^ ápiiet:- 
ni My2i||'eVlra«ard::es;4ónieo!como d^ ^m^ 

♦ 4 



— 106 — 

palmoB de diáinetro y kasta seis d ocho de al- 
tura y con sus camiuos por dentro bamizadoi 
de negro. Los Tatus se introdoceo esearbando 
en los Tacurús y se comen los Cupíys. 

29. Estos nunca salen al descubierto, ni 
comen sino tierra ó madera: sus aladas tíeneo 
seis alas, y son muy negras , mayores que los 
Cupiys con píes mas delgados y derechos. Salee 
á borbollones de los grandes tacnrds por um 
raja horizontal de un palmo abierta á propósito; 
y en una oc^ion me detuve mas de aaa hora 
sin ver el fin de la erupción. Casi todos los pá- 
jaros, incluyendo aleones y gavilanes, coineQ 
estas aladas , y también las arañas , grillos etc. 

30. No es creíble que salgan las aladas i 
buscar comida , porque alimentándose solo de 
tierra ó madera , no pueden feltarles estas don- 
de están. Podría presumirse que son echadas á 
fuerza por los Cupiys á quienes podrran iaco* 
modar; pero como se d)$erva que las erupcio- 
nes preceden siempre á una notable mutacicm 
de tiempo, y que las aladas se unen en el aire 
luego ál salir, parece que no salen desconten- 
tas , y que su eiftiigracion tiene algima otra can- 
te que la motiva. Sea es(a la que fiíere las ta- 
les erupciones de aladas no tienen por objeto 
'el fabricar otros tacurus , porque son incapaces 
de semejante operación, porque perecen luego 
todai ó cuasi todas las aladas, y porqM los 



— 107 ~ 

Cüpiys son los qcie mritiplican los Tactiras por 
minas subterráneas mas largas que lo que se 
debía esperar del insecto ; pues una noche noté 
que salieron minando en mi cuarto ¿ donde iu> 
pudieron llegar sin haber minado á lo menos 
diez y ocho varas. 

31. El Cufdy puebla millares de leguas cua- 
dradas y parece imposible que haya podido 
estenderse tanto por medio de sus minas , espe- 
cialmente cuando se caminan muchas veces al- 
gunas leguas sin encontrarlo. Lo mismo puede 
decirse de todas las hormigas é insectos , prin- 
cipalmente de las moscas, garrapatas # grillos 
y otra multitud que son comunes á Europa y 
América. 

32. Volviendo á las hormigas, hay otra 
rojiza y grande, que con la tierra que saca 
forma un montón en segmento de esfera^ cuyo 
círculo tiene de cuatro á cinco varas de diáme- 
tro, con una de altura. Aunque de lo dicho- 
puede calcularse la cavidad interior del hormi- 
guero, basta saber que pasando una muía sobre 
uno que se había ablandado con las lluvias , se 
hundió de modo que estando en pié, sdo se le 
veía la cabeza desde la distancia de vemte pa« 
sos. En la superGcie del hormiguero, hay dis* 
tribuidos multitud do agujeros que miran á to^ 
dos vientos , y en cada uno principia una senda 
límjMay ancha dos pulgadas, y que se cstiende 



— 408 — 

rectamente como 200 pasos. Por cada seo^ 
va una procesión de hormigas y vuelve carga- 
da de pedacilos de hojas » porque las semilla 
escasean en países ¡nctiltos. Siendo las procesio- 
nes tañías como las sendas , y todas estas di- 
vergentes , es de presumir que en cada honni- 
güero b^y otras tantas sociedades. Caminando 
en enero por las cercanias de Santa Fé y donde 
abunda estraordinar i amenté esta hormiga ^ hallé 
tal erupción de sus aladas volando que marche 
tres leguas entre ellas. En dicha Santa Fé suelen 
hacer tortillas de la parte posterior de su cn^<- 
po que tiene mucha gordura y buen gusto. 

33. Solo en las costas de los bosques y en- 
tre los matorrales del Paraguay , he notado que 
otr^i hormiga saca tierra roja y haciendo un 
montón que se endurece mucho y que sobre el 
montón forma uno ó dos tubos de tres á cuatro 
pulgadas de diámetro largos de uno á dos pal- 
mos , y verticales , por donde salen entran 
ks hormigas rojizas y grandes que parecen po- 
cas , pues no hacen senda ni forman procesio- 
nes. No concibo la utilidad de unos tubos que 
dificultan la entrada del insecto y facilitan U 
de la lluvia : ignoro lo demás. 

34. Otra también rojiza , grande y pode* 
rosa j fabrica en los campos un socabon redon- 
do de una vara de diámetro y como la mitad 
de profundo. Su boca está enmedío de lo alto. 



— 109 — 

redonda de un palmo «. y cuUerta solo con 
grande espesara de pajas largas una pulgada, 
que permiten la entrada de la hormiga , qo la 
del agua. Acopia muchas hojas verdes en pe- 
dazos; y creo que comería semillas y que tiene 
aladas y aunque no las he notado. 

35. Otra mediana y rojiza abunda y hace 
tales destrozos en las huertas , como que en 
una sola noche quita todas las hojas de una 
parra, naranjo ü olivo frondoso. Para esto su- 
ben unas y despedazando las hojas , las dejan 
caer al suelo para que otras las lleven al hor- 
miguero. Donde las persiguen mucho como en 
Buenos-Aires , ocultan tanto su guarida , que se 
encuentra con diCcultad. A veces la disponen 
bajo del piso de los cuartos ^ taladrando las pa- 
redes de las casas que son de ladrillo y barro; 
y si lo fabrican en el mismo huerto es siempre 
de noche , muy hondo donde esté menos es- 
puesto á la vista y no haya labor; alejando y 
esparciendo tanto la tierra que sacan , que na- 
die puede conocer haya habido escavacion. To« 
das están ocultas de dia , menos una ü otra que 
nada conduce , y abunda mucho en aladas. 

36. Aunque creo no haber hablado de to- 
das las hormigas , y aunque mis apuntaciones 
sobre ellas no estén hechas con el cuidado que 
las de los cuadrúpedos y pájaros , lo dicho bas- 
ta á lo menos para entender que su familia 



— lio — 
merece ser observada » tanto porque sos espe- 
cies son machas 9 cuanto por sus notables áh 
ferencías. En efecto las hay que hace» y otras 
que no hacen hormigueros. Entre estas anas 
aprovechan las grietas de paredes , y troncos, 
y otras parecen errantes sin domicilio. Alganas 
nunca salen de su casa comiendo tierra ó ma- 
dera; y entre las que salen unas acopian co- 
mestibles y otras no: aunque muchas tienen 
aladas las hay que no las tienen. 

37. Cuentan de las colmenas de Europa* 
que cada una tiene una sola hembra llamada 
Reina ó maestra » porque todo lo gobierna y 
dispone y la cual es fecundada por una maltitnd 
de zánganos , y que todos los demás individuos 
de la colmena son neutros ó carecen de sexo; 
que están destinados linicamiente á los trabajos, 
y á arrojar fuera los zánganos , luego que han 
cumplido su único oficio. 

38. Lo mismo creen algunos que sucede 
con las hormigas , y que las aladas son las re- 
presentantes de la citada maestra y sus zánga- 
nos. Pero esta idea no puede aplicarse á las 
hormigas que no tienen aladas ni^á las^que aco- 
pian provisiones. Ademas que un enjambre que 
sale de la cplmena lleya* ms^estra , operarios y 
cuanto es menester en el nuevo establecimien- 
to que efectivamente hace; cuando en los de 
aladas no hay sino individuos inüUles para el 



-^ III — 

trabajo, incapaces de formar uq aoevo estable* 
cioiieDto. Asi perecen todos, menos los que ten- 
gan la fortuna de introdacirse en algún hor- 
miguero sin que se pueda adivinar otro moti- 
vo de su erupción que el instinto de egercitar 
sus alas. 

39. La chinche es desconocida de los in- 
dios silvestres , y aun la desconocieron los es- 
pañoles del Paraguay hasta el año de 1769 
en que suponen la condujo de Buenos-Aires 
un Gobernador en su equipage. 

40. En Buenos*Aires abunda infinito la 
pulga todo el año , no tanto en el verano ; pero 
en el Paraguay solo la he notad o en invierno. 
De aqni deduzco que le es inso portable el es- 
cesivo calor» y que quizás no podrá haber pa- 
sado de la América del Norte á la del Me- 
diodia. 

41» La N¡gt»á y Pique tan conocida en la 
zona tórrida americana* existen en el Paraguay; 
pero no pasa los 29 grados de latitud. To jamás 
la he notado en los desiertos ni en los cuadrú- 
pedos silvestres, pero luego que el hombre ha- 
ce su habitación en el campo , se ven muchos 
Piques en la basura; y si en los bosques mas 
lejanos y desiertos establece un beneficia de 
maderas, se engendran infinitas Niguas entre el 
aserrín y las astillas. 

42. La Vinchuca es naá cilcatracha ó esca- 



— 4f2 — 

rabajo noctarno que nonca he tbto al Norte 
del ría de la Plata ; pero que incomoda mocha 
á los viageros desde Mendoza á Buenos-Aires, 
chupándoles laí sangre. Se llefüa de esíz sü caer- 
po oval y aptantado basta ponerse como una 
uva ; y después de haberla digerido , la espele 
hecha tinta negfa que ensucia indeleblemente 
la ropa blanca: las adultas son largas media 
pulgada f y Vuelan.' Bííi tqdas lais c^Hnpaaas se 
encuentra uti insecto ó pequeño escarabajo que 
estrujado hiede como la chinche. Por cuatro 
noches de enero acudieron tantos escarabajos 
medianos á kis casas de Buenos-^Aireé, que al 
abrir las ventanas el dia siguiente se encootnh- 
ban los balcones Heñios de ellos j y era 'menes- 
ter limprartos coif escoba y espuerta^ Lo laisma 
se veta en la c^le á \o largo de la^ paredes 
donde estaban entorpecidos. 

43. Etí el Paraguay principaTmente hay es- 
carabajos de muchas especies de bellos y ordi- 
narios colores, diurnos y nocturnos ^ de todas 
magnitudes y algunos grandísimos. No he no* 
tado que se tomen la pena que los de España 
de hacer rodar una bok de* escrementó f sino 
que escapan debajo unas cuevas en donde de- 
positan sus huevos , para que los hijos tengan 
pronta la comida. Suspenden la postura de un 
huevo hasta que encuentran lugar propio para 
depositarlos bajo^ de lo» escrementos y de los 



— lis — 
cadáveres ; sólo las hembras trabajan en pro- 
porcbnar lecho y alimento á su prole ; hecho 
sa depósito se marchan y no le vuelven á ver. 
También indica esto que todo lo que toca á la 
generación y á sus resultas^ y quizás á muchas 
prácticas de los insectos y cuadrúpedos^ pen- 
den de su oi^anizacion , como el sueño que 
todos le disfrutan sin aprehenderlo. Su olfato 
es tan fino, que ha&acudido muchos escarabajos» 
antes de levantarse él que hace sus necesidades 
en el campo. Habia en el postigo de mi casa 
un ratoncito muerto cuando llegó á recono- 
cerle un grande escarab:^o# ^oe volando dio 
^vuelta y encontró entre los ladrillos el lugar 
mas inmedia to donde poder escavar. Luego 
rempujando "eea Ja cabeza le condujo; y con 
prontitud admirable hizo un agujero en que se 
filé introduciendo el ralon por la cabeza sin 
otro impulso que el de su gravedad, hasta que- 
dar totalmente metido y ocultOé El escarabajo 
se marchó para no volver mas dejando su pro* 
le pegada al cadáver. Hay dos escarabajos que 
despiden de noche luz: el menor por lo postren) 
del cuerpo , avivándola mas ó menos , y el ma- 
yor llamado Alúa, por dos agujeros como 
ojos que tiene sobre el cuerpo. Tomando con la 
mano al último, da luz para leer una carta de 
noche* 

4i. En las casas, áril)oles y campos se eji- 

15 



— 4U — 

cuenlran en mi joicb , no solo todas las espe-' 
cies de araña qoe en España , síoo aun miudias 
mas I principalmente en el Paraguay. Allí hay 
una velluda, parda, obscura y larga como dos 
pulgadas que tiene dos uñas ó largos colmillos 
huecos. Uabita un agujero que eacaba en tier- 
ra entre el posto de los campos , barnizándole 
con una telita sin hacer telar fiíera. Cuando se 
la sorprende fuera de su cueva , se levanta sobre 
las piernas poniendo el cuerpo vertical y espe- 
rando al agresor. Los Guaranís la Haman Ñan^ 
du (avestruz) y aseguran que su mordedura no 
mata , pero que causa hinchazón y fuertes con- 
vulsiones. Otra* del tamaño de un grano de co* 
lantro, fabrica en el Paraguay, y bástalos 
(reinta y dos grados, capullos esféricos naran^ 
jados de una pulgada ; los suelen hilar y tejer, 
iyorque aun lavados conservan el color. Paro 
se advierte en las hilanderas, que destilan agua 
por los ojos y narices, sin que por esto perci- 
ban dolor, incomodidad, ni mala resulta. Otra, 
se pega de noche sin sentir á los labios y los 
ehopa, resuhando una postilla al dia siguiente. 
45. Aunque las arañas sean generalmente 
tolitarias . hay en el Paraguay una que vive en 
sociedad de mas de ciento. Es negrizca, del 
grueso de un garbanzo y bace su nido mayor 
que un sombrero. Se coloca en lo superior de 
la copa de algún árbol muy grande y frondoso 



— 115 — 

¿ ea el caballete del tejado ; sieni[Hne bou el co^ 
4adQ de que tenga algun abrigo. De él salen^ 
todo en contorno , mochos hilos blancos^ grue« 
wSj fuertes^ laicos de veinte á veinte y cinco 
varas; que podrían hilarse, y que están afian- 
zados en las peñas ó yerbas de la vecindad. De 
unos hilos á otros , pasan nueve hilos inoy 
jsu tiles boriasoQ tales y otros verticales, en don- 
ile se enredan las moscas é insectos de que 
viven, comiendo cada una lo que pilla. Si junto 
ásu domicilio pasa una calle ó camino, tiene 
la araña el cuidado de no embarazarlo cor sus 
hilos levantímlolos. Todas perecen a la entrada 
úel invierno , dejando en lo mas abrigado del 
aido loe huevos que se vivifican en la prima- 
vera. 

46. En el suelo inmediato á las paredes ó 
a las peñas, donde hay arena seca muy fina al 
abrigo de las lluvias, se cria el insecto llamado 
hormiga (eon, según creo torpísimo para ca- 
minar, pero que con una habilidad para mí in- 
xsomprensible , forma un embodo ancho arriba 
disponiendo los granos de arena de modo, que 
ai una hormiga ú otros insectos tocan el mas 
alto, resbalan todos hasta el fondo, donde re- 
isíde oculto y solitario el artífice que devora al 
que resbaló. 

47. Hay en el Paraguay un gusano de dos 
pulgadas, cuya cabeza^ de noche, parece una 



~ U6 — 

brasa de fiíego rojo muy vivo, y que tíeae ade- 
mas á lo largo de cada costado una fila de agu- 
jeros redondos por donde sale otra luz mas 
apagada amarillaza. También bay otro muy 
grande con el cuerpo matizado de matorrales 
altos de tres á cuatro líneas , negros y perpen- 
diculares á la pielf componiéndose cada uno de 
diferentes ramas » y cada una de estas tiene cer- 
das en vez de hojas. En algunos tunales silves- 
tres , se encuentran otros insectos, cuyos nidos 
suelen recoger para teñir de rojo. 

4-8. *Én todas partes abut|dan mas é m^ios 
alacranes, grillos, cucarachas, gorgojos, pc^Uas» 
tábanos y mosquitos de muchas especies» mos- 
cardones, moscas, gusanos y vichos. To encon- 
tré un ciento pies largo de cinco á seis pulgadas, 
grueso á proporción , y lo corté pcM* enmedio 
con el sable» admirándome de ver que las mi- 
tades caminaron un palmo separándose, vol- 
viendo luego á juntarse sin que se conociese la 
Union, pero no sé si efectivamente se biso li 
soldadura. Cuando las garrapatas son muy chi- 
cas, están en racimos colgadas de las plantas y 
ramas bajas, y se pegan al que pasa, causándo- 
le una picazón insufrible sin que se vean basta 
que están llenas de sangre y se caen. El táóano 
común que creo vive solo 28 dias, abunda tanto, 
que suele cubrir totalmente á los caballos y á los 
homforesj pero uu moscardón amariHazo y muy 



— 117 — 

común que cría en agujeros que hace en la are* 
na, come muchos en poco rato. La mosca que 
depone gusanitos ahonda tanto, que es preciso 
quitar los gusanos á las terneras y potros recien 
nacidos á lo menos una vez á la semana , para 
que no perezcan ccxnidos, por el omUigo, en 
el Paraguay y Misiones» donde tampoco pueden 
T¡TÍr los perros silvestres, porque como se muer- 
den cuando hay perra en brama, parecen todos 
agusanados. To he visto i mas de dos hombres 
sufrir los mas violentos dolores de cabeza algu- 
nos dias, hasta que arrojaron por las narices de 
ochenta á cien gusanos grandes, de los que es^ 
ta ü otara mosca les habían depositado mientras 
dormian después de haberles salido sangre por 
las nances. 

49. Las mariposas son muchísimas, bellas 
y ordinarias, grandes y pequeñas, diomas y 
nocturnas. Algunas acuden á la luz • con tal 
abundancia , que no la dejan tener encendida. 
Otra pardusca grande llamada Ura deposita una 
bala con gusanitos s<^re la carne de los qne de 
noche duermen desnudos sin dxígo, que se in« 
troducen sin sentir bajo la piel. De resultas apa- 
rece como un granito que pica mucho, se hin- 
cha al rededor y comienza á sentirse un dolor 
regular. La gente del campo que por esperien- 
cia conoce lo que es# masca hojas de tabaco, 
escupe racima, y comprimiendo fuertemente la 



— il8 -^ 

parte con las dedos , hace salir dé ckioo ¿ siete 
gusanos filudos» obscuros» largos media puU 
gada, sin que haya mala resalta. Badeoeo algü^ 
nos en el Paraguay una especie de sáraa, que 
en cada granito úene na insecto del tamaño de 
nna pulga; y los estraen uno Á uno coq un alfi^ 
1er para que cure el enfermo. De este modo le 
sacaron una vez sesenta á mi capolan. Parece 
que este insecto se origina de alguna dispo»ciott 
particular de los humores del cuerpo» como las 
lombrices del vientre. 

50. Aunque hay muchas especies de lan<- 
gostas* y una que ai volar parece sueúa un pe^ 
queño cascabel, solo trataré de la qne lo devora 
todo , sin perdcmar los trapos de lienzo, lana, 
seda ó algodón* ni á ninguna planta que yo se- 
pa, sino la del melón y á las naranjas , aunque 
come las hojas del naranjo. Es rarísima esta 
pbga an el río de la Plata, y también pasan bas- 
tantes aoosMKpie la haya en el Paraguay adon- 
de arriba á primeros de octubre en bandacbs 
tan grandes, que tma me pareció un nublado dé 
lejos; y tardó dos hcu'as en paaar. £stas banda- 
das no haoen mayores destroeos, pues avoque 
cuando se paran en cierra, lóeomett todo^ coph> 
es poco lo que se cultiva^ lo salvan ojeándolo iote 
ramas. €uaiido se aomentao tales legiones , ya 
se sabe que no haihrá langosta el a&o siguiente^ 
sino acaso algunas bandadas^ como las meneioi- 



— 119 — 

nadas; pero si las legiones se parüij^ terrenos 
daros, y las hembras hacen con lo postrero del 
cuerpo unos canutos depositando en cada uno 
de cuarenta á sesenta huevos, principia enton-> 
ees la aflicción. Se avivan los huevos por di- 
ciembre y nacen los langostines negrizcos, que 
se reúnen en manchas muy apretados y ensan- 
chan cuando crecen. Mudan después la piel to- 
mando color verdoso con pintas negras, y lo 
devoran todo sin cesar de comer día y noche. 
A fines de febrero quitan otra vez la piel, des- 
aparece lo negro, se visten de pardo, y se for- 
talecen sus alas, si bien aun no vuelan. Enton* 
ees cubren el suelo, á veces en tanta distancia, 
que. yo caminé dos leguas sobra ellos^ Finalmen- 
te sintiéndose ya con fuerzas, se suben á los ár- 
boles y matas cubriéndolas totalmente y están 
como ininóvibles unos sobre otros sin comer á 
treces en ocho días hasta que llega una noche 
de 8U gusto, que ha de ser clara, mejor con lu* 
na y poco viento, y vuelan y se marchan sin 
que se sapa d(mde, aunque se presume hacia el 
JVorta. No vuelven sino á lo mas en octubre para 
repetir lo dicho al principio : no creo que d 
mundo padezca plaga tan piala ni companible á 
esta. 



— ISO — 





CAPITULO VIÜ. 



Deles MipiM, éalebras y wivurmm^ 



1 . Solo he oido cantar á lAia faiía domo las 
de España en una lagunita dentro de la dudad 
de la Asunción. En aqael país no diferencian 
ios sapos de las ranas, y á todos en general Ua^ 
man sapos. En el Chaco los hiy qae peaao al- 
canas libras. Otri3s grandes no muy torpes ni 
barrigones, que tienen algo levantadas la&H>re- 
jas al (nodo de cuemecitos , saltan por aqndlos 
campos bajíos cuando hay humedad. Ba^ de 
los troncos tendidos, suele haberios medianos 
á quiénes atribuyen un veneno que mata'á los 
perros que tos muerden. También les atribuyen 
espelerlo de lejos á los ojos del hombre que les 
insulta, y que le ocasiona ceguera y gra^ do- 
lor por algunos diás. Otro, que será de naa pul- 
gada de lai^, canta sin cesar en tod^s las al* 
bercas y an^dizos en voz fuerte y lastimen 
equivocedble con d Uanto de un niño muy pe 
queno. Otro muy común, blanquizco, del ta* 
maño de la rana de España y tan lijare cosió 



eHa , no se encuentra en el agua .n¡ en tierra, > 
por. que habita en las ramas de los áHi>oles y . 
matCNTcáleSy dentro de las hojas del maits^ bajo . 
de las tejas de las casas ó entre la paja que • 
enbre los edificios. Sube saltando y agarrándose 
con.Ía8 unas de las cortezas y escabrosidades 
ele las paredes. Su voz es de una sílaba , no de- 
sagradable^ algo diferente en los sexos que sov 
contestan $ pero no se oyen sino cuando ha de; 
llover^ . 

2. En él Paraguay comprenden^ bajo el. 
nombre Boiy á todas las culebras y vÍYoras,» 
por que las consideran sin duda de una misma, 
familia. En efecto unas y otras son tan sensibles 
al frío, que cuando lo hace se están ocultas^ efkr 
torpecídas ó como muertas , y cuando él ti^ra-* 
po es abochornado por el viento del nortOj^ salea 
todas muy espeditas. Ninguna sube á Jos árhoh 
les, sino el Curiyu i las ramas muy bajas; ni se' 
internan en los bosques por que' no hattariai^ 
que comer; todas habitan los campos pniioipeU 
mente las cañadas donde encuentran mas ah-; 
mentó y mas facilidad de ocultarse. No obsr 
tante yo las'tengo á todas por verdaderas an^ 
fibias y buenas nadadoras. Para caminar forman 
curvas horizontales con el cuerpo^ y estriban 
con hs escamas de sus costados levantándolas 
coma si fuesen pequeños pies. Se alimentan dp 
huevos, pájaros, ratones, apareas^ sapos, pe^r 



~ I2Í — 
cados^ grillos, insectos y también unas se 

nrien á- otras. Para {ñllar la presa , no tieoen ni 
empléadf^otrb artificio que la sorpresa, y la saga- 
cidad coit que ^e acercan poco á poco sin nudo 
y sin que las vean por que no saltan. Si la pre* 
sa es forzuda, después de hacer presa con la 
boba^ y' la sujetan enroscándole el cuerpo hasta 
que la cansan y rinden: entonces principian á 
tragarla • por la cabeza si tiene pelo para que 
este no embarace la introducción. Les cuesta 
largo rato I el disponer la presa del modo mas 
eonn^mente para tragarla . Para esto van mu* 
dando la boca de lugar poco á poco, facilitán- 
doselo el componerse sus cabezas que pueden 
apretar unas, mientras las otras avanzan im po- 
co ádeílante ó acia los costados. Cuando han 
principiado á tragar la presa , siguen su &ena 
sin espantarse ni bacer caso de que nadie se 
lesacehjtie como sino viesen ni oyesen:* des* 
pues de tragada si están satisfechas , se estíran 
y qqédán dormidas. Tal vez ningún animal tiene 
tantos enemigos como aquellas culebras y tí- 
voras; pues las persiguen de muerte sin cesar 
todas las águilas^ gavilanes y aleones , todas las 
garzas y cigiieñas , las iguanas, el hombre, los 
frecuentes incendios de los campos y aun ellas 
mismas que se comen unas a otras como he 
dicho antes. Para defenderse, apenas tienen 
mas recursos que el de morder y el de csconr 



dfne en los agujeros que ancueatcan beobos 
ó en el agua ó euire los pajonales. cerrados. Las 
ganas y las cigüeñas « bo gastau ticímpo para 
pillarlas por la ventaja, de. la largo del cuello 
y del pico. Asi las cogeo por jujiio i la cabeza; 
ae la mastícan un poco basta alUrdirlas y las tra- 
gan enteras. Los pájaros de rapiña sé aijercan 
de coatado , llevando por escudo unaiilaafrair 
trando# y procuran picar á la vivera ó culebra 
en la cabeza hasta matarla , comiéndosela 
luego á pedazos. n- 

3. Aumpie las culebras y viveras tengan la 
•propia figura esteriorf y les sea común lo basta 
aqui referido, difieren* principalmente en que 
4as culebras no muerden al que las irrita , y si 
lo iKicen* es sin más resulta de la qué tiene una 
henda compn; pero las viveras irritadas, inlro;* 
ducen con su mordedum ua * veneno qué mata 
casi siempre. Aseguran algunos que« difieren las 
viveras de las i^dbras, enqueestasponen hue^ 
vos que el cakr vivifica, y aqueUas paren de 
cuarenta asésenla hijos vivos 'y capaces de sul>) 
sisttr por sí: pero otros dicen ^ue no hayial di- 
ferencia y que las culebras paren como * las ví« 
voras. No üsdta quien afirma, que los hijos de lat 
vívoras destrozan el vientre de su madire abriédr 
•dose camiob para salir; pero no lo creo, mucho 
Aenosasegurandomeun hombre de verdad, que 
habienda pqesto algunas viveras eü un cajón 



* 1*4 — 



puTh un enfbrmtf de sateada, prnauB 
cuarenta y^ cinco hijos y vifía come antes. Voy 
á decir* algo en pafticoíap de ta^ «mMurtis. 
• 4. El Curuyá és un culebrón* que asusta, 
torpe en tierra » no en el agsa , bobo^ ^fue no 
tnuerde; y qée habita en los ríos y lagos» ó sn 
jftmedíaciones, shi pasar/ que 70 aepa^^fail Sur 
de les ^l^ grados de (latitud. Dicen qoe sobe 
por el timón á las embapcacíones á comene las 
gallinas y la galleta, y- que por el ol&to sigse los 
barcos: mas lo que yo creo comen pniicqMd- 
mente, sbn pescados, ape'reas |^ aoaao pequeñas 
nutrias^ quiyás y capibaras^ p¡or(pie sanios maih 
jares que tiene mas ala snonó» Guando está sa* 
lisfecho# suele subirse á un . arbusto ^ .y osigán- 
dose por la mitad de cada lado de^nsí rasM, 
toma el sol durmiendo/ £1 «ay^r que he ¡visto 
seria del grueso de 'uns'paálorrílla delgada y 
larga como cuatro varas» bien manchado de 
blanco amarillazo y de negro: los indios silves* 
tres lo matan y comen con gusto. Yo creo que 
este culebrón es de quien han. hablado las'rela^ 
eíoned antiguas de los conquistadores, y que lo 
han Ueeho exagerando su^ medidas» formando 
labulas y bnentos^ como lo* son dedr que los in^ 
<iios.lbadorabaxi, y que lo alimentaban toa bom» 
iires que tragaban enteros. Siguiendo cestas re» 
laciones escribió un gobernadop á la corte, es* 
tando yo aUí, que esta culebra tragaba eniétoá 



— 415 — 

4 ea el caballete del tejado ; siempre coú el cui- 
dado de que tenga alguA abrigo. De él salen, 
lodo en contorno, muchos hilos blancos» grue* 
wsy fuertes^ largos de veinte á veinte y cinco 
varas; que podrían hilarse, y que están afian- 
zados eo las peñas ó yerbas de la vecindad. De 
unos hilos á otros, pasan nueve hilos muy 
otiles horizontales y otros verticales, en don- 
xle se enredan las moscas é insectos de que 
viven, comiendo cada una lo que pilla. Si junto 
ásu domicilio pasa «na calle ó camino^ tiene 
la araña el cuidado de no embarazarlo con sus 
hilos levanLiodoios. Todas perecen á la entrada 
xiel invierno , dejando en lo mas abrigado del 
atdo loa huevos que se vivifican en la prima- 
vera. 

46. En el suelo inmediato á las paredes ó 
Á las peñas, donde hay arena seca muy fina al 
abrigo de las lluvias, se cria el insecto Uamado 
hormiga lemiy según creo torpísimo pa^a ca* 
minar, pero que con una halMlidad para mí in* 
jcomprensible , forma un embodo ancho arriba 
disponiéndolos granos de arena de modo, que 
«i uña hormiga ú otros insectos tocan el mas 
^to, resbalan todos hasta el fondo, donde re- 
(«de oculto y solitario el artífice que devora al 
que resbaló. 

47. Hay en el Paraguay un gusano de dos 
pulgadas, cuya cabeza, de noche, parece una 



— iifi — 

mas aochaB de b pradso. Sút nn v«« j »i 
qne parece qpé sék>. comerá tierra y lúinbricei 
comunes* una' pilló por el pie á na pollo muj 
pequeño qm catnabnfinle lo habia metido en h 
boca de su agujero y hacia fuerza para entnrla 
No sécoBio se multiplicará aunipie hay bastau- 
tes en el Paraguay, úa pasar los 30. gwdos. Yof 
á indicar, las TÍvoras. 

« 

8. La mayor y de las: mas comuna ^ es b 
Ñacaniná en el Paraguay: su longitud de ocho 
á nueve ps^os^del grueso de la mideca, h 
cabeza grande, cuello d^ga^ cokur pardo da- 
ro. Habita los campos» y es la mas activa y laa 
ligera, que salta á Teces á m<Mrder el estriba ó 
pierna del que le pasa cerca: para ésto se en* 
rosca y se apoya con la cola. Una vez la e»con^ 
tré tragando por la coláá la. culebra. dál nume- 
ro 6, sin que esta la mordiese ni hiciese otra 
cosa que esroraarse' inútilmente á escapar* La 
Ñaca»i.a-h»»».p«»6«.Mp«... 

9. La Quktrió éa conocida de algunos es- 
pan(^ por Vwora de la Cruz, figurándose que 
tiene una en la frente. Su cuerpo como de tres 
palmos p grueso á propprcion, la cabeza nbul* 
tada , cuello del^pdo , y la librea bien matiza- 
da con labores negras. £s de las mas comunes, 
y no es muy raro introducirse en los cuartos 
como que al irme á dormir tí qpe un Quiririá 
estaba en lá cama colgando un pedazo. A^^ihios 



— «7 — 

creen haber esperimentado que en haibndo £ 
nn Qumrióy han de encontrará otro en el misnio 
«tic antes del tercero dia, porque se sígnenlos 
sexos jpor él olEato; es de los mas torpes y ponr 
zoñosos. Hay otra yívora diferente^ qoien lla- 
man también Qtármó atribnyéndda el mismo 
veneno, pero no la conozco. . . 

10. Solo nna he visto de las que los Gna- 
ranis llainan Bci chhU y los españoles Vivara de 
cascabel. La hallé mny torpe y^ larga mas de 
cuatro palmos, parda cbra , amarillaza , mai>- 
ehada de negro, y de cuerpo' fornido no bien 
redondo , smo primátioo triangular que termina 
con nna eq>ecie de sonaja muy conocida , á la 
que aluden sus dos nombres. Su ponzoña pasa 
por muy acti?a ; pero en mi tiempo no supe 
que hubiese mordido i nadte porque es mny 

11. Aunque no la he visto nie aseguraron 
habia otra vivera de una vara, obscura,. tan 
aplastada en su longitud , qué parece una cor- 
rea, á lo que alude su nombre de Bd pé; pero 
que cuando la irritan se hincha y vuelve re* 
donda. La suponen de las mas ponzoñosas. 

12. Ningún veneno es tan activo como d 
de h Ñanduriéj no obstante* de que solo tiene 
palmo ó poco mas# y eF grueso de una pluma 
de escribk*. Su librea es pardusca y su velocí* 
dad poca. No aburklá y vive comunmente en 



— rst — 

fes camporf que ' tieneb .imtomdítM, áné oo U 
be vkio al S«r de los 28 grados. 

13.. Lo£^. españoles flamao trÓMH!» de GatW á 
k qae'los Goaranís denoniinaa An iAmiA9qii& 
significa vSvom de iaz fajos* No la íw tibtti en el 
Paragnay' yr. es boba y torpe: en cnantor^'^e* 
neno» no tengo esperíencia, pero irnos éken 
qoe no lo 'tienes y qoe ea calefara,' otros que b 
tiene el mas aoliro , • y aun hay. qóieii diorf inve* 
rosimifanenle. que qo muerde sino qtfe dava b 
punta de lá cob. Es brga iroa Tara» redonda y 
beHamente vestida de fajaft, noa Manca' an&arí-. 
Haza, otra mny negra»' y otra roja 'muy ^vai 
asi «igae al traTes de todo el cuerpo y de b 
cabeza. 

14. Aunque creo no haber índicadé todas 
bs especiM de vivoras, digo en general* ide dbs 
que ninguna muerde sino para defenderse es- 
lando ostigadar. ó* temerosa, sin 'buscar Tolttnta- 
namente. á nadie : como q6e muchas Teces las 
encontné debajer de laa ^etes dfe \aca . tendidas 
en el campo donde se imbian introducido de 
noche mientras dormían sobre ellas. Tampoco 
son temibles, estándose uno quieto, ouanidk> de 
noche se sienten pasar sobre el cuerpo; Cotejan- 
do el veneno de mis títoj^ , creo que su acti* 
^idad está en razoa inversa <de la magnitud, por 
que el de la Ñacaniná que es k mayor, tío mata 
siempre, y nadie escapa del de b Ñandurié 'que 



# • • v< 



^ IS9 ** 

es U menor. La mbín» actividad ponasoSosa pa- 
rece estar en rason directa do la torpeza de las 
TÍvoras; pues la Qaíririóy Ghbt y Ñandurié 
800 mas torpes y ponzoñcisas que la Ñacaniná 
que es la ma» ligora; como si finese n^turál qoe 
las mas pesadas tuvieson mm defensa en la ma^ 
yor actividad de sq popao^. Pende tapibien 
esta actividad, y muchcí de lo mas ó medos irri<- 
tada qne está la vívora, y del calof^ de la esta* 
cion ; porqqe coando ba<^ friti apenas milerden 
di tienen veneno. Aun parece pender )a activi- 
dad de la ponzoña del sugeto mordido; poea 
los caballcís y los petaros pereced á las tres ó 
doatro horas i y el hombre no muere hasta dos 
6 tres dias i hay quien cree qne hace medos es- 
irsgo en los indios que en los españoles y afri- 
canos, añadiendo que mueren rai^ véi loü honn 
bres UJuy enfermos del gálico. 

15. Mis precauciones conthi laft vívoras,^ 
fueron llevar biienas botase porque aseguran 
que cuando las pasasen los cómillos no pene- 
traría el veneno. C^nfmabá ademas á pie Id 
menos que podia por los campos llenos de pas* 
(o I y cuando era preciso apear á comer 6 doru 
mir, juntaba ante todas cosas míi cabadlada y 
vacas i y les hacia dar muchas vueltas pisando 
el tcírreno donde me quería fijar para qne hicié*- 
sen niover y salir las viveras qyehttbiesfti> y las 
inataba : no conocen allí específico contra tale* 

17 



venenos. Sin embargo á unos bacen beber acei- 
te si lo tienen: á otros aplican fuego en k 
mordedura $ ó media cebolla bien caliente cor- 
tada horizontalmente: á otroi les chupan mo- 
cho la herida y á otros les atan k) mordido coo 
una correa de cuero de un ciervo llamado Gnor 
%iuL Pero mueren los mas ; y entre los que sa- 
nan quedan algunos con el juicio no cabaL Es 
ide estrañar se crien tantos venenos en an país 
que no conoce la rabia ó hidrofobia. En cuan- 
to á los lagartos, me refiero á lo que escribí en 
mi obra de los cuadrúpedos de que hablaré en 
el capítulo siguiente. 




■=- 131 — 



CAPITULO IX. 



De Imi eaadrúpedes y pájaros. 



y 



1 • Tenia yo escritos bastantes apuntamien- 
tos sobre los cuadrúpedos del Paraguay ^ y rio 
de la Plata , y deseando saber si merecian al- 
gún aprecio los envié á Europa , para que sobre 
ellos diese su dictamen privadamente algún 
naturalista. Pero prohibí su publicación ^ por 
que no se me ocultaba , que su parte crítica es- 
taba hecha muy de prisa* , y porque en los 
▼¡ages que iba.á emprender me prometía ad* 
qnirir nuevos cuadrúppdos, aumentar noticias 
mas esactas de los que ya tenia # y en fin per- 
feccionar mi obra con nuevos datos y mas refle* 
xiqn. Sin embargo se publicaron en francés mis 
apuntaciones incompletas y defectuosas 'Como 
estaban sin mi noticia y contra mi voluntad es« 
presa ; por consiguiente no me creo respon- 
saUe de sus errores. Yuelto á España y antes 
de leer la cicada traducción francesa , publiqué 
en español mis apuntamientos para la historia 
natural de los citados cuadrúpedos aumentada 



' 133 ~ 

y corregida en dos tomos , pero como despnes 
en el año 1803 vi el gabinete nacional de Paris 
y traté alli con varios naturalistas célebres» he 
conocido que la parte critica de mi obra tiene 
algunas equivocaciones que confesaré aqoi 
francamente, anotando aquellos de mis cuadni- 
pedos que he reconocido en dicho gabinete. 
Por lo que hace á mis apuntamientos de los pá* 
jaros del Paraguay y rio de la Plata que publi- 
qué en tres tomos en castellano , me dicen se 
ha traducido y publicado en francés ocultando 
mi nombre, como si quisiese el traductor pa- 
sar por autor de ella , ó privarme del honor ^ 
que él mismo me hace, juzgándola digna de 
merecer lugar entre los Hbroá franceses. 

2. En el citado gabinete hay dos cttÉdM- 
pedos de mi núm. l.° con el nombre de Tapir. 
El del niim. U8 tiene á lo largo del coeHo el 
filo que al otro le han suprimido erradamente. El 
del niim. 452 es mi núm. 2 que lleva el nooH 
bre de Pécari de Gtdetme ; y el del nüiñ. 453 es 
mi núm. 3 con el nombre de Peeari. Jimia al 
Vaifñbbmc del núm. 487 se halla en el propio 
gabinete un ciervo rojo, que me pat^ee B&twi 
número 6 no adulto. 

3. Los varios Tamanairs del núm. 429 del 
mismo gabinete son mi núm. 8 ninguno áddto. 
El Taihánduó del núm. 432 es mi núiii. ama- 
cho cuyos colores han perdido bastante; y el 






— 133 ^ 

déliidin..43f qné llera oí pi^io botnbre, las 
ibisoias foi^ds y íuagnitud siebdo tóao hé^o, 
se puede presumir qde sea una Variedad c(ue 
no he vifttOy óUrlvez especié píii tada , ó di^- 
fer^ttte eü realidad. To pí'é&tíitii hablando del 
fliiol. 9 qtié pddría ser nn üosidoho dé la misína 
de FúurMüliet de Boffon : pero habietído Tisto 
filguiío9 de estos en aquel gabinete creo que mti 
pteftnicion ffae errada. 

L BüffoD y Daubeaiott describen k la pan- 
téfity mza y leopardo^ notando áqué) lo mal que 
han obtado otros naturalistas confundiendo es* 
fas tré& fieras Africana^ entibe si y con otras 
de América. Pero fambieitt dichos señores em- 
brollaron á mi Yaguareté del n¿m. 10* con el 
Chibigttdzn del núm. 13 .' y eá el Paraguay hay 
qnien crea haber alli tina onta y dos yagfiaref és 
tddos diferentes eútre si y del íiegtt), y quién no 
crea haya tal onza ni dos especies de yagua- 
retés ademas del liégro^ següü anoté en mi 
¿bra. Dé esta variedad de opiniones infiero la 
grande dificultad que habrá en conocer y dis*» 
lingoír tales fieras / y mientras los natnrdlis- 
tas adaraü táütas dudas, diré mi parecer. 
To vi tres individuos vivos en la casa de fieras 
de Paris: u6o con el nombre de PatUfare malet 
j otra con el de Leapard male^ y el tercero sin 
nombre que acaba de llegar de América. Los 
tres mé (Mirecieron TagAaretés menores que 



— 154 — 

el descrito por mi , apesar de algimas diferen* 
cías en el colorido. Verdad es que el tener el 
último los brazos mas robustos , me hace temor 
pueda ser de la especie llamada allá Yagücareté 
popé y los otros dos de la especie llamada Yagua- 
reté simplemente que tal vez será nueve pul- 
gadas mas corto. También creo que la descrip- 
ción de la Pantera africana de Buffon i perte- 
nece á mi Yaguareté ; y que lo es no adulto , e] 
individuo del citado gabinete niim. 249. Igual- 
mente me lo parece la Paníhore de sanio Do^ 
mingue del niim. 253 y no estrañaria lo fuesen 
las de los números 250 y 251 apesar de sus 
anillos menores y mas juntos. 

5. En el mencionado gabinete de Parts nú- 
mero 268, se vé mi núm. 1 % con el nombre de 
Couguar y mi núm. 13 en los números 261^^263 
y 264' con el de Ozelot. No me admirarp^ lo 
fuesen también los dos Chatservals del núm. 254 
pero lo que no tiene duda es que el núm. 289 
es de mi Yaguarundí núm. 16. En mi olnra pá- 
gina 165 y siguiente me figuré fuesen mi nú- 
70 18, el gato silvestre y el Aira de BuSbn; pe- 
ro hoy estoy por la opinión contraria. 

6. El núm. 2Q3 del mismo gabinete > tiene 
dos fieras muy desfiguradas» llamadas Marte Jof 
rá que son la de mi núm. 19. En mi descripción 
de esta se vé, que me parecieron de la misma 
especie el Pekan de Bufibn, el Tairá de Barre- 



— 1S5 ~ 

re, y la Petitte fidnne de Gwáme de Baffon; pe- 
ro hoy me inclino mas bien á que no lo son. 

7. Mi ndm. 20, se Té con el nombre de 
Marte grissan en el propio gabinete números 201 
7 202. La Mwffette da Chili del núm. 237, solo 
discrepa de mi niim. 21, en que lo blanco de la 
(rente y cuello es mucho mas ancho de lo que 
yo he visto. 

8. En la sala donde se preparan los anima- 
les para el gabinete de París, vi un buen esque- 
leto de mi núm. 22 , y en el mismo gabinete, 
números 298 y 299, hay tires llamados Didelphü 
Marucuy Virginenm que tienen muchas aparen- 
tes relaciones con el mismo. Verdad es que los 
creo diferentes^ porque en ellos domma mucho 
mas lo blanco sin amarillo, porque sus caras son 
mucho mas blancas sin notárseles negro en el 
caballete del hocico, ni entre las orejas, ni en el 
cenote, ni apenas en el ojo ; porque su vestido 
parece mas tupido y menos débil ; porque sus 
pdos Mancos son mas cortos, corvos y espesos, 
y porque uno de ellos tiene orejas totalmente 
negras. Alli mismo creo está mi núm. 23, 
sin nombre ni número, y es el décimo contan- 
do de la derecha á la izquierda del que mira á 
la fila de los DidelphoTj pero en la sala prepara- 
toria vi otro llegado de Caiena de quien Mr. 
Geoffiroi me aseguró haber visto hembras de 
su especie que no tenían la bolsa que las dé mi 



nan), ^, pl ViHiphk otnbifr M ném^W m 

parece $or im Hiiip, %Í.J^h 6Í(AdA fil« de Dh 
dplpMlos dpí llaoiadps |bfwai i^ no tüenq pá- 
ipefQ, son d§ i»i nitei. ^i y los cw» W> q»e }e 
sigveii de <|¡ferpQtfi$ ejd^di» fjp wmi^vQ e¿ qú^ 
ijoierp y no jpqüUpdA Ips de $p))fpe h ma^re^ me 
parecen fpi núm.. ?7, Sp verdad qw? 4 prime- 
ra YÍsta los creí mi nüm. 25; pero amdé de pt^ 
tocei^ PPUR<(o (|^e la inapc^ jwbre §1 ojp m 
lar^ai y RP pedopd» , q^^ rq (i^oe Ui»«a o|is^ 
ourff yertipal ep la 6fm¡^Udi .qi Í)lmtP9 Qp lo ante*- 
fipr de lpp.brfiftos, y qw h mHfpú^ y pw>por- 
£kii)es se »csrcpii fP4» ih^ ie mi núm» ^• 
^biendo pues vistió ep dÍQbo gsbioiBlie mochos 
fecuqdop qi|e po coqpcia ^ ccqifijsso el error eq 
qil3 es^ba ^qr4tídoíq0 qiífi I<* isOqpqi» c*í tp* 
(lp4 6 á )o aieno$ las psp^cies gi^qd^s: y iU^ño eq 

pste erfQri y 9\ de qpe U bfiwbra de tsñmvf^ í3 

teqm Ik^s? e» el vientre, fppdé partq dq. mÍ9 
/crítica fojbr^ fosfecqqdp?^ <?PpfiqsQ igralp^fii- 
te qqe (ale^ múcsís qo spp (PMy sglid^ ^ y que 
será lo i^iejor qqe ^Iguq p^tq^liat^ la$ rectifique. 
9. JBq p} mencioq^do gajjfftptí núm, $79f 

IJeva mi miro» ^^^ nombre do H^mr^ fnif^ 

leiir, y los mim. 197 y 198, son el 30 de mí 
c4)ra, aunque cPa el noqibre de Batm crídkT4 
Igualmeqte se encuentran allí muchos Cwtíé$ 
no adultos y los niimeros 188 y 186, son de la 
variedad que describí en el roiatno num, 3t • 



— 137 — 

1 0. Habiendo visto de lejos algunas Nuirías 
grandes que sacaban la cabeza ladrando en los 
ríos, dudé si eran adultos los ocho individuos 
menores al parecer^ que tuve presente para for- 
mar la descripción de mi núm. 32; porque á to- 
dos los t uve por de la misma especie. Después 
TÍ una piel que aunque muy estropeada» mani- 
festaba ser de una nutría mucho mayor que di- 
chos ocho individuos» y entré á dudar si sería de 
diferente especie que los citados. Últimamente 
en el uáxú. 23¿ del gabinete de Par» vi i la 
Sarkamna de Buffon que cotejé con mi des- 
cripción nnm. 32» encontrando que aunque tie- 
nen identidad de formas^ la del autor es mu- 
cho mayor; lo pajizo bajo de la cabeza se pro-^ 
loaga anchamente hasta el pech o, y el pelo no 
es tan perpendicular á la piel ni tan snave, ti- 
rando á acanelado, como suelen las pieles vie- 
jas. Mas no por eso mudé de parecer en cuanto 
i las- ntf trias de Barreré , Brisen, Gumilla , The- 
vet y Steller, sino en cuanto á las demás ; esto 
es qne todas las que ladran como la de Mare* 
grave, me parecen ser la Sarícoviana de Buffon; 
lo mismo que la mayor do Laborde , y las de 
A«b|et y (Mivier: aunque presumo que estos le 
dan el peso de mi Capivara. En cuanto ala 2.* 
de Laborde qaizás será mi nüm. 33 y la tercera 
ná nám. 32. Las ultimas noticias que refiere 
Buffon, las creo embrolladas; porque atribure 



— 138 — 

fos ladridi!^ ák Saricoviana; y el vivir eB Sá- 
banas y pillarlas el Yaguareté do son cosas é6 
ella sino de mis Züiya y Capibara. 

11. En el numero 337 del gabinete de V^ 
rís puede verse un individuo joven de mi niilM* 
tó 3i que lleva el nombre de Cavkd i^aea, 
Alli mismo numero 339 hay dos de mis Acu- 
tí^ llamados Caviai Agoüti y con él nú)(nero 341 
otro que también me lo parece: pero como lle- 
va el nombre de Caviai Acoutíhi y Buffon lo& 
hace especies diferentes , parece prudente sus- 
pender el juicio sobre la identidad , sin perjui- 
cio de lo que dije sobre ella en mi numero 36. 
También se halla en el mismo gabinete nAtuero 
333 , cou el nombre de Cavia Cobaia un Apereá 
doméstico. 

12. Comparando mi número 41 cOn el 
Coéndon del numero 328 del citado "gsfbifiefei 
¿ncontré que este tenia las espinas mas espes»» 
gruesas , fuertes y largas y los vigotes dcMeiMn- 
té largos y giniesos que los del mió. Ademas too 
le Aoté pelos entre las púas , y me pareció ma- 
yor. Agrega Daubentou al Cóe'ndon mi dedo 
más en el pie, cinttó pulgadas mas de cii€ñrpo 
y diferente color á las puntas de las paas , re- 
sultando de tódó el creer que mi Cuy era el ci- 
tado Coendon. Por consiguiente los dos Histrix 
de Barreré podrán ser dichos Cuy y Coendon. 
Lo propio digo de Ips do Brison y aunque no les 



— i39 — 

Goniáene la cala delgada y corta qvo le$ da. 
Ceeo tambieQ que dichas dw espacies existei) 
M Gnayaoa, y que la primara de I^^borda e$ 

13* £1 Geaut númeto H del propio gabi^ 
nele » es mi nüioero 53 ; pero le faltan l;ás ma- 
yores o&as y los colores naiur^les. El Eucpu" 
hat del número 415 es mi nüoi^ro 54, pero 
MM adHlto, y le faltan orejas « c^a y cuatro 
)iie& Bl Eabasson del número 420 es mi núme- 
ro 55. El Caehicamé número 41 7« sw 4os indi- 
vifluoa adnllos de mi número 5? peno les falta 
jd color nfitural: y d Apar númeco 416 es mi 
número 60 cuyas conchas hau f^erdidp ol bar- 
ML fin al gabinete de MajlÑd hay «iguno^ de 
BM número 59, 

14 fin el número 61 creí con Bufroo que su 
YMfini y Aliécüá eran una especie p y los tqv^ 
|lor «ús Cafayas macho y henúira ; porp hoy 
cno ((ue los citadas de Baffon son dos espe- 
cies: eatp es «1 Varini Carayá macho, y el 
Akíeká aira qne podrá ser ni número 62. Estoy 
puw perraadido deque el Variná de B»(foQ y de 
üibOTÜle » el GuarM. de Bñs&on y de Mare- 
^raive, el.P«'wsftn dé Uneo» los de Gentil en la 
isla db ^»4»regorio 9 los de Oexamlin en el cabo 
4e Gracias á Pios^y los de LaSondacpiíie y Bi- 
«et na todos Carayis asaóbos : que el Arabatá 
amarillo de GbuniUa eca nn Albino quizás de 



-* uo — 
la misma especie; y que los aloeitás barbudos 
de Barreré y Brison, son Carayás hembras y 6 
machos no adultos. Pero hoy dudo mucho que 
lo sean los que Dampierre pooe en Campeche» 
y creo que el Caaka de BufTon no es un Cara* 
yá. Igualmente creo son Carayás el Zuoaua de 
Barreré , el Mico arana de Edwards ^ los Bar» 
budos del Marañon de Abbevi He y del Panamá 
de Dampierre. Los que este dice son blanoosi 
pueden ser Carayás ó Cays albinos. Aun me 
iuclioo á que el Caitayá del Brasil es Carayá, 
y á que no lo son el Cbamek del Peni, y los que 
según Brisson tienen blanquisco el pelo en las 
partes inferiores. 

15. Si los Sai y Sajú de los números 8 y 
9 y los Saimiris números 12, 13 y 14, todos del 
citado gabinete, son los que describe BnffM, 
confieso que eirré creyéndolos mí niimero 62, 
mas no por eso dejo de presumir que la oomemr 
datura de los citados micos está muy embrcJhe 
da por BufTon , porque me parece que los áa 
barbas del Panamá de Dampierre, el Goioasa 
de Abbevílle , los Sajús . panJo y. cornudo de 
Brisson y los Llorones de Gentil y Troyer^ sott 
todos mi Cay: aunque dudo lo sea el Capuekia 
de Lineo. Los Caitaias de Maregrave pareoen 
mi Cay : pero el primero albino, como el Sapa- 
jú amarillo de Brisson. En cuanto al Cay de 
Leri le tengo por Carayá albino. 



— 141 — 

16. Habiendo visto al Saki ea el citado ga« 
bínete numero 15 conod que no era mi nume- 
ro 63. y que tampoco lo es el de Brisson. Pero 
sin comprender sí io es ó no el de Maregrave, 
me inclino á que es mi Mariquiná el Sakec de 
Browui. En el propio gabinete numero 17 hay 
mi Uti no adulto de mi numero 64 con el nom- 
bre de Sagoidn OmMÜí. 

17. He dicho que en castellano había pu- 
blicado la deaeripcioa de cuatrocientas cuaren- 
ta y ocho especies de pájaros de aquel pan, 
M eootar trece de murciélagos que uní á ínis 
emidrdpedos. En la misma obra anoté los des- 
critos por otros, procurando enmendar sus 
equÍTOcaciones; y refiriéndome á dicha obra 
dké- aqot solo alguna cosa que no se anotó 



;i Ht: 



\Si No faltan pájaros que se encuentran al 
Hediodia de determinadas latitudes gec^^rificas, 
y no mas al Norte. También hay muchas espe* 
cíes comunes á los dos mundos, ó que pareden 
serio, por tener identidad de colores, formay^ 
magníludes» pero muchos de ellos no sufren el 
firio de las cercanías del polo boreal, donde se 
presume que están mas próximos los conti- 



_ 148 ~ 




CAPITULO X. 



♦ i ' 



pe lop Indlof s|ly(r«ir^ 



L Anúipie el iMstabre sea ÍBeompMBBibfe 
y mas el indio silwstre, fNinf^ie ao esoríbey 
habb muy poco en fdtowi éeseoowiéoiy al ^pe 
tal ves fallan cieii veoes más vocea de las qae 
tiene, y porque no opera eino lo q«a le ardo- 
n«i las pocas neoesidadeft ^ae eiparimcnta; oen 
todo como el indiQ por mas bárbaro qae aaa# 
es la parte principal y mas interesante de Awé- 
rica, oreo deber poper aquí algunas afaserracio- 
nes que hice sobre bastanlea nfloieaes de indios 
stlrestres ó Ubres que no lestan^ ni jamos km 
estado sujetas á los espandles, ni á;ningmt iaa- 
jUtrio. No seré difnso por !ne finstidiar^ y me^ 
mitaré á lo que permilBn mi poco uámto y 
menor perspicacia. 

3. He vivtéo largas «enqievaéas coi dgv- 
ñas de aquellas naciones / y con otras, mmmg : 
aun hablaré tal cual cosa de algunas que no he 
visto, valiéndome de las mejores noticias qne 
pude procurarme. De modo que me he pron* 



~ 143 ^ 

paéito imcér saber él número y fe «¡tuaenA de 
casi todas las ilaciones que hay y ha habido en 
aqéel pa¡s> para que se puedan entender y cor* 
regir las relaciones antiguas. Estás , como he« 
chas por los conqiástadores , multiplican el nilh 
mero de naci<mes y de indios # con la idea de 
dar esplendor á sus hazañas. Los historiadores 
qne han copiado dichas relaciones , no las han 
corregido ni se han pro puesto describir aquellas 
naciones. La mayor parte de las relaciones é 
hisloñas coñTiénen en asegurar^ que casi todas 
las citadas nadones eran antropófagas v y que 
en la guerra usaban de flechas' envenenadas; 
pero uno y otro lo creo falso, puesto que nadie 
¡de las mismas naciones come hoy carne huma- 
na, ni ¿ónoce tal veneno , ni conserva tradición 
de ano ni otro, no obstante de estar en el pie de 
que cuando se descubrió la América, y de que 
en nada han láterado sus otras costumbres an- 
t^as. 

á. Uaímaré nación á cualquiera congrega- 
ción ée indios que tengan el mismo espirita, 
ferfeíÉS y coslumbrte, con idioma propio tan áí- 

« 

ferente de los conocidos pOr alia, como el es^ 
pofiol del üleman. No haré ¿«so de qoe la na- 
ciMa se componga de láuchos ó pocos indivi^ 
dúos; porque esto no es carácter nacional, ^a^ 
)nL certificarme de la diveMidad de idiomas y 
de naciones, me valí de los mismos indios y de 



— Ui — 

españoles que entendían las lenguas AibagOf Pa- 
yagná y otras, ó quehabian tratado con muchas, 
naciones; resultando de sus relaciones, que los 
idiomas que diré ser diferentes» no tienen una 
palabra común, ni pueden los mas escribirse 
con nuestro alfabeto, siendo muchos narígales, 
guturales y en eslremo difíciles. 

4. Todas las naciones son mas ó menos er- 
rantes» sin pasar por lo común al distrito, de 
otras, ni aun al espacio desierto: que media eo- 
tre ellas. Asi cuando se señale elüitío de su ha* 
bitacion, será para hacer conococer el centro 
de su destino. 



5. Tiene idioma muy narigal, gutural y di- 
ferent^d de todos. En tiempo de la conquista cor- 
ría la costa septentrional del rio de la Plata «lies- 
de Maldonado hasta cerca de la boca del rio 
Uruguay^ estendiéndose por los campos oo¡no 
treinta leguas hacia el Norte Yaro, mediando 
un grande desierto hasta encontrar por el Nor- 
te algunas divisiones ó pueblos de iludios Tapes 
ó Guarams. 

6. Los Charrúas mataron á Juan Dia% de 
SoUs, primer descubridor del rio de la Plata, sin 



— U5 — 

eotllerle como dice equivocadamente Lozano, 
Kb. % cap. 1 . Con este hecho principiaron una 
guerra, que aun dura hoy sin haber tenido tre« 
gna, y que ha costado innumerables muertes. 
Desde el principio quisieron los españoles fijar^ 
86 en so país, haciendo algunas obras en la co* 
lonia del Sacramento, luego un fuertecillo y en 
seguida una ciudad en la boca del rio de S. Juan, 
y después otra donde el rio de S. Salvador en- 
tra en el Uruguay. Pero todo lo destruyeron los 
Charrúas, quienes aunque no pudieron embara« 
zar el que los portugueses se fijasen el año de 
1679, en la isla de S. Gabriel y en la costa in**' 
mediata á la colonia del Sacramento^ nunca les 
permitieron salir un paso de sus murallas^ Caa« 
renta y siete añoa después se edificó el fuerte y 
ehidad de Mont»)video» cuyos valientes españo- 
les rempujaron á loe Cbarrtias hacia el Norte á 
costa de mucha sangre. 

7. Poco antes del liltinío año citado^ ester** 
mittaron los Charrúas las dos naciones llaniadaa 
Ymíw y BohaneSf y tal vez habrían practicada 
lo mismo con la de Minuanes, pero hicieron 
aKanza y estrecha amistad con ellos para soste- 
nerse y atacar a los españoles que acababan de 
principiar las obras de Montevideo. luciéronlo 
en efcNKlo muchos con valor y suerte varia, has* 
ta que creciendo mucho los reclutas españoles 
y teniendo un diestro y valiente caudillo , for* 

i9 



— 446 — 

zaron á los Charrúas á alejarse hacia el Nortea 
dejando machos campos libres que poUaroa 
los de Montevideo con dehesas ó estancias de 
ganados, ganándolas y sosteniéndolas á costa 
de mucha sangre. Últimamente una porcioo de 
Charrúas y de Minuanes forzada por los espa- 
ñoles # se ha incorporado á los pueUos mas 
centrales de las Misiones del Uruguay , y otra 
está hoy tranquila en la Reducción de Gaiasta. 
Pero otra porción que hay libre por loá treinta 
y treinta y un grados de latitud , hace la guer- 
ra á sangre y fuego á veces á portt^eses y 
siempre á los españoles ; como que de las parti- 
das que yo enviaba de cincuenta y cien hombres, 
me mataron muchos soldados. 
. 8. El arma de los mas, es una lamsa de 
cuatro varas con la moharra de fierro, com- 
prada a los portugueses cuando. están en pac. 
Otros usan las flechas comunes y cortas que 
Uevan en carcax á la espalda y jamás han co- 
nocido las bolas del niini. 43 como dice Barco, 
Canto 10. Crian yeguas y caballos montando en 
pelo los varones , y usando freno de fierro, st 
lo han podido robar ó comprar: las mngeres 
usan enjalma muy sencilla, y montan con las 
piernas abiertas. A . nadie presta su caballo el 
Charrúa , sino á sus hijos y muger, esto cuando 
tiene machos ; por que si tiene uno solo p le 
monta él ; y hace le siga á pie toda su famir 



— U7 — 

lia y y que Ucve á cuestas todos sus muebles. 
9. Cuando kan resuelto una invasioo, ocul- 
taa hft familias eo algún bosque, y antícipaa 
seis leguas á lo menos algunos ¿omóeros ó es- 
¡doradores bien montados y separados. Estos 
adelantan con suma precaución. Se detienen á 
observar y van siempre echados á la larga so* 
bre los caballos' dejándolos comer para que si 
k» ven se crea que los caballos están sin ginetes. 
Coa esta mira no usan freno , sino que atan la 
flMndíbuIa inferior con una correa , de la que 
salen. dos que sirven de riendas. Como nos 
aventajan mucho en la estension y perspicacia 
de la vista y en el conocimiento de los campos, 
logran observar nbestros pasos sin ser descu- 
biertos. Cuando llegan á una ó dos leguas del 
objeto que quieren atacar, traban sus caballos 
al ponerse el sol , y se aproximan á pie agacha- 
dos y ocukos con el pasto para imponerse bien 
de la casa ó campamento, de sus avenidas y 
avanzadas » centinelas , caballada etc. Los mii^ 
mes reconocimieotos y precauciones usan en 
lodos sus viajes; aun cuando piensan no atacar, 
siguen siempre sus bomberos á los españoles, si 
jos l^y en campaña : de modo que# aunque no 
«e vea un indio , debe el que manda tener por 
cierto que le cuentan todos los pasos , y que 
será atacado si no le preservan sus precaucio- 
nes; cuales son estar quieto de dia y marchar 



— 448 — 

de noche. Ademas debe tener partidas airaa- 
zadas que observen , si el ganado vacano pria- 
cipnlmente el silvestre huye, ó si los cabaUM 
cimarrones atacan en columna , por que sucede 
lo primero cuando se acercan ginetes, y io s&* 
gundo cuando se aparecen caballos mansos con 
pasageros. 

10. Bien impuestos de todo los bomberos^ 
tuelveq á dar el aviso: pero si lian sido desoí* 
biertosy escapan con rumbo opuesto dal que 
trae su gente» y no hay que esperar alca»i 
Carlos por que llevan cabalbs superiores, y ea 
pelo que corren mas que con aparejo. Ueclui la 
relación á su tropa , determinan si les conviene 
mas desviarse de la derrotft.de los españoles^^ ó 
atacarlos. En este casóse re parten :segaa los 
puntos que se proponen , marchando despmk> 
pero en llegando á tiro, gritan dándose pulmii* 
das en la boca , y se arrojan como rayw p ma^ 
tando irremisiblemente cuanto encuentran^ me* 
nos á las mugeres y á los muchachos BieDores 
de como doce años. Los despojo^ son d^l ifm 
los coge por que nada reparten. El que pUU 
mugeres ó niiios, los lleva á su toldo 6 oboHu 
y los. agrega á su familia» para que k sunraOt 
dándoles de comer hasta que se. casan, fintootoe» 
si es muger se va con so marido , y sí es vwnM 
firma familia y casa aparte, quedando Um libre 
6 independiente como sí fuese Chamia^ y es rch 



— 149 — 

|Mltado por tal. Esta libertad y nueva vida aco« 
moda tanto á los cautivos^ que es raro quieran 
volver á estar con sus padres y parientes. A 
66(0 alade Rui Diaz lib. 1 cap. 3 diciendo que 
son humanos con los cautivos. Aunque los ci«* 
tados ataques son poco antes del alba, también 
los hacen de dia si advierten inferioridad , mié* 
do Q mala disposición en el que manda. No ig«- 
Boran el hacer ataques falsos , emboscadas 
oportunas, y fugas fingidas: y como llevan 
ventaja en lo ginete y en los caballos , no se 
les escapa ninguno de los que se separan para 
lniir# ni de los que vuelven la espalda en reti- 
rada. Por fortuna no continúan la victoria , y 
se contentan logrado el primer golpe: de no ser 
asi, quizá las campañas al Norte del rio de la 
Pla^ no estarían aun pobladas de españoles. 
Barco, canto 10, dice falsamente, que desolla- 
ban la cara á los enemigos muertos , y que por 
cada uno se daban una cuchillada* 

11. La esperiencia ha hecho conocer , que 
.es muy bueno cuando acometen , echar pie á 
tierra, y esperar bien unidos delante de los 
.caballos del diestro sin dbparar (ino uno li otro 
Uro de muy cerca. Solo asi respetan las armas 
de fuego , y se retiran después de haber hecho 
algunas morisquetas, porque ^i , la de^arga¡es 
general ^ no dan lugar á segunda > y todo pe- 
rece, QojaUis han derramado los Charrúas hasta 



— 160 — 

hoy. mas sangre española que los ejércittos del 
Tnca y de Motezuma, y sia embargo no Uegan 
en el dia á caatrocíentos varones de armas. 
Para sujetarlos se han despachado machas ve- 
ces mas de mil soldados veteranos ya nniífes ya 
en diferentes cuerpos ; y aunque se les ha dado 
algunos golpesy ellos existen y nos hacen con* 
tinua guerra. Nos llevan muchas ventajiÉs, en 
lo ginete# en la economía, cuidado y descanso 
que procuran á sus caballos; en montar en pelo, 
en no llevar equipaje ni víveres, comiendo lo 
que encuentran , en pasar mas tiempo sm co- 
mer ni beber ; en soportar mejor toda especie 
de fatigas y trabajos, y en no detenerse por 
embarazos de ríos, lagos ni esteros 6 cena- 
gales. Mas no son ni han sido tan veloces ¿ pie 
que pillen á correr los ciervos y avestraces 
como qmere Barco, canto 10. 

12. Regulo la estatura media de los Char- 
rúas una pulgada superior á la española ; pero 
los individuos son mas igualados, derechos y bien 
proporcionados, sin que entre ellos haya un con* 
trabecho ó defectuoso, ni qué peque en gordo 
ni en flaco. Son altivos, sd)erbios y feroces; lle- 
van la cabeza derecha, la frente erguida, y la 
fisonomía despejada. Su color se acerca tanto 
ó mas al negro que al blanco, participando po- 
co de lo rojo. Las facciones de la cara, varoni- 
les y regulares; pero la nariz poco chata y 



— 151 — 

trecha entoe los ojos. Estos algo pequeños, muy 
relocíeatesy n^^ros^ nunca de otro color, ni bien 
abiertos. La vista y el oído doblemente perspica- 
ces que los de los españoles. Los dientes nunca 
les duelen ni se les caen naturalmente aun en la 
edad muy avanzada, y siempre son blancos y bien 
puestos. Las cejas negras y poco vestidas. No 
tienen barbas, ni pelo en otra parte, sino poco 
en el pubis y en el sobaco. Su cabello es muy 
tapido, largo, lacio # grueso, negro , jamas de 
otro color# ni cre^, ni se les cae: soto enca- 
nece a medias en edad muy avanzada. La ma- 
no y pie algo pequeños y mas bien formados 
que los nuestros: el pecho de las mugeres no 
tan abultado como el de otras naciones de in* 
dios. 

t3. No se cortan el cabello, y las mugeres 
le dejan flotar libremrate: pero lo atan los va- 
rones, y los adultos ponen en la ligadura plu- 
mas blancas verticales. Las Charrúas y todas 
las indias que conozco, y aun las nuilatas 4^1 
Paraguay, buscan los piojos y las pulgas con afi- 
ción y gusto, por el que á ellas les resulta de 
tenorios un ratito pataleando en la punta de la 
lengua sacada de la boca, y de comerlos y mas- 
ticarios después. Los varottes no se adornan con 
pinturas ni las mugeres usan sortijas, arracadas 
ni adornos, pero el dia que aparece la primera 
mestruacion , las pintan tres rayas azules ob&> 



— IM — 

curas: la una cae terttcafaneiite por la firaolé 
desde el cabella á la punta de la nariz m§tmv 
do el caballete de esta# y la&. otras doa una al 
través de cada sien. Estas rayas mb faiddebk»} 
porque las ponen picando la piel y poniendo ar^ 
cilla negrizca. A pocos días de hatNsr naekbm 
taron CharrAa, le agagerea la madre el labio hh 
feríor de parte á parte á la raíz de los dienMai 
y en el agujero le íoítrodiice la insignia viril ifoe 
es el Barbóle^ que no se ({uitaen t^daln vida ni 
para dormir, sino para poner otro si se r^mpe^ 
Es na palito de mas de medio' pafano conloa 
líneas ó la sesta parte de una pulgada da gni»« 
so hecho de dos piezas. La una tiene cabeka con» 
mo clafO'; ancha y plana en nn estremo para ^pio 
no pueda salir por el agujero en el cual la>me« 
ten de modo* que la cabeza loque la raíz de loa- 
dientesv y la otra '^stremidad apen* ^{^ 
fneca del labio. La otra pieza aras larga d«l 
Barbote se introduce á fitférza^ y se afbtta tná 
nn agujertlo que tiene la primera en la ponta* 
esterior. 

14. Por aMáflaman tddc^i la casa é habita^ 
cfott del indio sHfestre, y uAdoña al pueblos ó con^ 
jnnto de mncfaoGr toldosw El Charrúa é mas bien 
su muger, corta tres ó cnatro' varas Tenies^ pebtf 
mas grueso qde d dedo pulgar, y lae dobla ola*^ 
vando entrambas^ pmrtas en tiérra« SdM^ esto# 
arcos apartados imo» de otros^ tiende nn» piel 



^ Í55 — 

de iraca f y queda hech^ la casa ó toldo para 
no matrímoDto y ^aoos hijoB; pero sí estos no 
cabeof hacen al lado otro. Entran como los co- 
BejoB y dnermen boca arriba sin almohada, co- 
mo todo indio silvestre, sobre una piel. Es ocio- 
so decir qne no CK>oocea sílla((| mesas* etc., y 
que sos mudi>les son casi ningunos: Jiacen la 
cocina ibera de casa. 

15* Nadie cubre la cabeza y los varones 
van totalmente desnudos sin ocultar nada; pero 
para abrigaise cuando hace mucho .frío , suelen 
tener ima camiseta muy estrecha de pieles sin 
. mangas ni cuello, que no siepipre llega á cubrir 
1 el sexo. Los que eá la guerra han pillado un 
Pomoho 6 sombrero se sirven de este contra el 
sol mny ardiente y de aquel en wz de la cs^mi- 
seta« El Poncho es un pedazo dei t^la muy or* 
dinario de luá, ancho como siete p^lmqs , lar- 
go diez con una raja en medio pqr la que sacan 
la cabeza. Las mugeres no hilan , quiítás porque 
8U pais no produce- dgodouj ni crian ovejas. Se 
envuelven ep el citado Poncho , ó se pQQ^i) uni| 
camisa sin mangas de lienzo ordinario de algo- 
don , cuando sus maridos ó padres )a hap pofli- 
do adquirir ó robar, iamis lávsn su vestido, 
ni las manos ni cara; pero se bañan algui)^ vez 
coando^baq» calor. Nunca barren el hoióo; son 
muy puercas, huelen mify mal y tambbn sus 
casas. 

20 



i/ 



{ 



~ 154 — 

16. Nada cultivan , ni comea sino dgm 
animal y yacas silvestres. Las mogwesaniBUiy 
desarman los toldos, y hacen la cocina que se 
reduce al asado. Para esto ensartan la carne en 
un palo, cuya punta clavan en tierra de modo 
que quede algo inclinado: asi le arriman. el fue- 
go , y cuando notan que la carne está asada de 
uu lado, dan vuelta al palo para que se ase del 
otro. A un mismo tiempo ponen muchos asado- 
res, y cualquiera de la familia qoe tiene gua 
saca uno sin avisar á nadie , le clava en tierra 
aparte y come sentado en sus talones. Aon cuan- 
do se congregan padres é hijos , nadie habla 
mientras comen, ni beben hasta haber comido. 

1 7. No tienen juegos , bailes , cantares ni 
instrumentos músicos , tertulias ni conveisacio- 
nes ociosas; y les es tan desconocida lá amistad 
particular ^ como qoe nunca se avienen des pan 
cazar, ni para otra cosa que para k oooran 
defensa. Su semblante es tnaiterable # y tan S^r- 
mal que jamás mani6esta las pasiones del áiii» 
mo. Su risa se limita á separar un poco los án- 
gulos de la boca , sin dar la menor carcajada* 
La voz nunca es gruesa ni sonora, y hablan 
siempre muy bajo , sin gritar aun para quejar- 
se si los matan : de manera que si camina unos 
diez pasos ddante , no le llama el que le nece- 
sita, sino que va á alcanzarle. 

18. No hay un Charrúa ni de otra nación 



— 155 — 

celibato , y se casan luego que advierten la ne- 
cesidad de este enlace. Como son silenciosos 
y no conocen riquezas « gerarquias , bailes, lujo, 
adornos ni otras cosas que entran en la galan- 
tería , los negocios del amor se determinan en- . 
tre ellos cuasi con la frialdad que entre noso- l/( 
Iros el ir á la comedia. Se reduce , pues el ma- 
trimonio á pedir la novia á sus padres, y á 
llevársela con su beneplácito , por que nunca 
se niega la muger á esto, y se casa siempre con 
el primero que la pide, aunque sea feo ó viejo 
el pretendiente* 

19. En el momento que un soltero se casa^ 
forma familia aparte y trabaja para alimentar- 
la , porque hasta entonces vive á espensas de 1 
padre , sin hacer nada ni ir á la guerra. Lapo- 
figamia es pennitida# pero muy raro el que dos 
hombres se avengan con una muger; y las mu- 
chas mugeres dejan al polígamo luego que en- 
cuentran marido con quien estar solas. Tam- 
bién es libre el divorcio, mas se verifica rara 
vez si hay hijos. La resulta del adulterio es dar 
el agraviado algunas puñadas ó cachetes á los 
cómplices si los pilla in firaganli ; y aun esto 
cuando es celoso el marido, que es cosa poco ¡ / 
común. Nada mandan, enseñan ni prohiben 9^ 
sus hijos , ni estos respetan ni obedecen á los 
padres sino en lo que quieren , haciendo siem- 
pre lo que les dá la gana sin respeto ni suje- 



— 456 — 

cien. A los huérfanos > cuando los hay los 

ge algún pariente , ó algún indio roas compasí' 

vo que los otros. 

20. Los varones icabezas de famHta se jan- 
tan todos los <JUas al anochecer y formando cir- 
culo sentados en sus talones , para convenirse 
en las centinelas que han de apostar y vigilar 
aquella noche 9 porque nunca las omiten, aira 
cuando nada teman. Dan cuenta alli de si en lo 
que han caminado aquel dia han descubierto 
indicio de enemigos , y haée cada uno relación 
de los campos adonde irá á cazar ó á paseara 
^el dia siguiente para deducir quien le ocasionó 
la muerte ü otra desgracia si le sucede. Si al- 
guno forma un proyecto común como mudar á 
otra parte la tdderia » atacar á otra nación ó 
defenderse de ella , lo propone. La asamblea 
delibera, y verifican la idea los que la aproe** 
ban, sin asistir los que no aprobarcm , y muchas 
veces tampoco algunos de los aprobantes > los 
cuales no incurren en pena ni están obligados 
á cumplir lo que ofrecieron. Las partes initere* 
sadas componen las difer^icias particulares que 
rara vez les ocurren ^ sin que nadie se en^o^ 
meta en ellas. Pero si no se avienen, se acome* 
ten á puñadas ensangrentándose las narices y 
alguna vez arrancándose ó rompiendo alguo 
diente f hasta que cansados vuelve el uno la 
espalda, y nadie habla mas del negocio. £a 



— 457 — 

estas cosas nunca intervienen artnas tai he vis- 
to ni oido que un Chamia ni otro iúdio silves- 
tre haya muerto a otro de su misma nación 
por ningún motivo. 

21. Aunque las mugeres y los hijos de fa« 
mXa solo beban agua# los varones cabezas de 
£unilia se emborrachan siemfNre que pueden con 
agnardiente , y en su defecto con Clucha que 
preparan desliendo miel en agua y dejándola 
fermentar. No he notado ni sé que padezcan 
enfermedad particular ni la de gálico y creo que 
viven auA mas que nosotros. Tienen sin embar^ 
go sus médicos que á toda especie, de enferme^ 
dad aplican el ñoismo remedio , que es chupar 
con mucha fuerza el estómago deA paciente, 
persuadiendo que asi estraen los males para que 
les gratifiquen. 

2^. Guando muere alguno » le llevan al ce- 
menterio connm, 'que tienen en un cerríto» y le 
enti^ratt» matando sobre el sepulcro su caballo 
de combate (que es lo que mas aprecian) si asi 
lo ha dejado dispuesto, que es lo cotnub. La 
femilia y parientes lloran, ó mas bien gritan 
por los difuntos^ y les hacen un duelo bien 
singular y cruel. Si el muerto es padre, marido 
6 hermano que haga cabeza de Csunilia , se cor- 
tan las hijas, la viuda y las hermanas casadas 
on artejo ó coyuntura por cada difunto, prin- 
4^Hando por el^doohiooónieñique: se clavan 



— 188 — 

ademas el cochillo ó lanza del muerto repeti- 
das veces de parte á parte por los brazos y por 
los pechos y costados de medio cuerpo arriba. 
A esto agregaa estar dos lunas triste^ y ocul- 
tas en sti casa comiendo poco. Barco, canto 10. 
dice que se cortan un dedo por cada pariente 
muerto» pero es como yo digo. 

23. El marido no hace duelo por muerte 
de su muger, ni el padre por la de sus hijos; 
pero sí estos son adultos cuando fallece su pa- 
dre # están desnudos ocultos dos días en casa 
comiendo poco» y esto ha de ser Yuambu ó per- 
diz ó sus huevos. La tarde segunda de este en- 
tierro , les atraviesa otro indio de parte á parte 
la carne que puede pillar , pellizcando el brazo 
con un pedazo de caña larga un palmo , de mo- 
do que los estremos de la caña salgan igual- 
mente por ambos lados. La primera cana se 
clava en la muñeca , y se pone otra á cada pul- 
gada de distancia siguiendo lo esterior del brazo 
hasta la espalda y por esta. Las cañas son as- 
tillas de dos ó cuatro lineas de anchura sin dis- 
minución sino en la punta que entra. En esta 
miserable y espantosa dll||MÍcion se va solo y 
desnudo al bosque ó á una loma ó altura , lle- 
vando un garrote punteagudo con el cual y ;coq 
las manos escava un pozo que le llegue al pe- 
cho. Eoél pasa de pies el resto de la noche, y 
á la mañana se va á un toldo ó casa , que siem- 



— 189 — 

pre tienen preparado para los dedientes , donde 
se quita las cañas y se echa dos dias sin comer 
ni beber. Al siguiente y en los dias sucesivos 
hasta diez ó doce, le llevan los muchachos de 
su nación agua y algunas perdices , y sus huevos 
yai cocidos , y se los dejan cerca retirándose 
sin hablarle. No tienen obligación de hacer tan 
bárbaras demostraciones de sentimiento , y me- 
nos ellos que quizás miran con indiferencia la 
falta de los que mueren , sin embargo rara vez 
las dejan de practicar* El que las omite en el 
todo ó en parte , se reputa por flojo, pero esta 
opinión no le causa pena ni perjuicio en la so- 
ciedad con sus camaradas. 

24. Los que se figuran que ninguno obra 
sin motivo , y pretenden averiguar el por qué 
de todo, pueden ejercitar su sagacidad , discur- 
riendo de donde sacaron los Qiarrdas y otras 
naciones la idea de unos duelos tan estravagan- 
tes y crueles por los padres, maridos y herma- 
nos, á quienes se nota poco que amen ni res- 
peten cuando viven. 



25. Cuando descubrieron los españoles el 
rio de la Plala# vivian los Tarós de la pesca y 



— 160 -- 

caza en la costa' oriental ^el rio ^nigaay entra 
los ríos Negro y S. Salvador internándose poco 
en los campos rasos, j sin acercarse á los que 
corrían los Chamias. Son tan escasas las no- 
ticias de esta pación, que apenas se comprende 
qué tenia idioma diferente de todos; que nsaba 
en la guerra garrotes,^ dardos y las flechas qae 
se describirán en el nüm« 60 , y qne era snnia* 
níente diminuta» no componieiMlo apenas den 
familias. Sin embargo tuvieron valor para aoo* 
meter' y matar algunos españole^ con sq capí* 
tan Juan Albarez^ y RAmon pripaer <jle8cubridor 
del rio Uruguay, j^n ei siglo XYI fueron estéis 
minados los Tarós por los Charrúas j pero estos 
conservaron ^ segun^ acostumbraban los indios 
sil^estrep á las mugei^eB y muchiiolios que están 

hoy mezclados ^in poderse djstbguir; •< * 

« f • 

• ' ' I '* . 



I (i ¡I . 




26. Son aun mas escasas las noticias de 
esta nación que de la precedente con quien 
confinaba. To la creo menos numerosa^ y que 
tenia idioma diferente dé todas. Habitaba la 
costa oriental del río Uruguay al norte de los 
Tarós: vívia como estos, y bna parle de ella 
creo fué conducida al Paraguay por los espa« 



— 161 — 

iolés que desMipararfrn a S. Salvador, y el res- 
to teteminadp |><^ los Cbarriias cuando los Yar 
fós y por el misino tiempo. 

* 



?.» 



W. Al arribo áe \o^ primeros españoles» 
kaMiabdunaoacfon en las islas del rio Uruguay 
eiifeeHtedeia boca áá no P(egrOy y cuando des-r 
poblaron los españoles la ciudad de S^ Salvador,^ 
pasaron los Chañas á establecerse en la costa 
oriental del mismo Uruguay noy debajo de la 
boca d^ rió de S. Salvador. Acosador íespues 
por los Charrúas, volvieron a sus islas, fijándo- 
se príncipahoiente en la llamada de los Vizcai- 
ilos¿ ^Vet& temienáo padecer ' lAi^^téi4iini6 úe 
]tí5tki^yfkMvíBe&ff^é^ 
fOh lefih I6» españolé» 'de^^BilMós^A4r¥é/1^ 
fCMdiMefl/ ofrMímdé ser tfriitíMiOBl'^Etí: efecto^ 
el'^bemtidoé de dická^ dbáád lb§^ sbte <db' Ía$ 
isl£, íes Ibrmé e( pttebl«¡ dé ^mié^ Dotoiiigo^ 
ScMhÚ, y jes^dió uuá guftrdS^* jdcjátodertéis t^^^ 
tfM la itafefua libertad que ' tetiidil' lod españoles' 
9^1 mif^tio^Á encomiendas iri ál goi^erna eh 
tomúiUkKt. De cMé ka resAltéídó Tiá(tírüTmetíte< 

m 

que estos indios han vivido conten toé/ y ijuel ná 

hsBSk €¡f ilteddo á la par de lo» e^ñótes / per- 
al 



diendo su idioma, costnoibres, ete* y mesdán- 
dose con los españoles, de modo (peicaat todos 
pasan hoy por Uiles. Existen sin embargo díganos 
Chañas, y entre ellos uno de mas de cien anos. 
Por lo que este y otros cuentan, y por algunos 
papeles antiguos se sabe que su nadon apenas 
componía cien familias» que tenian idioma di- 
ferente de todos, que usaban canoas y vivían 
dfi la nesca. v one no ceden á los Ghair^ML^B 



la estatura y proporciones. Se ignoran 

guas costumbres, porque los viejosvna d ft g t» . dg 

padres ya cristianos. ^ • i •. 

■ • • » ■ 






28. En tiempo del . de^qipl^ov^nt^^ $ ivim 
esta nación en los campos del Iforte/d^H^ jñfcr«r 
nii sin apartarse. jde ^te rio sino como ^tp^t» 
leguas, y estendíéadOBe 4o9de 4(^Ad« el Uruguay 
sejuntaal.citadpriO:basjta enfrente de la;x»tt« 
dad de Santa Fé de la Yer^-Cruz. Piar el ib** 
diodia coo£flj8á>a coDJo» Guaranís ^ue habita* 
han las islas del Paraná : por el. Norte lenia 
grandes desíertosi^ y.pQr q1 Levante mediaba di* 
cho Uruguay entre k>8 Miauanes y las naciones 
ya descritas. 
. 29. Se equivocan Barco canto 24 y Lom^ 



— 163 — 

na^ lib. 3, cap. 1 1 # dicieodo qae nada valíany 
pMs malaroo á Juan de Garay famoso capilao 
y á machos que le acompañaban. Cuando ios 
Charrifais se internaron acia el Norte, ajustaroa 
eof^ ellos la mas estrecha alianza y amistad vi- 
viendo juntos muchas temporadas , pasando y 
repasando el rio Uruguay y acometiendo acor^ 
dM á los españoles de Montevideo y sus cam« 
pañas. De aqui ha nacido el confundirlos co- 
munmente llamándolos indiferentemente yaCha- 
nias ya Minuanes. En el dia se separan rara 
vez, y es igual su situación como lo son sus^ar- 
maSy caballos, color, facciones, ojos» vista, oido, 
dientes, pelo, vello, carecer de barba, mano, 
pie , seriedad , no reir, hablar poco y bajo, no 
gritar ni quejarse» voz y ninguna limpieza. Lo 
son también en la igualdad sin clases» en vesti- 
dos, muebles, casas, casamientos, no cultivar» 
borracheras, modo de comer, precauciones, en 
no adornarse ni servir uno á otro # y en tener 
lugar destinado para enterrar los muertos. 

90. I jO mismo digo de obsequios» leyes, pre- 
mios, castigos, honor, amistad particubr, hei* 
les, cantares, músicas, juegos y tertulias. Iguala 
mente se juntan en la asamblea al anochecer, 
y terminan sus diferencias particulares á puna- 
das. Se diferencian principalmente de los Char- 
rúas en que no son tan numerosos» en su idioma 
diferente de todos, en parecerme una pulgada 



— 104 — 

isas ba jo6y mas descarnados, tristes y sombrioa; 
y meaos espirituales , activos^ sobervioa y po« 
derososy y que el pecho de las tnugeres parece 
loas abultado que el de las Cbamias. Ademas 
la poligamia y divorcio parecen mas raros. IIíí» 
nen de muy singular el que los padres soi6(StaK 
dan de los hijos hasta desmamarlos. Entonces 
los entrengan á algún parjente casado ó casa* 
da, sin volverlos á admitir en su casa ni tratar» 
los como hijos. 

31. £n la primera menstruación se pintan 
hoy las mozuelas como las Charrúas , aunque 
algunas omiten las rayas de las sienes^ siguió 
do en esto su antigua costumbre. A los niños 
les pintan tres rayas azules indelebles de una 
mejilla á la otra cortando la nariz por enmedio: 
machos adultos se pintan postizamente las qui- 
jadas de blanco; pero muchos varones omiten 
toda pintara imitando en esto á los Gharrúas 
desde que viven juntos. También los imitan en 
el modo de curar los enfermos; pero difieren 
porque no todos los médicos son varones, mez- 
clándose en esta farándula algunas rougeres mas 
ó menos viejas. Estas ejercitan toda su habili* 
dad en persuadir á los viudos y solteros , prtn* 
eipalmente que tienen en su arbitrio la vida y 
la muerte, y metiéndolos miedo consiguen que 
algUQO se case con ellas. 

32. Por la muerte del marido se corla la 



^ fes — 

nrager una coyuntura de nti dedo. Corta tam* 
bmi la punta de su cabellera , Be tapa el rostro 
con la misma , cubre el pecho con una piel ó 
trapo 9 6 con su mismo vestido, y está oculta 
en casa algunos dias. El mismo duelo hacen 
las hijas adultas por la muerte del que las crió 
en sus casas; pero no por su verdadero padre. 
El duelo de los varones solo dura la mitad del 
tiempo que entre los Charrúas , y es el descri- 
to en el niSm. 23; pero en vez de pasarse las 
cañas, se atraviesan una espina gruesa de pes- 
cado, metiéndola y sacándola, como quien cose, 
por las piernas y muslos interior y esteriormen- 
te, y también desde la muñeca al codo. 

33. El padre Jesuíta Francisco Garcia, in- 
tentó formar sobre el rio Tbicui, la doctrina ó 
pueblo de Jesús Haría fijando á los Minuaues; 
pero estos volvieron á su vida errante y libre» 
menos muy pocos que se pudieron agregar al 
pueblo Guaraní llamado S. Borja. La suerte 
posterior de algunos Minuanes se ha visto en 
el nüm. 7. 



31. Asi llaman los españoles á esta nación 
porque vive errante en las Pampas ó grandes 



— 166 — 

llanuras entre los treinta seis y treinta y nue- 
ve grados de latitud y pero los conquistadores 
del país los llamaron Querandis. Ellos mismos 
se llaman Puelches, y aun de otros modos, por 
que cada trozo de su nación lleva su nombre. 
Cuando arribaron los primeros españoles ^ ha- 
bitaban por la costa austral del rio de la Pla- 
ta enfrente de los Charrúas, sin comunicar con 
ellos y porque no tenían embarcaciones. Solo 
tenian indios inmediatos á los Guaranis del 
Monte grande , y del Valle de Santiago que les 
caían al Poniente , y se llaman hoy S. Isidro y 
las Conchas. 

35. Disputó esta nación con admirable 
constancia y valor el ten*eno á los fundadores 
de Buenos- Aires y forzándoles á abandonar la 
empresa y el sitio. Pero habiendo vuelto á 
fundar segunda vez la misma ciudad , cuarenta 
y cinco años después , otros españoles bien 
provistos de caballos , no pudieron resistirles 
los Pampas» que aun no los montaban. Enton- 
ces se retiraron bacía el Mediodía viviendo de 
la caza de tatus, liebres, ciervos, avestruces etc. 
Poco después se multiplicaron y estendieron 
mucho los caballos silvestres; los Pampas prin- 
cipiaron á pillar algunos y á comerlos. Las va- 
cas se llevaron mucho después y aun tardaron 
en hacerse silvestres ; y como los Pampas es- 
taban ya bien surtidos de alimentos con los ca- 



— 167 — 

ballos y la citada caza silvestre y no mataban 
las vacas para comer y ni aun hoy las comen, 
sino á los caballos. Asi el ganado vacuno no 
encontró dificultad para procrear y estenderse 
á lo menos hasta el rio Negro á los cuarenta y 
on grados de latitud, y de Levante á Poniente, 
desde la mar hasta las faldas orientales de la 
cordillera de Chile > habitadas por diferen*' 
tes naciones de indios silvestres^ Estos lúe- 
gp que vieron aparecer las vacas en su país, 
principiaron á comerlas, y a vender las so* 
brantes á los famosos araucanos y á otros in- 
dios. 

36. Aá se apocaron las vacas hacia aque- 
Hos logares; la%que restaban, viéndose perse- 
goidas, corrieron hacia el Oriente concentran- 
dose enel pais que corrían los Pampas, que 
no las incomodaban. Los indios , que se ha di- 
cho que comían y vendían las vacas , las fueron 
sigqiendo haciendo amistad ton los Pampias, 
que ya tenian buenos y abundantes caballos. 
Entonces todos juntos acopiaban muchos caba- 
líos y vacas, y los iban á vender á otros indios 
y á los españoles de Chile, pasándolos junto á 
la Yillarica destruida, donde k cordillera de 
Chile se interrumpe repentinamente dejando 
m paso llano y ancho una mill^. Los españoles 
de las ciudades de Córdoba , Mendoza y Bue- 
QOSrAires también hicieron muchos destrozos 



-* 168 -^ 

en los mismos groados Tacunoi» paca veoder 

sus pieles y sebo, 

37. Asi se esterrAínaron las vacas silvestic» 
de aquellas partes; y como los Pampas y demáa 
naciones coligadas las echaban meaos para ooti«* 
tinuar el comercio de ellas ^ prínciptaroi^ tules 
de la mitad dol siglo áiez y ocho ^ á robaf el gak» 
nado vacuno manso. qtie teniaa en sus dehesas 
6 estancias los ^^pañoles de. Pueínos* Aires y sa 
distrito, No se Umitaban á robar ^ stno quegos- 
mabaii las casas (ampesthís y malabaa á los 
roñes adultos cooservando las mugeres y 
para tratarlos según se dijo en el niim. 10» 

38. Con estas hostilidades, lograríkn los ci- 
tados indios asolar aquellas campañaa^ jca^ 
tar no solo el camíao que vaide Bu^nos^^Aíres 
al Penif sino también el de carreta^ ifi^'.ibaá 
Chile por la VilUirica según dije en elttini« 36« 
Fiqalmente pusieron taato miedp ¿la cindfidde 
Buenos-Aires y qiie; |a precisaron á ctibrir su 
frontera con once lluertes gu^rnec^doi» ide ar- 
tilleria y de setecientos veteranos de cabaUeria, 
sin contar las miKcja^. Lp misanD hsua hecho las 
ciudades de Córdoba. y Mendow^ que padeciai» 
lo mismo de psúrte de dichos indios. £s cierto 
que en esta guerra intervinieron varias nac¡o« 
nes coligadas , pero sien^^e los Pampas eutM^ 
roa en liga como parte principal, y sn valor 
puede colegirse del caso sigoienle; Habiendo 



— 169 — 

mrpreadtdo á cinco Pampas » los quisieron lie- 
tar á España y los embarcaron en un navio de 
guerra de setenta y cuatro cañones. Al quinto 
día de feliz navegación^ dispuso el capitán sacar- 
los del cepo , dándoles libertad de pasearse por 
el navio: ellos resolvieron de repente apode*- 
rarse del buque matando á toda la tripulación. 
Para esto se hizo uno el distraido para acer- 
carse á ontabo de escuadra; repentinamente 
le pilló el sable y y mató en pocos momentos á 
dos pilotos y catorce marineros; pero no pu- 
diendo mas se arrojó á la mar. Sus compañeros 
hideron lo mismo después de haber intentado 
apoderarse de las armas , que la guardia defen* 
dio sin dejárselas tomar. Los Padres Jesuitas 
principiaron una reducción ú los Pampas cerca 
del arroyo Salado, y otra en el cerrito llamado 
impropiamente del Volcan, pero nada ade- 
lantaron ni existen hoy. 

39. Hace como trece años que los Pampas 
hideron la paz con los españoles : sin embargo 
me siguieron contándome los pasos sin presen- 
társeme cnando anduve reconociendo su pais. 
Gnopran 6 permutan con los indios de la 
costa patagónica y con otros que los caen al 
Sor y plomas de avestruz y mantas de pieles; f 
de los indios de la cordillera de Chite , gergas 
y pondios de lana. Ló dicho y otros artículos 
propios f como son bolas, lazos* pieles, sal etc. 

33 



— no — 
lo conducen los Pampas y lo venden ó permo- 
tan en Buenos- Aires por dinero y mejor por 
aguardiente I azúcar, dulces» yerba del Para- 
guay , higos secos» pasas, sombreros, espuelas, 
frenos, cuchillos etc. Aunque entre los indios 
que hacen este comercio hay muchos^ que no 
son Pampas r procuran uniformarse en lo este- 
rtor y dicen siempre que lo son : asi no será 
estraño si algo de lo que digo po» informes y 
por lo que he podido observar en lo que iie 
visto en Buenos- Aires, pertenece á otras na- 
ciones. 

40. To regulo que los Pampas compondrán 
unos cuatrocientos guerreros ó familia^: sn idio- 
' ma es diferente de todos y puede escribirse om 
nuestro alfabeto, pues no le he notado narigai 
ni gutural. Me parece ademas que su voz es mas 
sonora y entera « y que hablan mas unos- con 
otros. Verdad es que también hablan bajo en 
k conversación, pero cuando su cacique echa 
su arenga al virrey español, habla él mismo, y 
mas comunmente el orador que lleva, csfor^ 
zando mucho la voz, haciendo una corta pansa 
á cada tres ó cuatro palabras, y cargándose may 
reparablemente en la última silaba, al modo de 
los militaren cuando mandan el ejercicio. EMh 
geto de tales arengas es asegurar la paz, y pe- 
dir que les den el regalo acostumbrado, qne 
es al cacique, casaca azul, con vueltas y chi^ 



— 474 — 

eacamadas), y un sombrero y bastón de puño 
defdata. Mo quieren camisa^ calzones nicaizado, 
porqae dicen que les dan mucha sujeción: á 
los demás se les dá aguardiente y alguna friole- 
ra. Creo que su estatura pasa á la española^ jl^e 
pareceque su totalidad no solo es mas membru- 
da que la de todos los demás indios, sino tam- 
bién que su cabeza es mas redonda y gruesa, la 
cam mías grande y severa, los brazos mas cor- 
tos, y el color algo menos obscuro. No se pin- 
tan, ni cortan el cabello : los varones levantan 
todas las puntas arriba , sujetándolas con una 
correa ó cuerda que ciñe la cabeza por la fren- 
te. Laa mugeres dividen el pelo en dos parles 
¡goales, una en cada costado» haciendo una muy 
graesa, larga y apretada coleta con una cinta ó 
eerrea, de modo que parece llevan un cuerno 
fiebre cada oreja, que cae á lo largo de cada / 
braao. No solo se peinan y lavan, y son las mas I {/ 
aseadas entre aquellas naciones, sino también /' 
ne parecen las mas vanas, altivas y menos con- 
descendientes. 

41. No se pintan las mugeres: usan colla- 
res, pendientes y muchas sortijas de poco va- 
ler*. Dicen que en sus toldos ó casas uo están 
OMy tapadas, pero para entrar en Buenos-Aires 
■e ocultan con el poncho sin descubrir el pecho, 
ni otra cosa que la cara y manos: las casadas con | ^ 
isilios ricos .y sus hijos> se adornan mas y con 



— «a — 

mejores prendas; eoseo ea no pim^a ó 
diez ó doce planchas de cobre delgadas, redon- 
das de tres á seis pulgadas de diámelro, á ¡gal- 
les distancias unas de otras. Las niísinas Uetan 
botas de piel muy delgada claveteadas de ta- 
chuelas de cobre de cabeza cónica y ancha en 
su base como media pulgada* Montan como les 
hombres lo mismo que toda india, pero las Pan* 
pas ricas llevan las correas d^. la cabezada »del 
caballo cubiertas de planchuelas de plata y h)& 
estribos y espuelas de este metal. Sus maridos 
y padres usan los mismos jaeces de caballo, y 
aunque cuando corren el campo van totalme»» 
te desnudos^ tienen sombreros, chupa ó chamar* 
ra y poncho con que se abrigan cuando haee 
frío y cuando entran en Buenos^Aires: ademas 
se envuelven la cintura con una gerga que btn 
ja hasta la rodilla. En ninguna otra naeíoQ sü- 
vestre he notado esta desigualdad en riqoezasy 
ni semejante lujo en vestidos y adornos ; peio 
creo que en esto son lo mismo los Aucas áknur. 
canos y otros que se indicarán en el iidm. 4S. 
Quizás se distinguen en lo dícho,^ porque son las 
linícas naciones comerciantes. 

42. Aunque ios caciques ó capitanes Pam* 
pas heredan de su padre este empleo ó digm* 
dad, la pierden también si los indios encnenF» 
tran otro que les dé pruebas de mayor taiento^ 
astucia y corage. Por esto suelen hacer lo qm 



— 113 — 

el mciqíie les prqK)ne rehtivo á sn segwidad^ 
sm sufrir jamás que exija de ellos servicio ni 
tribuid ^uno, ni que 1m mande , reprenda ni 
castigue. Cada cacicpe vive aparte con los que 
le reeonocen^ y á este conjunto del cacique j 
su geoté, Uamaii parcialidad de indios^ aunque a 
veces se compone de dos ó mas caciques y sus 
gentes. Se separan hasta cincuenta y mas le-^ 
gnas^los de 1» misma nación; pero se visitan á^. 
tanto en tanto^ y se juntan para hacer la guer*- 
ra y para lo que es cosa común. Por el nume-^ 
ro y fiMrma de tos humos que hacen» se avisan 
el día y parage donde se han de juntar si hay 
enemigos» y en que lugar etc. Para hacer sa 
fokb ó casa, clavan en tierra, apartados co* 
mo seis palmos y en lánea, tres. |)alos como la 
maaeca; el del medio largo como diez palmos, 
los otMS menos, y todos con horquilla en la pun- 
ta« A distancia de cuatro a seis varas clavan» 
otros tres palos idénticos ; de estos a aquelbs 
ponen en ks horquillas tres cañas ó palos ho« 
rieontales y sobre estos tienden pieles de caba* 
Uo: esta es la casa para una familia; pero sí: 
tienen, frioi acomodan otras pieles verticales ea 
los: costados. Tengo entendido que los casados. 
se aman^mas que entre otnas nactones, y que; 
manifiestan mas. temara, por sus hijos, aunque 
ea nada los instruyen^ y lo^alimentan hasta (p» 
ae casim< Forlademas nada cultivan^ trabaíafi^ 



— 174 — 

hilan ni tejen: se casan y se emborrach»» ooeio 
los Charrúas, 

43. No asan arcos ni flechas, y aunque :d- 
gunas relaciones dicen que antiguamente las 
usaban, no dudo que se equivocan creyendo qne 
eran suyas las de los Guarants que , aJiados con 
los Pampas, hicieron la guerra á los eonqiústa- 
dores; por que ninguna nación de aqueUbs lia 
abandonado sus antiguas costumbres ni su ar- 
mamento, no obstante que desde que tien^i 
caballos usan la lanza , sin olvidar sos flecba& 
Como quiera usaban antiguamente de unaespe» 
cié de lanza Ó dardo hecha de palo puntiagudo, 
con que herían de cerca , y aun de lejos arro- 
jándolo : hoy usan de la lanza á caballo , y tam- 
bién de las bolas que usaban sus antepasados. 
Esta es una arma tan temible coibo bs tie file» 
go y que quizás se adoptaria en Europa si la 
conociesen. Es en dos maneras, la una sontres' 
piedras redondas eomo el puno, forradas sepa«' 
radamehte con piel de vaca ó caballo., y umdas 
las tres á un punto ó centro común por cordo-^' 
nes de piel gruesos como el dedo , y largos cin- 
co palmos. Toman con la mano la una » que es 
algo menor, y haciendo girar las dos restantes 
sobre la cabeza hasta tomar violencia , despiden 
las tres, llevando su caballo á toda carrera, ¿ 
mas de cien pasos, y matan del golpe!ó he en** 
redan en las piernas, cuello ó cuerpo dd hom- 



— 178 — 

bro 6 anunal sin permitirle eacaape ni defensa. 
44. La otra manera de Bolas >. que llaman 
Bota perdida- no es mas que una gruesa como 
las citadas I pero si son de cobre como las llevan 
mochos Pampas, son mucho menores. También 
la forran en piel de caballo « pero sale del forro 
ana correa ó cordón de cinco palmos cuya pun- 
ta toman para hacer girar la bola con violencia 
y dar el gdpe mortal sin soltarla^ si el obgeto 
está inmediato. Si está de ciento y cincuenta á 
doscientos pasos distante sueltan la bda perdi« 
da con la violencia que la da el girar del brazo, 
y la carrera del caballo. Los Pampas llevan 
siempre muchas de unas y otras bolas á la guer- 
ra^ y son diestrísimos en manejarlas, por que 
diariamente se ejercitan en pillar caballos y 
otros animales silvestres. Con ellas, usándolas 
AfiOf mataron en una batalla á muchos espa- 
Dcdes; entre estos á D. Diego de Mendoza her- 
mano del fundador de Buenos Aires, y á otros 
noete esfomdos capitanes : yo preferiría man- 
dar á «na caballería provista de . Bolas# contra 
otra armada de espadas , ó pistolas y corazas. 
Atando mechones de paja encendidos alas cuer- 
das de las Bolas perdidas, legaron los Pampas 
incendiar algunas embarcaciones y muchas ca- 
sas cuando se fundó Buenos Aires. Por lo de- 
mas su modo de hacer la guerra es como el de 
los Chamias descrito en los niiineros 9 y 10, 



— ITC — 

pero conosa pa» es mas llano, sia bosques, ni 
ríos, llenen poco Ingar las emboscadas. En cban* 
to á su resuelto valor> d^treza y bUdaosodiNiIiM 
nadie les aventaja. 



45. Hacía la parte del Poniente de los Pam- 
pas viven los Aucas y otras naciones de indios 
silvestres , á quienes dan diferentes nombres en 
la firontera de la ciudad de Mendoza , las ouaies 
vinieron del Occidente á establecerse alli por el 
motivo citado en el núm . 36. Ellas han sido la 
causa de haberse abandonado el canuno de car- 
retas que iba d<^ Buenos Aires á Chile , por que 
se han fijado en el mismo camino» Los Ancas 
son de una división ó paráaUiad dolos femotoa 
Aitáucanos de Chile. To no los he viito bi tam- 
poco á las demás citadas naciones^ y asi hablaré 
poco de ellas , y esto por noticias agenas ó ffMB 
me han dado. Todas son mas diminutas ó mas 
que los Pampas errantes, y usan idtomasto- 
talmente diferentes. A veces se onen oon dichas 
Pampas; juntos han hecho la guerra á Bnenoa 
Aires y han esterminado los ganados según se 
dijo en los números 35 y ^gpiehtes. Algunas da 
esta^jiaciones vana rec<^er la cosecha de man^ 



— 177 — 

canas sÜTestres en las cercanías del río Negro 
de la costa patagónica y como treinta ó cuarenta 
lagnas al Poniente de donde se le junta el rio 
Diamante. Las citadas naciones cultivan poco^ 
pero crían algunos Tacas, caballos y ovejas: de 
su lana tejen gei^as y ponchos y las permnlan 
con los Pampas # quienes las llevan á vender en 
Buenos Aires. Por lo demás parece que en todo 
se asemejan á dichos Pampas y á todos los re- 
puto de la clase de indomables , como lo ha he* 
cho ver la esperiencia en los Aucas ó Arau- 
canos. 



46. Entre los cnarenta y un grados de la-* 
titody el estrecho de Magallanes , desde la cos- 
ta patagónica a la cordillera de Chile y habitan 
errantes al Sur de los Pampas , varías naciones^ 
Hias silvestres que los del numero 35. Algunas, 
veces 66 adelantan hacia el Norte, y pasando los 
ríos Negro y C(4orado , pennutan sus pieles y 
plnoM» de avestruz con los Pampas ^ y también 
se han soHdo combinar con dios para hacer 
giierra.á Buenos Aires. Lo estrañó es que nin» 
gana de bs naciones que habitan al Mediodía 

23 



4^1 llip de 1^ Pl^<a, ó de }m pmifUU^ y «eis gr^- 
dfi» de laütqd , hace ni ha hechd jainás la gaer^ 
r^y^tjo^ yo sep^i á otr^ siaf^ ih^icamente á loo 
f^fqpol^^ .ciando las qj^e habitai) I^ácia pl Nor- 
te de) pilf^dQ par^el.o, ei^9 frecaenteiqente y 
hw ei^Mo «í^nf ppe djsa^rpzáfidoM upas ^ Qtra^í 
y AO es pqr que aqaell^ ^eaa inferiores en e^ 
tintura y 9rai9S, fuerz^ y taleptp. Aunque «o 1^6 
visto ni tratado la9 nadónos de que ahora ha* 
blo« n¡ aun qé el nfimerp de ell||9 , pp igppro ,qiie 
son bastantes, ni que la^ )iay de puesUa e^tii- 
ra, otras menores y otras mayores i lo que coq- 
cília las noticias de Ids viageros que han hecho 
gigantes á I09 !Pelmelchi§ ó Patagones y con las 
de otros que les conceden estatura regular. Se 
hace mas admirable esta difei^eocia, sabiendo 
que todos viven errantes en la misma llaüora^ 
cuyas producciones son idénticas. Llegaron á 
Buenos Aires dos Patagones iaccHrporados «od 
muchos Pamp^y y dice quien los midió ^lei el 
mo tenia seis pies y cuatro pulgadas firanoeiw^ 
y el otro dos pulgadas menos. Oftros que has 
tJsto t^astaatesy me dicen que su estatura media 
es de seis pjes. 

47. Las noticias qqe he podido adquirir^ 
me persuadan que cada natíion tiene idioma di- 
ferente; qup nada cultivan ni lnd>ajaa; que suIh 
siiUen de tatiSs^ liebres, ciervos , caballos # gua- 
nacos, hurones, yaguares ^ yagneretés, guaza- 



-^ 179 — 

ros, aguaráchais^ avestruces y t>^r(lices; que 
DO crian ovejas ni vacas; que carecen dé leyéS", 
juegos y bailes; que se gobiérnaii por la aSaiai- 
Mea citada nüm. 20;' qué tret^^év pOcós y cvSéáÁ 
menos de los cabaAoft» pOír qué tivén efr ^ 
con sus cQn^nantcs, y qüé sus cá^^ áon éaásio 
las dé los Pampas. Se dífefedciaii de ejstos étt 
no conocer desigualdad de riqüeíuis y y eú qué 
su vestido se reducé á una ihá¿ta' ca^i cuadrada 
de como siete palmos , fói^mandó stf centró tóá 
pieles de Aguarachai^ guanaco' 6 fietAré, y el 
cohíorno 6 cenefa con las de Taguaras: las p¡n<^ 
tan mucho de rojo y negro por él lado opUestd 
al pelo y y se envuelven óon eltas^ sin usar otrd 
vestido ambo|$ sexos. 



49. Cuando se descubrió la Aniérica, p6¿ 
biaban los Guat^is h' costa austiM del ritf dd 
lá Plata desdé Bdend^-Alires á' las Cenchas , y 
continuaban por la mi^a costn, sin páiter á h 
opuesta^ ocupando todas las islas del rio Patóhá 
é internándose en el pais unas 16 leguas hasta 
li)s veinte y nueve ó tremta grados de latitud. 
Desde este paralelo se éstendian por la costa 
oriental del dicho Paratiá y en* seguida por la 



~ 180 — 

misina del río Paraguay hacia los veinte y nn 
grados de latitud, sin pasar al Occidente de es- 
tos ríos; pero se prolongaban á sol caliente ha»- 
ta la mar y ocupaban todo el Brasil, la Cayena 
y aun mas. Tenian laoibien pueblos interpola- 
dos con los de otras naciones en la provincia de 
los Chiquitos, y los Chiriguanás del Perú eran 
también Guaranis. 

49. Todos los del Brasil fueron cautivados; 
la mayor parte vendidos por esclavos , y mez- 
clados con los negros de África. La misma 
fuerte tuvieron muchos Guaranis libres 6 sil* 
yestres^ y los de diez y ocho ó veinte pueblos 
reducidos por los españoles, que los portugue- 
ses de S. Pablo, llamados anliguamecte JUama^ 
lucos se llevaron con violencia internándose ea 
los paises españoles. Los de la provincia de los 
Chiquilos , fiíeron reducidos é interpolados en 
los de otras naciones por los españoles, y aun 
conservan el nombre de Garaias: los del Para- 
guay están reunidos y son cristianos en unos ció* 
cuenta pneblos; de modo que no hay mas Gua« 
ranis libres que conserven sus costumbres anti^ 
guas, sino los Chiriguanás y algunos llamados 
Coaiguás (montesinos) en el Paraguay. 

50. A su tiempo hablaré de los Guaranis 
reducidos ó sujetos* y ahora de su nación sil- 
vestre. Para esto no me valdré de las descríp* 
cíoaes que hace de ellos Alvar Nuñe$, cap. 17, 



.— 181 — 

« 

y 26y porque I9 creo falsa y arbitraria; ni aie 
servirán los Qi¡r¡gijis|aás porque jid los conozco: 
lo que hablaré será tomado de historias y pa- 
peles antiguos» ydk relaciones que me han he- 
cho dgunos que han visto á dichos Coaiguas. » 

51, La nación Guaram' érala m^s nume«- 
rosa y entendida del pais^ pero no teni^ un ge- 
fe» ni f9rmaba un cuerpo poh'tico como la me- 
gican?; porque cada pueblo era independiente 
de lo^ demasp y tenia su nombre particular, co* 
mo son en el Paraguay los de Imbeguás, Carar 
caras, Timbús, Corondás, Colástines^ Tucagués 
Galchaquís^y Quiloazás, Ohomas> Mongolas, 
Acaai, Ttatiy Tois, Tarois, Curupaitis, Curu- 
miáis, y otros que algunos escritores han ol vi- 
rado y creido alguna vez que pertenecian á 
naciones diferentes. Asi sucede á Sehimidels ca- 
pitvlo 17, llamando JUacuarenda^ á los Quiloar 
zas y creyéndolos de diferente nación que los 
Tknbüs. £1 nombre mas general de la nación» 
fue antiguamente el de Carias y hoy lo son los 
Guarams y Tapes. 

52. Como si quisiesen ocultar sus pueblos, 
todos estaban inmediatos y dentro de grandes 
bosques, óá lo largo de rios donde hay siempre 
mucho bosque: si estaban en campiñas francas 
era cuando distaban mucho de otra nación di- 
ferente. Todos cultivaban calabaza, judias, maiz, 
maní, batatas y mandioca; comian la mjiel v 



frutas síWesfres ; y cazábáfi airea , rnoAos, cat 
pibarás, etc. Dé esto subsistían agMgandtf los 
de junto á riost el pescado que j^au á fleélia^ 
zos y cob aúzttélo de palóf ^ífoltó, sirviéndose dé 
canoas muy peqtteñats¿ Schimideb cap. 13 , se 
las dá con demasiada ponderación liáráás 80 pies, 
y en el cap. 23» dice qtie fos Mongoía$ olrtaban 
gallinas, gansos y ovejas: óósa qtke no creerá 
quien conozca la vida erraMe y díescuidkitb de 
los indios silvestres, ni quién sepa que n6 h^ 
tienen hoy ni las hubo en América hasta que 
las llevaron de Europa. Rui Diaz lib. í, cap; 5, 
escribe que los Chiríguañás comieron k caiUe 
de sus enemigos mientras conquistaron ; pero 
como esta conquista é¿ una fábula, digo lo mb- 
mó dé comer carne humana. 

53. El idioma Giiarám' es diferettte de todos 
y pasa por el mas abtítidanfe, aunque le fiíiltan 
muchas palabras pnés Sólo cuenta hasta cua* 
tro. El' padre frándiscaúo fray Luis Tolanos; íih 
ventó acentos sencillos pai^a espresar escribien- 
do lo que tiene de nasal y gutural; tradujo al 
guaraní nuestro catécisiüo* "f compuso el dic- 
cionario y gramática qtie* los' padt^ |esul^ 
¡üiprimieron. Elgutirataf eá idióriía nitay di6ca^, 
pet^ útií para cotnunrcitf cóá h& deinas íuíd6^ 
nes silvestres; porque muchas dfeest^tí tltoedaF- 
gunos cautivos Gnaranís. 

5f . Cádapueblb sé dirige por mitk a&ambltA 



— 1«3 -5? 

a4j[^^^M?ci ^ ^ptámen 4^1 cacique^ s¡ este es re<* 
p^l9<l9 por SjE^gaz y várente. 1^1 can cazgo es 
qiMi effp^cie 4e digDÍ(}a(Í l^eredi^uria co|no núes- 
tFfl9 may^raz^of^ perp piuy singular porque pl 
qq(0 19\ pos^ qd dií^e de Iqs demás inidios isu 
<;;|S9« Tj^M^py ni iusiguia; ni eiije tributo^ ries- 
petOj aerrioipy ni st^rdinaciopí y se té preci* 
^dp á Jiacer lo que todos para Yitir, Tampoco 
nifioda en Isi l^fra^ y ^i es tonto le dejan y to« 
man píPQ, Ayn/gue di^ S<;hiin¡dels cap. t3i que 
1m jSuaranjs spn ^Itp^ y grandes, y Rui Díaz, . 
lib. % cfip. 0, qnp los Timbüs eran agiganta- / J 
dpSi 4|nbos autores se equiyocan» puesto que en ^ 
esto 1^ j^dieron diferenciarse los pueblos de 
que V^bl^n d^ i'^tp 4? su nacioni cuya e^tatu- 
n ^sgnramei^te es mas de do^ pulgacf^s inferipr 
4 la española. Tapn^ién encuentro su totalidad 
teas camo^y de color mas rojizo y ipenos pbs* 
euro que en mis depias qacionei^; pon sem)[)Ian« 
(e ji^fyío^ tristjs y t^n abatido, que qo mir^n 
al ol^eto ppi) quien h ?blai^ ni la cara del que 
)e# pMra: uo se arrancap las pejas y pei^tfiñas^ y 
fugónos varpoes tieqen p^los* auqque pocos eq 
la balita y cuierpO' 

55. Schimidjels cap. 43) 4ÍP? d? PB ppeblo 
guaraní , qoe )os yaroi^es ^pit^ijti^ ep 1^ n^ri^ 
^strelliuis de piedra bjaocii ¿ ju^pl ; ep. <ei (¡iip, 1 ft 
^e Uefaban piedrezaelas cerca de 1a nariz , y 



— 184 — 

en el cap. 17 qoe las llevan junto á la nam. 
Rui Díaz Kb! f, cap. 4-, poneá los mismos miar 
ptedrecilfa azul ó verde en cada falda de ia na- . 
ríz. Pero yo no les creo fundado en la ambi* 
guedad con que se esplican , en que no advir- 
tieron tal adorno en otros mtrchos jiueblos 
guaranís que vieron nf le osan hoy los gt^áranís 
silvestres , y en que no he visto mas bien dudo 
haya tales piedras por alli. Aunque nadie haya 
dicho que tuviesen por insignia viril eF Barbote 
citado ndm. 13, yo creo qne lá usaban; por 
que lo usan los hoy silvestres ; y es de goma 
transparente» largo medio palmo , del groeao^ 
nna pluma de escribir , con una traviesa ó mu- 
letilla en la cabeza para que no se salga del agu- 
jero del labio. Hoy usan los varones una co- 
rona en la cabeza al modo que nuestros clé- 
rigos , pero mucho mayor; no llevan gorro ni 
sombrero y van totalmente desnudos. 

56. Me dicen que las mugeres de algunos 
pueblos silvestres no hilan, y que las de otros 
hilan y tejen del modo que se dirá en el mi- 
mero 1 12. Añaden que aquellas no usan mas 
Yestidos que una piel ü otra cosa en la cintura, 
y los varones un equivalente : que las segundas 
se visten según se dirá nüm. 11 2, y lo mismo 
los varones. Ninguno corta ni ata el <^abello ni 
lleva sortijas ni adornos ; pero al bajar la pri- 
mera menstruación, se hacen multitud de lí- 



— i8» — 

ile.'vi 0bfi€iiPtis indelebles, del modo que dije en 
el QiiiH^ 1 3 / qud bajan verticalnieo le desde el 
cübellp ^Ij^riaoqtQ que pasa por lo inferior de 
la DBria ; yo pteo que á esto llama heridas en la 
cartt Sohirdídeb oap. t3< En los campos de Caá- 
zapa ]f Tuti: se suelen encontrar enterradas tina* 
j{|s d^ huno cop residuos de guaranís muertos;, 
per^ potas y aipartadas. Ignoro lo que en esto 
liarán hfl^' y si pf^ctican los duelos de otros 
¡i»d¡o$< ; , : 

» ; 57^ / Qay. quieQ asegura qué sus huesos en 
los cementerios se convierten en polro mucho 
a«tf^X{Qd los de Buropa, y que vivos nadan na« 
tUrj9lfll^lAe ix>m0 los cuadrúpedos. No son ce-i . . 
losOí;^ y teqaosiqub entregaban con gusto sus. Y^ 
l^ljas.y piUgeresá Jos españoles, ni tienen lafe^ 
cundid^d ; de estos, pues habiend9 e:s(am¡nado 
moelíos.jtodronj^s . d justas de pueblos antiguos 
^'iQoderriaa^^.pwOf .ban correspoodídQ sino ¿ 
tres y fueidjo ¿cualro. por faoiVia inclusos los 
pádlres^: no 4}b^a^|e! de no haber no celibato ó 
uní viiudp mucho . tíepipo. Cotejando los sexos, 
be advertido que á catói'ce mugeres correspon* 
den'lrecfe lidmhres» y cuando se «redujerpn lo» 
d6lpftiebk>;dQ.'^q»p€i9 las do|» terceras partes / 
éranítmugareti. ^stas tienen ipno^ í^biQS grandes ' ^^ 
y abttltadbB .€on/fe^^4 , .. y .,, ,. . •, , 
r. 5S,i; £sAOY pensMñ4ídQí ele qQe todo k) dicho 
m% €d;iittmera;preeedept^^cQpvidne;4. todas mif 






— 186 — 
naciones de indios. También se asemejan i 

ellas los guaranis en tener sus individuos roas 
igualados que los españoles, sin pecar en gor- 
dos ni en flacos con esceso , y sin haber uno 
defectuoso, ni ciego, ni sordo; los ojos peque- 
nos no muy abiertos, muy relucientes, negros 
y jamás de otro color; la vista y oido doblemen' 
t<e perspicaz que nosotros ; los dientes blancos» 
bien puestos , y sin doler ni caerse jamás ; el 
cabello tupido» grueso, lai^o, negro, lacio, nun- 
ca de otro color ni crespo, muy arraigado; la 
mano y píe pequeños. 

59. ignalitiehte se asemejan á todos en no 
barrer las casas ó tiendas, ni lavar el vestido 
Ai las manos y cara; en oler mal; en el semblan* 
te severo que no mauifíesta las pasiones «M 
ánimoñíse'rié^ enla voz nunca gruesa nísbno^ 
ra, en Hablar MJo y po¿o> en ser todos igiui-^ 
les, ni s¿r?in^=**waíáwro», íú conocer atniMad 
^nictílarf'tert'fe^^ffiáldad'deísus galanteos y 

éasamienío(s'tífescrl(os en el núm^ 18; en no¿ri« 

• • • • . 

tar y queja íse^ eúlos dolores; en decidir I» 
partes sus diferencias del modo dicho nüméto 
20, y en no'ínátruir ni prohibir nada á los hijos. 
60». Los guaranis no hac^ nías guerra qoe 
la inevitable y algntaa sorpresa» con macanas 4S 
garrotes de una vara con porra en el e^tremo^ 
y con flechas de sietf cuartas con lengQetas 
de palo duro. El artioxuasí no tiene curvaturas 



— 187 — 

es^raeso enmedio como la muñeca ^ y dismi- 
nuye para que sus agudas puntas sirvan de 
lanza. No le violentan sino cuando han de dis- 
parar. Entonces atan la cuerda de Grme á las 
puntas que llevaban arrolladas á la una y apo- 
yándolo en tierra verlicalmente estriban en él, 
con el pié le violentan cuanto pueden , y dispa- 
ran la flecha casi tan lejos como un fusil ]^ 
bala, aunque la puntería es incierta, y el aire 
la desvia. No llevan carcaz# y también usan 
otro arco menor con que despiden bolas de ap- 
cilla endurecidas para matar pájaros. 

61. La pusilanimidad es el carácter que 
mas resplandece y distingue los guaranís de las 
otras naciones. Temen aquel|ps tanto á estos, 
que dudo se atrevan diez ó doce contra uno; 
y la esperiencia en aquellos países ha hecho 
ver que estos guaranís son los únicos que se 
kan sometido. Todos los del Brasil y del Rio de 
la Plata quedaron subyugados á la primera apa- ¿/ 
ricion de los europeos , y todos nuestros pue* 
blos de indios alli son de su nación. Pero nin- 
gún europeo ha podido someter á las demás na- 
ciones, aunque son muy diminutas, según se ha 
visto y veremos. Lo mismo se observa en Mé- 
jico y en el Perii. En poco tiempo dominaron 
los españoles á todos los vasallos del Inca y de 
Motezuma ; pero queriendo estender sus conr 
quistas fuera de los límites de estos dos impe*- 



ríos, eocoDtrarofi otras nackmes tan diBwiotas 
y silvestres como las que describo , á quienes no 
pudieron domar# ni se ha podido hasta hoj« £s 
cosa admirable y aun increíble sino se YÍese, 
que las naciones Mejicana, Perulera , y Guaran 
ni hayan sido las únicas dominadas en Aomr^ 
ca » siendo como son las ükitcas enorniementft 
estendtdas é incomparablemente mas numeroi- 
sas que las que no han querido dejarse dominar. 
Vendría bien h^cer aqui un cotejo de las nacior 
nes de Méjico y el Perú con la guaram'ylas cm^ 
les , aunque muy diferentes en idioma y en ci^ 
vilizacion , se han de parecer en otras cosas, 
cuando se asemejan tanto en la pusilanimidad 
y poco espíritu, ^pto no habiendo yo visto roas 
que unos pocos momentos á tres indios pende» 
ros# solo puedo decir que me pareció su asta^ 
tura menos, rollisa y algo inferior á la guaraní, 
su cara menos obscura y cuadrada , mas dea» 
pejada , descamada y estrecha en la parte ¡a» 
ferior. 



aai^a^o ^^i^t®^ 



62. Habita esta nación , ^ti^ los fifiebloa 
de S. Ángel y S. lavier, léi hús^éB ^pM liay 
en la costa oriental del rio Urügúyy esteaéiáii* 



— 189 — 

éom i biihenos hasta fes ^7 ¡gruáM y iBÍedto é^ 
Ifttitnd^ 1^ tíh:pfisai» al occideiAe. del mismo rió. 

63.' Los guaraaís de las Mirones ó pueblos 
del Uruguay^ tieii^ terror ipántcd i los topis, 
ponfoe les káo muerto m»dho6 en log benifi^iói 
de yerba del Paraguay yieaidando de k>s- ga^ 
fiad¿Sy y por qt^ Umibieii iiaii sorp|*etidído y 
mnerto algunos demarcadores db limita. No 
los he visto , pero en los citados pneblbs me w* 
formaron <|iie los tupís ecan tan errantes, que 
no tenían; domkíKo y «i dormian dos noches ea 
el mismo sitio; que no tenían idioma y ahu* 
liaban como los perros; por que su labio mfmor 
estaba cortado en dos mitades por mi tajo irer« 
«ical; que eomian cánie humana; y qoe ha* 
hiendo piUado á dos, murieron en ios pueblos 
sin qnerer comer ni bi^r. Un manuscrito que 
Im dti un jesuha, copiaba mucbó de lo diclio, 
añadiendo qiie viven enjaulas que hacen en lo 
alto de ktt arboléis. 

64. Yo ci^eo que el miedo ha inventado 
estas nMicias; lo cierto es que en enero de 
1800 salieron del bosque .como doscientos tUr 
|w , y atravesando á vado él rió Uruguay , que 
á la saaon estadía muy bago,tpor nn arrecife 
eaire los pueblos de Concepción ysantaMaria 
Ja mayor ji sdbieréhi á. la kmáda de Mártires. Oe 
dtti ab «dingivíon alMcotedoce l^as , y des» 
Mrojfewlti nú IptooUo'^iflicipiada ^ú\M^ñrmh 



— i90 — 

matando á muchas y sígaieron y se internaron 
en los bosques. Alarmados los pueblos vecinos 
siguieron de lejos á los tupís y pillaron algunos 
muchachos estraviados # que se f ugarcm lu^^ 
por el descuido que hubo en guardarlos; menos 
una muger de unos diez y ocho años y otra de 
doce, que permanecieron un mes en casa del ad- 
ministrador del pueblo de Concepción • y se es« 
caparon también al bosque. 

65. Se^n me informó dicho administrador* 
sus huéspedas se bañaban con frecuencia ^ bai- 
laban alguna vez solas ^ y buscaban cada una un 
guaraní para dormir, enfureciéndose contra 
quien intentaba estorbarlo. Su idioma pareció 
diferente á todos sin nasal ni gutural : segnn se 
pudo comprender , los tupis tienen pueblos y 
las casas cubiertas con ojas y esteras de palma; 
cultivan los frutos y raices del pais^deqoe 
viven y de la caza, miel y frotas silvestres; ai 
pan de maiz y de mandioca llaman Ente ; los 
varones no se pintan y van totalmente desoa» 
dos y aunque muchos tienen para el frió ana 
camiseta muy corta>, estrecha sin mangas m 
cuello, tejida del Caraguatá porj^^s mugeres; 
estas envuelven la cintura con una* manta ó pe« 
dazo de la misma tela, las mismas llevan al cae» 
lio sartas de lentejuelas hechas de Conchitas^ 
ambos sexos no se arrancan cejas ni pestañas^ 
cortando el cabello á la altura del hombro y el 



— 191 -« 

de delante á inedia frente. Sa estacara es algo 
mas alta que la guaraní > el colorínas claro/ 
el semblante mas despejado y alegre , y las fac** 
cienes mejores. Parece que bacen la guerra á 
toda nación, quitando la vida i todos los sexos 
y edades. He vbto sus armas que son el gar- 
rote y flechas descritas en el mim. 60 ; y he 
tenido unos cestos perfectamente tejidos de 
caña en que meten la fruta y lo que encuentran^ 
y los llevan suspendidos de una cuerda que 
ciñe la frente. 

* 

66.' Son muy difidentes - db'los que' en et 
Pkragnay llevan esteinombr^ siendo' güiiránís. 
Habitan! los bosques drientalés at rió ^tb^hf 
desde el rio-Gttairai parqel NorieJ'y ^íMibién 
los oriéntales desvio Paraná mucho mas arHba 
dd pudilo de Ccn^pm. PkiMeeqúe sus jpuebiós son 
muy* peqnefios é indepeiflídientes unos de otros. 
Difieren de todos en el idioma ;i*eb habWaFtíry 
a^Ka y désentonadamentef , enisu' c6loy mtiy ho^ 
tablemenle ¿saaclaro ; i^nd semUanie mas alé* 
greyádlivo^yen que a%uiios tienen ojod ákulés: 
neataítuta pecaalgo en descamada « bien pro- 
porcionada M sin ceder á la española. No líenetl 



b^iiía, y.fQM^^Ri^iilMxtéjaáj péstafias. Soá 
p^jEjíQqo» f «ot&caliñdsos íOOjdJm iestrailgerasv 
A l0^ ytfroiie». se! \e$ otm'papfí en braaM.y m«s« 
los inqoha& (¡oatridea> que creb sean rtaultasdé 
Io$ duel<>s; y fiesta^ /setnejaiités; . á . las de los 
Charrüas 4el núra. S^, T da otras nafctonei. Lo9 
mismos ^ütn^nil/ii .(rmle^cm^wstii meédíí^dtr fi»ñ 
mp^ tejida ^oa btlo ;de,|CiiM8gat4jifliend6 loa 
r9¡ja^ ja»,qu6::^ai vapnedHihu' pfino.riYan lolal« 
iD^i)t9:d(^qu4PS|( y> WíédÉ^rpsieubceaia oin'< 
tura con un trapo tejido de dicluyiicaragtaatí^ 
Parece que temen pasar ríos grandes , y se ase- 
mejan á los tupís en I^s ^rn^as , fin .las. habita- 
ciones , en -ser argrtetlhbres , "y ^fi tfó tener ani- 
males domésticos. 

67. Cuando la conquista se hallaba esta 
f^QJqa,. QompJlis 409i prdtíedaQtos/cíiicuDikda 
^ igi^P!ani$'«^:lfi pr<iiYJiMÍaid6 Ytati ónomaptü 
4f¡(^edr^ hfk fedttgeroni ;loa ei{mñoles fQnnliiÍ4 
4p :<lf^.:flP^/Up pp«^l<>)q}»9:fMQ asaltado y Aeatná** 

da pfflf ipfi . peWwgí C6(W ^ 5te 
a]iBra$f^y;VieiuJU4^ Bmsojloá 

haca ,go^rrerttP;y.:W;4» nomUi*a g(l«aii^# .co« 
njior ;l9,]i|z0 «|QjD:<Mraií:óic¡€aiea::pero!6e9Qa.M 
quj9 (Ifl^unoQ deJarelactoa ib¡ama.:dei;qiieib8 
C0iiqníS(^y,pa$4hfiil ^ qujiitedtaftdbiaa^B cda^ 
tro ppeblos :., vívi^Q; )da Jb. agricultura lAA país: 
eran trfipqiHkMs y aibables, y^ nsabanr idkmia 



prQ^i9. i:: 



« í • 



I . I 



n«. 



— 19S — 



68. Ignoraría hasta el nombre de esta na- 
ción, si los indios Albayas que la han \istO9 no 
me dijesen^ que habita dos jornadas al Levante 
de los campos de Jerez, como por los 21 gra- 
dos de latitud, en cuevas subterráneas; que son 
pocas familias» totalmente desnudos y con idio*- 
ma diferente de todos; que cultivan las semillas 
del pais y que se parecen a los guaranís en la 
estatura, color y pusilanimidad, aunque defien- 
den la entrada de sus casas con las flechas del 
fiümero 60. 



69. Este nombre les dan las relaciones an- 
tiguas» aunque es muy frecuente llamarlos hoy 
Guuchies. Siempre han vivido en unos lugares 
bajos y pantanosos inmediatos á las albercas 
donde principia el rioGuasarapó óGuachic que 
entra por el Este en el del Paraguay en los del 
i9^ 16^ 30^' de latitud. Su domicilio no puede 
reconocerse 9¡na entrando por el mismo rio 
Crua^rapd^por donde elloís bajan en canoas 

iguales á las de los Pajaguas hasta el río Pará- 
is 



— 194 — 

gaay y laégo por este buscan á los indios Alba- 
yas , de quien son y hdn Sido siempre tan ínti- 
roos amigos, como que hacen juntos la guerra 
a los NinaquíquilaSy á nuestros pueblos de Chi- 
quitos y a otros; y aun suelen los de la ima na- 
ción casarse con las mugeres de la otra. Asi es 
que estando juntos , no se diferencian en el co^ 
lór* ni en la estatura que será de cinco pies y 
ocho pulgadas, ni eñ la elegancia de. sus for^^ 
mas; ni en raparse él pelo casi á navaja, ni en 
el valor y soberbia , ni en llevar la cabeza sis 
gorro ni sombrero: su idioma es diferente étf 
todos. 

70, Parece que toda la nación no llega i 
setenta guerrero?, que no cazan ni cultivan j 
qoe subsisten del arroz silvestre de sus lagunas^ 
pescando á flechazos y con anzuelos de palo y 
fierro, comprándolos á los españoles por mana 
de los Albayas. £stos aseguran que hombres y 
mugeres Guasarapos van totalmente desnudos; 
pero vemos que algunos tienen una manta ad- 
quirida en la guerra ó comprada á los Albayas^ 
á quien se parecen también en no tener barbas, 
en arrancarse las cejas y pestañas^ y en usar el 
Barbote del niini. 13. En la guerra usan el gar- 
rote sin porra como los Albáyas, y las flechas de( 
numero 60, y sólo conservan las mugeres y ni^ 
nos como dige numero 10, de los que tienen al- 
gunos. 



— «6 — 



71. Han vivido siempre estos indios dentro 
de una laguna al Occidente del rio Paraguay^ 
con quien comunica en los 19® 12^ de latitud, 
y algunos escritores los han equivocado con los 
Guasarapós. Jamas salen de su laguna, y la na* 
▼egan en canoas jumamente pequeñas dos in- 
dividuos en cada una ; perq luego que descu- 
bren que alguno les mira, se ocultan entre los 
juncos y espadañas; de modo que nunca han 
tratado con indio ni español, ni se han deja- 
do observar de cerca. Se presume que no He* 
gai^ á treinta fapoilias con idioma diferente de 
todos. 



72. Yivia esta nación cuando la descubrie-; 
ron los españole^ , en la falda oriental 4^ I^ 
sierra de Santa Luci^ ó S. Femando, pegada á 
la orilla occidental del rio Paraguay y en la costa 
de las lagunas Maniore, Tatbá y otras que co- 
munican con dicho rio, desde el paralelo de 1 9 
grados hasta la isla que hay cerca de la boca. 
del rio Janrii que también ocupaban. Alvar Nu- 
¿ez cautivó la mayor parle de esta nación, y 



— 196 — 

por fuerza la llevó á la Asunción, donde fué 
partida en encomiendas y confundida con k» 
guaraiiís. Los pocos que se escaparon á Alvar 
Nunezy. viven en la falda de la citada sierra y 
orilla 4^1 i^ip inmediato en ca$as cubiertas con 
esteras de juncos. Los Albayas les llaman Agm^ 
tequedichagasi y Alvar Nuñez cap. 3% 53, 54, 
55, y 68f les dá muchos nombres. Lo mismo 
hace Schimidels cap. 32, 34 y 35, y todos per- 
tenecen á sus diferentes pueblos. Pescaban y 
pescan sii^ tener canoas* y subsistían principal- 
mente de la agricultura; pero nó tenían las ga-* 
Hiñas que dice Alvar Nuñez, ni las almendras, 
uvas, etc. que les da Rui Diaz lib. 2, cap. 2. 
. Schimidels cap. 32, cuenta que las mugeres se 
cubrian de la cintura á la rodilla, y en el capí- 
tulo 34, que eran hermosas y totalmente dei^ 
Í nudas. Los Albayas dicen que ambos sexos van 
desnudos del todo» y que los varones usan Bar* 
bote; pero Schimidels lo hace también llevar á 
las mugeres, y dice que es de cristal azul deán 
dedo. Alvar Nuñez dá á los dos sexos las ore* 
jas que diré de los Lasguas nüm. 128; y Sdu* 
midels viene á decir lo mismo de los varones: 
pero los Albayas solo agrandan las orejas délas 
mugeres y cuelgan de las de los varones piedras 
de varios colores» y se las engastan en la nariz. 
Estas variedades pueden venir de la diferencia 
de pueblos; mas no puede creerse lo que dice 



— 497 — 

Alvar NañeZ; que se anudaban las orejas al co- 
gote. Los citados Albayas dan á los Orejones 
mayor estatura que á los Gnaranís, aunque el 
mismo color. Les niegan la barba, les dan idio- 
ma propio y desconocido, con flechas y garro- 
tes solo para defenderse . 

MOMO aiiii|iii^iiiaia6% 



73. Asi los llaman los Albayas: creo son los 
Potererog de Chiquitos y los Simanas^ Barcenos 
y Laíkanos de Schimidels cap. 45. Habitan un 
bosque que principia por ios 19 grados de lati- 
tud, separado algunas leguas del rio Paraguay, 
y divide el Chaco de la provincia de los Chi- 
quitos. Tiene la nación muchos pueblos^ inde- 
pendientes unos de otros; los mas australes es- 
tan en amistad con los Albayas, y los demás en 
guerra con flechas y garrotes» limitándose á la 
defensiva: subsisten de la agricultura y no co- 
nocen animal doméstico. No tienen barbas^ ni 
cortan el cabelb, ni se arrancan cejas ni pes- 
tañas. En su estatura, color, cabello y formas 
son como los Guaranís: su idioma propio y des- 
conocido: las mugeres se envuelven en mantas 
que tejen del Caraguatá, y adornan la garganta 
con sartas de judias de lindos colores. Los va- 



— 198 — 

roñes adoniaa la cabeza con coroqasde plunoas» 
y aunque lo común sea ir desdados, ms^ de dn* 
chas mantas para caando tíenen frió. 



74. Los españoles les dan este nombre; los 
indios Lenguas el de Apianche^ los Enima^ el 
de Chañe y los Machicuis el de Sologm. Lob úl- 
timos dividen la nadon Gqaná en ocho parda* 
lidades ó pueblos principales don los nombres 
de Layana^ Ethelenae^ ó QmnüftUnaOyChabara^ 
ná ó Choroaná ó Ecfaoaladt , Caiñacano ó NigD- 
tesibué y Ynmaenó Tay y Tamoco ; casi <»da na» 
cíon de sus confinantes , divide los Guanas «i 
mas ó menos trozos , dando á cada uno su iiom«- 
bre diferente , como sucede también á Schími- 
deis cap. 14 y 45, y á otros autores. La con* 
fusión y variedad de nombres , puede ocaaioaar 
el que los no impuestos en ellos los crean dife- 
rentes naciones multiplicándolas , y también el 
que crean haberse esterminado las mencionadas 
por los escritores y que np se encuentran hoy. 

75. Cuando arribaron los primeros españo- 
les f vivian los Guauás entre los paralelos de SO 
y 22 grados en el Chaco ó al Occidente del rio 
Paraguay 9 y no pasaron, este río hasta el aSo 



— i99 — 

1673. Ldft españoles lo^ dividen en seis parcia- 
lidades p t¡ue se gobiernan sin dependencia unas 
dé otras por la asamblea citada nüm. 54^ y cada 
ima tiene uno 6 mas caciques , ique en todo son 
toitto dige en dicho numeró. Tienen la costutan- 
bré dé que él primogénito del cacique , sea re- 
putado por cacique, viviendo el padre « dé todos 
los que naeen idgnüas lunas áhtes y después 

4ue éi. 

76. Lá paí'cialidad llaínada Laiana 6 Egua^ 
caachtgo^ que nuiíiel'a conlo i 800 almas ^ habi- 
ta hoy el sitió llamado Lima , pasó al Norte del 
rió Jejui que vierte en el del t^aragúay por el 
Este en los 24^ 1* de latitud. La parcialidad Echo^ 
atadíó Chabarahá que tendrá unas 2000 almas^ 
8b estableció en 1797 , en las tierras del phéblo 
de Caázapa por los 2G^ 1 1< de latitud. La Eifúi^ 
niquinao que sei^á de 600 , ésta dividida vivieb^ 
dá pai'te en él parálelo de 21^ 16^ al Occidente 
del rio Paraguay , distando de él ocho legttás , y 
el restó incorporado con los Albayas^ 

77. La Eíhdétía coliípóndrá como 3000 in- 
dividuos ^ parte de los cuales está al Pbniente 
del rio Paraguay cerba de los Equibiquinaos , y 
los demás al Levaíité del mismo rio pot* loé 2t 
grados dé latitud en miá sferrezuela llaitaaVlá por 
ellos Echatiyá. La Nü¡uictíétemia , que tendrá 
chorno 300 almas con tres caciques , está por los 
31' 32' de latitud al Poniente del citado rio 



— íua — 

dividida en cuatro pueblos. La última es la 
Echoraaná que cuenta con 600 individuos^ está 
incorporada con los Aibayas bajo los 21 grados« 
en unas lomadas al Este del río Paraguay; 

78. Las casas de cada uno de sus pueblos, 
forman una plaza cuadrada, y^ el plano topo- 
gráfico de cada casa , se encierra en dos líneas 
paralelas largas veinte varas, distantes diez, 
uniendo sus estremos con un semicírculo en cada 
lado. £n ambas paralelas clavan varas y las en- 
corvan, y añadiendo otras bien atadas á sus 
puntas, llegan á formar arcos á un palmo nnos 
de otros y verticales. A ellos atan á la misma 
distancia varas horizontales que con los arcos, 
forman un enrejado. Luego cubren el todo con 
paja larga bien atada á las varas, quedando 
una bóveda cilindrica áe una a otra paralela, 
que cierran por los costados con bóvedas cóni- 
cas hechas con varas y paja unidas á la cilin- 
drica. 

79. No hay mas pared que el grueso de I^ 
bóveda, ni mas agujero que la puerta; sirve la 
casa para doce familias y que se acomodan sin 
mamparas ni divisiones. No duermen en el sue- 
lo sobre pieles como las demás naciones , sino 
en camas. Las hacen clavando en tierra cuatro 
estacas con sus orqoiUas , en las que aBanzan 
cuatro palos horizontales» que forman un basti- 
dor , sobre el cual ponen varas delgadas, luego 



— Mi — 

píeles y encima paja. Difieren de las demás 
naciones , én que diariamente barren sus ca^as, 
y en el idioma muy gutural nasal y dificiL 

80/ Regulo su estatura media en cinco pies 
y tres pulgadas francesas, aunque sus individuos 
no me parecen tan iguales como en las demás 
naciones. Tienen de común con ellas, no tener 
barba. También se les asemejan en no reir á 
carcajadas» en lo flemático de sus procedimien- 
tos , en lo dicho en íos números 57, 58 y 59j y 
en no usar luz artificial, ni tener juegos, bailes, 
cantares ni instrumentos músicos. 

81* Reciben, alojan y dan de comer á los 
pasageros algunos dias , acompañándolos basta 
el pueblo inmediato. Son menos silvestres que 
las demás naciones; hablan mas unos con otros 
y á veces forman tertulias. Poseen muy pocos 
caballos , vacas y ovejas , y subsisten principal- 
mente de la ¡agricultura del pais. Se arrancan 
las cejas y pestañas, llevan los varones el Bar- 
bote del nüm. 13, cortan el cabello á media fren- 
te; se afeitan una grande media luna sobre 
cada oreja ; el pelo restante crece y cae natu- 
ralmente. Algunos se rapan la mitad anterior 
de la cabeza , y otros toda , dejando un mechón 
en lo alto. Los varones que han estado largas 
temporadas con los españoles, visten como es- 
tos, pero ios demás lo hacen como los Paiaguas» 
y li ínisúio las mugercs según se dirá en el nünu 

26 



íli y 'j^tÁnáúse el cuerpo del ikiiismo modo. 
82. El matrimonio lo Verifican sin otra ce- 
remonia que iiacer üq regálito el novio ¿ la no- 
via j jf^récédiendo pedirla á los padr^ que cod* 
tienen fácilmente » pues no conocen desigifiíl-' 
dad de clases ni de fortuna. Antes de todo es- 
tipula él preteiícfiente con la novia , en preiMih 
cia de sos padres y parientes, el género de vida 
cotaiaUy y las obligaciones de cada contrayente, 
pot que no son las mismas en todos los ntatri- 
ifioñiós y dependiendo mucho del caprldio de 
las mngeres. Regularmente recae, Bobre si la 
ibúger liá de htlát' y t^er una manta a) marido; 
si ile ha de ayudar y en qué tértnihcRS á cultivar 
la tierra ; si ella lia de traer ó no la leña y él 
ágíiá, si lo ha de guisar todo ó soto las legtímbres; 
Á él maridó ha de tener imá 'sola milger y la 
müger muchos maridos : en este caso, de cuan- 
tas noches ó dias estarán juntos: jfinalmcttte 
cdQtratan hasta las cosas mas mínimas qoe 
pueden ocurrir. Apésar de tales contratos , no 
contraviene en pena él que Salla á ellos, ni por 
6so deja de ser el repudio ó separación tan li* 
bres como todas las cosas , y a\in mas frecuente 
éú esta nadon que én nídgütia, casi siempre 
^3casionado por las mugeres. 

"83. El motivo de esto es, ser muchos mas 
ios varones que las mugeres ; no por disposición 
éb la tikltilraleza , sino por que las madreb eoi^ 



wmn» i sw l|ijo4 varones , y eq^arr^p ^yju( 
Ui9go que las hap pariclo á muchas 4^ s^i^ bij^. 
Nq todas las madres practica q esta barb^rídl^^ 
y Ins qae )o hacen no es cpn todas las hij^is^ 
sino 0041 la mitad poco mas ó píenos. Ts^^ibiei) 
|ii8 hay que enti^rran algunos varones , perp 
con el cuidado de conservar fqucbos mas liijos 
que hijas, para que asi sean estas mas felices y 
bqscadas según dicen las iqadres. 

8i. Efectivamente las mugeres guanas sop 
mas apreciadas 9 lin^pias y altivas: se casap f 
(I Io6 npeve años^ dan la ley en los contratos ip^« 
trjinoqialeSy y aqu usan algunas coqu^t^pas. 
Lqsí varoqes se casan mas tarde » no sqn t^il 
puercos, se adornap y pintan algo mas que eii 
If)s otra^ nacjppes. Pasan por sodornítas; es fre- 
Cliente robarse las miigeire^ y encaparse cqp. 
pIUs; apalean los maridos al adultero , no á 1^ 
fidültera* La ppligapiia dura poco, y no es tan 
frecuente cofpo parece de|^eria ser. 

95. Al arribo de los primeros españoles^ 
i}i^p, como hoy, xpln^tariamente porciones 
gralides de guan48 á jpcorpprarsp cpn los al- 
bdijas, para cultivarles la tierra" y servirles en 
Irer leña, guisar» armar Iqs toldos ó c^&fíñ, 
cuidar de los caballos, y en lo que les mandan, 
8Ía 938 estipendio que la comida. Por esto los 
albaias les llaman sus esclavos; pero esta su- 
jeción la dejan los guanas cuando lea (^á 1^ 



/ 



— 204 — 

gana sin oposición de los albaias; estos les 
mandan pocas cosas» nunca con imperio ni pre- 
cisión , y dividen con los guanas cuanta tíeoen 
sin esceptuar á sus mugeres. To he visto qu( 
un albaia quería abrigarse con su manta» y 
viendo que se abrigaba €on ella su esclavo^ 
ni aun le insinuó que la quería. 

86. También van al Paraguay con mucha 
frecuencia cuadrillas de cincuenta y cien gpa- 
nás; sin llevar muchachos y casi siempre «tín 
mugeres; ya porque estas escasean, y ya porque 
no quieren viajar sino en buen cabaUo y con 
otras comodidades que pocos maridos tieoeo. 
Dejan en depósito todas sus armas en la casa 
del primer alcalde español que encuentran; al« 
quitan sus brazos para la agricultura á los espa- 
ñolesy y aun para servir de marineros en los 
barcos que van á Buenos- Aires. Trabajan con 
flema , y para que no los ostiguen , prefieren 
ajustar lo que han de hacer por un tanto. Al- 
gunos hacen su casa, cultivando por su coenta, 
y a veces se hacen cristianos casándose can al- 
guna negra ó india guaraní de las que hay ea 
las casas españolas. Si no viesen la eaclavitnd 
en que tiene á los guaranís de nuestros pueblos 
su gobierno en comunidad, los guanas se espa- 
ñolizarían luego con mucha utilidad. Por lo co- 
mún al cabo de un año ó dos, se retiran á su 
pais las cuadrillas de guanas tomando al paso 



SUS armas, Uevahdo el producto de sn trabajo 
en vestidos y herramientas. Si lardan mas en 
regresar, va á persuadirles la vuelta algún in- 
dio acreditada de su puelilo» y se van con él. 

87. Los médicos de los guanas son algunas 
mugeres viejas, que les curan como se dijo nú- 
mero 21. Entierran á los muertos á la puerta 
de su casa, y los llora la familia. Jamas hacen 
otra guerra que la defensiva con flechas y gar<- 
irotes; pero se defienden con valor, y matan á 
todo varón adulto , conservando las mugeres 
7 muchachos, dándoles el destino (ficho en el nu- 
mero 10« 1^ 

88. Aunque nada enseñan ni prohiben á los 
hijos^ ni estos hacen nada hdsta casarse forman- 
do familia aparte, les dan alguna vez algún bo- 
fetoh para contener sus impertitaencias. A la 
edad de unos ocho años, hacen los muchachos 
una 'fiesta que no repiten los mismos sino otros 
los años sucesivos. Consiste en irse juntos de 
madrugada al campo, y volver, sin haber comi- 
Vlo ni bebido, en procesión silenciosa al pueblo. 
AIK las madres y demás mugeres les calientan 
la espalda en una hoguera, y las viejas con un 
'hueso puntiagudo les atraviesan los brazos mu- 
chais veces, si n que los pacientes den indicio de 

'sentimiento; siendo el postre de la función, dar- 
les las madres judias y maiz hervidos. También 
los guanas adultos tienen sus fiestas ¡guales á 



las que «kscríbireniósde los Paigim tuitm* 116^ 
116 y 117. 



89. Los ¡mik» Mhtkicim i'9» Ha «w» •■ T<yWf 
nieh; los iSnt'imi^, QwaiqítU^ y SqbkiiiM.4$ 
mndu» m^neft» €»lqs owpítjflq». ^ f .4A> ChmM' 
do arribaroa los e^Mpole?* ^ñi^,ím^ fMs^ 
divididos al Qccidaiite ddl .no JP wngHtjr |Wf ;)^ 

20 y 22 grados de latitud : alii se co{|rf|ÍQim)p 
ooolq6Pai«9iMU,ya)«tf(Bop;ji AÁVh^ f¿t ni|i<>bo8 
■españoles, según se vertí .cap. 1^ piífp. j(p.:Q^ 
pues en 1661, paf^roQ Igs al)!M|ias If prJia^ 
ves el citado ^io y afiOfnetieQi^o ^i pfl^blp ..df 
Santa Mafia de<Eó, que «fft^ JPAM»:?1 mmf 
ifo en los ^ '5' de latitud * wa^nof» Sf^^^ 
guíuraoís ypi^dsaroaá lo» d^io^ á,t<e»iii|ff|jgq)r. 
J^ seguida Tolvieron miu^ ^«j«s i ^pais, 
quedándose la naayQr;p^te «p «I coj^piista^ó 
al -fiste . del rio Paraguay' Mn 1 ^1% (d«sci^e- 
ron el pnebb.de Yp#fió*ó^itpa , ^:ao9rcMiLdp- 
se de oo^e, pasarpa b-^a^ja g^e le cir9lj|ii^ 
ba sobre nn puente qpe lHfii;rgp,cgiijp»,MwiW 
pero habiéndoles .oído le« .4el {ifidblo,^ r^ 
raron. 
90. Sncontranm al pa>o, parijjiido oajA 



— irr — 

ctttqiOy dgBéak oaUHoe yi^pi que arrearoD para 
ftddftbtef y fiim>ñ )o6 primeras es que se ensar 
íi ylMCi á inoiüar. Locbs de ccrntentos cen esfa 
(c ádqmicioá táá nueta para ei)oS| solvieron po- 
€M meses después y robahm otros caballos y 
y^géas. Üfams con sas ventajas^ deiermioaroii 
dwinltr al cfcaidlo pueMo y marcharoa contra 
él ek éküemíbte é^ 1673; mas «oÁeiido el pie* 
Mi»ti0tioia áiittoípada del ataque que le amena* 
aaba, lo atisó ál de Gaarambapé y fiiirtosM dl^ 
r^won á la oapitai 'del I^araguay uicorporán* 
déee al paso d plieido de Alirá« 

9i. Goii ^tó quedaron tos ¡attiaias dueños 
^ la pt^ncia de Tuií, <qp»e se escettdia láesde 
los 24^ 7' de 4aihad^ «ó desde el rio Jejuiliasta 
kXft 20 ]gk«dos, sin pisar al Poniente del rí¿ Pa* 
ri4|iiiiiy> y en día ban 'dado nqévos nombriés á 
wtbi difieati|aii4d9a>ittte)¡gendiá>de la^sieHa. 
POr e^fupté, llMíisiii Gua^, Ájfpií>yútfuitUí^ 

f 'Á^ti^ú Id dfunfo és Piítfo; Pktíi .¿ lria«- 

98. iBesde didta piwíüwia «de üfiíti lúoie- 
rota «imlver^iiiáda i¿I 'UMiodia , y «do >'fius «^ 

iWfdiOtt'd«siNtti»«Mi'^l^iiebfc>idé TdJMttí^ ^ype- 
•les 'dabá'k 'gana, y atao«ÍMm 'haéta Iüs^íWM 



— 108 — 

de la Asoncion , logrando destnuria» y .matar 
á machos centenares de españoles» faltando pó^ 
co para esterminarlos totalmente. Pero oporta- 
namente llegó entonces D. Rafael de la Moneda 
por nuevo gobernador , quien con sus bumias 
disposiciones » precavió los ataques y logró| d 
año de 1746| hacer la pas con los albaias, que 
habían ya puesto en lois mayores apuros á la 
^Ua de Curuquati. Después no siendoiconforme 
á su sistema el vivir en paz^^ dirigieron la guerra 
contra los Orejones, Nalicuegas» y Guáranís sil" 
vestres» y contra los pueblos de la proviáek de 
Chiquitos, en la que had precisado á . transmi- 
grar al del Santo Cora^óo. También.!» han he- 
cho por temporada á bs pOrtügufesQs. \ - 

93, Los albaias se dividea en caajbro»))ar- 
cialídades;prtncipaleB4 lias tres llamadas Beki- 
quebóy Gwieadebo y Beutnebó que jimias oom* 
pondrán dos mil athna^s viven ál.Gs^ del río 
Paraguay en lasiserirézúelas queellos {Ipman Noa- 
tequidi y Noateliyá, situadas entre los 20^ 40' y los 
21^ de latitud. La parcialidad Catiquebó, esJÁ 
dividida en tres pueblos* El uno de treMientasal- 
mas, habita las serrézuelas llamadas porellosAo- 
goná y Nebatena;eDJos 21^ de latítud al Este del 
rio Paraguay: el otro de quinientos individuo», 
está entre los rios Ypané y A|^ ó €orríeiite$i 
cerca del del Paraguay; y el 3.^ que no baga de 
mil almas, está situado al Occidente del dicbo 



— 2og — 

Pftragaay por los 21^ 5' de latitud en la orilla 
de la laguna llamada antiguamente de Alólas. 
Este ultimo pueblo trene por cacicjue principal 
á Nabidrigisi ó Cambá cuya estatura es de seis 
pies y dos pulgadas. El año de 1794 le pregun- 
té la edad qutí tenia, y dijo qiíe la ignoraba: pe- 
ro* que tIó principiar la obñ de la catedral de 
lá Asunción, estatído ya casado y teniendo un 
hijo. Dicha obra se hacia en 1689^ y suponien- 
do tuviese entonces quince años, resultaba su 
edad de ciento veinte. Cuando le pregunté te- 
nia el cuerpo algo agoviado ,' el cabello por mi- 
tad canró , y la vista debilitada según él decia; 
pero ñor le faltaba diente ni muela ni pelo en la 
cabeza, y montaba a caballo, empuñaba la Ian-¿ 
za é iba á la guerra. 

' 91. Los albaias se creen la gente mas no- 
ble del mundo , laf mas valerosa , generosa y 
leal en cumplir su palabra , desdeñando toda 
otra ocupabion , no hacen sino' cazar y pescar 
paifa vivir, y la guerra. Para esto tienen bas- 
tantes y buenos caballos , que estiman mucho; 
y los que destinan para las batallas no los ena- 
genarian por nada del mundo. Algunos usan fre^* 
no de hierro , otros ló hacen con dos palos que 
sifvén de alacranes atravesando otro para bo^ 
eááo ; los restantes atan la mandíbtila inferior 
d(A cáballof con una correa, de la cual salen 
dés' para riendas. Montan en pelo casi solire 

47 



— aló- 
las ancas » aunque sus mogeres lo hacep ¿ piff- 
ñas abiertas sobre un mal aparejo. 

95. No conocen las bolas de los Ptuopas 
números iS y 44 , ni d lazo de los espadol^t 
ni se sirven (telas flechas sino para cazar ype^ 
car. Sus armas son una lanza muy largan y ^t 
Macana ó garrote de una vara y casi. djC>s pol- 
gadas 4e diámetro, igual, muy pesado/ y capas 
de matar un hombre ó romperle lau» {M^NWii^ 
cuando lo arrojan de lejos y mi^or sia 9(dtiiria 
de la mano. 

96« Cuando van á la g^rra , montaa s^. 
peores caballos , pero para acercarse a) ^Mmi* 
go, cada uno conduce por la brida eldestÍM- 
do para la batalla, y le tnonta soltando «1 malo 
luego que están á punto de obrar. Si no. lognn 
sorprender, intentan circundar, y sino lo íjftfir 
siguen , se apean tres ó cuatro y se acteww 
mucho á pié arrastrando y sacudiendo pieles 
de Yaguareté con la idea de espantar y desor* 
denar los caballa enemigos , y para incitar qi|8 
sobre ellos se haga una descarga general Si Ifi 
consiguen se arrojan tod^s como rayos , y son 
raros ó ningunos los q^e se le^ escapan. 

97. Para contener estos ataques, es preci- 
so buscar apoyo en los costados, y poner ¿^ 
tres ó cuatro hombres en ellos ,. y en e) ceotfo 
que sean los mejores punteros, para que de 
muy cerca estropeen ó maten alguno de loa d*. 



— «I — 

hs píélM, conservándose los restantes en bóe- 
na é iátaiOvil formación. Conseguido el objeto,' 
se destáóMi algunos albaías a recoger el muer- 
te , y p^miüéndoselo se van todos. Pero si pa- 
ft ségoir á álgilno que con estudio se separa 
áé los otros , ó para recoger los caballos míalos 
que ellos dejaron , se pierde la formación , vuel« 
vea caras y acometen con furor. También saben 
disponer emboscadas peligrosas , bacer falsos 
altqiieSy y en fin , aun con la ventaja de las 
armas de fuego, no hay que lisongearse tantos' 
i taátds , n{ aun con alguna superioridad de 
nAneri). De contado, si la victoria está por 
ellos raro enemigo se les escapa; y si les es 
contraría , pierdeh poca gente por la ventaja 
de los cabaDos. Matan á todo enemigo adulto^ 
conservando á los muchachos y mugeres tra- 
t^dolós como á los guanas sus esclavos segün' 
dije nüm 85, de modo que el albaia mas pobre* 
lííene tres ó cuatro de estos esclavos habidos 
ea lá guerra, y entré ellos algunas españolas» 
qoe' aábqud las cocieron adultas y con hijos, no 
qnierén volver á estái* con sus parientes y ma- 
ridos. 

98. Computo la estatura media de los al- 
báyaif en cinco pies y ocbo pulgadas francesas, 
j creo que sus formas y proporciones son muy 
fluperiores á las europeas. Llevan los varones 
«lbai{)ote del mim. 13; y los dos sexos se afci- 



tan la cabeza , dejando las mogeres una cresta 
ó lÍFa ancha una pulgada, alta poco meóos, 
desde la frente á lo mas elevado de la cabeza. 
Nadie deja de arrancarse las cejas y pestañas, 
y dan por motivo, que no son anímales para 
criar pelos. Miran con mas despejo que las mtr 
ciones precedentes, y hablan mas unos con 
otros , aunque se les parecen en lo dicho en los 
números 57, 58 y 59. 

99. Su idioma es diferente de todos sin na* 
rigal ni gutural ; me parece pomposo y que sus 
nombres propios son sigai0catiyos como entre 
los vizcaínos. Adeipas de la particularidad de 
no conocer nuestra letra F tiene la de ter- 

k ; « 

minar las mugeres y los mychachos las palabras 
de diferente manera que los varones adultos. 
Sus caciques son corno queda dicho nüm. 54, 
y nadie les manda en paz ni en guerra , gober- 
nándose por la asamblea citada en el núm. 20. 
Sus casas ó tolcjos son los descritos nüm. 42, 
pero espaciosos, elevados y cubiertos con es* 
teras de juncos no tejidos sino puestos á lo 
largo y cosidos ó pasados con algunos hilos. 

100. Schimidels cap. 44 dice, que tenían 
domésticas gallinas y otras aves y ovejas de 
Indias; pero seguramente no hubo tal. Moder- 
namente se han provisto algunos de los Albayas 
de canoas como las de los Payaguas; pescan 
con anzuelos y á flechazos ; y también se han 



— filS — 

dedicado á criar caballos , ovejas y vacas en 
cortas cantidades sin ordeñarlas y por que abor- 
recen la leche como todo indio silvestre. Por 
lo que hace á vestidos , adornos, pinturas # mé- 
dicos y modo de curar los enfermos > fiestas y 
borracheras, todo es lo mismo que diré luego 
de los Payaguas. Pero las mugeres Albayas, 
que son francas y algo zalameras, hacen una 
ó dos veces al año su fiesta particular. Dan 
vueltas al pueble , llevando en las lanzas de sus 
maridos las cabelleras y despojo^ de los ene- 
migos muertos en las batallas, y cada una pon- 
dera las hazañas de su esposo. Como todas pre* 
tendan que el suyo es el mas valiente # se acaba 
siempre la función dándose muchos cachetes 
y puñadas, hasta que cansadas y ensangren- 
tadas la boca y narices , se va cada una á su 
casa. Los maridos no toman parte en la fiesta^ 
pero cuando la ven concluida, se emborrachan 
todos menos las mugeres y muchachos , que 
nunca beben sino agua. 

101. Los varones Albayas son altivos # so- 
bertMOS é indomaUes, comen todo manjar, 
pero sus mugeres casadas , no prueban la vaca> 
capivara # ni mono, sino la carne de animales 
pequeños, todos los pescados y las legumbres. 
Las solteras no comen ninguna carne, sino le- 
gumbres y los pescados cuya longitud sea me- 
nor de palmo y medio. Ninguna de ellas prueba 



— «Jf — 

cosa que tenga 6 pueda tener goffdura eslMdo 
con SU' meostraacion ; for que dfeea sattMMi 
cuernos á una <pie cOnií<y pescaáo gord0 e»-^ 
tando en dicha situación/ 

102. Las mugares idbayas abottsim con 
violencia á todos sus faíjoflt, y nb ¿oMerva cada 
una sino uno. Este eA por lo ocritotlK' el dhimo 
que conciben 9 cuando se figtdrafr qM* iMk ten* 
drán mas segua la* edad y robuslM coil qutf 
se sienten. Si-equitOcadas en esté coüeepld 
concibeti otro dei qae cónsenráron- alxlrtall'al 
ultimo concebido; y si'éisperaiido Vbíiét Ú dt* 
timo no le conciben^ S9 qd^aá sirf^ niítigittfOi' 

IOS. Reprendiendo yoitt ^a'ta* bArbamí 
costumbre , que no 'es muy» antigtfá «Mre éllM, 
afeando el que matasen á'sud propieft-b^oSy dé 
que se seguía el < es termimo dé* sü ^nÉeíon , tíM 
contestaron • las maridos y qner elloA ncr se iftefe- 
ciaban ni les correspondía- en oregbeío» dé' fltttf- 
geresy y^ una muger me dijo: i>pára qie' nos 
«eviten el trabajo de criarlos y conducirloi en 
x>nuestraa • marchas * freéuentes y < hemos iáiagi- 
»nado^ abortarlos^ luego qub^ nos 'sentim<ls eA» 
xibarazadas^ 

t04« Abandonan á les enfermos ^quí* no^ 
pueden seguir cuando elpuiMo^ettaMiere* a' 
otra •x>arte » y también* cnaadn^ kt «ofeittMdad' 
es muy larga* La familia y parieolte llotU i^ 
los difontos, y su lato dura tres ó coalM lánas.^ 



-* «s — ^ 

Se ctdiiQ» á que k niiger, hijas y eseltvas no 

OQiMiimaTefetales^ y gnardan tal silencioy 

que ai |i«4a contelaa uim padalra. Cada piieUo 

tieae^ao eemepterío : ai acaeee la muerte tan 

lejos d^ 41 que (eiOMi cwrupcmi, eoTuehrea 

élrcidaiyn ea una estera j le cuelgan de un ár- 

bolr hasta que se le caen las tripas y qoed^siacar^ 

teaedo» y le Mevaa al^ c^nenterío. Eaiienran 

ooa élspis arauíScy alhajuelas,. matando sobre el 

sepolcKo cuatro ó seia de sus mejores caballos* 

To me persuado que eatierran las armas etc. 

por. se|iarat todo b. que. pneda traerles á la 

mefltecí» el diÍNUto.;. cosa, que lea incomoda 

tmul» qpe, jainw le. ooadkraiy ni le rnirsm, ni 

tqeiA, yoi le eatorqarian sino lo hioiese a^ 

gnufk ^e}a ó. yí^p^ por lo que . les , pagan mucho. 

♦ 



mi. fi^ nación asi. bey- coiao en tlempe^ 
d» hi copqniíta, em • puiamente marinera^ y 
daoupaba ppñTati?asBeme • la nair^gaeien' déV 
rb ftiasgmy desde, los* 29 gndés* hkata- sni 
müeo ooA.el Baiaaá*; Bsr'está^raaok'llKoiabiiti i 
cirteaoaniaeignaiaAiia^áiesté'rie-Ktraguay', rio 
<foJenifibyfi9oas;"Ciiy^iMiÉbf« altisrtiroii'al^'^ 

^ Bist«bti«'b('-naeíen''dividid¿»^' los^ 




— Si6: 

trozos Cadiqué y Siacuá que conservaa hoy}* 
pero los primeros españoles dierotí al prmiero^ 
el nombre de paigná que era el de tédtf híMt*" 
cíoñ, y al segundo el de Ágá$j Agocé (|im'^ni' 
el de su cacique principal , coya memefria se 
conserva aun. Rui Oiaz que ignoró estov ea^ 
libro 1.^ cap« 6 los hace dos naciones difofeMes 
y supone equivocadamente que los A gaccs bM 
sidos esterminados.. LfOS españoles dtel día 4ia^ 
man Sarigues á los Cadiqués y á lúsSiaciiáK fé^ 
ctimbús. ^ 

106. Los cadiqués TÍyian en* los 21^ S^^doft» 
de comunica la laguna de Ayolas con el rio Pa- 
raguay, y los siacua& mas abajo de la Ais«ifMÍDn« 
pero unos y otros mudaban con frecMitt^iflf^» 
domicilios ó pueblos. No solo ipataros l0$ Paya» 
guas á muchos de los conquistadores cmno se 
verá en el cap. 18, núnis. tO# 3t y 40, sinoqM 
también destruyeron la villa dd Talaveria y el 
pueblo de Ohomas, y casi verificaron lo mismo 
en. los de Ypané, Ttati y Santa Lucia; En dar* 
cl^ivo de la Asunción hay .uña cai^Ide MU» 
en qu9 constan sus . iniiumeraMesr feshiiM^^ 
crueldades y perfidias contra los. esfipñoliai^dis 
quien^es han sido los enemigos mes. oonsiuMes, 
y también de todas las nacióme^ de iodioB. ii-> 

107. Pero con)o son Bumaiaenle ^iHlosp^ 
observaron que se acga(ientaban;losefliMifidM)éB* 
el Paraguay, y Iqs portuguesoa en Guiaba 



nooMoof qúB los cogtatt ^n medk> , y que sus 
fflRfeás;no bastflbail coútra tab {K>d6roabs ene- 
BQigolBft^iiC^ftficíeroii ton loa españolea; alian- 
m afensivfl y defensiva, re^rváadpse la libertad 
de hacer la gaeira particiila^ á los indios que 
no ftiMén {irategidos poy el gobierho español, 
y do foderae fijar^ cufaiido leti didsé la gaúa, en 
la misina tapílal de) Paraguay^ sin que nadie se 
6|Hl9f8se á su libertad, doístu(flÍ)i^s y modo de 
Tvrir^ 0e resultas se establecieroD los Siacuks ó 
taemnlHis ed la Asunción eí aBO de 1740, y los 
Suigaésácadiqués en el de 1790, cotnponiendo 
iiáteta)i^inode rttil almas. No es posible distin- 
guir tmoede otfosj pUes aunque los tacumbüs ha- 
«ña dttétteitta años que foritiaban un pueblo con 
lee éspaft<3Ílés^ odnservaban sus vestidos, Idioma 
y eoBtumbreft, sin tomar cosa alguna de los es^ 
pafldles* Pi^statt á estos algunos servicios^ útiles, 
vendiéndoles pescado^ aígttnas canoas , vasijas 
de bfljrfO ymaMás, etc. y él dinero que adquie-^ 
rea lo em{ilean Ittégo en aguardiente, dulces^ 
rMMtíp érte. íuil atesorar nada. El gobernador del 
PaMgtfay, deseando hacer mérito, pensó hacet' 
faaotiitii^ á loe paiaguas menores de do¿é años. 
Omi «stti Aña bi«o que los españoles regálaseii 
«m iFoelido ¿ cada tido y' otras tosas á sus pa- 
4ttláf J eotisigdió que el 28 de octübfe y 3 de 
HOffiMBbMl dé 1799, áé baütiíslséd cietító cin- 
y tm» de los diflós; pek*o al ihoíiiéntó 

28 . 



— 318 ^ 

vendieroD los reguíos por águardiemle j 
y. oiogimo qoiso ser instruido, ni .«rar&oílin- 
ducir el catecismo en su lengóa. Se pmBÓ^^- 
toocps en violentarlos; pero. aHieiiaEaroa ooh k 
gaerra y <]uedó todo como antes. - 

108. El idioma payaguáesdifereateiiie t0d« 
may nasal y gutural, y tan dificil* que nadie b 
ha aprendido. Alvar Nuñez cap. 17, despoesde 
referir de estos indios un cuento i rícMcuIo y frl* 
so, Ips hace como gigantes, pero yo regoltt sa 
estatpra media en cinco pies y cuatro pulgadas 
francesas: su color no es tan obsícuro cono el 
de los goarams, su fisonomía muy despqida, 
sus proporciones bellas y su agilidad y soitan 
parecen mayores que en los alb^iyas, goanáa y 
otros á quienes se parecen en arrancarse ei te* 
lio, las cejas y pestañas y en el barbote del nu- 
mero 13. También se asemejan en lo dicho eo 
los niims. 57, 58, 59. 

1 09. Igualmente se parecen á la maywr far« 
te de tpdas las naciones, en comw ala hora^ 
tienen gana sin avisar á nadie^ y 9¡q osk cu- 
chara ni tenedor, con alguna sepatapioB-da Ja 
muger y los hijos, sin beber hasta desfnok- dft 
haber comido; en aborrece la leche; en al aoo* 
.do de encender fuego s\o¡ pedernal # haciando 
girar una vara del grueso del dedo ^c^Mcaiaeti- 
da la .punta en el agujeró de «ma ttbláa,alaKh 
,do de qjuuen bate el chocolate, hasta qae^in firo- 



— 219 — 

tiddn iriéléfita desprende un polvillo ó aserrín 
¿iceadido; y en temer que les caigan encima dé 
ttbche tiuesttas casas. 

''^'1 tO« Sos toldos son lo mismo que dije núm. 
99, de los Albayas aunque no son tan espació- 
só^ni^e vados. Las ínugei^es los arman y desar<- 
mto^'bácen las esteras ^ las ollas de barro 
muy 'pintadas y mial cocidas ^ gu¡$in las legum- 
bres y alguna vez el pencado» siendo lo comün 
guisarlo el marido , el cual siempre cocina la 
cat*ae y trae la leña. Las mugerés jamas comen 
oáiiie, po^ue ' dicen les baria (kno/ytodo» 
separan con lá lengua y depositan en los cárri- 
Uoi^ks espinas pequeñas de los pescados; y 
US' arrojan todas jiin tas después de haber co« 

• 1 1 f . Sé gobiernan por la asamblea del nüm. 
SM)# y SI» caciques sdn los que se dijo^i^n el nüm. 
54. Hace poco que se acabó entré los Túbum* 
llalla descendencia del antiguo cacique Agace^ 
j ao bali elegid<9^ otro. £1 de los Sarigués es el 
pniíiógeiiittf de C^tí'á quien conocí de 120' 
aiM^ porque me dvó las 'mismas señales qu^ 
4lgé^ de Navidríqaí nüm 93. Conservaba blaa*- 
Mi y bien puestos todos sus dientes y cabeftos, 
IMoque estos eran canos la tercera * parte.' Se 
IpMaba de no poder correr y de la cortedad 
de la vist^ ; pero aún pescaba , remaba y se em* 
Wrmchaba como* los demas« 



tres que hilan; haicep del^lgodpf» nfíh l^IflRLjfirir 
chicha sin torcerla y la enyuelvejí) flftjpB|ft><# 
eflL el br4zo izquierdo, Luego sept^^ e|i.44rn^: 
cíM las piernas esjtvadas, r^sl)alaf^ p\ u$o ftd)ij« 
el muslo .desnudp, torcieado poca i^} híj^i^if 
ya9 recogiendo ea la mitad a}ta (}el 99K>j^;|pM 
eg lar^ tres palpaos* Gualdo han hilado fm^ht 
ffnnu^Üo fea d brazo , lo deyanav ep la rxm» i^f 
^ieni» 3? lo luercei» «egwd» ve», reppgi%k4o 
«n ln mitad inferior íqI iiso^ Jkñi BÍn ^obl;|i|i^ 
disponeael urdido emire' dos varas «^p^^t^dM Jo 
que h iilá«ta ó tela h^ d^. f^^^i* de Í9i^9» y#« 
kin^adera ní.pjeiijjíe^ pasri^a el liil^ (ion la lliwO 
apnetándole don una regla; 4e^ odstder^. Lm.m^ 
cienes del núm. 45, hilan regularmente y. «isiai 
tdáeesparA liijer.:Llis Voyi^isiy demás. kidíu* 
nimca cosen' tti «cortan sA9 tel^s par^i^Mei^T^ 
tidos imitándose á.éj|.vol verso en la (Oiii^iktKd^^ 
de el estómago abajo^ y algOn» -ym- d^^M 
nombró, tleran ádemjEts.uQ trapo. de |talaio j 
medio «n cuadro sostengo, .por «oía coflidii 
qnM^cme Ja ^^lolíiHra. Losivai^ones^ van tof^ijlpHIr 
te desnudos, pei'o si hapé^frio ^á i^tr4Q IW^ 
cittáad, se echan. al hombro su^ii«»0tA:4«|)fiQé» 
lo eseHeHil f otros S9 pof^n iio^ i^fiitrürlifoim 
qaitiis» sin euelloiii o^anga^ T^q^i^a lWjbft|( 
queipÍQtan su cuerpo imitamdQ la ejávj^, ^csJbHh 
nes y medias y van desnudos. 



m • »•% 



t\9* Ufi^alod varoees adolios braeeletes 
¿9 aafiehw especies ra lo groeso del brazo y 
ab los toblUo6;'OiieIgaQ de las muñecas las pe» 
^üñas de cieri^s , para qoe saenea daodo unas 
iMm otr^, y de las orejas» pendientes que ellos 
fabrican de Tanas formas y materias : Uevan 
moños de plumas, y tahalíes de canutillos de 
phla y de lentejuelas de concha , y pendiente 
de ellos una bolsita pequeña que no les sirve 
porque llevan el dinero :en la' boca; se pintan 
la eará y cuerpo con dibqjos wtraños ine^K^ 
cdhtss de varios colores. Nada llevan en la ca- 
beza , cortan raso el cabello de delantCi y á la 
altura de la oreja el de los costados , dejando 
intacto el restante para atarlo detras con ^na 
eorreita de piel con pdo del piono Cay. 

11 i. Tamicen cortan las mugeres raso el 
pelo jie delanjte ; no el de las sienes , qne como 
el resto cae libremente sin atarlo jamás. Llevan 
sortqas de onalquiera cosa; pero no airacadas 
ni otro adorno. £1 dia de su primera menstrua* 
eioo y les pintan indeleblemente un listón muy 
obscuro que principia en el cabello y i>aja á |a 
ponía de ia barba , saltando ó dejando libre el 
lahio superior. Ademas caen en cada lado des* 
de el cdbelloy de siete i nueve ttaeas vertiQíles^ 
atranresando la frente y ei párpado superior: 
de cada ángidp de la booa salen pintadas dos 
cadenétjMi paralelas i la mand^Mda inferior, tert 



miaoBdo á los dos tercios de la distanda á la 
oreja: agregan dos eslabones unidos qoe nacen 
del ángulo estertor de cada ojo y acaban en lo 
alto del carrillo: todas se hacen picando la piel; 
y las demás que llevan en la cara, pechos, 
hnzú^ y muslos # son postizas como las dé los 
varones. Nadie las asiste en sus partos ; pero 
sino despachan pronto , acuden las vecinas con 
sartas de cascabeles y sacudiéndolos un 'ralo 



con violencia sobre la cabeza dojla 
la dejan, y se van repitiendo lo mismo de ralo 
en rato hasta que ha parido. Entonces se «toan 
las vecinas en dos hileras desde la casa al rio 
y ensanchando sus mantas, pasa por enme£o 
la parida y se lava. 

1 15. Todo es permitido íIqs páyagnas y pcur 
consiguiente también el divorcio^ pero sucede 
rara vez. En este caso se agrega la mc^er á 
nuevo esposo ó á sus gentes, llevándose lodos 
los hijos, la canoa, la casa y cuanto hay en ella 
sin quedar al marido, sino las armas y la manta 
si la tiene. Cuando les nace algún hijo, ciían^ 
aparece la primera menstruación á la hija , y 
cuando les dá la gana se emborrachan* Faira 
esto beben mucho aguardiente sin comer nada 
porque dicen que la comida les llenaría el vn« 
cío que dohe ocupar la bebida. Mientras puede 
el borracho, vá á la ciudad ó á pasearse acom» 
I panado de la muger ó de otro, el cual le ccm- 



— 9SS — 

doce á su casa cnando ve qne apenas puede te- 
nerse en píe y le hace sentar. Entonces coniien* 
sa á decir en un tonp bajo «¿quién se me pon- 
drá delante? Vengan uno, dos ó muchos y los' 
haré pedazos.» Repite mochas veices lo. mismo 
dando puñadas al aire cómo si ríñese, hasta qué 
cae dormido. Pero no hay ejemplar quts un bor- 
racho tome las armas , haga daño, ni riña con 
eirOy ni se descomponga con las mugeres: al . 
contrario estas provocan á sus maridos estando J( 
borrachas. Los hijos de &milia,que viven, has- 
ta casarse, á espensas de los padres sin hacer 
nada, nunca beben licor espirituoso, y lo mis« 
mo las mugeres, pero si compra el aguardiente 
con dinero ó alhajas de ellas, beben por mitad 
marido y mug»# sin qne por eso beba ella del 
que compra su marido. Estas fiestas ó borra- 
dieras^sus motivos y resultas son comunes á loé 
aibayas^ guanas» y á las naciones siguientes. 

116. Ademas de dichas fiestas participares 
celebran , los payaguas, y casi todos los indios 
sUyestres^ótrasolemmsima por el mes de judio. 
Todos los varones, cabezas de familia se pintan 
la »cara y todo el cuerpo lo m^or qué saben, y 
«dcnman la cabeza con plumas y cosas que es 
imposiUe describir ni dejan de admirarse vién- 
ddías. Tapan con pieles tres ó cuatro ollas de 
barro, y de rato én rato las baten muy despa- 
eb eon dos palitos fcomo plumas de escribir'. 



id aftuuiecOT éd áb mgáeaUB htbem maáaá 
agaárdteote^ y tetando todbs. boriradioB ». cogeoí 
unos á otros lá carne ^é paeiden de va' j^ellii^ 
cOf y laatravieaaii de paite á pattfe ciüi riapiv. 
son de pdlo# é con osa gruesa tepin» db ^Isya. 
Lo misino repiten' con intervalos, ■tieátvasáaaá. 
el día# sin ^pedar níio <fáe no ^té afaraxésada 
en las piernas, mudos y braflK», deadft k nm&e^ 
tA al hombro^ ooa inténralo de nte pdgada d» 
uft agujeré al otro¿ Tanbien se atraviéBanl de 
parte a parte wichas reoés k lengua yel míeiD- 
bro viril; y no se ocdltan para oMas cosas; fíoei 
los payagnas hacen esta 6esta pdUicameAte cb 
la capital del Paraguay* 

117; Recibeh en las knanos k sangrÜ cpe 
le& sale dé lá lengua, y en seguida se frotaa con 
eUa k cara. A la que destik el miembro viril^ 
k hacen caer en un agújente hecho coneLde^ 
do en k arena, y no hacen caso de k qwe flíi* 
ye por otras partes. He presenciado. Id ! di- 
cho t^n de cerca # ijue vek i k» paciélntes 
sin «dfertir eii ellos el menoí movimiento qhe 
in,dí<iase dokr ni inoomodidad. Dicen i|ne coü 
esto dianifiestañ su esfuerzo y eorage i sin dal* 
otro motivo de esta fiestai No apíltcan remedio 
i k hinchasen del cuerpo ni i sus heridas; pe- 
ro laá comprimen con los dedos para hacw sá^ 
lir el pus ó mflteHa* y ks cicatrioes dmrafi' te* 
da k vida. Gomo no pueden buscar k -cernida 



— SÍ5 — 

ea* los días iiunedíatos después de la fiesta , pa-^ 
decea bastante necesidad las familias; pero la 
soportan mas tiempo que nosotros y comen mas 
ea cada vez. Creen algunos en Europa que el 
beber con esceso licores fuertes, acorta la vida; 
pero todos los indios son estremadamente bor- 
rachos, y sin embargo viven mas ó tanto como 
nosotros^ sin que en esto les aventajen sus mu« 
gepes que apenas beben sino agua. 

1 18. Cuando alguna tempestad desconcier- 
ta sus, casas, corren un trecho cara á ella, la 
tiran tízpaes encendidos, y dan muchas puña« 
das al aire. También las dan algunos de alegría 
al descubrir la luna nueva. 

119. Los payaguas como todos los indios 
silvestres son muy robustos, gozan de salud per- 
fecta y no padecen enfermedad particular. Los 
médicos payaguas curan I as enfermedades según 
dije vAok. 21; pero si el enfermo paga bien, 
nctan de aparato estraordioario. Preparan su pi* 
pa y su calabaza: aquella es un palo de palmo 
j mediQ, grueso lo que la muñeca, muy dibu- 
jado por fuera, barrenado á lo largo y con un 
corto oanuliUlo en una punta para chupar el hu« 
n»o del^tf^co. La calabaza es hueca, larg^^.tres 
palmos, y compuesta de dos peg«^das á lo largo 
cop un agujero en cada punta, el mayor de tres 
pulgaibM» y media de diámetro. Se pone el me- 
dí^ una gnm corbata de estopa, que le llega 

29 



— 826 — 
Á la cintura; y muy pintado todo el coerpo m 
otro vestidoi toma la pipa y la calabaza, chopa 
el humo de aquella, y le sopla en esta por el 
agujero menor, y en seguida la baña repitiendo 
lo mismo tres ó cuatro veces. Luego aplica el 
borde del agujero mayor de la calabaza al la* 
do superior junto á la nariz, quedando la boca 
en medio del agujero; grita sin articular pala- 
bras y suena la calabaza con bastante estrañeza 
y variedad espantando a la enfermedad seguo 
ellos dicen. Asi prosigue á veces horas , gol- 
peando el suelo con el pie á compás, canto- 
neando el cuerpo inclinado sobre el enfermo* 
que está en el suelo boca arriba descubierto y 
desnudo. Por ultimo se sienta el médico, soba 
un rato con la mano el estómago del doliente, 
y se lo chupa con vehemencia estraordinaria, 
escupiendo en la mano y haciendo ver alguna 
espina, piedrezuela ó sahgre que anticipada- 
mente puso en la boca para que crean que la 
sacó chupando. 

120. Los médicos de todas aquellas nacio- 
nes han logrado persuadirlas, ó á lo menos ha- 
cerlas dudar que ninguno moriría si ellos qui- 
siesen curarles', asi son siempre médicos los que 
saben persuadir que tienen esta habilidad. Por io 
común son los mas holgazanes y borrachos; sin 
embargo les pagan bien y les tienen alguna con- 
sideración, hasta permitirles disfrutar las primi- 



.— til — 

cías de las 'doncellas, según dicen algunos» aun- 
4j[ue hay quien niega este hecho. Lo cierto es 
que si sucede mprir muchos de seguida , dan 
fuertes palizas al médico. No dan á los enfermos 
sino frutas y legumbres, en corta cantidad; y 
las resultas son las que entre nosotros, esto 
es. que los mas escapan y los menos mueren. 
121. En el momento en que muere el pa ya- 
gua le envuelve alguna vieja en su manta ó ca- 
misa con las armas y alhajas, y un alquilado 
le lleva en la canoa á enterrar en su cemente- 
rio. Hasta poco ha los enterraban sentados* de* 
jáadoles la cabeza fuera cubierta con una olla ó 
campana de barro cocido; pero porque los ta- 
tús y puercos silvestres se comian á muchos, 
los entierran hoy totalmente y tendidos como á 
los españoles. Cada familia tiene en el cemen- 
terio su lugar destinado» y le cubre con toldo 
igual al que habitan, barriéndole, arrancáadole 
las yecbas, y poniendo encima muchas campa- 
nas de barro boca abajo, y unas dentro de otras. 
Solo las mugeres lloran dos ó (res dias por la 
muerte del padre y marido ; pero si ha sido 
muerto por enemigos , todas las mugeres dan 
vueltas día y noche al pueblo gritando. 

122. Los payaguas no cultivan, cazan poco# 
y viven principalmente de la pesca á flechazos, y 
mas con anzuelos. Sus canoas de una pieza son 
largas de cuatro á ocho varas, anchas de dos á 



— 228 — 

cuatro palmos donde mas, que es á los doé ter* 
cios contados de la proa. Esta es agudísima y 
poco menos la popa. El remo es largo tresva^ 
ras y media inclusa la pala agudísima. Boffñ 
en píe sobre la estremtdad de la popa , y part 
pescar, se sientan en medio dejándose condii*- 
cir por la corriente. Si se les vuelca la canoa 
al meter en ella los pescados grandes, se ponen 
derechos como en pie sumergidos hasta el pe- 
cho (aunque haya diez brazas de agua), saca* 
den la canoa como si fuese lanzadera de teje- 
dor, y en pocos momentos echan el agoaíne* 
ra y saltan dentro sin perder la caña, el pesca- 
do, el remo ni las flechas. 

1 23. En sus guerras procuran siempre en- 
ganar y sorprender, y matan como los oharráas 
á los adultos conservando las mugeresy los ma« 
chachos. No se internan mucho en tierra, y 
cuando van á atacar, se colocan en pie seis ú 
ocho á lo largo de cada canoa y la hacen volar. 
£1 remo les sirve de lanza por lo largo y agudo: 
usan el garrote y las flechas de los nüms. 60 y 
95, son diestrísimos en su manejo: y poniendo 
en la punta de la flecha algo que la embote* 
dan el golpe al pájaro ó animal, le aturden y cik 
gen vivo. 






» ■* 



ÍU. Akar N<ii« eop. 19, 25, 26 y 30> 
dkie qm el pnébio ^ue vio de estés «dios teaia 
Yemte casas portátiles^ de |>aja, de <{otii¡eflltos pa- 
sos cada una; ^e la nación coioponia cuarenta 
-oúl fuerreres; qae pillaban al correr los vena- 
dos y avestroces; que por oosCuaáire se entre* 
jgaban esclavos al que ios vencía; que cualquier 
tteeoágo suyo á quien iban á matar, quedaba 
Jábre cofi solo verle una muger, y que se senta- * 
faaii s^re un pie. Schimidels cap. 41 « añade que 
etan canoeros, y que oi^abaa en bu templo 
las cabelleras de sus eoeflíiigos, pero^todb lo di*- 
cho ^ fiaisow 

185.' Lo Dterlo es qoe los guaicurús eran 
flobertlios , venga^ttx)S , indomables , fuertes y 
nVentajades eli valor y estatura* y bastante nu* 
mbroaos. Yivian solo de la caza al Occidente 
del rio. Paraguay^ cerca de él, casi enfrente de 
la Jksuocidn en pullos ó oasas como las de los 
albayas^ y tenían idioma 'diferente de todos. De 
esta nadón solo existe hoy un varón alto seis 
pies de París, y tres mugeres qué se han agre»- 
gado a los tobas. Su esterminio no ha venido 
tanto de la guerra continuada que han becho á 
los españoles y á toda casta de indios, como de 
haber adoptado sus mugeres (quizás las prime- // 



— aso — 

ras) la barbaridad de abortaren los térmitios di- 
chos ndms. 102 y 103. 

126. Para tener una idea de lo que destm- 
ye esta costambre* basta saber ^ae el prodvcto 
de ocho matrimonios será ocho hijos» de estos* 
según la probabilidad de la vida, morirán cua- 
tro sin cumplir ocho años, y después dos sin He- 
gar á los treinta y cinco ó cuarenta, que es cuan- 
do conservarán á su ultimo hijo, y restarán so- 
lo dos para unirse y conservar un hijo que será 
la segunda generación: y siendo la primen de 
' ocho f resulta que cada uno solo es la octava 
parte de su precedente» y las naciones que han 
adoptado tal costumbre desaparecerán Ine^ de 
la faz de la tierra. No puede verse sin dolor que 
un capricho mugeril , estermine á las naciones 
j mas fuertes, altas, beHas y elegantes que conoce 
! el mundo. Se cree qué el amor principaloKDte 
de las madres á los hijos, viene de la nsitorale- 
za, con tal imperio, que no puede haber madre 
que no ame á sus hijos tanto como á sí misma. 
Pero muchas de mis nacioneB de indios, son li 
escepcion de esta regla, y hacen ver que un ca- 
pricho en las mugeres tiene mas fuerza que la 
misma naturdieza. 



— 851 — 



127* Esta nación se denomina á sí misma 
Jmadgé; los payagnas la llaman Cadatúf los ma- 
chicáis QuiesmagpipÓM los enimagas Cochaboth, 
los tobas y otros Cocoloth y los españoles Len- 
gua. Cuando llegaron los primeros europeos, vi- 
YÍa solo de la caza como los guaicunis confinan- 
do con esta; por cuyo motivo las relaciones an- 
tiguas y modernas equivocan la una con la otra, 
porque ambas eran errantes,|respetadas, formi- 
daUeSy ahiváisy feroces, presun tosas, vengativas, 
implacables y tan holgazanes, que no baciansino 
cazar y la guerra. 

128. Su idioma es diferente de todos, y 
don Francisco Amanico González que lo en- 
tiende un poco# dice que es muy nasal , gutural 
y dificilen estremo, pero espresivo y elegante. 
Usan las mismas casas y armas que los albayas, 
montan también en pelo y hacen la guerra co* 
mo ellos , conservando solo á las mugeres y 
muchachos Compulo su estatura medía en cin- 
co pies y medio de París, con las mejores pro- 
porciones. Cortan el pelo á media frente , y el 
resto á la altura del hombro # sin atarle, A los 
dos sexos cuando nacen , les agugerean las ore- 
jas; y poniendo toda la vida palos y ruedecitas 
cada vez mayores, llegan los agugeros á ser tan 



— 93Í — 

grandes 9 qve enh irejez meten 09 elWs rolda- 
nas de mas de dos pulgadas de diámetro , lle- 
gando las orejas casi á tocar los hombros, se- 
gún dijimos de los orejones en el nüm. 72» Ade- 
mas (solo á los tarones) al nacer, bacw una 
cortadura horizontal en el labio iaferíor qMo pe* 
netra hasta la raíz de los dientes , y iefi ponen 
en ella una tabitta delgada cada ves mvyoi^. de 
modo que se le Ta agrandando la cortadura, 
hasta que la taUita en loa viejos es ima semíejip* 
se ó círculo, cuyo diámetro de pulgada y me- 
dia y algo escotado , ajusta á la raiz de k>s dien* 
tes. La tal cortadura aparenta una segunda 
boca, y la tablita que sale por eUa^unase* 
gunda lengua de donde han tomado los espa- 
ñoles el nombre que les dan. Gomo no puede 
ajustar el barbote ó tablita pwfectamente á la 
cortadura sino en los ángulos ó eremos, se les 
salen continuamente por la cortadura la sidiva 
y las babas, dando asco al 



U»M9 9a9iirTO'^®3l$< 



1 29. No tienen médico ni cacique^ y se pin- 
tan poco. Practican las fiestas ó borracheras 
descritas en los nüms. 115 116 y 117 y se 
arrancan las cejas pestañas y vello. Se {Vireceu 



— «55 — 

á los guanas en no tener barbas y en lo demás 
que se dijo en el nüm. 80 y también én el ves- 
tido. £s una atención^ entre ellos, antes de ha- 
blarse ^ aparentar tristeza y aun llanto cuando 
96 encuentran dos después de una ausencia ; las . 
Biogeres no comen carne con gordura cuando 
iD6DStruan# ni hasta tres dias después de ha* 
ber parido, en cuyo trance nadie las ausilia. 

130. Solo dan á los enfermos agua caliente, 
alguna fruta y tal cual friolera, y los abandonan 
51 se alarga la enfermedad. No sufren que nadie 
muera en su casa, y cuando se figuran que no 
lardará á morir» le toman por las piernas y ar- 
rastrando le sacan como cincuenta pasos. Allí 
le ponen boca arriba can el trasero en un agu- 
gero , para que en él haga sus necesidades ; le 
encienden fuego en un lado» y en el otro le po- 
nen una vasija de agua, se van y le dejan. 
Vuelven de tanto en tanto , no á ltabla;*le ni 
darle nada, sino á ver desde alguna distancia si 
ha fallecido. Verificado esto, no pierden tiem- 
po las viejas alquiladas para ir á envolverle con 
«o. manta y alhajas, y arrastrando le alejaii 
hasta que se cansan y lo entterran cubriéndolo 
•apenas de tierra. Los prientes aparentan tres 
días sentimiento ; pero ni ellos nr nadie de h na- 
•cion nombran jainas al muerto, aun cuando 
hagan mehdon de ^s hazañas. Lo raro está en 
qne cuando muere cualquiera de su nación á 

30 



— 234 — 

inaoos de ^oemigo^» mudan todos de noml^re, 
sin quQ quede uoo de ios que teniaa antes^ y Ja 
r^^on que dan es que el que mató á uqo tomó 
los npnií^res de los que restaban para volver á 
mat^grlos , y que mudando los .nombres 9 no eo- 
centrará cuando vuelva al que quiera ma- 
tar, 

1 3 L Ha hecho Lal destrozo en qsta Backm 
ej abortQ , citado núms. 102 y IOS, como que en 
1794 solo se componia de veinte y dos indiñ- 
dao|s# de los cuales cinco se agregaron á la casa 
^el citado don Francisco Amansioi siete i 
la nación Pitilaga y los restantes á la Ha* 
chicni. 



aaA&<^® aiJSLQiaiQvaOi 



132. Asj los lloran los españoles; ]fí& len- 
guas los denooiin^ Mascoi, pero .ellos 3e dtn 
así mismos el notp\}redp^(j€^Mi(wh.:B^ituk 
lo interipf* jl^l Cbac9» afOcpidente del rb Pa- 
t^agpay, en las orillas del arroyo llamado poír 
pllps Lacta y Nelguatá y que s^ une al rio Pil* 
comaioi Está su nación dividida en dies y nueve 
pueblos^ cuyos nombres i^p pueden pronun* 
ciarse ni escribirse por nopetros » y los pondré 
^(ffxi con ^Iguna semejanza á lo que suenan* La 



— f 3» — 

primera Cuúmoquigmon está dividida en treéí 
y su cacique priocípal es An^amadii^um. La 
se^inda se Ibma Cabanatútk ; la tercera QtÜe^ 
nmnapon: la cuarta Quiabanaíabá ; la qúirilá' 
Cobaüe; k sesta Cobasíigel ; la sétima Susegie^ 
pop; la octava Quioaicei la novena Quibmófh^ 
comelj la décima Quioaoguaina ; la undééinia! 
(^uiaimmana^; la duodécima QiiMiAaíiéie/mafes-' 
ma ; la déciinatercia Quiguaüteguaipon ; lá dé^ 
cimacuarta Siqmeíiya ; la décimaquinta Quia* 
ifanapuacsie ; la décimas^sta Yoteaguaienceue ; la 
décimasétima Painuhunquie ; la décimaoctava 
Sangtiaiayamocíae ; y la décimanovena iipte- 
guhem. Estos nombres persuaden , no solo que 
a« idioma es diferente de todos , sino que tiene 
ratón D. Francisco Amansio González para de- 
eir que es tan narigál , gutural j de palabras 
tad largas, sincopadas y dictongadás, que se ad- 
mira le puedan aprender los hijos d6 sus mis-' 
moa padres. 

133. Una de las citadas divisiones machia 
eiiáít es de á pie, y habita en cuevas subterráneas 
pequeñas y asquerosas , sin otra luz que dó lá 
peqiieña puerta qué jamas cierran. Otros do¿ 
pueblos que con el precedente componáráú 200 
almas, son igualmente de á pié, y losquTtíce' 
reatantes son de á caballo. Todos viven cuhí* 
▼ando los frutos del pais, agregando la caza y 
ba pocas ovejas que comienzan * á* criar. Sui 



^ 236 ~ 

casas portátiles y modcxde montar, son co- 
mo las de los Albayas y Loognas. Ceden poco 
á estos en la estatura y formas , como ellos 
agrandan ^us orejas, y tienen todas sus costom- 
bres, inclusa la del aborto, menos el barbote 
que es el del nüm. 13. Pero no hacen masque 
defenderse y vengar los insultos que les iiacen 
con las armas ¡guales á las de los lenguas y al» 
bayas* 



F»«®® ««asaA«AB. 



¡■•fc w 



134. Asi los llaman los españoles, y los ma- 
chicüs Esaboste, pero ellos se denominan Cocha* 
boL G)nservan estos indios la tradición de que 
antiguamente vivian confinantes con los lenguas 
de quienes eran amigos, pero que se separaroa 
para hacer la guerra á todas las naciones me- 
nos á la Guentusé, logrando subyugar á los Al- 
bayas y hacerlos su esclavos. En sus frecaenles 
batallas, tuvieron bastantes pérdidas que reduje- 
ron mucho su numero y notándolo los Albayas, 
se les escaparon hacia el Norte. En esta situa- 
ción, llegaron los primeros españoles al Para- 
guay, y hallándose los Enimagas reducidos áse- 
lo dos pueblos en la ribera austral del rio Pil» 
comaio muy adentro del Chaco y abandonados 



— «57 — 

de los albayasi se acercaron á los lenguas y re-* 
noyaron su antigua amistad. Mas no por eso 
dejaron de hacer la guerra á toda otra nación , 
menos á la Guentusé# hasta que hoy está redu- 
cida su nación á dos parcialidades : la una de 
150 familias^ que dejando su antiguo suelo, se 
ha fijado en la costa del rio llamado por ellos 
Flá^magmegUmpela que corta el Chaco y eiitra 
en el del Paraguay, en los 24^ 24' de latitud* y 
yo creo es el brazo mas caudaloso del Ptlcomato. 
La otra parcialidad* compuesta de veuite y dos 
carones y otras tantas mugeres, se fué en 1794 
á b casa de don Francisco Ámansio González 
que les da de comer y le sirven. 

135. El citado González dice que su idioma 
es muy difícil gutural y difetente de todos, pues 
aunque se asemeja en las (rases y maneras al 
deloá lenguas, no se entienden unos á otros. Son 
gente altiva* soberbia, feroz y de á caballo; sub- 
siste de la caza , del robo y de la agricultura 
que hace practicar a sus esclavos, que son las 
mngeres y h» muchachos conservados en la 
guerra. Su estatura, color, no tener barba^ 
arrancarse las cejas, pestañas y vello, costum- 
bres» armas y modo de hacer la guerra , son ce» 
mo en los lenguas* pero usan los varones el bar» 
bote del nüm. 13 y las mugeres crian todos sus 
hijos. No tienen caciques y deben de propen- 
der al divorcio , pues he visto uno como de 



— «38 — 

treinta años que había ya repudiado á seis mn- 
geres y estaba con la séptima» 



136. Componen esta nadon unas trescien^ 
tas familias en dos pueblos, tan amigos ilelos 
enímagaSy qué siempre han vivido y viven id* 
mediatosi sin mesarse con ellos en las guerras 
ni por casamientos. Sonde carácter muyopaev<( 
to porque viven dé su agricultura y alguna cii^ 
za, no son inquietos ni 'tienen esdavbs^ ni hacen 
mas guerra que la defensiva. So ireeuente trftto 
y amistad con lenguas y enimagaS|.es cansa de 
que su idioma participe del de aquellos , a ' qme*» 
nes ademas se asemejan losguentuses en la e»« 
tatura, color, no tener barba y demás coattniH 
bres; pero su barbote es eldel númi 13 y ccmh 
servan todos sus hijos. 

137. En la agricultura de esfosr y demás 

indios silvestres noJntérvienen animales damé9* 

ticos: serednce á hacernn agi^cro en 'tiem >con 
un palo y meter dentro la seitiiUa. Asi siembraii 

donde quiera que se hallan» sin "detener su yida 

errante; después vuelven y comen lo qÉé en* 

cuentran que ha producido. Si ee atienen ooras 

en un sitio , usan de una azada que baceú aco^ 



— 85Í — 

modandp ama paletilla de yaca ó caballo á un 
mango. 



198. Asi los llaman los españoles: los eni- 
inagas Natecoet y los lenguas Yncflnabaüé. Son 
anas quinientas familias que Tivep errantes en- 
tre los ríos Pilcomaio y Berbejo 6 Yfñiá. Sub- 
sisten principalmente de la caza, y de los ga- 
nados que roban á los españoles, pero de muy 
poco acá han principiado á criar vacas. Su amis- 
tad y trato (¡recuente con los Pitilagas, ha he- 
cho que sus idiomas pai^ticipen uno de otro en 
las frases y propiedad» pero ellos los creen di- 
ferentes y se consideran naciones distintas. Son 
fgmáedB á caballo y valiente «eme los lenguas* 
á ^piienes m asemejan en 4a ^estatura y foranfas, 
coMundbres y licdgasanerta y pero no agrandan 
-las orejas: usan él barbote det nám. 13, y con- 
servaoi todos los bi|os. Muchos gobernadores 
jesuítas y eolesiáslicos le 4ian formado en re^ 
doodiHiesi pero ninguna ha siáisirtído. 



— 240 — 

139. Se compone esta nacioa de unas dos- 
cientas familias que comunmente habitan no 
lejos de los tobas ni del rio Pilcomaio, en un 
distrito que tiene lagunas de sal. Su idioma es 
diferente de todos , muy nasal y gutural, aun- 
que, según se' ha dicho, participa del de los tobas. 
Con estos se juntan con frecuencia cuando hxf 
luna y el rio Paraguay está bajo, y le pasaapa- 
ra robar vacas. y caballos á los ei^^QoIe^. Lo 
demás 6s lo misnh> que en ios tob^. 



IBiftXOS AflVá&M. 



' I • 



140. Esle nombre dan loa enimagas áiiBas 
den familias desQoapcidas dé los espanolea^Ua- 
bitaban las riberas del rio Bermqq; pero el año 
iie 1791, se fueron á incorporar con: los pítila- 
gas, y viven juntos. Ellos se creen dación dife- 
jen te de todas;; pero su idioma parece ser .una 
mezcla del de los tobaísy mocobós y puede {re- 
sumirse sea una rama de la nación Mocobú pues 
tienen la misma estatura^ formas y Qoslumbres. 



— 241 — 

" 141. Esta nación indomable» altiva, sober- 
bby holgazana y guerrera, se halla dividida en 
cuatro parcialidades que compondrán juntas unas 
dos mil familias , sin contar los de las tres re- 
dacciones que existen de ellos. Nada cultivan, y 
rabsisten de la caza , corriendo el Chaco desde 
el río Tpitá ó Bermejo, hasta tos confínes de la 
cindad de Santa Fé; pero agregan algunas ove- 
jas y vacas que comienzan á criar, y las mu- 
chas que roban á los españoles de dicha ciudad; 
de las de Corrientes y del Paraguay. Su idio- 
ma es entero, nasal, gutural, diferente de todos 
y tan dificil,qu6los padres Jesuítas no pudieron 
aprenderla para traducir en ella el catecismo, 
en los veinte y cinco años cpie vivieron con los 
mocobis ea el pueblo de S. Javier de Santa Fé. 
142. Computo su estatura medin en cinco 
pies y medio de Paris y sus proporciones robus- 
tas y elegantes. Lozano* üb. % cap. 5 y lib. 3, 
cap. 12, les dá nombres diferentes y descono- 
cidos y los hace erradamente canoeros. Schimi- 
dels, cap. 18, les pone una pluma en un agu* 
jero de la nariz» lo que también es error, por- 
que el agujero está en el labio y la pluma era 
el barbote que usan» y es el descrito en el nu- 
mero 13: las mugeres pintaq su pecho con vá- 

51 



— 242 — 

riedad de dibujos, y conservan todos sos hijos. 
Son díes^risimos en montar á caballo en pelo 
como los albayas y lenguas; usan las mismas ar» 
mas sin cederles en valor, y tampoco sufirea ve- 
lio, cejas ni pestañas; se visteo, pintan y ador- 
nan como los payaguas, practican las mismas 
borracheras y costumbres, y tienen los mismos 
médicos, capiques y asamblea de gobierpo. Ellos 
destruyeron la ciudad de Concepción de Bnen^ 
Esperanza; se han consumido inmensos caud»* 
les inútilmente en formarles reducciones de las 
que solo existen las de S. Javier, S. Pedro y 
Ynespin, en las que no hay un indio civil ni cris- 
ttano. 



aas^i^s &Ba9i^a38% 



143. Los españoles les dan e3te noml»^i 
los lenguas el de Ecusginá y los enimagas el de 
Qtiiabanabaüé. Corrian el Chaco al Occidente 
del rio Paraná hacia los 28 grados de latitud, 
sin tener las canoas ni el numero de guerreros 
que l^s dan Schimidels cap. 18, y Lozano ]üb. 
% cap. 5. Acia la mitad del siglo diez y ocho, 
se empeñaron en una guerra sangrienta contra 
los alocobis, á quienes no ceden en argollo^ 
fuerzas ni estatura ; mas como eran inferiores 



— Í43 — 

en numero , se T¡eron precisados á solicitar la 
protección y una guardia que les acordaron los 
españoles, formándoles el pueblo de S. Geróni^ 
mo # que encargaron á los padres Jesuítas en 
17i8. En él estuvo 20 años el jesuíta alemán, 
que Yuelto á su patria escribió en latin en un 
tomo en cuarto la historia ó descripción de Abi^ 
ponibus; pero no pudo entender su idioma lo 
bastante para traducir en él el catecismo ; por- 
que es muy gutural, difícil y diferente de todos. 
Continuando el fundado temor de los abipones 
de dicho pueblo» como la mitad de él pasó el rio 
Paraná en 1770 , y fundó el pueblo de las Gar- 
zas. En ambos pueblos visten mucho las cami- 
sas y ponchos que les dan los españoles» sin que 
haya un cristiano ni civil, y conservan casi to« 
dos sus antiguas costumbres iguales á las de los 
mocobis. Usan el barbote del mim. 13, y las 
mugeres adultas llevan indeleble una crilz en 
la frente y cuatro líneas horizontales entre las 
oejas»con otras dos en cada ángulo estenos 
del ojo. 



144. Dieron su nombre al rio Taurii, por 
que luiUtaban sus riberas desde d<Mide em boca 



— S44 — 

en el del Paraguay, hasla el arrecife qae tíe* 
ne diez jornadas ínas arriba. Se internaban 
cuatro leguas en la provincia de Chiquitos, é 
ignoro lo que ocupaban en la de Matagroso; 
cuyos portugueses los han esterminado , á no 
ser que sean restos suyos los indios que ellos 
llaman Bororós. Rui Diaz lib. 1 , cap. 4, y Bar- 
co can^o 5, no los conocieron y los describen 
fabulosamente. Alvar Nunez cap. 59, da difcroi- 
tes nombres á sus pueblos > Schimidels cap. 35 
y 36> se los altera , les da canoas y los hace vi- 
vir de la pesca y caza. Ambos autores les con. 
ceden estatura muy aventajada « y dicen qne 
iban los varones totalmente desnudos; pero 
Schimidels les cuelga de las orejas un redondel, 
y los pinta desde el cuello á las rodillas con vah- 
rios dibujos, poniendo en sus labios pedazos 
de cristal azql; siendo en esto mas de creer que 
Alvar Nuüez que les pone por barbote la cas* 
cara de una fruta grande como un tortero, Pe- 
ro se equivoca Schimidels dándoles vigotes, y 
añade que las mugeres eran hermosas. £n el 
cap. 35 dice que se cubrían de la cintura aba- 
jo , y en el cap. 36 que les servían de vestido 
üuico las labores , diferentes de Jas de los va- 
rones, conque se pintaban del pecho alas rodi- 
llas. Alvar Nuñez refiere que se afeaban con las 
rayas y labores con que labraban el rostro. Su 
idioma diferente de todos. 



— t45 — 

1 45. Solo puedo decir de ellos lo que me 
informaron los lenguas y enimagas. Son dos 
naciones con idiomas diferentes de todos , que 
viven hacía los términos de la ciudad de Salta 
al Mediodía del rio Bermejo, componiendo cada 
una como cien familias pacificas, pusilánimest 
de baja estatura , agricultores y cazadores. 

146. Estas dos naciones de idiomas d¡fe« 
rentes y pacíficas y agricultoras , que juntas 
componían setecientas familias, vivían en el 
valle de los Quilmes b^cia Santiago del Este* 
ro; en 1618 fueron conducidas por fuerza á 
las inmediaciones de Buenos-Aires, donde so 
les formó el pueblo de su nombre , y mezclán- 
dose con los europeos se han españolizado per- 
diendo sus idiomas y costumbres a ntiguas que 
ignoro las que serian. 



147. La nadoQ Chañé habitaba las orillas 
del rio de sa nombre que vierte en el del Pa- 



^ 146 ~ 

raguay en los 18^ 7' de latitud. Lo creo dife* 
rente de la de los Pof rudos que vivía mas al 
Oriente del mismo rio. Aun parece que habia 
otra ó mas naciones ál Mediodía de las dos ci- 
tadas y todas han sido esclavizadas por los por« 
tuguéses j sin que sepa otra cosa de ellas , sino 
presumir que eran poco numerosas, pusilánimes^ 
agricultoras y pescadoras. Interpoladas coa 
pueblos guaranís y habia en la pi'OVmcfa de los 
Chiquitos las naciones llamadas por Alvar Na* 
ñez, cap. 56 Chímenos, Caracaraesp Gargoto^ 
guies, Paizunoes, Estctrapecodes, yCandemes^ y 
por Schimidels cap. 45 Paisenos, Maigenos y Ca^ 
cocies. De lo poco que hablan de estos pueblos 
ó naciones y solo puede congeturarse# que se 
pintaban y veslian como los Jarales , que eran 
poco numerosos , agricultores y que tenian len- 
guas diferentes. Los fundadores de Santa Croz 
de la Sierra , las subyugaron á todas sin difical- 
tad en poco tiempo, é interpolándolas entre sí 
y con guaranís, formaron de ellas muchos pue- 
blos que después encargaron á los P.P. Jesuí- 
tas. Esta facilidad en someterse y conservarse 
lo mismo que la nación guaram' en todas par- 
tes , persuade que eíaü todas de infeííor 
tura y pusilánimes* 



— 247 — . 





CAPITULO XI. 

Algunas refleilanes solire los ladlos 

•llvcstres. 



1. Me ha parecido anotar aqui algunas re- 
flexioiies obvias sobre mis indios silvestres. Co* 
mo la mayor parte de mis nacioqes 3on suma- 
mente diminutas en numero de individuos» se 
puede pensar que en cuanto á su modo de sub- 
sistir, no han padecido las alteraciones que en- 
gendra la muchedumbre en todas las sociedar 
des. Cuando llegaron los primeros españoles, 
ninguna de ellas era pastora, ojl vivia de los 
frutos espontáneos de la tierra; por qne no co- 
nocían animal doqtóstico, ni el pais dá semejan- 
tes frutos, si no ep corta estación del año y con 
mucha escasez , solo en pocos y determinados 
distritos. Creo por consiguiente que no fueron 
estos los medios priinitivos de subsistir los pri- 
meros progenitores de mis nacionesi si no la ca- 
za, la pesca y la agricultura, qu^ eran las que 
practicaban aquellas geptee silvestres cuando las 
descubrieron. 

2. Hablando en general^ parece que las na- 



— «48 — 

ciones de la mayor estatura y otras algo menos 
elevadas, pero todas ds bellas proporciones , y 
las mas errantes» holgazanas, fuertes, soberbias 
é indómitas^ eran las cazadoras: que otras algo 
mas bajas pero también guerreras, fuertes, indó- 
mitas> y mas ágiles ^ ¿astutas, pérfidas y poco 
menos errantes, eran las pescadoras: que las 
menos andariegas, las mas bondadosas y pacífi^ 
cas eran agricultoras. Entre estas últimas hay 
algunas de buena estatura, pero también otras 
que son las mas» bajas, feas y en todo laá mas 
pusilánimes y despreciables. 

3. Se observa que aquellas naciones, conser- 
van por tradición y sin alteración sus veintidós y 
todas sus costumbres, con tal tenacidad » que á 
lo menos no las han mudado poco ni nracho en 
los tres últimos siglos, aun los que han nacido y 
vivido cincuenta años en la misma capital del 
Paraguay con los españoles 

A. Al tiempo de la conquista, eran estas 
mucho menos errantes que hoy; por que no te* 
nian caballos ni facilidad de transportar sus a^ 
mas, casas y muebles. Vivian pues confinadas 
en determinados y espaciosos distritos» con po- 
quísima comunicación de unas á otras: la gua- 
ram' encerraba en su distrito á muchas» aislán- 
dolas totalmente sin comunicar m mezclarse 
con ellas. Habitando todas mis naciones una 
misma llanura, donde hay los mismos vegetaleSf 



— 449 — 

pájaros, ^ doadrdpedos iguales ea forniás j 
nhgnkddWy es cosa muy estraña lá díferenicta 
^oé hay dé abas á otras en los idiomas^ estatii* 
ni foerzaá y soberbia , siendo ias mas de elbs 
mdoouÉdes y las resbdtés pusSánínfes en ttííre^ 
íOú. Los guaraníá eran idónticos én todas partes 
pok* m^ distantes que estaban unos de otros« 

5. Los ]|K>rtu|^ieses en muy pocos años es* 
clavizáfOD á todos íosguaranis del Brasil ii y en 
el añsmd cor^ tiempo los españoles subyuga* 
roa i tódós ios gdáiimís del país que describo 
ñtréíMáo de eflbs mas de cuarenu pueblos^ 
sito cKNttar los que estuvieron al cuidado de los 
padres Jesottas en el Paraná , Orugnay y en la 
pMvincia dé Chiquitos; y por oítro lado á escep^ 
áctí áe algunas j^usitdnilnes naciones indicadas 
ea el capítulo aqterior nüdi. 147, no han po** 
áiáo los mismos eufopeos doniar á ninguna de 
nm oiráflr ilaciones dimimitas, aunque lo han 
procurado e(^ elicbcia y empeño ^ con'cáuda^ 
los y persüaskmes/ y con todos los 
Tiolenlbs desde la conquista baéta hoy« 

6. Entre las muchas coÁis comunes á 
ó'cáíd t&áas mis nacionesy hay algunas quepuef! 
éMTContfdvrarse coino peculiares sfayas» yrotifa» 
eomó toldadas del' hondiife europeo^ Lab praas«* 
fm son iaá crueldades^ estrava^tes' en ksosi 
grandtt fiestab/ en sus duelos > en poner el bar^ 
bote y en agrandar tan enonhemente jsds ore^ 



— 350 — 

jas. Ellos no dan razón ni saben el objeto ni el 
molii^o dé tales cosas y y yo estoy tan lejos de 
adivinarlo , como que si no las hubiese vktc^ 
prábtícar, me parecería imposible pudiera ocur- 
pir:á nadie lates barbaridades^, ni aun im mot^» 
vo. para hacerlas. La facilidad eon que pardea 
las indias sin mala resulta* sin que les falte lale* 
choi y sin dejar de hacer el mismo díalo que las 
corresponde: los dientes siempre blancos y bien 
puestos^ la plena libertad p^ra todo, sin cono- 
cer, autoridad ni amistad pariicukr, el dirigirse 
sin saber porque por unaspráct^sícofllio siles 
fueseii innatas: el no conooer ambici()a^yiegas, 
bailes» cantares^ instrumentos músicos ^ la 9}pm^ 
tia con que' soportan sin quejar^ la iótemperie^ 
la escasez,. las enfermedades^ dolases^ 'daélos y 
fiestas^ la iguaklad de clases, y no servir unos 
á otMis: el- no. saber la edad que tienen^ ni cili- 
ar de lo ponren¡r:aiiii?para hauér fprorísioaes, 
limitándose á.tenep. para el dia;jel »aomer..mn- 
ohoíde-uaa vez, sin avisar niconvidaD a. nadies- 
bebiendo ^ntes. ójdespue^ y.nuáQil a media cor* 
mida) él -noi tener hora fijai para! nada; el.. no 
lavarse^ barrer hi eoseis ni instruir á los* hijns, 
echándolos luege de casa algunos y matándolos* 
otros:; el, respetarse 'los indios de. la misma 
nación^ de modo que no séiiacomodan , roban 
ni matan, y el morir sin inquietud por la mu- 
geré' hijos. que dejan.» . 



i< . •• i 



— 281 — 

7. Lo dicho en el nücnero precedente son 
también diferencias con los hombres europeos, 
de quienes ademas difieren, en la superior es* 
tatura, igualdad de individuos» y elegancia de 
las formas de muchas naciones # y lo contrario 
en otras: en el color y no tener barbas ; en el 
poco vello y cabetlo mas espeso , finws ; largo 
grueso * lacio, nunca crespo, y siempre" tíogrof 
en los OJOS mas pequeños nunca bien ab¡ed%)si 
y siempre negros y relucientes: en la' vista y 
oido muy superiores: en los dientes mas firmes 
en un pais donde se les caen mucho á los es- 
pañoles: en ser mas flemáticos, menos risibles 
é irascibles , y manifestar menos sus pasiones 
al esteríon en no gritar ni tener voz gruesa ni* 
sonora: en la menor sensibilidad y aun fecundt^ 
dad segon se dijo en el cap. 10, húta:\5ft', d^ 
los goarams, debiendo entenderse lo mismo de? 
los otros. ' ^ 'V * 

.8. En el capítulo precedente se han men-^ 
donado treinta y ocho naciones dé idiomas dífé^* 
rentes. Creo no exagerar diciendo, que ademas* 
Iiay otros seis idiomas en los indios que víVéñ ál' 
Occidente de los pampas: otros seis en los del' 
Mediodia hasta el cabo de Hornos; y otros ocfao^ 
entre las antiguas naciones de las provincias de 
Chiquitos y Moxos según se insinuó cap. 
rior.iidais. 45^ i6 y 147. 



— %n - 




t * 



CAPITULO XII. 



» • f 



tádore» del Pi^ragiiay 7 ría áfi la 

írM^*a W*, ^^i^^t^ y reiloelr * to« 
loqlos. y deliiiado eoü qae «e le« m 




«\ • 



^qui de la coadiicta ()e. io§ esp^qpl^s y, e^la9¡!Ís- 
lieos seculares, respecto ¿ Ipsio^ips» iiwcr^ 
vandp^ para «el capítulo siguieQle^ ti;atar ds los 
padres Jfisuiíag, e,n sus p^e^os d^l liwtm y 
Uruguay. Como los españoles llevaipQ v^k 
simas, mugeres. de ^rop^, y ^epe»iubalI. 
mod^asj e4^<arpi| maQo.d^e. la^ ¡adíns en. clase. 
4.9 cQqcubiiias, Por esUft ip^dioL aei disminayÁ 
l)AStsu^t9 el.núffleirp. dp ¡adipft.lísps^^ 
en esp{iqples, porqne. el.r^y d^dni» tales á fe» 
qpusstizo^ que reftqltórojri. 

% Ikos. ()0Qquis(9d«i:ss.dQ. aigueHos pwes 
hícÍ9i;on distinciojiL eo el: modo, de'tratiu!. iios 
indios. Si ellos cometida, insulto^ e iojusúpi^ 
contra los españoles» estos después de vencer* 



los ep alguna bqtaHa , se los repamian » y les 
CJbiKgahíin á servir de criadas : ademas de otros 
indios que voluntariaiiiente solicitaroD ser ad- 
mitidos ea el mismo servicio. J)e unos y otros, 
se {armaron ks encomiendas Hamadas gener 
raímente de Yanaconas y en el Paraguay de 
indios originarios. Los encomendaderos ó los 
que las poseían , tenían siempre en su casa to- 
4os k)s indios que les pertenecían de ambos se* 
xos y. de to^as edades, y los ocnpaban á su 
adbítrio en clase de criados. Mas no podían 
venderlos ni maltratarlos, ipii despedirlos por 
males, inútiles ó enfermos: estaban obligados 
á vestirlos I alimentarlos # medicinarlos é ins« 
tnurios en algún, arte ü oficio y en la religión. 
De todo esto se hacia cada ano una visita y 
examen prolijo por el gefe principal , oyendo 
al encomendadero, á los indios, y á su protec- 
tor que era un español de los mas graves y 
caracterizados. En esta clase de encomiendas, 
foeron incluidos lo$ guaranís de san Isidro, los 
Conchas, los de las islas del Paraná y también 
algunos Pampas , Paiagpas , Albayas , y Guai* 
entms cogidos en las batallas y los citados en 
el capitulo liO núm. 72. 

3w Pero si los indios se sometían en paz 
¿ por.capitulacíon^en la guerra, el gefe espa- 
ñol* les. forzaba á hacer sus casas, y formar 
paeUafi|o en el sí^o que mejor les pareciese 




— S54 — 

á su país. Para la jusUcia y policía, se nom- 
braba eorrogidor á un caeique , y se formaba 
un ayuntamienio con dos alcaides y regidores^ 
todos indios, disponiéndolo todo como sí fuere 
pueblo de españoles. De esta manera formaron 
aquellos españoles una multitud de pueblas 
que se nombran en la tabla al fin de este ca* 
pitulo. Cuando lo dicbo estaba ya corriente y 
establecido, formaba al gefe las encomiendas, 
componiendo cada una de un cacique y de los 
indios de quienes él lo era » para que asi esto- 
viesen unidos los parientes y amigos. Se coa* 
ferian estas encomiendas en juicio formal i 
los españoles mas beneméritos, y las llamaban 
de Mitayos ; pero no eran tan titiles como las 
de Yanaconas del numero precedente , porqoe 
solo los varones de diez y ocho á cincneata 
años estaban obligados á ir por turno, dos me- 
ses al año , á servir al encomendadero , que- 
dando los diez meses restantes tan libres como 
los españoles. Ademas siempre estaban esen- 
tos de todo servicio los mayores y menores de 
la edad citada, los caciques y fiús primogénitos, 
las mugares y. todos los que en su pueblo eger- 
cian cualquiera cargo pjübUco. Aunque el enco- 
mendadero solo alimentaba á los indios mien- 
tras le servian , sin vestirlos, estaba obligado á 
instruir en la religión a todos bs individuos de 
su encomienda, y los instruyó hasta que hubo 



— 958 — 

párrocm; después se le precisó á pagar á es* 
tos. Sobre todo esto se Terificaba la misma vi- 
sita aímial que dije en el numero precedente 
se hacía de las Yanaconas. 

A. Gomo los encargos y ordénes de la cor- 
te eran siempre apretantes para adelantar los 
descubrimieotos y conquistas, sin facilitar me- 
dios ni czndsieSp Dominga Maninez de /rola, 
gefe que arregló todas aquellas cosas^ discurrió 
el medio siguiente de adelantar las^ conquistas 
sin el menor costo del erario. Luego que • tenia 
noticia que habia indios siWestres en alguna par- 
te, y que no eran muchos, incitaba á algunos 
españoles voluntarios para que- á su ri«gó y es- 
pensas los redujesen, ó precisasen á agrégarseí 
á algún pueblo de su lengua donde siraesco de 
Mftayifs ó. de Yanaeonm lleváadcAbsi so* casasy 
segpm bl reparto que bs misníos 'espafoles^kH' 
t^resados andaban. . Gaándo> s^bía' Irila quef 
había muiebos indios én unidistc^p, ccmq &dcB^ 
d|6 w las pcotitirias de >Gnia«, dé Jerez, dé 
CM(|uilo$> dé Sánte:Cfuz:del CbMo y de Santa 
Fé^ loú hacia seconbcer, y Um^ despachaba 
nna cofupania deespánolesbénóiidendé fundar 
una villa ó ciudad ea medid deioéiudiosv r de 
repartírselos en enconiiendas ya t de Yanaconas 
ya de Mitayoi según dietabtti iM'circnnstattéfen 
esplicadas en los dos números precedentes. 

S. Lá dnractoni dé todas bs encomiendas^ 



se fijó en la de la vMa de^ {muer fioseeéor) y 

lá de su herédehK acabada data Miaa ifékdw 

abolidas^ y los mdtos éo bf raistaoa Irbártaé. cfte 

los españoles, con la scia diferencia drf |Bfp' al 

erario üii trtbato ínoderaáa en fihiloa dbl pib • 

El que médíle h formaehm de encmifeiidar y 

stt duración, conocerá cpe remifó irala eh eaté^ 

pílalo cttaota refléxiravprádeaeiá',! humiiiliiAvft 

y política cabe ea Un kcrnak^e, Gnab» pipóüsí* 

do á adelantar el deséabriaiento f. emqdiscar, y 

le era imposible' hacerlo tbff anos! aaUbdo^ i 

qaienes el rey nod^tba hon^w^iádeUloei^aratts 

ai ntuAicbne^^ m aun vcbtnaTiarairtoQsar afganas 

ni Irala pj»día propordoaarreB aada/decm^ w 

un pais que ncr conocía méudm |ii: frato^jpfeiMO* 

so. De mddo qué. fiarx ésMDNUan' yniover. a 

sos gentes, no lintKy otiro resorte qbe 'ehcebn'dlf 

darles eúcoaiie&daa^tdisftiágui^nilbtoeni^ 

pecios de Müágñs^ y Fotáiciam paracMbaMYr 

enlo postblejibtidaiOoa*k)eiádlba;^árqniie^ 

libra de malos iratanfenlos con: 1» ' pinÉtaa ^ 

sitas^ En cuaaio i laiduradioil'de las doi^^ifdiis^ 

dd las encomieiidásjr; era el num oórtol tiainpo 

necesaírio paiSa civilizar é instruir á- tos* tndfos^ 

bkja la dirección y trato inmediáioide lo^éneo*^ 

mendadefos interesados . ea eeto^y pakvtifteoaH 

pensar los oóslos^ fatigas. y peiif^os.dd'lbs'éoa^ 

qnistadorés. t 

6. Sin embargo, desdbentbiiGei^lufcu.l¡oy 



— 857 — 

ño faan (aliado gentes, que han declamado con- 
tra estos encomiendas; pidtando á aquellos es* 
pinoles con los mas negros colores. Pero re- 
flecsHMmndo la historia de las conquistas, no se 
eocontvari otra con tari pocos escesos cometí- 
dos, lii que haya producido tantas ventajas á 
los Gofiqnistadós con tan poca sangre derra<* 
mada. 

- 7» Asi estaban la cosas, cuando dispuso la 
corte qae don Francisco de Alfaro, oidor dé la 
«ndíencia de las Charcas, pulsado al Paragunly 
en clase de visitador con instrucciones compe-* 
téntes y grandes facultades. Este hombre por 
los años de 1612, mandó, que asi como fuesen 
muriendo los que tenian encomiendas ^ queda* 
ten estas agregadas al real erario sin bonferir- 
se i nadie; y que los que las poseyesen entre 
fimttf, ntí eligiesen de sus indios MUaybs servia 
tío personal^ sino un corto tributo anual en fru- 
tos del pÉÁ^ y k) mismo He losincfios Yanaconas j 
débieBdodal' á estos tierras para cultivar por su 
(Otfeofta, de donde sacar el citado tributo, el cual 
debería entrar en el erario luego que vacasen es- 
táis enoomiéndaif. La corté apéobó ésta provideni- 
ékkf peto como déj«(ba á los españoles sin un criá«« 
-éb ni €l4|BMÍtf , no áendo etdomséÁ decente allí 
4fb» «fr éspaAot sínríése á otra y m» habiendo 
* Mdavbs nebros, lo répi^sen taran sd visitador^ 
j éMé «Mviáfe éa dejar las cosas cómo estaban 

33 



— t58 — 

«intesy insi&liendo en que no se cónfiriéae nin- 
guna encoiiiienda de las que vacasen. Así se 
verificó con las de los vecinos de Baeno&-ili« 
Fes, de Santa Fé y G>rrientes9 pero no con los 
del Para^lbay, cuyos gobernadores conünnaroo 
dando todas las que vacaban, conservando el 
servicio personal* Aun en el año de 1801 so* 
cedía lo mismo; pues aunque como veinte años 
aiites habia mandado el consejo coropKr lo ái^ 
puesto por Al faro , representó el gobernador y 
el ayuntamiento; y quedó todo como nates. 
Verdad ea que los padres Jesuilas logk'avon des* 
pues de muchos años de las disposicioiies de 
Alfaro, libertar de encomiendas los pneUos ct* 
tados cap. 1 3^ niim. 1 1 • 

8. Mandó el visitador , que na se fundaseD 
en lo sucesivo ninguna encomienda de. yadíos» 
apoyando esta y todas sus providencias ea los 
supuestos escesos cometidos por los españoles 
en la caza, de indios citada num. 4^ en que no 
era lícito forzar á ser esclavos á los indios, li- 
bres * y en que se conseguiría su ctviKzacioB y 
sumisión mucho mas fácilmente conafiáodolas en* 
toramente á los eclesiásticos. Los ültimos padres 
Jesoitas del Paraguay^ se jat*.taban de que losada 
so sotana halHan dictado á Alfaro jai» providen- 
cias f y contaban esto entre wÉ grandes servir 
€Íos hechos á la humanidad y al estado» Pe- 
ro yo no sé como no reflexionó el visitador ^ y 



— Í&9 — 

mas la corte , que ea ud pais tan apartado, don* 
de el rey no tenia un soldado pagado , ni facilt* 
taba el menor auxilio para nada , el cortar la 
finrroaciop de encomiendas equivalía á estirpar 
de caiz el único estímulo que podia animar á 
los españoles particulares , á adelantar 4os des« 
cnbrímientos^ las conquistas y la civilización de 
los indios y y que nada de esto podría verificar- 
se^ ni aun conservar lo conquistado, prohibien* 
do que ningún español secular tuviese parte 
en ello 

9. Esta reflexión se bará evidente, al que 
considere qae desde las providencias de Alfarar 
basta poco ba no se fundó ningún pueblo espa- 
ñol : que muchos de los que había anteriores, 
.han sido destruidos' ó abandonados; que bastan* 
les españoles, disgustados del gobierno , se fue- 
ron á establecer en S. Pablo y otras partes ea* 
tre los portugueses, y que el imperio español, 
lejos de adelantar, fue perdiendo y perdió U>« 
talmente las provincias de Vera, de Santa Cata- 
fina y Gananea , del Gqairá , de Jerez , de Itatí, 
de Cuyabá, de Matagroso, del rio grande de San 
Pedro y del Chaco. El mismo convencimiento 
sacará el que lea al fin de este capítulo, la tabla 
de los paeUos de indios fundados por los espa-^ 
ioles seculares, si advierte que las fechas de sus* 
Anidaciones y sugecion de sus incBos son ante- 
riores á Al&ro : pues aunque bay en ella diez 



de fecha posterior , leyendo sos fundaf^oes f» 
los capítulos 16 y IT, se CDContracá que. pan 
formar los cuatro, sq despredó lo dispuesto por 
Alfaro, y que los restantes lejos de es^r consta 
lidadosy aun no tienen un indio civil ni cristiaii9i 
y no se piense que las disposiciones de Alfiua 
han fundado otros, pues no se mostrara ni uno 
como luego veremos. 

10. El gobierno portugués siguió las niáii« 
mas contrarias á las de Álfaro, pues sobre indr 
tar por todos medios á los particulares, les daNt 
auxilios^ armas y municiones, y les perqiitia 
Tender por esclavos perpetuos á los indios qu« 
pillaban en sus Malacas ó incunsiones* « Con esta 
conducta libre, atrajeron muchos españoles: de- 
sertores ó malcontentos ; buscaron y encoDlra- 
ron muchos indios silvestres, y cuando escasea- 
ron, se llevaron los de diez y ocho ó veiale 
pueblos fundadosry catequizados antes por ktf 
españoles. Con semejantes correrías descubrie- 
ron y se apoderaron de las provincias ckadas en 
el numero anterior* y de las minas de oro y pifr^ 
dras preciosas de Cuyabá , de Montegroso y de 
otras. 

11. En la formación de los pueblos dé la en 
tada tabla» nadie intervino sino los encomendade* 

« 

ros que por su particular interés sujetahAn á fes 
indios , los in&tniian del modo posible en las ar- 
tes , ofidoa y en el catoJüeisqdo^ Ningún edesiáti 



— Mt — 

tÍM hbcisi pudo hacer nada en aquellos prime- 
foa tiempos con los indios , porque solo hubo un 
dérigQCMHi los primeros conquistadores; y aun 
cuando veinte años después Uevó e) primer obis* 
po canónigos # clérigos y frailes / en todos no eran 
sino dí^ y siete. Solo uno de ellos entendia el 
goanmí ó lengua de los indios, mas no lo sufi» 
emite para tnducir nuestro catecismo ni para 
predicarles» Llegó ya el caso de haber ya funda* 
das siete ü ocho, ciudades españolas» y cómo cua« 
reala pueblos de indios no siendo los ecjesiásti* 
oos aino veinte, incluso el señor obispo. Dos 
ÚBÍces entM ellos, que entendían el idioma, cor- 
rían continuamente de unos pueblos á otros» 
y se conoce lo poco que aprovecharían en todas 
partes. Viéi|dose la estreroa necesidad de ecle- 
siásiicos, los solicitaron con las mayores instan* 
€ÍaS| hasta que el año de 1611 llegaron los padres 
Jesoitas, i quienes el juez eclesiástico encargó 
¡nm^iatamente las atenciones parroquiales de 
toda la provincia de Guaira , que aun no 6ab¡a 
tenido jpárioco alguno, no obstante de haber en 
eHanna ciudad española y trece pueblos nume- 
roaos de indios, fundados cuarenta y cuatro 
antes. En el propio caso estaban los anti- 
pueblos de Taréy , Bomboy y Coaguazd 
que se encomendaron á otros dos Jesuitas He-* 
gados después en 1632 y el de S. Ignacio^gua* 
¿éá^iroeldei«09. 



— 96S — 

1 2. Por las ordenanzas ád visitador Al&ro 
citadas núms. 7 y 8^ ise prohibieron todos los 
medios seculares ó de la fuerza practicados has- 
ta entonces para reducir y civilizar indios sil* 
vestres » y se encargó este tan grave negocio 
privativamente á los eclesiásticos^ franqueándo- 
les con libertad y continuamente abundantes 
caudales de las tesorerias de bulas y vacantes 
de obispados. Luego se han buscado eclesiásti- 
cos que han convenido en irse á vivir entre los 
indios pampas , minuanes , mocobis y abipones^ 
tobas ) pitilagas , lenguas » albayas y payagoas^ 
precediendo el beneplácito de los indios, ofre- 
ciéndoles dar vestidos, la comida y herramien- 
tas. Convenidas estas cosas» se han formado 
pueblos de chozas en los sitios elegidos por los 
indios^ y los eclesiásticos dotados con baeMS 
sueldos ó rentas, se han ido á vivir entre dios 
sin tener mas ocupación que la de repartirles 
lo prometido, sin poder hacer otra cosa, por- 
que los indios no los han podido entender» ni 
ser entendidos de los •eclesiásticos. Yo l^e visto 
principiar muchas doctrinas ó pueblos ae esta 
manera eclesiástica, v tambiealos he vista acá- 
bar; ya porque se agotaron los caudales asigoae- 
dos» y ya porqué aburridos los curas, los abal- 
donaron. Me consta ademas haber acaecido lo 
mismo á otros muchos, aunque no se anotan en 
la tabla al fin de este capítcdo.p^r no veiúlr al 



— ,J63 — 

caso'; pero no se mostrará en aquel pais qd 
pueblo existente formado sin la fuerza sino ecle* 
aiásticamente , en el que todos liis indios , ni 
ami nno de eiks sean sumisos civiles y cristia- 
nos. Lo único que se ha visto en esto es, que 
Á los eclesiásticos han sido muy constantes y 
loa caudales han dado en manos económicas, 
se ha prolongado la destrucción de los pueblos. 
Asi ha sucedido á los seis liltinxos de la citada 
tabla , sin que por eso se hayan civilizado, ca- 
tequizado ni sujetado sus indios , que están co- 
mo el primer dia. Si contra esto se dice que el 
rey envia continuamente de España doctrineros 
de todas las religiones y que estos tienen for- 
mados innumerables doctrmas ó pueblos en to- 
das Jas partes de América, responderemos que 
también los envia al Paraguay, donde he dicho 
que nada han adelantado, siendo de presumir 
k) mismo en todas partes, aunque yo solo hablo 
de lo que he visto. 

13. Verdad es que los eclesiásticos, igno- 
rando la historia y mas el carácter de las dife- 
rentes naciones de indios , haa preferido para 
808 empresas las citadas en el mimero anterior 
que son tan indomables, como que ni los heroi- 
cos conquistadores pudieron sug^tarlas ni ade- 
lantar nada con ella?, ni creo posible que nadie 
lo consiga por otro medio que el de buen trato 
y eomerciOy hasta que mezcladas con nosotros, 



W< - *• II' ^ 



adopten inseBsiUemeote ooeitris 
leogua j religMNu La ftierza pddrá i la Uiga 
éstermiímriasy ma* no domiorlas ni porraadilláft; 
Si los eclesiásüoos se hubiesen tllrigido ¿ ios 
guaranís silvestres mas dóciles que las dltadba 
naeidnes, no habrían enoontrado táattas liificd* 
tades» sin qne pot esto erea yo q«é Mifesea 
logrado forinaliaar sns ^dyéébos Ijii d iinilie 
de la fuerza seeiihir, ^qiie üié cMst* qtít 
niiiguna reducción de indiM M ha formaliíiiio 
mü ella. 

H* Aun asi se me hace inifMsiUer ^(1^ 
adelante nada cOn Otras nablobeíB t>Or una dó^ 
xñles y pusilánimes qile í^ean, por lá graHdftífua 
dificultad de aprender siis idiomas f de traducir 
én ellos nuestro cátecisinóy' faltando á (odds las 
palabfte precisas para espresar todtf lo* iKíeiéc» 
tnal y espiritual, de que no tieaen idea. Lm pa* 
dries Jesnitas a quienes tengo por los mai pnrc- 
ticos, diestros y diligentes en ¿aateria de reduc* 
cioués; vivieron mas de veinte anos en clase de 
curas doctrineros « entre los Tobas, PkXayas, 
Abipones, Mocobis, Albayas, Pampas y Miaña- 
nes sin poder fcnrmar uña gramática ni cütecis* 
'mo en tales lenguas. Cuándo hubiesen HagMdo 
á entenderias y haUarlas perfectairtteté* ^ nó 
era posible trarismttír á otros to que elfoB élH 
piesen, por que todos ó casi todos há tkUlá» 
idiomas usan de sonidos que no pnedMi eacrt* 



— «65 — 

birse eoa nuestro Mfabeto. Se conocerá m» la 
dificaltad sabiendo , que aunque hay en Amé- 
rica tantos idiomas dife^ntíunios y que en 
grande numero de ellos se han intentado tra- 
ducir nuestro catecismo por los misioneros, 
creo que no se puedan mostrar sino cuatro 
iraducciones: á saber en las lenguas Aimará, 
Qnidhioa, Megicana y Guaraní. Aun estos se han 
formado y por que los españoles criollos han 
adoptado tales idiomas y les ha sido meóos di- 
ficil suplir con el español lo qtié faltaba á los 
otros : de modo que se puede desconfiar que 
sean sus catecismos exactos * y mas no habien- 
do yo encontrado smo solo tres curas que se 
atreviesen á predicar el evangelb en guaraní; 
no obstante de qoe esté era él idioma nativo 
de tddos los curas. Oigo liáUar de que los ecle-^ 
síástíccis bata catequizado infinidad de indios 
de inottnerafaies lenguas; nías no creo se maes- 
tral traducciones del catecismo en mas idio* 
Bim qiie los cuatro ciladós. Pct esto quisiera 
me dígesen ¿qué instrucción han podido ó pue- 
den dar, fuera de tos dichos cuatro idiomas^ á 
únM indios qué no entienden el de sos predica-^ 
dores? ^Se podrá pensar qué han principiado 
enseftíndolee nuestra l^igua^ mas^ no creo qpiet 
puedan mostrar un solo pueblo donde haya sn» 
<seáiáo tai (toa j ni la creerán los que conoc* 
exa áf lo9 inidros sUvestrea ^ á quienes solo la 

34 



fuerza puede h«icer que quieran oir , mas M 
que entiebdan. 

15. Vimos en el niim. 7 que. contra las 
disposiciones de Irala y habían continnado es- 
tos indios con la servidumbre de encomiendas; 
pero en lo dema^ se les dio plena libertad como 
á españoles. Asi estuvieron un siglo , hasta qne 
se les aplicó el gobierno en comunidad inveor 
tado por los padres Jesuitas , de que se hablará 
en el capitulo siguiente , y desde entonces han 
sufrido las vejaciones ya insinuadas. En cuanto 
á lo demaís , estos indios cultivan y pastorean lo 
mismo qne los españoles que los han instraido 
y aun son ios únicos carpinteros y tallistas dd 
pais. Se ignora su capacidad para el comercio, 
porque no se les ba permitido comerciar abo 
frioleras á hurtadillas. El trato con sus enco- 
mendaderos les ha enseñado á fabricar cada fi^ 
milia ^u easita con divisiones por dentro, íDon 
cocina y algunos muebles , el haberles permitido 
trabajar para sí dos diasde la semana, y el ha- 
cer lo mismo muchos dias de fiesta* ha propor^ 
cionado á muchos el tener algunas vacas leche? 
ras, un burro, algunos caballos, gallinas y cerdo. 
En punto á religión los creo muy atrasados aun- 
que no tanto como á los indios jesuíticos, y lo 
atribuyo á que como sus curas han «do siempre 
hijos del pais , cuya lengua nativa es la de los m? * 
jdios, les ha sido mas fácil recibir la instrucción. 



— «67 — 



Tabla de les naeblMi de Indle» femia- 
des per loe eeaquletaderes. 



< 



Nomkres d9 



Años 
de la 



lo« fm^íoi^ fwndae 



lu. 



Tagoaron • . 
AregQA • . . 

AIUM 

Tobtiit . . . 

Toit 

lp«ié . . . . 
Goanmbtré. 



Latitud 
austral. 

25*3(y30*' 

25 54 56 

33 20 

i 

6 

1 35 

25 16 45 

23 16 26 

23 23 i 



ÍPl6 



Atlra. • • . 

Maficajú . 
Tcracaoi. • .1 
AbiraDariyá/ 
Candelaria, .i 
Loreto. . . .| 
San Ignacio 
nifri. • . • 
Saniafíer. • 
San José. . . 

Annndadon. 
Sts. Angeles. 
San Miguel. 
San Antonio. 
San Tomé. . 
Concepción . 
San rallo. . 
SanFedro. • 
icMs Maria. 

Calcbaqoi. . 



Ptrteogoasú. 



• • • • 



Carmiai.» 
Facnoin. • 



1536 
1536 
1536 
1539 
1539 
1539 
1539 
1539 
1539 

1539 d. 21 4 17 



Longitudinal 
O. da Parii. 



Nota, La d ín- 
dica pequeña duda. 



59*45* 
59 40 
59 39 
59 46 
59 38 
59 29 
59 31 
59 22 
59 19 



2' 
14 
14 
2« 
30 

1 
26 
10 
29 



Eiisleo. 



1639 
1539 
1639 
1539 
1555) 



d.59 28 1 



24 7 25 
24 9 30 
24 22 56 
24 30 43 



57 52 

58 12 
58 15 
58 29 



64 

10 

28 






I 



ÍSe nnié al de foi 
Tois en 1746. 

/Destruidos por loa 
portngvesos en 
1676. 

Eiísten. 



1555 

1555 

1555 

15551 

1555 

1585' 

1555>EnelGaairo. 

1555 
1555 

1555 
1555 
1555 



Destniídos por loa 
porlugaeses 
1631. 



1573 



iim 



32 34 2 



23 13 30 



63 26 30 



59 15 25 



1576 d.24 4 O d.59 20 4 I 

] ' * 

1880 d.2S O O d.97 1 O } 

1580. 20 25 O I in 41 O I 



Sos indios «e han 
españolizado* 

Destruido por los 

portugncsea aa 

1674. 

Destrnido por los 

portognescs an 

1676. 

Destruido por los 

portugatses en 

1635. 



• 



— 468 — 



déla 
fitndac 

1880 



Baradero. 
Okoma. 



• • 



Latitud 
auttraL 



LonaitudinQl 
O. ¡9 París, 



I 



Guacaras . • 
Yuti. • . -. . 
SaDta Lucia. 

Tarci 

Bomboi • • • 



Caagaaiá • • 

Caaiapá. • . 

Saa Ignacio 

goaxá. . • 

Taii 

QoUmet. • • 

Areosia. « • 

S(o.I>omiBgo 
Soríaoo. . 

Tiapé 

Sao Javier. . 
S. GarónimOf 
CaiaalA. • . . 
San Pedro. • 
Garzas. • • . 
Taiapen. . • 



1588 

1888 
1888 
1888 

1892 



33* 46* 38* 

97 46 O 

27 77 31 
27 17 O 
38 )W 30 

92 4 O 



1892 d.22 14. O 

1892 d.22 30 O 
1607] 26 11 8 



1609' 26 84 36 
16101 27 18 88 
1618 34 38 48 

1632!d.24 22 40 



^.1680 
1673 
1743 
1748 
1749 
1768 
17701 
1798 



83 83 86 

28 82 O 

30 32 18 

29 10 20 

31 9 20 
29 87 O 

28 28 49 

29 43 30 



62* 6*30*' Eiiste. 

IDestmido por ki 
61 O O ( poringnescs ea 

( 1748. 
60 88 12 ) 

60 31 38 > Existan. 

61 18 2 ) 
60 13 4 lü«Jáos.« «ijaia 

d.89 30 O 5 
88 4ií»49 1 



89 4 14 
88 39 29 
60 36 80 



Se nama boy Sia- 

tiago. 
Eiiaten. 



d.88 37 O f So nnló al de Ws 
i Altos en ItlB. 



60 38 20 
88 89 33 

62 87 18 

61 43 46 

62 39 O 
62 37 O 

61 11 40 

62 40.30 



Existen, 



9S9 ^ 



mm--: 



CAPITULO Xlll. 

De !• praetleade por Imi padres Je- 
mitas para redaelr y gelbemar Um 

ladlMi. 



1. Llegaron los padresL^^'^^ ^ P^ ^^• 
mi descripción el ano de^4fi^ y administraron 
temporal y espírítiíalmeote treinta y tres pue- 
blos de indios gnaraois ó tapes que es lo mis- 
mo. Tres de ellos que son los lUtimos de la ta- 
Ua al fin de este capitulo , están á la parte del 
Norte de la proyincia del Paraguay, y los trein- 
ta restantes componen la provincia de Misiones 
del Paraná y Uruguay. De los treinta y tres ci« 
tados pueblos» solo fundaron los padres los vein* 
te y ocho de la citada tabla; porque los cinco 
restantes son los que hoy existen de los que les 
encalcaron á sa arriba» ya formalizados mudio 
antes , y aun repartidos en encomiendas» fiogv a 
se dijo en el precedente capítulo nüm. 11 y cons- 
ta de los papeles del archhro de la Asunción, 
por cnyo motíro se kn anotado entre los de 
dicho capitolio. 



— J70 — 

* 2. Según escriben los mismos padres redu- 
geron los veinte y cinco primeros pueblos de la 
citada tabla, predicando y soportando trabajos 
y martirios como misioneros apQSitplicos. Pero 
separando los seis que son colonias, porqae su 
fundación les dio poco que hacer , no puedo me- 
nos de notar, que para fundar los diez y ocho 
primeros, solo emplearon veinte años dejando 
pasar después ciento doce desde la fundación 
de S. Jorge á la de S. Joaquin , sin fundar otro 
que el de Jesús, sujetando algunos indios süves- 
tres con otros muchos sacados del dé Ttapoá 
que tenia ya setenta y un años de antigüedad; 
de modo que Jesús puede decirse colonia de 
Ttapuá , como lo son los seis que le siguen en 
la tabla. La circunstancia de haber coincidido 
los citados veinte años fecundos en formar pue- 
blos con los mismos» en que bs portugueses 
llamados alli entonces Manuftacos^ persiguieron 
con furor por todos lados á los indios gnaranís^ 
y en que estos llenos de pavor , huyeron á refu- 
giarse entre los grandísimos rios de Paraná y 
Uruguay y en sus bosques inmediatos ^ dcHide 
no penetraron , ni era fácil, aquellos inbumanos 
^corsarios, digo que esta coincidencia del tiempo 
fortalece mucho la presunción de que en la fun- 
dación tan rápida de aquellos primeros pudliks» 
tuvo tanta parte el miedo de .los Mamálucos 
como la que tuvo el miedo de las armas espar 



— Í7i — 

ñolas en la formación de los del jcapítulo ante- 
rior. El grande mérito de los padres Jesuitas# efrr 
tavo en la constancia y hsJ)ilidad con que jdir¡« 
gieron y libertaron á los indios de tan. terrible 
persecución á costa de tan largas y trabajosas 
peregrinacioneis, de las cuales puede tomarse 
alguna idea leyendo lo poco que se dirá de cada 
pueblo en partioilar en los capítulos 16 y 17. 
3. El modo de formar los padres los tres 
áltifflos pueblosde la citada tabla^ no sólo comr 
pnidba mi presunción anterior y sino qv0 bac9 
ver qué nadie conoció mejor que ellos la insufi- 
ciencia de los medios eclesiástico^; ó persuasír 
TOS. Instruidos de que babia en el Tarumá gua- 
ranisstWestres, les despacharon algunos indios 
instruidos de los pueblos del Paraná ^ que eran 
de la misma lengua ^ con algunos regalitos dicien- 
do se los remitia un padre jesuíta que los ama- 
ba muchOt y deseaba llevarles otros con abun- 
dancia de vacas para existir sin trabajar^ y que 
aun qneria vivir entre ellos. Se repitieron igua- 
les embajadas y reconocimiento del pa¡s# y de 
residías marchó el padre el año de 1720 con las 
ofertas , acompañado de bastantes indios esco- 
gpdos en los pueblos del Paraná , que llevaron 
el eqaipaje y ganados > y que se quedaron para 
cuidarlos^ para servir al jesuíta y. para fabricar 
las casas ó choz&s precisas. Comidas las vacas, 
ae llevarpQ otras y otras por muchos indios de 



los estados pueblos qoe se fijaban adi con ysnos 
pretestós. La abimdanda dé comida , la dulzun 
del padre , la buena eoodiicta de los indios del 
Paraná, las tniisicias'y fiestas» y el no molestar 
en nada á los indios MÍvestres, atrageron á cat- 
SI todo los dé esta especie qíie había en k( co^ 
marca , y se Hanló esta reunión pueblo del Ro* 
sario. Pero cuando él afto de f 721 fiobo yá mas 
indios del Paraná que silvestres, reemplaiÓ al 
primer jesuita otro del carácter que confenia^ 
él cual con su fuerza armada circundoí á los in* 
á\(f^ silfestres , y se los llevó al pueblo de San- 
ta María de Fé y eri seguida los repartió en 
otros pileblos de los del Paraná, donde los sa- 
jelaron y redugeron, menos á 60 famiKás qoe 
lograron escaparse á su Tarumá ek áfio de 
1733- 

4-. Quedó asi la cosa, hasta que noticiosos 
el obispo y gobernador del Paraguay de qoe di- 
chas femtiias estabáií en su pais , instafoa nu- 
^o á los padres Jesuítas para que les formali- 
zasen' un pueblo donde estaban. Comenzó esta 
nueva negociación con ^egalitos como la prime- 
ra, y fué el [mdre cura con vacas, indios, etc. 
coando tuvo bastante gente escogida para sa- 
getar á los silvestres^ los circundó Oda ítfafiana» 
Intimándoles con buenas razones la deoesidad 
de hilar á las mugeres y de trabajad á los baro- 
nes, kú quedó como de repetote formado el 



— 873 — 

imdTO pivUo ep 1716, coq el nofnbre de San 
J4tü)t|ip eQ TQ% de\ (lo^Q que tuvo el qup se 
h^Í4.4l>flp4f)pado ao^es; perp»e egercUó l|ieo 
1» vigiMpis^ (}p! P?ír^. por .a)guQ tiempo para 
qtt$ 00 $p le ^spapasen y también $a jiulzura, 
cQllt^m!f!^.ac¡on y ^nayidaflf principalmente con 
)o9 tti^^ díspqloíí. C^ncjaldo e§fe pueblo^ pen- 
sarQfi )os pa4r^ |e^u¡|a9 én ^pqoaf! otro basta 
cofHpaiQar )o$ que ^ei^ian fsn et P^jranáy con lo^ 
da av prpvjncja jde los Chiquitos» Cofi esta mir» 
ti^rf^íAl^fí^q á |.i 4e npvfpfnbce de 17^9» e|^ 
pueblo 4^ §. (¡^MmsIaQ por Iqs mjsmos medios 
4íiclí<w par? ^! d^ S. Joaquin, Eq ajmbos he vis- 
to ln)iehpg 1061)09 indios de los del Turumá que 
dpt Los qae fp^ron .cqi> I as vacas^ etc., del Para- 
ná, y tQ4Q$ f^f^wfifi Ip qM6 he dicho de la fun- 
(]mmíiq de si|$ (>ileUas, n(iece«:íjéndppie mas eré* 
dito qn^ .el padíe J¡q^ í^í?, uno d,eJos pri- 
n^efM cMra^ de $• Joaquín, que di.oe ep un 
6«^ito que dejó allí» que solo l)evaron doce ¡n- 
diosi.del Paraná. Sin duda quis^ pcultijir la vip- 
leocia que hícierojiy sin repar;^r .que también 
ocii|tdba la habilidad, s^gapidad > moderacioo y 
psédenjcia con que I9 jqíianejar.oa y que hacj^ 
á ras padres ^n ignorantes, qjae po conocían la 
lUiJM^ <le los nie<ji(9s persuasi vp^ p eclesiásticos. 
5w Sigui^iKlo lü idea de form^tr una cadena 
de pueblos tui9ta Ips Quiquitos, enyiarpn los pa- 
dres sus embatadas y regalitos á los indios aU 

35 ' 



— 274 — 

bayas: convenidas las cosas como para los dos 
pueblos precedentes» marcbó el padre José La- 
brador con vacas^ etc. y porckm de indios es- 
cogidos en el Paraná con los cuáles formó el 
pueblo de Bélen^ bkjodel trópico el año de 1760. 
Conociendo desde luego que era imípostble ade- 
lantar persuadiendo^ y dar sujeción á los dba* 
yas con cuantos guaranís pudiese llevar^ eseo^- 
tó el medio^ de- deshacerse de los mas esfin^ 
zádos albayas ; figurándosele seria después mas 
fácil supeditar á los denitalCon esta mira hizo 
.creer á los albayas qué los indios de la provin* 
cia de los Chiquitos deseaban pwsn mediidoa 
hacer paz con ellos, y restituirles algunos priwo- 
neros, que les habian cogido eb una sói^resar. 
Asi logró el 'padre que ftiésen coa él á los' Glii-' 
quilos tódds los aíbayas de^ quienéá se tjoeria 
deshacer, y habiendo llegado al -pueblo detSan- 
t6 CorazMiü ^ celebró su arribo con bailes- y 
torneos ; peit> habiéndolas separado maMca^ 
mente para dormir, al toque de campana ame* 
dia noche fueron los albayas atados, y Í4^ manu- 
tuvieron presos hasta la espulsion de los pa- 
dres. Entonces los nuevos administradores les 
dieron libertad, y regresaron á su pais donde 
refieren lo que he copiado. Mas nada se adeim* 
tó con lo dicho en la reducción de' Belén, queso 
quedó y existe con solo los guaranís llevados del 
Paraná. 



— 275 — 

6. Habiendo hablado de los pueblos funda- 
dos por los padres Jesuítas ^ y del modo como 
los fondaroo» trataré del gobierno que estable- 
cieron en ellos. Pero en cuanto á esto incluirá 
oo solo á los veinte y ocho pueblos de la tabla 
al fin de este capitulo, sino también á ios cinco 
indicados en el niim, 1, porque álos treinta y 
tres doctrinaron y dieron leyes. 

7. Habia en el pueblo de Candelaria un pa- 
dre, especie de provincial, llamado superior de tas 
JÍMJaiie», quien, con (acuitad del papa, podia con- 
firmar á los indios y era el gefe de todos los curas 
ó pueblos. En cada uno de estos residian dos pa- 
dresy cura y sotacura que tenian asignadas sus 
funciones. Las del sotacura eran todas las espiri- 
tuales, y las del padre cura las temporales en to- 
dos los ramos y sentidos: como estas necesitaban 
muchos conocimientos y esperiencía, eran siem« 
pre los curas, padres muy graves» que habiansido 
antes provinciales ó rectores de sus colegirá, im- 
portando poco que ignorasen ó supiesen el idioma . 
délos indios. Su antecesorledejaba en un prolijo 
diario anotado lo que coavenia disponer para 
labores, üábricas, etc., y ellos eran en súmalos 
que todo lo disponían. Aunque habia en cada 
podJo un corregidor» alcaldes y regidores in^ 
dios, que formaban el ayuntamiento al modo qne 
en los pueblos españoles, no ejercian jurisdic* 
cion, ni eran mas que los ejecutores de las órde- 



— 27B — 

neis del cura, el ciíal civil y cAmin^iúeiÁe dittn 
sus disposiciones siertipus blandas; pera M per- 
mitir apelación ante oíros jueces ó anéimkias 
¿spa&olas. 

8. No . daban los pudres curas licencia i 
nadie para trabajaran ntilidsid projña, preci- 
sando á todos sin distinoión de edad ni desex«y 
á trabajar para la comunidad del pueblo céidain 
do el mismo cura de alimentar y vestir igul» 
mente á todos. Para esto almacenaba todos ios 
frutos de la agricultura y los productos de lá 
industria, dando la salida mas ventajosa en las 
ciudades españolas á los sobrantes de algodón» 
lienzos, tabaco, menestra, eneros al pelo, yer- 
bas del Paraguay y madel^s , conducténdkrfas 
en embarcaciones propias por ios rios mas cer- 
canos, trayendo en retomo hetramientas ybqne 
babian menester. 

9, De esto se coKge, que los padres coras 
eran arbitros de los fondos «obrantes de las co- 
munidades de los pueblos, y que ningún indk> 
podía. aspirar ú tener propiedad particular, fisto 
quitaba todos los estímulos de ejercitarla raaon 
y los talentos ; pues lo inismo baliía de -comer» 
vestir y gozar el mas aplicado ,i)abH y virtuoso, 
que el mas malvado » torpe y holgazán. Gohge- 
se igualmente , que á |Kir un \$idú era *este go«* 
biemo adecuado pam enriquecer á las comnm*- 
daid^y^por el ctto hacia que lodo trabajo feen 



— 877 ^ 

Hngpido oo importáiulble qada al iodíot <|u^ 
sil eoflmuMad fuese rica. Sin eaibai^o, este go^ 
bieiiio de los indiíos^ oiereciQ los mayores eh>- 
^06 dé álgobos sainos de Eépopa , que ciNdyeron 
ser los indios lacafAudss de alkneAtar á sus ía» 
niKas^por éu nkigaha econoaita tí ptevkwa 
paira oonserTár nada para los tieiii|Mto de esc»* 
ate: en aoma loa creyeron como unos niños, á 
^pnenea no podia eónvenir otra especie de go« 
li ie iuto ^ j <}ue con éi eran felices. 

lOk Paro ¡goMorob didiea aabios qne loa 
pneUm ide indios del capftnio precedente , que 
enü de ia nisiaa nación qve los jesotticos^ ec- 
sfclieMí «n siglo Tistieado y alimeattndo sus 
lamiliats partíeiilarmente toada uoo, eín necesi- 
dad de ecónomo que almaoenaae él froto de so 
Inbejo qoe a» era ecNoÉ^^eio^ poique oí de dos 
flisses al año ps^tenecia á un encomendadero. 
Tampooo nflexioniaron qne los indios jesaíticos 
ooaio todos cuando eran «Hrestres • trabajaban 
y tenían previsión y economía bastan te ;frB es que 

ÍaUmealaban cada uoío á su familia. Nohaix>pues 
tálniñesí, é incapacidad en los indios; y cuando 
qaiera suponerse» lo cierto esijue el gobierno 
' en'coÉnaníidad no se las quHó en mas de siglo y 
medio, persuadiendo claramente que semejante 
conducta embota los lateaitos. 

1 1 • Los'poefe^os de Loreto , S. fgnacio mirí, 
Sama Maria de Fee',Sttntíago /Corpus, ítapoa 



— S78 -*- 

y S. I^acio-guazüy estaban sugetos á encomien- 
das cuando los padres jesuítas se encargaron de 
ellos y continuaron muchos años despnes. Esto 
no podía menos de incomodar mucho á los pa- 
dres ; porque los encomendaderois les quitaban de 
sus pueblos la sesta parte de los indios mas dli- 
lesy llevándolos por turno á mas de sesenta le« 
guas de distancia , y pritando por consigmente 
á las comunidades de los mismos pueblos, del 
trabajo que utilizaban los encomendaderos. Agre- 
gábase que con motiTO de visitar las encomien* 
das» iban anualmente los gobernadores oeo 
grandes comitivas y soldadesca costeadas por 
los pueblos 9 deteniéndose lo qiie les daba la 
gana. Para evitar todo esto, solicitaron loe pan 
dres la abolición total de encomiendas en didios 
sus pueblos. A la verdad pedían una cesa justa, 
habiendo terminado ya las vidas de los dos prí- 
ineros poseedores, según estaba convenido, y 
unida á la justicia de su pretensión, el fiívor que 
tenian en la corte > lograron los padres abolir 
las encomiendas en sus citados pueblos, pero 
es de creer que no seria sin grave sentimienlo 
de los gobernadores que las conferian á sus amí* 
gos y de todos los españoles que aspiraban á 
obtenerlas. 

12. Aunque hubo en el Paraguay licencia 
en punto á mngeres , y poca frecueada de sa- 
cramentos porque faltaban eclesiásticos, según 



— «79 — 

TÍmo6 ea el anterior capitulo, no hubo ni pudo 
haber ningún tícío de los que tanto se pondera- 
ron. No se conocía alli moneda metálica , mi«- 
ñas, (abricasi edificios costosos, ni cuasi comer- 
cío, ni había lujo en nada, contentándose, el 
que mas, con una camisa y calzones del peor 
li^izo del mundo. Todo esto y la suma pobreza 
del pab, consta de muchos papeles del archivo 
de la Asunción. El ponderado trabajo de los in« 
diosj se reducía ala agricultura para alimentar 
un puñado de encomendaderos# y á cuidar de 
•sus animales que eran entonces bien pocos. En 
cuanto á beneficiar yerba, no llegaba su cantil, 
dad i la décima parte que hoy, y no la benefi^ 
ciaban solo los indios jesuíticos, sino igualaren* 
te todos los de los pueblos del capítulp {interiore 
de modo que creo por mis cálculos, que apenas 
podrían trabajar en esto doce indios jesu.Uicos. 
13. Los escritores de todas las naciones 
acriminaron hasta lo supoo la.co0du<;ta delpslAA 
españoles respecto á los indios» ¿Pero prpcedier 
ron mejor losingleses» .holand^Si^?/ fra^icese^ y 
portugueses^ y losalem^neá.quc^vió á Amé7 
ríen su paisanoXarlte V? Díg^i^ lo que^q^ierapj 
pero sola los esp^analea:b4m compuesto un] có- 
digo de leyes que ittbciSA e« hwianic|atjyy,.qu^ 
protege tanto, á loisibdios^fíeofno.qii^ les, iguala 
¿ los españole», y aun Ips prefiere ^n muobas 
cosas* 0iran que tales l^yes. no se han ob^er^ 




— M6 — 

vado; paro no es dffiaíl potejar lo» padioofis é 
listas ile los íadíos «|ae babia ouaiKl^ ae loa- 
darcHi los punblós que exisien y he visto. 00 
aquellos archivos, con los ifidivtdoos qáe tienen 
en el dia; y se hallapá, como yo he hallado, 
que los iodros netos han aumentado p xm pin- 
tante qpe ínfiumerablesr se hari OQiiYerlklf^ ^ 
españoles y mulajto^ por Jaa «ej^dwi* Afl^nju 
les españoles ccMervan hoy mudiaa miltoflie^ 
áe indios civiles y silvéBlces, cuando Qtrus. ns- 

éioiies ewopeas se hsdiapán quizás embnr^H' 
das para mostrar una aldea i de fndios en sin 
dominios amei'ieaoos, ' Si muestran algiinat sil- 
vestres « no será on lo interior eam^ BoaolrM, 
sino fuera de smte fi^ontepas de . dondjs los vas 
alejando á batazos 4 svKcitnqdo' güeivtis eolre 
las mismas naciones euiopees. Ai^. pudiera 
añadir mas prtiebas de lo mismo pero me Uoñui 
á decir aquí , que lo que más faa& vituperado 
ios filósofos de Enropa/son nudsiras encoínien* 
daS; y lo que míias han aplaudido, es el gobier;* 
no en comunidad de los pueblos^ no jobstaile 
que lo primero limitado á laa do? yidas» fue el 
mayor . esfuerzo de la prudencia faniñaf a ^ mr 
gun vimos ea el eafrftulo anterior niba, 3, y lo 
segundo lo peor en -materia gqbernafivtti n« 
guüse dijo enlosniims.^j 9 y 10; : * 

14. El haber libertado de «enconieiidas á 
los pueblos jesuítico^, fué imponíéiidoleB la 



— 881 — 

é 

carga de pagar cada uno cieo pesos fuertes á 
títalo de décimas 9 y uno de tributo porcada 
indio varón de 18 á 50 años. Pero como el era-* 
río debia rebajar de esto m U y doscientos para 
sinodo á los dos padres cura y sota-cura , al 
confrontar el cargo y la data , casi yenia á sa- 
lir ignai y si había alguna diferencia en favor 
de los curas /la condenaron siempre al erario. 
En suma fueron estos pueblos tan estériles al 
fisco # como los del capítulo precedente, por 
qne ademas llevaban sus efectos j y los vendian 
en todas partes libres de derechos. 

15. La corte notificó á los padres que des« 
paes de siglo y medio empleados en educar á 
sus indios » debian estos saberse gobernar por 
si y tratar con los españoles # saliendo de la 
sujeción del gobierno en comunidad» y cono* 
ciendo la propiedad particular. Pero los padres 
sostuvieron la incapacidad de los indios y los 
males qne resultarían á sus costumbres y re- 
ligion si trataban con españoles. Propusieron al 
mismo tiempo que lo mejor era dar á cada in- 
dio alguna tierra y libertad dos dias á la sema- 
na para su cultivo, para que dejándole usar i 
su arbitrío de la cosecha , se fuese poco á po- 
co acostumbrando á manejarse por sí y á cono- 
cer la dulzura de los derechos de propiedad. 
Qoedó la corte satisfecha, pero no preveyó 

que no permitiéndose, como no se permitía, 

36 



— «84 — 

al ¡n(lia vender su sobrante á ningún CBfMoh 
ni a indio de otro pneblp , no podía adeíjuitar 
I otra cosa que comer como siiyo lo mbma que 
{ ¡ le daba Ja comunidad , sin poder comprar nada 
sino á lo sumo permutar un alimento por otro* 
iBueFecto se vio que todos e\jío^ Ilevarpo sos 
cosechas ál almacén de la comanídad • y qne 
esta se Jas distribuía como antes. 

'16«. Es menester convenir» en qiie apnqoe 
los padres manáabaii alli én un todo, iJ^aron 
de su autoridad bón una suavidad y modwacion 
que no puede menos de admirarse. A todos 
daban su vestuario .'y alimento ^blindante.* fla- 
cian trai>álar a los varones sin ostigarloa poco 
mas de íá mitad del dia. Aun esto se hacia 4 
ihódo de fiesta ; por que ¡baa siempre ^ jx(h 
cesión a las labores deí campo/ líeváncío mar. 
sicós y una imagencitá en andas, para lacaal 

ante todas $e h^¿ia una enramada, v la mi 

. . . , .! . ^ • •• y"-- ti"* ^^' *^"' 
00 cesaba ^asta regresar al pueblo como 

))¡an ¡do. Lea daban 'muchos' días de fi/csta, Ilai* 
é's y torneos I. vistiehdo á los acíores y a I<»wí 



n«r áitn 



¿lugei^es Fuesen actrices sino espectadoras.' 

17. iampoco las permitían coser ^ cuya 
ocupación estaba vinculada én los músicos^ '$a« 
cristanes y mbnácülos. l^ero las hacían bilar al* 
godon'; y los lienzos que tejían los indios, re- 



í » » / t 



— 283 — 
dúctdo^ei vestuario y los llevaban á vender con 
el algodón sobrante á las ciudades españolas/ 
Id itíisBtp<[ue el tabaco , menestras, yerba del 
P^IraíHiay. maderas y cueros al pelo. Los pa- 
dres curas y compañero o sotacura, teman ' 
SQB babitagiones míe no pasaban .de regularas, y 
Sino ed para pasear |a grande nuerta cerrada 
dé 'su colegio, jamis sallan de etlás ni pisaban 
las canea del pueblo, ni entraban en casa de . 
nfnmtti m^io. ni . sé dejaban , ver de .ninguna 
mu^ér , ni de otros varones que los muy . pre- , 
cisos para ijlistribpir sus. órden^^. Sí alquil. ep-* 
fe?¿Kb necesitaba ausílio espiritual se 1q coq-^ 
dSíSa' d¿ sil casa indecente, á un cuarto cerca* 
dd ¿ólejgia destinado con limpieza a^sólo esté 
fiH'jl V 0l sotacura llevado en sma d¿ manos con 

cründé aparato, le adininistraba allí los santos 

Z^Vo iíi ^r-»"/4 '!* j íi '•• »f'*"A í , < í- 'í i'- 
Sacramentos. Luando se matuiestaban en el 

teq^pio, aunque fuese solo para decir misa re- 

zada , era con una ostentación .que na cabía 

•»yi> i*j í ^•''it/ ' t"*- * - 'j 1 * ' ' 

mas, vestidos de lo mas f)recioso , rodeados y , 

ás»tiaos de sacristanes , monacillos y músicos . 

qqe creo no bajasen de ciento, i odas sus míe- j 

8ias eran Ite . mayores y mas macniücas de 

aquellas partes, llenas de* grandísimos altares, . 

de cuadros y dorados; loa ornamentos no po-« 

di2^ ser mejores ni mas preciosos en Madrid ni . 

én Toledo. Todo esto convence que en templos 

y sos accesorios, en vestir los días de tiesta a 



— S8i — 

los actores y ayuntamientosi gastaron lo^ pa- 
dres los grandísimos caudales qoe pudieroo 
apropiarse si hubieran sido aoibiciosos. Lo mis* 
mo digo de otros muebles , como relojes de miesa 
y de cuarto» de los que habia muchos muy 
buenos en todos sus colegios; y de coatmtane 
con el poco trabajo que , sin osligarlos | que- 
rían hacer los indios. Verdad es que si por un 
lado este menos trabajo de los indios acredita 
la moderación de los padres, no deja de ser por 
otro disminución de la industria y, del caudal de 
la nación. 

18. Sus pueblos tenian calles anchas á cor> 
deU y los edificios al piso, consistían en cuadras 
largas # una para todos los que pertenecían i 
un cacicazgo, bien que .después las .dividieron 
en cuartítos de sieter varas, uno para cada fa* 
milia , pero sin ventana ni chimenea , ni otra 
cocina , reduciéndose sus muebles á una hama* 
ca de algodón para el amo , y los demás doi^ 
mían sobre pieles en el suelo, sin tabiques que 
los ocultasen. Muy poco ó nada costaba á los 
padres el alimento de sus indios, pues les so- 
braba la carne de vaca ó toro en el procreo de 
sus estancias. Daban por vestido á los varones 
un gorro, una camisa, calzones y poncho, todo 
de lienzo de algodón grueso , chro y ordinario, 
les hacían cortar raso el cabello > sin permílirles 
calzado. I^ampoco lo permitían á las mugeres, 



— S85 — 

redocaéodose todo su vestido ú'Iipós ó camisa 
sin mangas del citado lieozo, ceñida á la cintura. 
Las precisaban á hacer de su cabello una coleta 
como los soldados, y á deshacerla al entrar en 
el templo para llevar el pelo tendido # sin nada 
que cubriese la cabeza. Según he podido juzgar 
visitando todos los pueblos , ninguno entendia 
el e^pañoL ni leian ni escribían « sino en gua- 
rami los pocos - precisos para llevar cuenta de 
las entradas y salidas de almacenes etc. Cien- 
cia ninguna y de las artes poco, por que solo 
tejían lienzos para vestirse , y para esclavos ó 
gente muy pobres : por el propio estilo la her- 
rería, platería • pintura, escultura, música y bai- 
le etCo que de todo intentaron enseñarles los. 
Jesoitas llevados con este objeto. Todos estaban 
bautizados, sabian las oraciones, por que pre- 
cisaban á todos los muchachos y á las solteras 
á decirlas.altamente en comunidad bajo del pór- 
tico del templo al romper el dia. Sin embargo» 
dicen Jos que han reemplazado á los padres que 
babia poco fondo de rel^on » y no es estraño 
cuando dicen los mismos indios que tuvieroii 
pocos curas jesuitas capaces de predicar el 
Evangelio en guaraní. Aun en el Paraguay 
donde cuasi no se habla sino el guaram^, solo he 
hallado dos eclesiásticos que se atreviesen á 
predicar en dicha lengua, confesando «el mucho 
trabajo que les costaba. Ni bastaba uno ó dos 



padres pafa'j^IJM en q[tfe'babik'aé'8ékr'yo«bo 
mil almas; Para rémediflf éñpM ésitS itiédrf- 




I preKficasén en Xtkj^'áé^déií dé a%¿u 
sia'd toiriiedi yó'HS oid6'aíI^hák;ydécit>eQ 



flinjia 

eHüs bástariH» di8p(«r>a'tk'qa« d'dk^(^i¿íil^a 
de su cabeza.' Coai¿''el' cáhtótéi' d&l'ifidfd es' 
tan grbve. tan poco 'háUádor y Inílfibioábí ad^ 
niirá'éu- fonoaiklad y: e^mpostura en téS'lebí^ 

< , Í9. Et aio dd'lTeS; ' d&jifdti sffi^ pÜáblós ' 
losrpidiles'JÍ6su(tÍ9' á: igoarniMlte'TcE&'lhafés; 
peWsófe» se fió á-V^ltís 16 e§pe^ÍtUal^ebGai^^ 
do lo teinporal'qtté'laAttiá'ténia'el i¿süilá'eiinrá' 
ufi ádhiiúBlráBof WaliíH Sé crbo táiiibfaa'im 
gcfb«raá^i*'a<iliti9fr dé t<3í4ás'lás1í6Ísi<)néis*^éI H- 
ráttá y eril^iiáy p6ñ)}«ndtí debt^, qíié todóÚ' 
d« aqibtlos (M!^! tab'^tidd' ^iho deinanó: pé- 
rcr coitK) \6é Jésúiés,^ erkú' ím^Mé^i taiiO^ 
dos y^eeÓAdtítfiiob; nfii<ábk'6'á' s4»' pueblos' c^ 
obraistfyá y tOmO piiiyifriiedád'pártifcaaak'lóií aúia- 
batl!y i^rt>cttmbáA=-nléj<MP. L<^''g6fierAMóres 
8¿euhi!fé¿; y Ids'ádiflMIáej^cfoií'éé cÍla^l€ti'|Hié)Jto8 
^e\tm; «ibve no tener lá' mfóli^ciá de los 
indias JesSHááV tíiía^iAiÁé6\tí(i %¡^gs de las 
cbníánidíadés cbflaóütta ínína ^ nb'pbdiSn'itis- 
frutar sino uu'ooito iSeAi^. Minó e^'eslUw») 
que los tOttninidaíd^iiáyán éirijíbbl^^ii), y qóe 



^% 



j>^f}s, qu$ .e^topbojí ,ei» ^ ohh^idq fin q^ne I<« 

j2^^:%imoj^jÍA<liq9 i^ijoitlares itratan^o con 
lop e^fial^r^ *^^r I^mq^ y iM^tamesgainaT 
fips y cppy^i^omÁts pwríi y^eaticse ytntarae^ 

qi)e: fi^i^an >i;:,pa4iir^ J[»9WtaP> |)a deserladil» 
ponió ja ffliíaíi. do ]q^ inii<^ d/^ <MUla. ^miÚQtj ]/[ 
andan libres mezclados jpp||.los.^|j^m(d^9 wAm- 
dp (|^ m.tcalHfP* A mi» djeseccion se. debe el 
baltor ;p(#i()p 1;!»' fi^pjipaft.4e l^tonienddo y 
]||9l<j^f^, Jf )H tmfff PfWte de^ k» adefani 
lapó^qfpp Wie^ 8M^i.en,l« a|;i?cttitncá^ 



4 > I . • f . » 1 > I 



M- i?q!^JiqHU^H««9:CMMiqiw:aipe^ 
p))8(^4 S«H^P<)9 t$>4P§ k« ip^ifiUto del capátul» 
«)nf)^r.y4élprí)^9tPi pofique d«tán.<i^nBa 

idea de) jwrá^ííW tepfe l!> f i»mttl(' y M featodó 

4e «ü? jBÍy^i^fÍpií.. Api}i|nfii( ^to&indií» parece 

áfi mav^p, m Iq?. prfiteff4ee» y mdificiiltod los 
diBJ»fi:P^..t^qei|r 4?i&eo.«H>lIqi»Q» queaeb) po» 

df|<|etb 4 ^0R<^ y la TWgñfiO». fia oniften el 
ir^iüM i^)QiS>i) ífim^ ^ ^ «K«o. habilidad, ni 



1i 
5», 



4 



^ «88 - * 

• ■ « 

á esto limnan hartari sino tomar; j st songana** «i: 
dos arrear: no háóen robos violentos lii degran- 
des cantidades, aanqne puedan ; nada éti^eián 
ni prohiben á sus hijos; se dejan fácUlnéiite se- 

Idncir para lo malo, y no son cdosos. Tal tes no 
hay ejemplar que la in dia de diez años anpfl» ^ 
haya dicho que no á nin gtm solicjtantéí sea vie- 
jo ó moxO| libre ó esclavo» Manco ó negro. El 
amor y la compasión son en ellos pasiones tan 
friasy como que mochas vetees. de órded del ad- 
ministrador aeota fuertemente él mamiío ^ el 
padre á la mnger ó al^hijó. . .. i . 

21. Se embriagan sietnpre qtfé phéfdén, sin 
mala resulta, y áuoca lleján dé jpOtierse á hacer 
lo que se íes manda, aunque do sepátani fo en- 
tiendan ; pero pafa que no le^ n^ándén dSeen 
siempre que no saben, cuando se les pregonta 
si saben hacer alguna cosa. Nunca dicen pare- 
mos ni comamos aeompañando á un viagero, y 
sí yá este delante, jamas le advierten si yerra el 
camino. Por esto si van de guias , es 'menester 
hacerles ir cincuenta pasos adelante. Sofinen mu« 
cho la intemperie, llc^via, mosquitos y d ham- 
bre; pero en llegando á comer lo hacen con mu- 
cho esceso. Les gasta ir á caballo corriendo; 
aman las fiestas, torneos, sortijas y carreras de 
caballos, pero tienen poco cuidado de estos ani- 
males; los maltratan sin lástima con escesos de 
fatiga, y con los malos aparejos* X los perros y 



— S8» — 

gfttM DO les dan 8Íao lo que ellos (Ñllan y nunca 
los matan, dejándoles <;riar todo lo que paren* 
Tampoco cuidan ni dan nada á las gallidas y 
cerdos; en iodo son e^ciosos, puercos y tan 
sumamente sufridos en los dolores y enferme-^ 
dades, que jamas se quejaii. No tienen médicos y 
si dgon español ó el cora les receta alguna medi« 
ciña la repugriáll mucho; si es lavativa se dejan 
morir con prefereiioia. Guando se conocen muy 
agravados^ piden se les ponga fuego bajo de la 
hamaca y no tOman niiigdii alimento, ni hablad 
ni quieren que se les hable i y mueren sin in¿ 
quietud poi* lo qtíe dejan ni por lo futuro. Los 
he yisto ir al suplicio de horca con igual sere¿ 
nidad de sembladle que á uoa fiesta. También 
ven morir y matan sin piedad. 

22. Finalizaré este capítdlo afiadiendOi qué 
los padres Jesuítas también intentáis someter 
á los iddios sílvesli^s del Chaco y á otros; pero 
como las fuerzas guaranis, de que podian dts^ 
poner, eran mcapaces de sugetarlos , tomaron 
el camino idétil dé la persuasión mañosa. Asi 
formaroií miichos pueblos mencionados en sus 
escritosi de los cuales sdlo eiistm hacia Santa 
Fé, el de S. ífnnékoó Javier, S. Gerónimo, S; 
Pedro y Caiastá; que se han puesto con los déí 
capítulo anteríoi^j porque aunque cuidaron de 
ellos los padres^ su fundación fue éecular; pero 
aun no hay en ellos según hé visto y me had 

57 



— 890 -- 

informado , los que los conocen / ningan indio 
sogeto civil ni cristiano. ¿Mas como es posible 
otra cosa con unos indios tan libres, valientes é 
indomables, y por doctrineros que hasta hoy no 
han entendido los idiomas de los indios, ni estos 
los de los doctrineros? 

VaMa dé léñ puéMhM de tadl 
. dados^ per los Jesnlte». 



[Arioi 
Nombres dé f Be'lá 
los pueblos . fUndae 



CoDcep.cion . 
CffrpQ».^. >.« 
SaoU María 
' mayor. . • 
Yapeyú. . . . 
'CtBdelarta. • 
Sao Nicolás, 
^n Javier. . 
Laerua, . . . 
Sanearlos. • 
JLp6atol«8. • 
San Luis. • . 
San Miguel . 
San Tomé. . 
•SU. Ana. . . 
San José. . . 
^Mártires. . . 
San Cosme. • 
Jesús .... 

San Boija , . 
San Loreni^o. 
Sta. Rosa . . 
StvJvan. « . 
Trinidad. . 

Sao Ángel . . 

* San Joaquín. 
. S.Estanislao. 



1M4 

1620 
1S22 

im 

1626 

V6lft\ 

1627 

1629' 

1629 

1031 



I 
Latitud \Longitudi^i 

austral, i O. Se ParU* 

i ^-LÍ — í— < — I 

89*ia*w* 

«7 57 IS 
1(7 m 89 



. 27* 20' 16" 
27 58 44 
27 7 23 

27 53 14 

29 31,47 

W 26 441 

»,i^ O 

27^51 8 

ft9 29 1 

'27 44 36 



1632 27 54 43 



B¿teB 



• • 



1632 
1632 
1632 
1633 
1633 
1633 
1634 
1685 

1690 
1691 
109» 
169B 
1708 



1707» 

1746 

1749 

itodI 



28 25 6 

28 32 36 

28 32 49 

27 23 45 

27 45 52 

27 47 37 

27 18 55 

27 2 aí6 

28 39 51 
28 27 24 
26 53 19 
28 26 50^ 
.27 7 35 

28 17 19 

25 1 47 
24 38 31 
23 26 17 



57 46 4 

58 58 28 

m fM 

m 39 53 

57 34 4 

58 58 28 
58 17 Í2 
5it 9 19 

57 22 14 

56 59 27 

58 17 48 

57 58 41 

58 8 87 

57 50 2 

58 39 29 
58 25 O 

58 15 58 
57 8 30 

59 14 41 
«O 43 40 

56 4 59 

57 O 12' 

58 33 20 

58 56 15 

59 28 O 



Bicolia del 4s 
SanToiAé» 
Id. del de Sis. 

i M> la mayor. 

i Id. dol de St«. 

i María de ¥é. 

)ld..ael de §. 

I Miguel. 

lid. dalde 9; 

{Garlos. . 

ild'.deldtTri^ 

} nidad. 



PLATA. 



EN1 



M Barcelo _ 

6 V, Conifis 

3*/, StnlaiH 

•/. yie» 

»/, JlJOB 

V, Svúúa 



Oto araBado 

laapaau 
an peto» Idam. 



iH5.6ge 

I.C33 



U7.t89 S 
S77-30I 

99.685 

S0.189 



Í.391.WS S 

561.568 V 

I.656.TÍ9 3 1 

57.(83 3 



1.667.1 



7 t 



i mlguntm de e«r(« v»l«r. 

I Harina Caacarílla Cabra Eau3« 

iPliidnaroa. qajalalca. arrabaa. qoialaka. qnioUlca. 



I. W 16.909 



initai. 



■•■es pura la HalMMS 8"A. 

Uak 

Pida 
ddeUa. 



37 



U9 



iU 



kUa 
S5 



RaM. 
m. 

76 71.S63 



>il<f a 

ptH* fl. 



Ucar 

anta. 

1.097 



Eml D*B Begr** 8 '/. 

Cme lilir MI 



1.338 



i.na 



318.U7 



Par aegras • */.• 



Id» Tib M 
Itlhlai. UcHiraefln. 



120.276 13.7381 133.0U 



QueadeiiuAiariiir 
ba de ta muiuaj 



'm has (le ballena y dottienlas arrobas bir- 



I » . ^ 



't » 



— «»l — 




CAPITULO XIV 



lle;l#« Par^#». 



1 . Para mejor iateligenqia de lo que iré 
dicioido^ será bileuo sabbr. que en los príocípios 
todo, el pala %iie ilest;ríbo y .mucho mas , comr 
poBia Un solo g^ierúo con qn solo obispo que 
reaidiao en la Asunción del Paraguay; pero no 
ae tardó miiebo en separar de. él las provincias 
de Santa Crqz de la Sierra , de Moxos y Cbi* 
quitosy ni los, portugueses en apoderarse de la 
^9 de Santa. Catalina y de las provincias de la 
Cananea, de Vera» de S. Pablo y del Guaira que 
todas pertenecían al mismo gobierno. De lo que 
restalla en 16^, se formaron dos, el del Para- 
güey y e) de Bueno^^Aires,. cuyos límites» largo 
tiempo indeteroüttados^ : sei fijaron en^I curso 
del ríp. Panrafié quedando aun^sin asignarse en 
la (pqr^ de GhacOr El del Paragoay perdió mq- 
.c|iQ (Hm b;ibie|r)a u^orpado los portugueses las 
,pppvHipisi9 de Jerez y Cayabá y luego la de Ma- 
t4gro0D. 

yL Está poblsylo aquel pais de tres casias 



de hombres moy diferentes, que son indios, eo» 
ropeos ó blancos^ y africanos ó negras. Las tres 
se mezclan francamente resaltando los todÍTi- 
dúos de que voy á kablar Uanndos eon el iKnii- 
bre general de Pardos, aqnqqe bajo el niismo in- 
cluyen á lo$ negro9* 

3. Sí el pardo es hijo dé indio y blanco, le 
llaman mestizo^ y lo mismo á toda la descenden- 
cia de este, con tal que no intervenga en nin- 
guna de sus generaciones qqí^n tanga sangre 
de negro poca ni mucha. 9f el afmmm se ane 
con blanco ó con indio, Ifainan el fémtedo 
mulato, y tan^bien á la deso€JQ4eiieín ée' «te» 
aonque por continuar 8u$ generaciones cmibltti- 
0Q% llegan á resiflt^r indí'vidvns n|«y UáiMés y 
Tubtos can pelo lacio y targo. ^n a^eno^ «trns 
partes les dan otros nombres: por ejempld, ni 
el hijo mutato btfjo de neij^o y Uainco se joiita 
con blanco, sale lo que llaman '«ANtnmMi por t«- 
ncr solo la cuarta parte denegro; peto si la inl 
junta ó nnioñ del mntato esr coft ne^gro^ le IIsk 
man sahb atrás j porque en féi de* salir á Mnn^ 
co. se retira temendo^tpes^e«n<rres^4(ynég^« 

4. Siéndome impostbte tiáhet Uxias feasioftev» 
das que han {htervenido par» forjnár Ml'tten- 
tiio ó mulato, hablaré afg6 de id fl^eo^ymeM^l 
de ellos con la generaUdbd qne^ hü étébtt dto 
á estos nombres, prescindiendo de su cóiDroMs 
ó menos chro, dé su peto y és Jaft-miis e^me* 



— f 03 -^ 

1106 gMferaekMieá que le hvyaii hm^éot ni qüie^ 
TO que M materia tan obsooraM'iénga mi opi» 
nkm pM co6a demostrada ^ úüo llamar ünka-* 
mente la ateockm para que otroa la mediten 
fnejw. # 

5. Los eMiqiiÍ9tadofe»ttét2iiHm pocas ó oin* 
gana mnger al Paragnay^» y uniéndose con' ¡n^ 
diaSf reafultáron nna mnhitnd de mesikios á quien 
la corte deülaM entonees por eirpiAote«4 Hasta 
estos állínios anos puede con verdad decilm 
que no han ido nrageros de afnet^, níátm^casí 
' hombres enropéos al Paragnayn y los citados 
' mésthos se ftiercm neéeaariaménte nttiendo unos 

* con otroSf éé modo- qñe casi lodos los españo«* 
les afli, son deseetidteutes. díreetos de aquellbs 
mefdteos. Observándolos yo encuentro en lo ge^ 
ítet^l , qué son muy astutos ', saigaoes , aetit^ 
<db luces mab claras, de mayor líMatma^ de^ft^í- 
'Hms mas eleganies# y aun mas blancqs^ no so^ 
1^ qne'loé ¿fribtloá ó hijos de español y espáno^ 
ia en íitiúév\tísi,^íno támÜien que los espaáoléB 
de Eurójp^; sin qué se les noteindiicJb zigano 
dé qnedescieiidande {oídía tanto como 4e espi- 

^fiol. De aqnt ptfeáe deducirse , no solei qu0 las 
especies sé^'mejAran con las mezclftá, sino* tam- 
bién que \ú europea es más' iualterbble qué Ih 
india; pues á la larga desaparece eilU j préVtf- 

'leée bon Tenfajas aquélla. Yerdád ^squb como 

* dichos vienen de espalóles conindiAs , queda 



al^a duda de que lo que prevalece puede ter 
el sexo viril tan bien coipo la especie. Co|iwm4 
gobíerao de Buenos-Aires han arribado siem- 
pre eoibarcacioaes coa españoles y mugerofi 
de Europa que se combina^pn con los mestizos 
hijos de lo6¡ conqu¡$tadores> la raza de estos se 
ha ¡do haciendo mas .europea, no se ha conser- 
vado lan pura ni bons0gM¡do las venteas. 4kÍ¡V 
de los paraguayos; los cuales^ en mi juicio » por 
esto aventajan á Jos de Buenofr-Aires en sagaci* 
jdad, apUvídad, esilatura y proporciones. 

í6j Las Ksultas de africano é indio que.4|e 
llaman JUulafio^j y que por lo «geperal ti«neo un 
color obscura amarillazo, tambím aventajan 
algo en las formas y-sagacidad á sus padres^ 
principalmente, á la parte de indio; Pero me 
parece que estas ventajas no llegan con mucho 
a las de los mulatos resultdMUes de aifrícano.:y 
europeo; porque tengo á estos por la gente mas 
ágil, activa, robusta, vigorosa, de mayor talen* 
tOg viveza y travesura. Tai vej& harian ya un gran- 
de papel por allá, sino fuese porque en llegan- 
do a seír pasablement^e blaivcos, miidan muchos 
d^ puebio y idi^ipndo que son españoles pasan 
.pier. tales» dejando ^ clase. En ca)u^o ala mo- 
i*al^ noto, muy poca diferencia enlir^ mestizos y 
jVMila(os> pues aunque entre ellos los hay muy 
honrados, lo mas general es ser inclinado á k 
emhriaj^uez» al juegp de naipes y á las raterías. 



Las leyes ponen al mulato en la ultima clase^ 
después dé los europeos y sos hijos/ de los in« 
dios mestizos y aun negros; pero la opinión co- 
mún los gradúa iguales á los negros y mestiEOS 
y* superiores á los indios. 
' 7. En mi tiempo se hizo en el Paraguay el 
padrea ó lista del ndmero de españoles y de 
negros y mulatos # y resultó de él, haber allí 
cinco de aquellos por cada uno de estas dos 
claaes; y aunque no se haya hecho ^al padrón 
en el gobierno de Bueno&-Aires > yo creo que 
aun son mas allí ó á lo menos tantos los espa- 
ñoles respecto á los negros y mulatos. Estas dos 
clases se dividen en libres y esclatos y el núme- 
ro de aquellos al de estos es en el Paraguay, 
según el citado padrón, como 174 á 100: esto 
es^ que por cada cien negros y mulatos eádfr- 
yós* hay 174 de los mismos libres. Esta misma 
propwcion es generalmente en las colonias no 
.españolas de América como 1 á 35, y la del nú- 
Adero de Mancos al de negros y mulatos^ como 
i á 45. La enorme diferencia entre estas* pro- 
porciones que hace conocer los. pocos esélaTOs 
del Paraguay^ viene principalmente de que allí 
DO se pone reparo ed que los esclavos se. casen 
con indias^ cuyos hijos nacen libres. Pero tam- 
bién deben muchos su libctrtad á los geiiíerosos 
paraguayos, quienes ademas los tratan con hu- 
manidad poco común; de modo que la suerte 



— 196 w. 

de los esdávos alli^ es ¡goal y machas mejor qne 
la d6 ios blaDcos del domua del pueblo. 

8. Eñ el gobterntf de Bueno^^Aires^ los ne^ 
gros y nfdatos Kbres úo pagan tr^Mito al Era-* 
l*¡ó, y viven sict mas diferencia don los eepaoo* 
les y que la de no obteiler autoridad pública. 
No es asi en el gobierno óel Pái^aguay , donde 
dispuso el visitador don • Francisco Alhroqne 
desde la edad de 18 á 50 afios pagse cada 
taroQ tres pesOs de triboio anoai ; pero como 
entonces no se cdnoeia allí la moneda ni había 
^iopierdó, no podían muchos negrea y mulatos 
pagar tal tributo. Por esto se diteurnó lo 400 
llaman Amparo^ que es entregarlos áloB ecleafcfe 
ticos y españoles pudientes; para que á «a M%l» 
trio y como si fiíesen «us esclavos* los Jns íipaa 
trabajar pagando el tributo por ellos. No >tlrr* 
daron mucho aquellos goberaadotes e!t^4mmh 
gardichos Pardos Kbres á sus^&vorilos , «aqpor- 
iándoles (foido que pagasen ó tíb el trtlMMo, ha- 
cienda lo mismo con las mogeres y con tedas 
las edades. Aun hoy sucede casi to mismo; Í(éb 
que los mas viven librenlente sin pagar nada, 
pbr ignorarse su paradero en las campañas; y 
ai les ostigan se pasan á otro gobierno. Los 
pocos que lo pagan , no es al erario, sino á lo 
que llaman ramo de guerra, que es un fOndo 
de que disponen los gobernadores. 

9. Un gobernador que en 1740 se tió ttiuv 



ft de tn iadií» albayas, sacó-del amparo 
á machos üefgto& y mulatos; y libertáadoloa del 
tribato, fundó cod ellos el paeblo de la Embos- 
cada, obligándolas áhaear el ejjpracio militar 
tjue DO faatútn a[veadído basta enfonces. 




-— 94kát 




m 

- •*! lili i ' !• •■ • " ' '•• ' < '»" '.Ímíí "• .' .r- 



De les espaüeles. 



I * 



1 . La diferencia en el origen de los 
ñoles indicada en el capítulo anterior nüm. 5» ha 
producido otra en los idiomas de los gobiernos 
dé fiuenos-Aires y Paraguay , pof que en aqnd 
scjlo se habla el castellano « y en este solo di 
guaraní y sucediendo esto mismo en la ciudad 
de Corrientes por su inmediación al Paraguay: 
solo los mas cultos entienden y hablan d espa- 
ñol. Esto tiene una escepdon enia villa Para- 
guia de Carugufati , donde los val^oiies faali^ 
siempre entre sí español, y con las mii^wes 
siempre el guaraní. Todos convienen en consir' 
derarse iguales , sin conocer aquello de noUes 
y plebeyos 9 vínculos y mayorazgos^ ni otra dís* 
tinción que la personal de los empleos^ y lá 
que lleva consigo el tener mas ó menos Cuída- 
les ó reputación de probidad ó talento. Verda<( 
es que algunos quieren distinguirse diciendo 
que descienden de conquistadores , de gefes y 
aun de simples europeos; pero nadie les hace 



t ' 



mas dtt¿í i)(M- esd^ tv eltos 'de|átt'de 'miviik, 
réparaiido'fKM^^n lo que* ^eda babér sido 
lanied^eleqntrayeme. tal es la idea' dé siU ígülál^ 
^d. De^fK]» vieiiie que 6ii Itis' ciudades ni el 
n^My- 4;iibueü^pa[ úq lacayo blanco é espánof Vjt 
eií priecipo'' quese Eiirva^'de indios, negrtís -6 
pardos.' : • ! */ .- '* 'j > • . '' 1 <i. ' • ' 

■ % Poedeü' llamarse úüicá^ póUacioubs' est 
páñolas all¡,'Iaá ciudades de iBciéno^ Aires, 
illootdvideo, 'M^aádiMadO, Sania F^, Co^riéntei 
y.*laf Asineion} pues atfnqueilay ^ra^ < Villas t 
-pwroqoía^ ó^pileblosdq españolas ^n^^stan sus 
pueblos iinídosi en pobllácion, sino muy despa^ 
fSHliados poi' te eaníptiñas én casas solas: de 
modo que solo* él párroco cdn. algún herrero, 
'tendero ó- tabernero viven Junto\á la capilla ó 
iglesia, Apd ouandor al§tto¿s .O|l;ros tengan allí 
tsusncasasy se sirven de ellos solo los dioiSifde 
grande fiesta. En las cStada» cÍHdades,<háy*ta| 
vez tan^tespañoles como en el resto de aqufl 
f^f $tt lo quf ibay .no! ^rave pérjuiíciaipiMS 
quitan á las campañas los brazos' qué necestlaiÉ 
y :qn^ vealflU^UesoaJa yi»rdadofa.ri)[^eza; de 
Utíñ puebioré naéÍMi4 Ademas ol habitar. en; I^^ 
«.ciudades ó en ios campos , ocs^sioáa tam graves 
.diferencias entré aquellos españolesi^ ^cotuo que 
.creo deber describirlos con separaoioni ; r < ...^ 
. 3. Como aoailas ; ciudades las . que engen- 
drad laicoirupeíon de co^tumbres^'alU es deb- 



d^-roioa, ^iitreotí^ pawmflSi fMfiiel ^kwm» 
^¡miento ijua los rcmollo^ ó 69paipl« hmMoí 
jen América profi^^aa á (edo ewppeo y «m 
metrópoli prine¡pa)meiit^{ de nioio ^que és.fre» 
^ijeate odiar laiQUger al marído.gTi'^imoal pt- 
;£lre. Se distiogiten en /eate odio los^ii^ndw 
; de fortuna , los mas inútiles , viciosos^ holf^aot* 
|j»es, y los qae habiendo estado en Eiift>pa^. re* 
Igresan sin empleo y aibilrridos de Jas sogeoícK 
ipes y molestias de los (pretei^dieQtea» Coa pooa 
reflexioQ caaoceriaii sds ainoha^ ir^iita|«s seb» 
Jos europeos; pues su país les frfttt<|iiea libar* 
i^df Igualdad, facilidad de :gaA4r ijíitetó d» 
jBuchos modos , y anii (ie oomep tfias| sin tia^ 
hsQo ni costo ; pues los oomestihl^ sm biiteas» 
muy baratos y abundantes. No Jes. dan aujecioii 

las leyes sin vigor dictadas de tan lejos » ni iaa 
contribuciones » que soq muy poea cosa , m k 
|>necisíon de servirse de esclavos y pardos i 
que están acostumbrados ; lo úiiíco upe alguna 
mx puede incomodarles , es la ^pnioQ ó Impef» 
linencia de algún gefe. 

4. Apenas nacen^ los^eiitpagan sus padres 
^por precisión á n^as 6 pardas» <que k» caídaii 
.«eis ó mas años, y después á mnlatillos, á quie* 
'Des no verán ni oirán cosa digna de imitarse, 
sino aquella rñüsa id^i, de «que el dinero ^esr pa- 
-ra gastarlo # y que el ser noÜe y generoso •con- 
siste en derrochar*, destroaar y «i do hacer 



— *w — 
«adaiji'Hic^lBdolos á^ esto iüfimo la natural 
JMrcit^ mayor eií América qtie én otras partea. 
'GÓDí t^es prÑicipioi» üo «s estráñó qoe dtssde» 
fién' 4oda 'safeleloit y trabajo , aun ' le» ' b¡ji3^ de 
«n nabiiieix) ú otro artesano » y qué no quieran 
-sogutr la ocupación de sus padres. Como ten la 
-¿ificultad de poder siobsistir por sí nísroos , to- 
mtm mucbos él partido de seguir aquella carre- 
ra ú oficio que se les presenta mas facH y espe* 
-áita. Mas «o por eso dejan de tener vanidad, 
iM *de desear de obtener empleos por mas ^ue 
aparentan desde&arios y agradecerlos poco. 

5¿ Aunque son indinados al juego (uertCi 
la ent/briaguez solo se nota' entre los mas des- 
preciables. A mi Ter tienen mucbo despejo, é 
fugeoíotan <jaf6 y sutil, que si se dedicasen 
cott la apIi<!ácion y propoi'éicmes que los euro- 
pees, creo sóbreiÉafNIrían ittiicbb én las artes, 
ciencias y literatura. En Btrenos^Alres y la Asun- 
ción» ^solo les enseñan gramática latina, teología 
* y ti^ de cánones: ademas el ' consallado ha es- 
tablecido escuelas de náutica y dé dibujo. No 
-faay flbf icas^ y las artes y oficios, que se redu- 
cen i' los indispensaliles, 'se ejercen ,por 'algún 
«arop(30 que llegó muy pQÍ)ré, ypor Ibs pardos 
IndfcMf y negros. Lo géñera,l de otras costum- 
bresi de Vestidos, modas y muebles es como en 
Espafer; jpfero liay mas lujo y miajores habrtacio- 
nes Yibtiebles en Buenos-Aires y Montevideo, 






porque son in^rjca^ qa$i las defti9iS' eiodades^ 
y e^táa en pqertos: da niar* ^Q^^9ral^lente ism 
las miíg^eis lipapias y^e.ppupaa ctísieadQ y.jó^ 
gandp::ea ^\\s casas^perosolo; bUáb lad^ideiJak 
ciudad^ ioteripresn eil algodoo? qliia.pBodace>«i 
suelo, .Toda^ (as ci|idades tienen I9S calles tira- 
das á cordélamenos la.:AsjuncipD: lalarquitecbír 
ra no ha hecho progresos^ yes^Tfira lá ca&aqw 
tenga aUí).. . . . . * .. r, 

! 6.; J^rincipipi tratar de los espai^olc* cwir 
pestres^. diciendp que me parecen mas 



I y dócilps qqe loa ciudad^no^, y <]U9 qo alimeo* 
^ ' tan aquel ódto;terr¡b]e. ¿fue dije CQnt|í;a^ Boro- 
^ pa . Sus pasas, . p9^. }o^ g^f^eral* i^QiivUnos^ iranchos 
(ó chozas despa/rran^ada^ por los c;impoB'9,;l|ajas 
y cubiertas de paj^p co^.]a% parces de palos 
vefjticalef .jupióse ^ií?,dos.eá iierr^; y tapados 
suS| filavos cpn. j)ft^rpr f^inuis {s^G^n^depiiei^ 
^JT^W?/4® í3^ ciernan, ««.pie- 

les Quaodp Iesiip9p^pd;ai..el2(tre ó el frio.JM^ ca- 
pilla que en ca^a ¡distrito lessij^ye ^q piun^Hlpia. 
es poi? lo c^omuí;! pQq^p^ay ^lir¡ca()a.coasiosus 
cítóa^:^.tp^as Ia^;¿e) JParagwy,, hay «ninaes- 
tro quej .eps^jaaep I^or.J esprifcir i io(i QW^ que 
yai^ .cada;' ina^^na^ j regr^ap por Ja no«|ie á 
8us,ca^s^^(Ús(apl;e$^dQ^^,^ <nQ9tr9 letgqas, avi ha- 
ber comido, ^^mp,!^,^ 

das que Ijieyajrpn. , No hay tales maestros en 
la parroquias, del gobierno 4^ . 9iiehos-A¡res, 



— 30» — 

j por 0810 MB pocos los que aili saben het.' 
7. ' Oxno las^ capillas ó parroquias distan al<- 
ganas veces^ caatro^ dtet, treinta 6 mas leguas/ 
rara, vez oyen misa^.y ninobos que van/la oyen 
á caballa desdé el canipo^ estando la puerta 
abifrta¿ Loa bautismos se dilatab á veces mu- 
cbM años; pero jamas omiten' el^ enterrar los 
muertos en el cementerio. ' Para ésto si la diá^ 
tanda nb jpasa de veinte legnas^ visten al dífíiñ- 
to, le poneq á caballo- co|i esfribos'i 'útd.; le sise«* 
garán alado á dos palos en aspa, j ime lleváií 
á la parroquia; pero si iá distancia! ¿é miyoi^'tí. 
temen corrupción, dqan' podrir al cadáver -cü** 
biefto 'de . rainas ó j^iedras r ó le hacen pedazos 
ddM^amando con el cuchillo - la ¡carne/ y ilevaq 
loa huesos para que el cara los entiorre/méti^ 
dos en un saco de cuero. • '<' • i ' 

. 8* ' Les campestres: tdei gobiet^o dé'Bucfnos 
üresy Bo: conocen • mas» medicina ;qii€i afgtib: ' ré^ 
media, que les .aplica alg nnaf víe|» i) cuin^üiérá 
otro; pero en cada éístríto'derParagbaylUáy tin 
coru^eto. Este va los díasidefibíta'jls/ párro¿ 
quia«, y teúlado á la puerta de'lá'fg^jajtfsp^á 
que loé .enfermosloienvien^ la qné'Ufa'¿Qatt^sns 
agoasiique^ son: unos* Mines en ^'<(afiotóllé dá^ 

ña« LungOivtevleiimas.gotaBiideiiiAtKs ebIks'iUái 
nos lalmiracontralelsoli y>lBs «ítia •lá' tf i^*/ M^ 

pitiendo lo m¡8ay>'doa>i6' Arcb^téoesi segtfir<1e'j[ia'-2 

réee <|kie caen en bóliíais 5.iéa rodo?, dicü <^Ü(^ 



una de li^ yerban. q^Ae Uava para^iM.lad toftie 

el enfermo €a ¡a&bk^.Eétos. camderwiiQtcoH 

Qocen otras enfermedadea <pie laa cHadas^ m 

TÍsitaa á los. enfecmq^t ni oyeft k rdaduMtiie 

aus dolencia^; . fuerof al^no9*ii muji podoa^ fia 

han leído i JÜada mai Faugpet ó d reeatadaca- 

tadocsip. Sj^nuQ»* dO^vbitaa j riaceiaa Si^Dn 

9U corta iateligepcia* Ssta paato ealf «taauikB-^ 

cuidado en tpdo aquel ipaisy cdno .qna.ec^ftlea: 

Bueuoa Air^ .yMoB tevidéor hsajt médko^ «n- 

j^npsry boticarioa qué hké \(kf ^QMjtfOfm^jma 

la.4^40ucioa olro$;.Efl[ loapÉeUoé dniodioam^ 

|¡aoQ9> se< (elíje .ceind lóa.abáldeB^ air india' t|iia: 

po9 un ano ba de soi^ idédícdy peta !Miq>e;gflla 

para avisfMr i^ cinti qimiiaya á eaiiCipa(ÍM|i$»* 

terrario. > . - i. . á. 

.. % .Lo6 Q9pA3oIeiiCamp08Ímtt8e éMdmíéa 

agricultmeajf )pMtoires.á aaítmoierQB.Eslaa 4bcío 

i aqci€|])oa que óQUi mentacatóaii puéa a| aé 1» 

desenpastoim^iYUiriaÁ.aifii trabajat f ai^i^nh 

{¡esidad de comer pasto aánor lea iáitMiHo% poiv- 

que a$¡ Hai&an^á h ensalada, 1eg^Qfllbit&'J.faó^ 

talizas» £n.efeclaéolQiio«l«it)áQ: kttiem ha^ie 

no pueden püopercionáffae tiertaa f ganado» 

para aer estancieroa.ó na encuaninM» ottania» 

da de iriiar* JEb eata caso de ser agvicullaiw^ 

eatá mas de la mitad de loa españolea del P^<* 

raeuay, y los que habitan las oercaniaa áfsü na 



~ 508 — 

déla Plata y de las ciudades. Estos se distin*. 
gDen de los {mstores en que sus casas estski mu- 
oto mas. cerca unas de otras, son mas aseadas 
y con mas muebles^ y en que sus vestidos son 
ál^. diejores. Saben también hacer sus guisa- 
dos de cariie y de sus vegetales y coitien tam« 
bien ipwap que son cosas poco conocidas en los 
paeiores;. .&i el capítulo 6 dije lo que es aque- 
lla ajpñcullnray y en mi obra de cuadrúpedos, 
esfdiqíió ló qué stfn alli las ocupaciones pasto- 
rífife Guídando de diez y ocha mülatíes de ca- 
búaasdo ganado vacuno, y tres millones delca-> 
bailar con bastantes ovejas. A es|o ascienden- 
mk oteif>at09de aquellos ganados: la' sésta pai^« 
te ed «I gobierno del Paraguay, y ét tm%o en 
d^ Buenos Aires. Aunque en éstos com[)ren-' 
do' loa||aifaidG0 de los pueblos dé los indios •cilí'^ 
d<éos p(se estos , úú incluyo en dicho niSmero 
dOrfis' Üps^ millones de ganado vacuno silves-' 
áie/niÜCteínnumei^ablés yeguadas alzadas ósiti> 
doefim- . ; ' 

'•' t4>.! 5 Es de advertir, qtíe ctíanto^se lia dichos 
y4frá de la gente Campesina « no pertenece sola 
á la c^^ñbla , pOrqiie es de todas las castas ^e 
hoinbfeB. En bs cásas pastoriles es general «i 
haber «mas hiuebles que un barril para llevar 
iKgoa, nh cuerno para bebería, asadores de ¡ialb 
para la carne y una chocolatera para calentaf 
ét agiíá del mate. Para baeer caldo á un enfer- 

39 



I 



— 806 — 

mo ) lie visto poner f>edacitos de carM en ud 
cuerno y rodearle de rescoldo, hasta ^tpé lier* 
via. No es comon tener alguna olla y no filito 
grande con alguna silla ó banquillo /porqiiB se 
sientan sobre sus talones ó sobré ma caiawni 
de vaca. Comunmente duermed en el*«iieÍ8í ao* 
bre una piel, aunque otros arman -ncanai^ Ipe 
se reduce i un bastidor hecho de cuatro patos, 
atado á cuatro estacas ó pies con lauípral en- 
cima, sin colchón, ni sábanas ni al mobiidatj, pero 
en el Paraguay se veo algunas hÉwaéés* No 
comen sino carne asada en un pafi>, y patfa.Mto 
no suelen esperar. hora# ni unos á otros , m &• 
ben hasta haber comido. Entonces no' teaieodo 
mesa v maátel ni servilleta , se limpiMí In boca 
con el mango del cuchillo , y en seguida' á^éite 
y los dedos en las botas. No géstaA^delasaVoi» 
y poco de la ternera, iannde Ja vaca apeias 
comen sino las costillas, lá entrepfema.yloMiie 
llaman mmainbré qae es la carne qué «ttbie. el 
vientre ; arrojan el resto , atrayendo á las eeroa- 
niás de lá casa muchos pájaros y la grande^ dor- 
rdpcion que engendra iuGaitas moscas i eaca* 
rabajos y mal olor. £n el Paraguay donde kay 
mas eeooomía», aprovechan la caifné c&Mfmoa- 
do/a,'que es cortarla á tiras delgadas cotto el 
dedo para secarla al sol y al aire; asi las coa* 
servan y comen cuando les acomoda. . 

11. Los que tienen algunas convenieBctas, 



— 507 — 

▼Mten regularinaite# pero los jproaleros y cría- 
doft suden oo teaer camisas ni calzones , aun- 
que no les&lta nunca el poncho ^ sombreros* 
calzonciUos Uancos y el chirípá , que es un pe- 
dazo de gerja atada á los ríñones que les llega 
¿ la rodilla. Llevan también botas de medio piC| 
sacadas de una pieza de la piel de las piernas 
de potros ó temerás « sirviéndoles la corva para 
inkoa. Nunca tienen ropa de remuda , y cuan- 
do Hueve 9 suelea muchos poner la puesta bajo 
de la piel ^1 que van montados , y acabada el 
agua se la ponen enjuta. Si llueve y quieren 
comer en el campo, entre dos estienden un pon- 
<^ y otro hace fuego, y asa la carne debajo. 
Llevan la barba bastante larga por que ellos 
misólos se afeitan» muchas veces con el cuchi- 
lio* Sus raugeres son puercas, y van descalzas 
iÍB mas vestido que el tipos ó camisa que dije 
délas indias en el capítulo 13 núm. 18. Las 
mas no la tienen de remuda, y se la quitan, 
*Íft«a y tienden al sol , y enjuta vuelven con 
día puesta del rio á su casa. Sus ocupaciones 
son por lo común, barrer, hacer fuego para 
asar la carne, y calentar el agua para tomar el 
mate, sin hilar ni coser. 

\% Apenas nace un niño entre los campe&- 
tres, le loma su padre ó hermano, y le lleva 
delante á caballo por eü campo, hasta que llora 
y le vuelven para que le den de mamar» Este 



«- sos «- 
dura hasta que poedoa dejarle ir aolo ea ub 
bailo viejo. Asi se crian» y oomo bo oyto relojí 
niveo medida ni regla en nada , wio« liivgoa 
rios^ desiertos, y pocos homtoes cuasi desimdoi 
corriendo á caballo tras de fieras y tatos, les 
imitan sin apetecer la sociedad de ios podilos 
ni conocer el pudoc, ni la decencia ni l»s ce? 
modídades. Por supuesto, que no tienen otra 
instrucción que la de montar á caballo» ni su?* 
jecion ni amor patriótico; y como-, se oeopan 
desde la infancia en degollar re8es,.no ponen el 
reparo que en Europa en haaer lo nusmo con 
los hombres, y esto con frialdad y sin eoEndar^ 
se. Son en general muy robustos : se qmjan 
poco ó nada en los mayores dolorea;! aprooían 
poco la vida y se embarazan menos por b 
muerte. Nadie se mezcla en disputas ngenas 
ni pendencias • ni arrestan á ningún deliaeoen^ 
te. Miran estas cosas (riamente, y aun tienen 
por maldad descubrir á los reos, y el no oen^ 
larlos y favorecerlos. No ponen reparo en aei^ 
vir en el campo mezclados con indios negras ó 
pardos, y aun á la orden de estos; pera aunado 
les dá la gana, le dejan sin el menor motivio; 
por que no se les nota afición i ailio ni á «noi 
m hacen mas que su antojo presente. Son ko^ 
pitalarios , y al pasagero dan comida y posada 
aun sin preguntarle quien es, ni adonde vae 
nunca le dicen que se vaya aunque se delMg» 



mesf^r y si jnde t^aballo párá. continuar ,:fci fo 
dan.- Sin emb^irgo ponooen poco la amistad 
particii^r. 

. 13. Para Jagár á naipes á qué son muy.afii 
4)ionado8, ae sieqtan sobre los talones, pisando 
las riendas del caballo para que no se lo roben, 
y á veces con el cuchillo ó puñal clavado á sq 
lado en tierra; prontos á matar al qne se íign* 
^ran ipie lea hace trampas ; sin qne por esto de» 
jen elk» de tracerías siempre que pueden* 
Aprecian poco él dinevo , y cuando lo han per* 
dido todo, mncbas veoes poniéndolo á una sola 
carta y se juegan k ropa que llevan puesta, 
iíendo fireeuente quedarse en coevos, si el que 
ganó no la da algo de la suya , si es peor qué 
la del que perdió. Las pulperías ó tabernas, qué 
iiay por los campos, son los parajes de reunión 
de estfi gente. No beben vino sino aguardiente; 
y essa costumbre llenar un vaso grande y con- 
vidar á los presentes pasando dé maiío en 
ñanOf y repitiendo hasta que finaliza el dinero 
del convidante, tomando á desatención el no 
beber siendo convidado. En cada pulpería hay 
unagqitarra, y el que la toca bebe & foátsí 
agena. Cantan YarabU ó Triues que son can« 
tares inventados en el Perá# los mas monóto^ ( 
nos y siempre tristes, tratando de ingratitudes 
deamor, y de gentes que lloran desdichas por 
ios desrertos. 



/O' 



— SIO — 

14V. Son inclinidos á robar catmllos, y ks 
repugna tanto caminar á pie , qae cuasi no lo 
saben hacer. Aun para pasar una calle mon- 
tan, y cuasi todo lo hacen á caballo. En sm 
juntas ó tertulias en el campo, están horas ha- 
Uamlo sin apearse. Si necesitan barros por 
poco que sea , van y yienen , haciéndolo aoNH* 
sar al caballo. Un ejercicio tan conúnnado no 
les cansa jamas, y les da una destreza mcrri- 
ble en el montar # no obstante que estriban kr* 
go y ensanchan mucho los muslos. Bfo raparan 
montar á cualquier potro, aun detos-sSfestres^ 
y seguro está que los derribe» ni que piwdan 
el equilibrio \^ no obstante que sus estribos son 
triangulares de palo» y tan pequeños, que scrfo 
meten la punta del dedo p6lgar. Cuando cae 
el caballo , se quedan sin Lesión en pie á mi 
lado, con las riendas en la mano, para qoe no 
se les escape. Es increíble él conocimiento de 
los caballos : basta Ver á doscientos ó' maa por 
dos minutos paciendo en el campo , para qne 
digan al dia siguiente si fidta uno y de que co* 
lor es. No es menos admirable el tino con que 
los prácticos Vaquéanos conducen lal panga 
que se les pide por terrenos horizontales, sin 
caminos, sin árboles, sin señales ni aguja ma- 
rítima , aunque .disten cincuenta y mas leguas. 

15. Ademas de los dichos hay por aquellos 
campos, principalmente por los de Montevideo y 



— Sil — 

Maldóoado # otra casta de gente, llamados mas 
propiamente Gaiicbos ó Gauderios. Todos son 
por lo commi escapados de las cárceles de Es- 
paña y del Brasil y ó de los que por sos atroei« 
dades huyen á los desiertos. Su desnudez , so 
barba larga, su cabello nunca peinado, y la 
oacoridady porquería de semblante, les hacen 
eqHmtosos á la vista. Por nii^in motivo ni in-« 
teces quieren servir i. nadie, y sobre ter la- 
drones, roban también mugeres^ Las llevan á 
los bosqoes, y viven con ellas en .una choza, 
aliment^idose. con vacas silvestre». Cniíndo tie- 
ne alguna necesidad ó capricho el gancho^ 
toba algunos caballos ó vacas, las lleva y vende 
en el Brasil, de donde trae lo que Je hace falu^ 
Toreeogi entre otras, á Iña de tales muge^ 
9ea española; m6 cpntó .que. hacia die£ años 
que lá habia rfjb^do un tal Cuenca: que áesta 
la habia muerto dUro:; que á este babia muer-^ 
to na tercero { y ¿ estto .el que la estaba pteé-* 
yendo. 

16« Añadiré despu^ de haber haUado de 
todas aquellas especies de gentes^ que. laáJ go- 
bierna un virey, cuya autoridad seieslienda á 
muchos mas países de los que he descrito yter- 
minaré este capítulo con una breve noticia de 
aa comercio* .:^. . . 

17. Como aquel pais no produce oro ai pía- 
ta^ k despreció el comercio de £spaña^ pero <é« 




í 



~ III ~ 

míeod» ^w [br iXii te iaiMüiSBik moigaáérfiál 
ifel Pei^ii én pérjbictó^dé te flbbé y ^ecmes^ 
loj^ó !qiie al iSo de!la Pkiih se leprohibieM to^ 
da craieroio a^ripn Glatuaroá-loé a|p!atia4tis^ 
y ea 1602 se lestcoaoedrá^ por seiaaoos/ éstráei* 
eá barcos propios y de sü ¿oeoM'doB mil fmáe^ 
gas de triga ea liaríiia/qaiaieiini^qojdtalésde 
eecifia y otrtisi ta«M& de sebd^ róodiNsiéMkito 
todo al Brasil y a^Obillfeaj^ Y^mit<mx» pmM mf 
y Uevattdo^ rafóratt^áuB fiéíe«ifidiid»t Ftaadé 
e6te periafiM,MstylÍckdfMiírM^ Umi^í^iikah 
po,' aibpliáa^dlo títf 'lifDiwf «ii to»»^dw^*afieii 
los' boquea propiób ó fletado^, y ádbnitt^'iKider^ 
Icte conducir á £sps(ñti/ ^ oj[MiSlepttd mbclid á 
estd los consolados Ú^^iAtíaa y 8idViUa; péripm 
% do setieiiibre de t&V&y ^ ddiHiédló por irw 
aoós al rio dé la Pl£i(a dte regisirob^«|f«é f|a* pt^ 
aaiseoido ciea toneládaá ^da- wb« bi^ ciertas 
eondíoíoiies* ¥ ^h *qi|e Mdá «é ittMr&áií»iai 
el Periíy sfr estáblcfftid adUaná f d >€drddb« ^ def 
Tucuman, que cobraba cincuenta por ciento de 
lo qée se iitrodujefé, sitf perriniiír séHetas^há- 
eia BtiéM^Aire)^ oro di f^Vky tíi »in lú qtio ks 
rewbabat de k venta de {nulas. Concluido- el 
tiempo de este p6rmisoy ^.otittntié 0I propio eo- 
niencio sin limitácíoii de tiempo, por 'orden de 
7 de febrero de 1662. Asi siguió el oonercic^ 
aukpie ana ú otra, tek seipéMiiCíé á digan ba- 
tió cai^ado^ hasta qae el 12dé oetobfQ ÁítlS^ 



— 313 — 

^ peniiitlÓ álK todo comertio^ libre, y también 
la intelmacipD. 

18. En el dia el gobierno del Paraguay so* 
lo eéméhcia con Buenos Aíres^ Santa Té y Cor- 
ri^btes, y pbdrá formarse idea <Íe sú comercio 
por )a táblá siguiente qde formé por el quin- 
(|ii6nio dé 178B al de 1792 anibos inclusive. 
TMnbibü se formaini juicio del de Buenos Aires 
y |demá8 puertos del rio de la Plata, por la ta«- 
bla qué- acompaña formada del quiuqüenio des- 
de* 1/7&2 al d« 1796 ambos inclusive. 



Tabla del eomerelo del Parasnay* 



Ssiracüion fata 



Terbt 

TtrvDtfes TÁras. . 
▼igastácfeB.^ ... 
Trosos idL . . . . 
KnltiiM 4e Pete- 

rebl 

PÉldé tté irbolt- 

dmra 

Palos para vergas. 
TabloMa de La* 

pacho varas. . 
Id. de cedn vs. . 
Id. de IblUró id. 
TaMM deberás id 
Atravesaños . . . 
Ucasottes pora 

Mrcos 

Carretas 

Matas de carreta. 
Epes de carreta. . 
Pinos de id. • • • 
BavoB de id . . , 

Palmas 

Tacoaras 

Palos do canoa. «I 



Buenos 
Air€M. 



Sta. 



18i.«55 9.789 



17.449 
1.740 
7.096 

ao 

1 
1 

187 

1.8» 

93 

37 

20 

31 

9 

890 

164 

29 

30 

4.187 

86*2 

2 



189 



62 



run- 
tes. 

3.388 
262 

241 



Mi 




sio 


Totalu 


ne$ 







195.162 


' 


17.8M 




1.746 




7.299 




30 




1 




1 




187 




1.829 




93 




37 




28 




\ 




81 


19 


J 




164 


" 


28 




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4.187 


1» . 


862 


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2 



Prt- 


Vator€$. 


eiot. 


Pene, Hs, 

9 


12 r. 


292.683 » 


7r. 


18.683 6 


12 r. 


2.619 » 


21 r. 


20.997 3 


10 r. 


37 4 


80 p. 


80 m 


IV, p 


11 4 


6r. 


140 2 


4r. 


914 4 


8r. 


93 » 


8r. 


37 « 


6»/tr. 


202Vt 


4p. 


136 » 


40 p. 


860 » 


ll: 


1.800 a 


328 » 


2p. 


Sil a 


8r. 


30 » 


6r. 


3.140 2 


3r. 


^U 4 


4r. 


1 » 



40 



Jítsti df nlnáo. 
Sillas I Uburetcs. 

Papelerií 

Cnitn de CMtan 

SÍr«M 

Aiücar arrobii. 
Miel arrabu. . 
Dolcts arrobas. 
Almidón arrobas. 
Sal arrobas. . . . 
Tinajas de barro. 

Algodón arrobas. 

Caeros al pelo . . 

AguardieDle bar- 
riles 

Cera arrobas. . . 

Piedras de afllar> 

Tabaco, embases 
j Heles- , 





» 


514 









t 


. 


. 




2 












36 


10 p. 


■i 








2 


m\, 










2 


10 p. 










2 


HP 


m 


i4 


ss 


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141 




7111 


m 


n 


m 


1.397 




134 


83 






1H7 




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El 11 por loo de comisión . ■Icabalii , mer- 
mas, almaceDea i lairadoEclon de las concbaa 
i BneDos-Aires 43.U1 7 

Costos del fiage j salario de marinerM in- 
Tcctidos en Buenos-Aires 24.000 ffJ.Ht 1 





— 318 — 

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CAPITULO XIV. 



Breve notlela de los paeblos y par- 
reqolas e^stentes en el gebleme 

del Paragaay. 



1. Cuasi se redncirá á una lista y porque en 
la tabla que de ellos se pondrá al 6n^ se espre- 
sarán los anos de antigüedad, sus . posiciones 
geográficas y el numero de almas. Advierto ade- 
mas que solo las ciudades y pueblos de indios y 
pardos están á manera de pueblos* y las demás 
parroquias con las casas desparramadas. El año 
de 1793 habia entre todas las poblaciones y 
parroquias ciento treinta y cuatro clérigos; cuyas 
rentas no pasan» ni apenas llegan á lo necesario 
para vivir. 

Asanelon. 

2. La principió Juan de Ayotas en la oríUa- 
oriental del rio Paraguay, y en mil quinientos 
cincuenta y cinco le llegó el primer obispo. Fué 
capital del imperio español en aquellas partes» 
hasta que en 1620 se hizo en Buenos Aires 




otro gobierno y obispado. De el l »* malto rcipi^lMí 
fundadores de las ciudades llamadas Ciudad • 
Reai, Jerez, Santa Cruz de la Sierra, Corrientes» 
Concepción del Bermejo, S. Juan» Sjanta Fé de 
la Vera Cruz y Buenos Aires, y las villas de On- 
liveros, Yiilarica y Talayera. Su piso es incli- 
nado y arenisco» las calles son torcidas no igual- 
mente anchas, los edificios sin segundo piso, j 
las mejores caisas de ladrillo cocido ó piedra, 
trabados con barro, tomadas las juntas con mor- 
t3ro de cal, y los tejados de teja. Su obispa se 
dice tener seis mil duros de renta allí, y le dan 
ademas en Potosí mil ochocientos treinta y odia 
y dos reales. Su deán tiene ochocientos siete de 
dichos duros; las tres dignidades y dos caaóu- 
gps setecientos, con un racionero trescientoe. 
Tiene conventos de franciscos , mercenarios y 
dominicos^ con ciento diez frailes al todo, y nn 
colegio donde enseñan hasta filosofia y teología, 
con un comisario de la íaquisicion. 

iriUarlea del Bspf ritu Santo. 

3. Se fundó en la provincia de Guaira dos 
leguas al Este del rio Paraná; pero laego se 
trasladó mas al Oriente junto al rio. Huibait des- 
pués adonde este rio se juntan al Curohatí. £o 
1631, cuando los portugueses se llevaron VA 
indios de aquel distrito, se incorporó á Villarir 



ca la Ciudad Real, y ilotas se fijaren diez le- 
guas al Norte de la actual villa de Curuguatí. 
pq €i de ,1^4^ se sil^ ^it^ lo» arroyos. 4e- 
jaigauani y ^?)MÍm¡r( y hiego, ^on4e eKÍci(fi dicha 
CurugoatH pero pftr habejrse U^vado |qs. pprtp- 
gaeses todos los indios de los pueblos vecinos en 
1676 y transmigró b YiHaifíca tomando asiento 
janto á la actual parroquia de los Ajos : desde 
allí 86 fijó donde esta hoy, en el año de 1680. 
£1 de 1715 parte de sus gentes faadaren la vh 
Ha de Gnrffgiíatí, y antes/estando ^i el Guaira» 
otra parte formó la segunda chidad llamada J^ 
rez. Desde sus antiguos tiempos > tuvo y cqnaeiv 
va an conventillo con dos ó tres frailes francis- 
cos. Sos habitantes* se dedican mucho á benefi* 
ciar la yerba del Paraguay. 

Curítígumií. 

4. Esta villa es cokmia de la precedente; 
sus vecinos se dedipan á lo que aqvdlos y 4 la 
agricoltupa, no peripitiendoi sa diairito . foimar 
estandías de ganados por falta del Berrero cita* 
do en el cap. 3, niim. 1 • 

* 5. Siguen treinta y cuatro parroquias de 
españoles, que no ofrecen que ^ecir sino lo que 
se lee en la tabla ál fin del capítulo. 



— 318 — 

Yta. 

6. Se compone de indios gnaranb. Dañados 
anttguafnente caríos, y que fueron los primera 
de su nación vencidos por Juan de Ayohs. 

Yagiiaréii. 

7. Sus indios eran también darids, y foeroa 
vencidos juntamente con los de Ttá. Vivían en- 
tonces en las orillas del arroyo Yaguad i que 
vierte en el Tebiouarí: una porción de ellos dio 
principio al pueUo de 5. Ignacio-guazii. 

Yapané. 

8. También tuvo el nombre de Piíun cuando 
se fundó en la provincia de Ytatí en el sitio que 
le señala la tabla al fin del cap. 12: temiendo á 
los albayasy trasmigraron sus indios que eran 
guaran», al sitio que ocupan, á fines de noviem- 
bre de 1673. Después han padecido mucbo en 
los ataques que les ban dado los indios del Chaco 
y los payaguas. 

Quaramliaré. 

9. Tomó el nombre de un cacique. Se (na- 
dó no lejos del precedente con indios guaranís 
donde dice la misma tabla del cap. 12, y porlos 



— 319 — 

motiTOft dtádosytransmigró junto con el de Tpa- 
né al silio que ocupa. 

Aregñm. 

10. Se fundó en ]a mbma provincia cuan* 
do los dos precedentes, en el sitio llamado boy 
Lima á media legua al Norte del rio Jejuí. Sus 
indios guaranís transmigraron juntaraenle con 
los precedentes y se incorporaron á los del pue- 
blo de los Tois. 

11. Creo se fundó con los guaranís llama- 
dosentonces Mongolas; pero habiéndolos dado en 
clase de Yanaconas el yisítador Alfaro al con- 
vento de mercenarios de la Asunciotí, y ba- 
biéndolos disfrutado los padres cuasi dos siglos, 
llegaron á figurarse que eran sus esclavos , has- 
ta en 1783 se dedaró formalmente que no le 
eran I sino Yanaconas. 



\ ; 



12. Se llamó también HiánsBÍ y se fundó 
donde está. El 7 de noviembre de 1677^ se 
le incorporáronlos indios dé Arecayá.|.sietado 
iodos guaram's. Este ultimo pneblo se fundó 
por los anos de 1632 cerca del rio Curuguatj^ 



-i- 'Sito «- 

«kmde ék»ik tabla tM cá|^Udo 12; peM d 
gobernador del Paraguay le «teshiiD «h 1600, 
picado de qae le qaÍMeron matar sus indios, j 
los repartió por las cá^s cié los españoles. £1 
de 1665) se reunió el |>aebló eñ lói 23*11' 
i5<< de latitud y Stf» 54< 18" de loogiCbd, (>(««- 
mauecíendo ha^ta «nibse al dk U» áltoa. 

■ 

13. Se fundó con guaranís donde dice la 
tabla del capítulo 12; pero habiéndole losal- 
bayas muerto mucBa gShté , pasó á donde está, 
el día líltimo de febrero de 1 699. 

14, Habitan lú tierras de este puebld at 
giin» p^rotalidadeB de. guarábid qiié fueroh so- 
metidas p^ luati Ampias que les forzñóel pue- 
blo ({be Rut Dia^ llama muchas veces de Acaai. 
Después se dieron sus indios en entomtenda i 
los padres dominicos, y habiéndose mezclado 
coa sus esclavos, no qtil^en se llame pueblo 
de Acaai| ni aun pueblo, sino Estancia de Ta- 
bapí. Se compone de trescientos irSiniá y íMho 
mestizad iy ihubrtos 13>re8 qtie diisceildientes de 
délos indio9'd«I ctiado^tniéblo'de Acaai^ eafcla-» 
ae^e de amparados,, calificaban todas sus tier« 
tis juntamente con mas de trescienioft esclaTOS 



— S*i — 

arrendando el resto á doscientos españoles. D\^ 
cea los padres compraron las tierras en 1 553 
y 1555, y qne les dio otra porción Martin Sua- 
rez de Toledo en 1573« 

Taaxapá. 

15. Se encomendó al P. Fr. Lnis Bótanos 
en donde hoy está el de Ttapé; cuyo sitio se 
llamaba Guaibicá : de allí pasó no se caando 
adonde estsL 

Yiilf. 

16. Varias espediciones españolas forzaron 
a estos gnaranis á formar el pueblo á donde 
boy está el de San Cosme* y de alli transmigró 
al sitio que ocupa en 1673. 

Ytopé.' 

17. Dos parcialidades guaranis, cuyas dos 
terceras partes eran mugeres# que vivían en el 
bosque de las cabeceras del rio Tebicuarí pre* 
cisadas del hambre^ solicitaron reducirse, y el 
gobernador las repartió en los dos pueblos pre- 
cedentes; pero siete años después se les formó 
el pueblo 4londe está. 



4f 



18. D. Hernando Coeva y el P. Marcial de 
Lorenza , este jesuíta y aqael ciíra de Tagna* 
ron I le fundaron con indios escogidos de dicho 
Taguaron en el sitio llamado Ttaquí, que está 
en 26 ^ 57* 58*^ de latitud y 59^ 20' 49" de Ion- 
gitud. Luego se retiró el citado cura» y varios 
espedicionarios españoles forzaron á losgoa- 
ranís de la comarca á reunirse Con kte ya- 
guarones. Diez y ocho años estuvo alli el pue- 
blo , y se mudó á donde está hoy la capilla de 
San Ángel y distante un cuarto de legua por el 
Este doce grados Sur del pueblo actual al cual 
sé transfirió cuarenta años después. El de t640 
le agregáronlos padres jesuítas como trescíec- 
tos indios guaranís , de los que por las costáis 
del rio Uruguay huían la persecución de los 
portugueses. 

SantA Marfa de I^^e. 

« 

19. £t capitán Juan Caballero Bazan cod 
su tropa española formó el año de Í592 en la 
provincia de Ttátí tres pueblos de guaranís que 
llamó Tarei, Bomboi, y Cáaguazü por los. veinte 
y dos grados de latitud ál Este del rio Para- 
guay y encargándolos al (*.ura Hernando Cueva. 
Ei año de 1632^ temiendo á los portugueses^ so 



reunieron los dos primecps tomando el nombre 
de San Benito, y se encargaron interinamente 
ádio» piidres Jeauiías , qne \m )aiii3»roft Jos 
«Mtabkre» llaoaDdo al de Sun BeniLp, Sabia Mt«i 
ria de Fee , y d Caaguam ^ San Ignacio, lá» 
portugueses los asaltaron en 1 649 matando un 
jesuila y llevándote muchos indios. Los i*estan« 
les^usiliados. ^e espaooles sq Gjaron ej) la Qrüla 
del rio Pírai, hoy Aquidaban, por los 2o^ 9^ 30^' 
de laliuid, cuyo.3[lió . se llamaba Aguaranambi. 
Pasados siete años volvieron los pueblos á su 
mIumíoq primeva: esto es, el de .nanita María 
de Fee s^Jos 22^ i^ de latitud, poca al Sur efe 
dMde se judia bl rie CorrieAtesó.Appas al del 
Pamguay» y di de Sari Ignaxáo ¿álii cenca. El 
IM> de 1661, mataron los álhayas muchos jn<>. 
dios ddl de Stota María de Fee; U» que escartí 
parou Se unieron á los de San. Ignacio y se ^n^! 
temaron doce le^^ al Esie por los 22^ 30^ da- 
knitud. Fioalmeiilie temiendo Á ios misvios ai- 
bay9&» trans[4a|itaron aMthte ppebVo^ los padres 
Jesliilas i las C0riC0inias del rio Paraná, donde 
están 9 el año de 1^672» Todo ic<»iista .qn ék ar- 
diivo de la Asunción. Con parte de los indios 
de Santa María de Fee .formaron los padres 
Jesuítas el de Santa Rosa el 2 de abril de 



— 3t4 — 

20. Es el qné acompañó al precedente con 
el noitibre de S. Ignacio , que dejé por haber 
ya por alH otro coa este nombre. . 

Santa V^tm. 

21. Es una colonia de Sta. María de Fee. 

San CyiMme. 

r 1 

k 

22. Le fundó el P. Jesuíta Fomuno en k 
sierra del Tapé, qué hoy pertenece á la cap^ 
tania portuguesa del Rio grande de S. Pedro. 
De allí en 1636, temiendo á los mamalaoos 
ó portu^eses, fué a fijarse entre el actaal 
pueblo de Candelaria y al arroyo Aguapei: pasó 
luego á la orilla septentrional del Paraná ^ para 
Tolver á incorporare con el citado Candelaria. 
Se separó en 1718, colocándose una legoa al 
Este; y en 1740 pesó al Norte- del Paraná, fi- 
jándose á tres cuartos de legua al Ifórte del sitio 
que ocupa, que tomó en 1769. 

ItapuAi 

23. Le formalizaron los padres Jesuitas eer^ 
ca de donde está, trasladándolo en 1703. Le 
agregaron los padres 960 almas también guara- 



— 318 — 

BÚB^desQpaehlode Santa Téresadellgát ó Tacoí, 
que fué destrindo por los mamalacos en 25 de 
didenlbce de 1637. También le agregaron al^ 
ganos restos fle la Natividad, fundado en 1624 
sobre ei río Acarai y y destruido poco después 
por los portugueses* Una parte de este pueblo 
pasó á fundar el de Jesús en 1685. 

• * • 

Candelaria. 

21. Le fundaron los padres Jesuítas hacia el 
origen del arroyo Pirain , que vierte en el Pi- 
ratiní cerca del pueblo de S. Luís; pero teme- 
roso de los portugueses # pasó á fijarse cerca 
del de Itapua al Norte del Paraná. Volvió á 
repasar este rio , situándose cerca de la boca 
dd Igarupá poco mas abajo de donde está, fi- 
jándose aUi en 1665. Es el pueblo capital de 
las Misiones; no porque sea el mayor ni el me- 
jor, sino por estar como en el centro á la ori- 
lla del Parapá. Sus alrededores son tan malos 
para la agricultura» como que ñoh cultivan tier- 
ras en la orilla opuesta , teniendo que pasar 
el Paraná para hacer sus labores. 

Santa Ana. 

25. El sitio en qne los padres Jesuítas imi- 
daron este pueblo de gnarahis fue al Este del 
rio Igay ó Tacuí , que hoy poseen los porto^ 



— 3S6 — 

gneses del Rio grande de na Pediro. Por iiiiedi> 
de los mamaliicos en ei ano de* t6S6 se 6¡tii6 
no lejos^ del Paraná , como á legaa y media del 
lugar que óoapa desde al ano de 1660. 

26. Se fundó esle pueblo , el siguiente y 
once mas junto alrio.PaiiMiapaiké de la provin- 
cia del Guaira. Se repartieron sus ¡odios jgua- 
ranís en Encomiendas y pero no habiendo dé- 
rigos para doctrinarlos; se encargaron todos i 
dos padres Jésuitas por abril de 1611 1 los cua- 
les en diciembre de 1631 # salvaron este pue- 
blo y el siguiente de los tnamalúcos que se lle- 
varon y esclavizaron los once restantes. Hoye- 
ron pues dichos dos pueblos fijándose este Ln- 
reto á fin de marzo de 1632 sobre el arroyo 
Yabebirí en el sitio donde le corta el camioo 
que va al de san Ignacio mirí. Luego ^ mudó 
un poco mas arriba ; pero volvió doilde antes, 

hasta que en 1686 se fijó dónde eátá. 

• • i 

SSmí Igiiaelo<»iiillrÍ. ' 

27. Todo como el precedente, y ambos hu- 
yendo llegaron juntos ál Tabebiri establecién- 
dose este pueblo donde dicho rio Tabclñrí for- 
ma una grande vudta. De alU se acercó al 



Paraná, y el 11 de junio de 1659 se fijó donde 
está. 

28. Lo fundaron los padres jesuítas sobre 
el arroyo Iniambey al Occidente del Paraná, 
donde se le incorporaron como la mitad de los 
indios del pueblo de la Natividad que escapa- 
ron de la persecución portuguesa, y la otra 
miudal deltaptsa. En 1647 pasó el rio Para- 
ná situándose como tres cuartos de legua del 
lugar que ocupa donde se fijó el 12 de mayo 

de 1701. 

Vrlnldad. 

29. Es colonia del de san Carlos. La esta- 
blecieron los padres Jesuítas en 27® 45' 2'* de 
latitud y 57® 57' 46^' de longitud ^ pero el año 
de 1712 se trasladó adonde está. 

Sémiam. 

30« Lo fondaron los padres Jesoitaa sobre 
el rio Monday cerca del Paraná. lluego trans- 
migró al Poniente , y con el auxilio de los in- 
dios del pueblo de Ytapua se sitúo cerca de 
dicho Monday sobr'e el arroyo Ybaroti. Dé alli 
pasó al arroyo Mandizobi y luego al Capibari 
hacia el camino que vá hoy al pueblo de Trini- 
dad. Últimamente se estableció quinientas varas 
al Levante en donde hoy existe. 



-- 5M — 

San Jl0aq(aÍBi. 

31. Se fundó con el nombre del Rosario 
del modo dicho en el cap. 13, niims. 3 y 4 en 
los 24^ U' 49^* de latitud y 58^ 58* 55" de lon- 
gitud: pasó adonde está en 1753 por miedo álos 

albayas, 

San Estanislae 

32. Su fundación está esplicada en e) eapíUH 
lo 13^ nüms. 3 y 4'. 

Belén. 

33. Se fundó idel modo esplicado en dicho 
cap. 13y nüm. 5. 

Emboseada. 

9 

» 

34. El gobernador don Rafael de la Mone- 
da sacó de las casas españolas donde estaban en 
amparo una porción de negros y mulatos; con 
ellos formó este pueblo para que fuese ante- 
mural contra las invasiones de los albayas. * 

IVota. 

35. En la siguiente tabla, C. significa cia* 
dad# Y. villa, P. parroquia, T. pueblos de in- 
dios guaranís^ y M. ídem de gente de color. 



V^UaelOTMMi «leí golileni* del P« 



Ñombft$ d» Uu eiudO' 







TilbrÍM< 

Canig«ilÍ4 

Loqoe. 

Froatera. 

Ltnbar<< 

Limpio. 

Coveepcion. 



GarimbaUi. 

ITuiti. 

YaM'-gvuA. 

Bobi. 

Arroyot. 

Aj«n. 

Caraiy4 

Tbiliairi. 

Piaibcbay^ 

Caacopé. 

Sm R(N|iM< 

Goarepoü. 

Piraid. 

Faragoari. 

Gapiatt. 

Ytaoná. 

San Lonozo.- 

TUIeta. 

RemoIÍQM. 

Carapegai; 

Qaiindi. 

ibieoi. 

Qoioquió. 

Aeaai. 

Gaapneé. 



Latitlid 
«utral. 



C. 1636 35* 
V. 15T7 29 
V. 1715 2i 
P. 1635 35 
P. 1718 25 
P. 1766 25 
P. 1785 35 
t. 1773 23 
P. 178^24 
P. 1760 2b 
P. 1773 25 
1785 25 
1789 26 
1781 25 
175825 
1770^ 
1783 25 
16k0 35 
1770 35 
1770 25 
4783 2i 



16' Mr* 

48 55 



P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 
P. 



1769 25 
35 
25 
25 
25 

3¿ 
25 
25 
26 
26 
35 
36 



1775 
1640 
1728 
1775 
1714 
1777 
1725 
1733 
1766 
1776 
1783 



P.1787 



88 
15 
23 
SO 
10 
23 

6 
33 
44 
58 
54 
S9 
86 
30 
45 
87 
34 
83 
23 
29 
36 
21 
24 
21 
30 
10 
45 
58 

O 
13 
54 
11 



10 
30 
60 

O 
85 

8 
12 
85 
47 

2 
46 
86 
34 
27 
43 
54 
21 
28 
35 
19 
51 
45 
44 
14 
55 

O 
31 
26 
54 
13 

7 
21 



Longitud O. 
de Pañi. 



59* 

58 

58 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

58 

58 

58 

58 

59 

58 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

60 

59 

59 

59 

59 

59 

59 



59* 56* 
50 55 



13 
51 
54 
59 
50 
35 
17 
16 
SS 
51 
87 
6 
48 
11 
11 
33 
38 
32 
32 
34 
39 
50 
43 
55 
55 
32 
35 
33 
30 
19 
27 



21 
13 
59 
56 
45 

O 
27 

3 

8 
15 
46 
11 
56 

3 
58 
33 
20 
17 

2 

5 

45 
44 

2 
56 
21 
46 
52 
45 

8 
46 
67 
19 



»;* 

7088 

3014 

2254 

3813 

2187 

825 

1769 

1551 

949 

372 

1232 

866 

427 

1227 

715 

654 

620 

3595 

1066 

733 

540 

23S2 

507 

5305 

2235 

1720 

3098 

453 

3346 

1894 

1500 

1136 

858 

659 



Nombra de las eiucto- 

ée$, pueblos y par-^ 

rojftttoi. 



Ñembocú. 
Laureles. 
Tacuaras. 
Ytá. 

Yagúaron. 

Ypaoé 

Gorambaré. 

Alisa ó lois. 

Aregüa. 

Altos. 

Tohati. 



P. 
P. 
P. 
Y. 
Y. 
Y. 
Y. 
Y. 
Y. 
Y. 
Y. 



Tabapi ó Acaai. M. 

Gaazapá. Y. 

YulL Y. 

Ylapé. Y. 

S. ignacio-gaazct. Y. 

Sta. M.» de Fee. Y. 

Santiago. Y. 

Sta. Rosa. Y. 

S. Cosme. Y. 

Ytapua. Y, 

Candelaria. Y. 

Sta. Ana. Y. 

Loreto. Y. 

S. Ignacio*-mÍrf. Y. 

Corpus. Y. 

Trinidad. Y. 

Jesús. Y. 

S. Joaquín. Y. 

S. Estanislao. Y. 

Balen. Y. 

Emboscada. M. 



~ 530 ~ 






I 



^1 



1779 
1790 
1791 
1536 
1536 
1538 
1538 
1538 
1538 
1538 
1536 
1538 
1607 
1610 
1673 
1609 
1592 
1592 
1698 
1634 
1614 
1627 
1633 
1555 
1555 
1622 
1706 
1685 
1746 
1749 
1740 
1740 



latihd 
auitral. 



26* 

27 

26 

25 

25 

25 

25 

25 

25 

25 

25 

25 

26 

26 

25 

26 

26 

27 

26 

27 

27 

27 

27 

27 

27 

27 

27 

27 

25 

24 

23 

25 



52' 24" 
13 57 



50 
30 
33 
27 
29 
16 
18 
16 
16 
54 
11 
36 
52 
54 
48 
8 
53 
18 
20 
26 
23 
19 
14 
7 
7 
2 
1 
38 
26 
5i 



43 
30 
20 
44 
48 
45 
1 
6 
16 
56 
18 
56 
O 
36 
12 
40 
19 
55 
16 
46 
45 
28 
52 
23 
35 
36 



LongUud O. 
de Partí. 



60* 

59 

60 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

59 

58 

58 

58 

59 

59 

59 

59 

58 

58 

58 

57 

57 

57 

57 

58 

58 



31 ¡58 
17,59 
56 59 



30' 24" 

39 30 

8 13 

43 S8 

38 10 

52 11 

49 19 

32 57 

45 38 
37 



27 57 

40 14 

48 45 

35 44 



58 

3 10 

17 50 

7 

13 37 

38 85 



11 551049 
1514 

lUO 
1519 



6 31 
57 91 



53 35 

54 10 
51 27 



806 
8967 
3 551017 
24 8 1185 



47 58 32 16 854 



55 11 



.3 



;» « 



1730 
091 
590 
965 

9093 
»78 
S68 
979 
900 
869 
938 
«44 



674 

194 

864 

1144 

a(Hl087 

1983 

10S6 



729 



36 56 361 
40 14 840 



Sama de almas 93.347 

Españoles parroquianos de los paeblos de indios 
00 comprendidos en sos psdrones 5.533 



ToUldela población. . . . 97.480 



— 381 — 







CAPITULO XVII. 

Breve aotieia de los pueblos y par- 
roquias eesistentos en el gobierno 

de Buenos Aires. 



1. G>mo muchos de ellos no ofrecen que 
añadir á lo que dice la tabla al fin del capítulo, 
.me limitaré á hablar solo de los que lo merez- 
can por alguna particularidad. Sucede también 
aquí cuasi lo mismo que en el gobierno del Pa* 
raguay : esto es que las parroquias tienen las 
casas desparramadas por los campos. T es de 
tiotar que el número de almas en muchas se 
ha puesto á juicio prudente, por no haberse he- 
cho hasta hoy listas de su vecindario. En cuan- 
to al número de eclesiásticos en este gobierno, 
no hay sino los párrocos precisos* y muy po- 
cos mas; esceptuando á Buenos Aires que en. 
1793 tenia ciento treinta y siete sin coular los 
frailes. 

Buenos Aires. 

2. Se llama ciudad de la Trinidad y puer- 
to de Santa María de Buenos Aires. Se princi- 



Ji3á 



pió so fundación el 2 de febrero del mfemo afip 
que se fundó la de Lima, esto es en 1535. Pe^ 
ro se despobló en el de 1539 y se volvió ápop- 
blar en 1580 con sesenta paraguayos, siempre 
en el mismo sitio. Estuvo subordinada á la de 
la Asunción, hasta que en 1620 se hizo cabe- 
za de un nuevo gobierno y obispado. El de 1665 
se erigió en ella una real audiencia, que se su- 
primió en 1672* y^despues el de 1776 se elevó 
á cabeza de un vasto vireinato, dotado coa cua- 
renta mU duros anuales. Al mismo tiempo se 
erigieron en ella no solo la real audiencia oon 
regente, cinco oidores y dos fiscales , dotados 
con seis mil duros el primero, y tre^ mil cada 
uno de los otros , sino también un tribunal de 
puentas, y un enjambre de empleos y emplea- 
dos conservando los tres oficiales reales que an- 
tes habia iónicamente. La renta de sp. señor obis- 
po» se regula en diez y ocho á veinte mil duro^ 
y su catedral, que acaba de hacerse , tiene los 
iQÍsmos prebendados que la del Paraguay, pere 
cada uno coa tanta renta como todos aquellos 
juntos. Hay en la ciudad cinco parroquias,. coor 
vento de monjas capuchinas y catalinas y de 
frailes franciscanos, mercenarios , dom¡nic€|$ y 
belemnítas. Estos cuidan de un hospital y hay 
otro de mugeres coa casas de espósitos y huér- 
fanas. Sus puertos son la Ensenada y el Bia^ 
chuelo citados en el cap. 4, nüms. 24 y 25. Es- 



^ sss -*- 
tá la poUacíon aobre la barranca aiytnl del 
rio de la Plata en suelo ILino, con calles anchas 
á cordel y como la mitad de ellas empedradas; 
pero todas tienen las aceras enladrilladas pa- 
ra la gente de á pie* El virey habita nn fner^ 
teeillo con cuatro baluartes de ladrillos y ban- 
ro , que mira al rio y domina la plaza mayor. 
Todos los edificios son de dicho ladrillo coci- 
do y barro# y son muy raros los que tienen 
segundo piso. £n cuanto á la enseñanza es igual 
á la que bny en el Paraguay ^ también en nn 
colegio^ y DO le falta un comisario de la inqui* 
aidon de lima. 

Montevideo. 

3. Asi le llaman aunque al fundar esta ciu- 
dad le pusietm el de San Felipe. Se dieron las 
¿rdenes para kaisreste pueblo el año 17 24; pero 
huU el de 1726^ no llegaron los primeros po¿ 
Uadores llerados de las islas Canarias. Toda la 
ciudad está circundada del mar, y de una muy 
baja y mala muralla sin foso menos por donde 
hay un ifuertecHIo de ladrillo y barro con cua*» 
tro bahiartillos ; pero por esta parte se están 
t:oii8lrayendo nuevas fortificaciones mas sólidas. 
Las calles son anchas y á cordel sin empedrar, 
y se hace en ellas muchos barros cuando llueve. 
Sus edificios como los de Buenos Aires, tiene 
una parroquia y un convento de 




Ea ella residen un gobernador militari y el gefe 
de la marina del rio de la Plata. ' 

Maldenado. 

i« Se principió al mismo tiempo que Moih 
tevídeo^pero adelantó muy poeo, hasta qaepor 
los años de 1780 principiaron á fijarse allL mas 
gentes, y el de 1786 se erigió en ciudad. Su 
asiento es llano y arenisco, las casas y calles como 
las de Montevideo ; pero como dista una legua 
del puerto desccito en el cap. i, núm. 28, es 
de presumir, que la ciudad se trasladará á la 
isla de Gorriti ó á la punta del Este del mis» 
mo puerto, ó que se formará allí otra. 

Colenla del SaeramenUi. 

5. El gobernador portugués del rio Janeiro la 
fundó en 1679, y el de Buenos üms la deslroyó 
el 7 de agosto de 1680; pero el año síguimitese 
permiUóinterinamente á los portugueses volver- 
la á poblar. £1 año de 17051a tomó s^pmda ves 
el gobernador de Buenos Aires, y se devolvió 
el de 17 15. 'Otra vez la tomaron los de Buenos 
Aires en 1762, y habiéndola restituido se tomó 
la cuarta vez, y se demolió en 1777. Pero des- 
pués han reedificado algunos españoles bastan- 
tes casas, que tienen una indecente capilla* Es- 
tá á la orilla septentrional del rio de la PIata# 
y de su puerto hablé en el cap. 4, nüm. 26. 



— 3S5 — 

9iBL. Fee de la ¥era Cnus. 

6. Se fondo esta ciudad en el sitio que boy 
tiene d pueUo de Caiastá^ y en 1651 # se tras- 
ladó á donde está: su asiento llano » las calles 
y casas como en Montevideo, y tiene una par- 
roquia con tre» conventos de frailes. Yá en de-* 
cadencia desde que se ha dado libertad á los 
vecinos del Paraguay para introducir su yer-* 
ba por Buenos Aires al Perú y Chile, cosa que 
liasta entonces no podian hacer sino por San- 
ta Fé. 

fyorrlentes. 

7. Su fundador dio á esta ciudad el nom- 
bre de San Juan de Vera de los dele corrieníeSf 
situándola sobre la barranca oriental del rio 
Paraná. So piso llano y gredoso; las calles de- 
rechas y aocbas y los edificios como en Santa 
Fe. También tiene tres peqneiíos conventos de 
frailes con una sola parroquia. 

Ybatl. 

» 

8. Sugetaron á los^ guaraní» de este pueblo 
los españoles de la ciudad precedente , y algún 
tiempo después la formaron su pueblo en el si- 
úOf llamado entonces Táguarí distante diez le- 
guas de la ciudad Paraná arriba. Alli se le in-, 
corporaron otros guaranís que vivian cerca; y 



— ss« — 

pasados mas de cuarenta años , ae trabado el 
pueblo á donde está en la orilla austral del 
Paraná I aumenlándole con mas guaraní» que 
TÍvian en la isla de Apipé. Estos indios arroja-' 
ron á sus curas que eran frailes franciscanos , j 
llamaron á los padres Jesuitas^ los cuales al ios* 
tante le mudaron el nombre en el de Santa 
Ana: pero les pusiei^n pleito dichos frailes j se 
les destituyó el pueblo eú 1616. Los pn yaguas 
f otros indios de Ohttco el año de 1749^ mata- 
ron muchos indios de este pueblo y def los dos 
siguientes. 

9. Lo fundaron los españoles de Corrientes 
con los guaranis que babian llef adó del Para- 
guay sus encomendadbros el mismo año que al 
precedente y cuasi lo destruyeron los payáguas 
el de 17i8. Bhtre sus pocos pobladores boy 
hay algunos mestizos. 

Sta. lüiieia. 

ÍO. Lo formáronlos mismos españoles qae 
al precedente al Norte y pegado ál rió Santa 
Lucia con cuatro parcialidades de iifdios gua- ' 
rams> los cuales poco á poco han ido deser- 
tandO| de modo que no hay hoy ni un deseen- 
dieiite de los primeros. Los que le componen 
son todos desertoreís de los pud>los jesuíticos y 



— 557 — 

délos del Paraguay que ea diferenlestiGinpos 
se han fijada yolantáriaitíeate alli: siempre ha 
estado cuidado por fraile» franciscanos^ En 
1748 le inataron muchos indios lo§ del Chaco 
y los payaguas. 

San JIosé. 

11. Lo fundaron los padres Jcfsuitas en 
Ttaguatia, qae es un sitio de la sieri^ del Tapé 
poseído hoy por los portugueses. Huyendo de 
estos, cinco años después, se estableció entre los 
pueblos de Corpus y Satí Ignacio mirí ^ hasta 
que en 1660 se fijó donde está. 

SUn Cario». 

t2L Lo principiaí'on en Caapi, como a otros 
qoe fueron destruidos por los portugnesesy y* 
de los guaranís que los Jesuita» pudieron recO'* 
ger y salvar de ellos, formaron este pueblo. 

Apóstoles. 

13. Lo fundaron los Jesuitas en la sierra 
del Tapé llamándole Natividad: cinco anos dea* 
pnes huyendo sik guaranís de los portugueses^ 
se fijó donde está con el nombre que lleva. 

íi. Lo fundó, doodeestáy el jesuíta Ro- 
que Gowalez el 8 de diciembre de 1 620. £n 

4S 



él se refugiaron las reHqaias de los Tbittcaii 
Gaapi, San Migael» Mártires, Caa2iqpagaazU| 
Santa María la Mayor, y el conjunto de que se 
formó el de Mártires. Los de Tbíticarai y Caa- 
pi se le separaron en 1687 para formar el de 
San Luis. 

Mártires. 

15. Fundaron los padres Jesnitas en Tbi- 
ticarai el pueblo de Jesús María, y tres años 
después en Caapi , los de San Carlos, San Cm- 
tobal , San Joaquín ó San Pedro y San PaMo 
todos guaranís ; pero habiéndolos destruido los 
portugueses en 1638, reunieron los padres i los 
fugitivos con quienes formaron este pueblo 
eotre Gmoepcíon y Santa Maria la Mayor, 
cerca de este , de donde subió á la lomada en 
que está el año de 1704. 

Sta. María la mayer. 

16. Los padres Jesnitas lo fundaron don- 
de se juntan los dos grandísimos ríos Tguazd y 
Paraná; de donde temiendo á los portugueses^ 
ietransplantaron en 1633 á donde se ha dicho 
que estuvo primero el de M irtires. De allí 
pasó este pueblo guaraní al sitio que ocupa. 

San Jlavier. 

17« Lo fundaron bs padres Jesuítas con 



— 539 — 

gawanfo sobre el arroyo Italb poco at Norte 
dedoode existe. 

18. Los padres Jesuítas lo fundaroa sobre 
el arroyo Piratkiimiri, pero huyendo de los 
portugueses ó mamalucos pasó el río Uruguay 
por enero de 1638, y se estableció sobre el 
arroyo Aguarapocat entre los dos pueblos pre- 
cedentes. El año de 1650, se unió este pueblo 
al de Apóstoles, y en 2 de febrero de 1667 se 
separó y fijó dqnde está. 

San IaUÍb. 

19. Es el mejor pueblo de las Misiones. 
Turó él nombre de San Joaquin cuando los pa* 
dres Jesuítas lo foudaron sobre el rio Ygai 6 
Tacin ; pero huyendo de los portugueses, se 
unió en 1 638 al de Concepción, de quien se 
apartó el de 1687 para situarse en Gaaz^pá- 
mírí en d sitio que antes tuvo el de Candelaria. 
De allí pasó á un sitio cercano al qne hoy 
tténe agregándosele los indios también guaran» 
qne ocuparon de los pueblos siguientes : Jesús 
M aria fundado al Este del rio Tacui en Tbiti- 
ovai: la Visitación de Caapi; y San Veáto y San 
¥Mo d0 Gaaguazii^ Estos tres pueUos (beron 
¿estnridoi por ka portsgiseses que vendieron 



— S40 — 

i Ms indios por esdaTOscomo io bacín coa 
cuantos pillaban. 

20. Es colonia- del de Santa Mari» la Mayor. 

SUnHf^uel. 

2t, También lo fandaron Us padres Jesui. 
tas en la citada sierra del Tapé; pera huyendo 
de los portugueses pasó él rio (Jriigqayí á situar- 
se cerca del de Gilncepcion, de donde en 1687 
fue a fijarse donde le vemos hqy. 

San fljiíian. 

22. Es colonia del precedente , y tiene do 
particular estar el colegio 6 habitación dé los 
padres edificado sobre un montón artificial de 
tierra apisonada que domina las cercanias* 

Süh Ángel, 

23* Es colonia del de Concepción que situa- 
ron los padres Jesuítas entre los dos ríos Tivi^ 
pero pasando después al mayor rio lo fijaron 

donde está. 

Sto. Tomé. 

24. Lo fundaron los padres Jesuítas sobre 
el arroyo Tebicuarí cerca del rio Ybiciu ; pero 
huyendo úe los portugueses en 1639^ se acercó 



— 25A! — 

ftl m Uüugaay, y despws Id pasó á temar el é^ 
tío en que está* 

rSiMiIlíMj»t : 

25;' Es colonia del precedente. 

lia Cms. 

26. Los citados padres lo fundaron al Occi* 
dente del rio Uruguay, donde este confluye con 
^1 arroyo Acaraguá. De allí bajó al rio Albororé: 
después ae incorporó al ' pueblo siguiente, sc^- 
parándose y fijpindosp . donde ^st^i e] año de 
1657. 

r 
• • 

27. Lo fiíndaron los padres mencionados 
donde está con loa Indios guaranís de la comar- 
ca al Poniente^ pegado al rio. Uruguay. Fue el 
mas numeroso, pues le dejaron los Jesuitas con 
8.510 almas. 

■ 

San Franetoeo Javier. 

28. Una parcialidad de indios mocobis, pi- 
dió reducción al comandante de* Santa Fe, 4^en 
en 4 de julio de 1743, dio el encargo y Ips^u* 
silios á los padres Jesuitas, y estos formaron el 
pueblo en el sitio que ocupa el de Giiastá. Pero 
ni los padres Jesuítas» ni hasta boy se ha logra- 
do* cifUÍEar á un solo indio. Ellos se Tan y.Tuel* 



¥611 cuando les dá la gutt, y se dtíúmm p«qiit 
se les dá de comer. 

San CteréHlno. 

29. Es de indios sbipones, y en todo 16 mb- 
mo que el precedente. 

■jas Qarsas. 

30. Una porción de indios del puebloante- 
rior que se s^ró, quiso formar ei presenta 
que en nada difiere de los dos anteriores. 

San Pédm j muí PaMa. 

31. Téngase aqui por repetido todo lo dicho 
en el nüm. 28. 

CalastA. 

32. Una tropa espanob que sorprendid nna 
porción de indios chamias y minoanes, los es- 
patrió y formó con ellos este pueblo , que está 
según se dijo en el niim. 28. 



■aesqpla 6 Smmnm Waaareí 

39^t Lo. forma on Gomandanlo de Santa Fe 
á los inctios moGobís^y k^tttrtg^á'clérigos^p»* 
ro está como los cinco precedentes. 

El Baradera. 



3i. No dudo que lo fundaron loe conquii- 



tadores con los indios goaranfe llamados albe- 
goás; pero como no se le dio el gobierno de 
comnnidadi y se abolieron sus encomiendas con 
la muerte de sus dos primeros poseedores^ han 
obrado con la libdrtad de los españoles; y mez- 
clándose con estos, pasan hoy por españoles y 
mestizos # habiendo desaparecido so idioma y 
B08 costumbres. 

35« En el cap. 10, nüm. 146, se habló de 
la fundación de este pueblo, cuyos indios se han 
españolizado como Im del precíente. 



36« En el cap. 10, nám. 27, se esplica la 
ínndacion de este paeblo, que fue medía legua 
al Occidente de donde está , donde se fijó en 
1704. También se ha españolizado como lea dos 
anteriores. 

Ii#te. 

37. La tabla siente no espresa k (unda« 
ckm de algunos pueblos ni exactamente el mi* 
mero de almas» porque se ignoran, y solo difie- 
ra de la del cap. pracedente en que F. significa 
Iberte militar. 



^ T^A ^ 



P#blaielMiefl^ del goliÍen# de 

nos Aire». 









Latitud 


LongiUtdO: 


¿1 


jVpmfrfM. 




1531$ 


auttral. 

* 


de Parit. 




Faenos Aires. 


c. 


34» 36' 28" 


60» 40' 30" 


40000 


Montevideo. 


c. 


172* 


34 54 36 


58 30 42 


15945 


Maldoaado. 


c. 


vm 


34 63 12 


57 7 44 


d.2000 


Colonia. 


V. 


1679 


34 26 10 


60 9 15 


d. 300 


Santa Pee. 


e. 


1579 


31 40 29 


68 12 3ÓJdi4000 


Gorrieoteü. 


c. 


1588 


27 27 21 


61 6 


4500 


Yutf. 


Y. 


1588 


27 17 


60 31 381' nü 


Gnacaria. 


Y. 


1588 


27 27 81 


60 55 12 


60 


Santa Lucia.' 


Y. 


1588 


28 59 30 


61 18 3 


19i 


San José. 


Y. 


1633 


27 45 52 


58 8 57 


13!3 


San Garlos*. 


Y. 


16U 


27 44 36 


«8 17 13 


1380 


Apóstoles. 


Y. 


1632 


27 54 43 


58 9 19 


1821 


Concepción. 


Y. 


1620 


27 56 44 


57 57 13 


1104 


dtártires. 


Y. 


16S3 


27 47 37 


57 40 1 


937 


Sta. M.* la mayor 


. Y. 


1636 


27 53 14 


57 46 4 


»11 


San Javier. 


Y. 


1629 


27 51 8 


57 34 4 


1379 


San Nicolás. 


Y. 


lesff 


28 12 


57 39 53 


3667 


San Luis. 


Y. 


1632 


28 25 6 


57 » 14 


3900 


San Lorenzo. 


Y. 


1691 


28 27 24 


57 8 30 


1S7S 


San MigaeL 


Y. 


1632 


28 32 36 


56 59 27 


1973 


San Juan. 


Y. 


169S 


2» 96 56 


56 48 40 


2388 


San Ángel. 


Y. 


1707 


28 17 19 57 12] 1966 


San Tomé; 


Y. 


1632 


28 32 49iS8 17 43 


1500 


San Borja. 


Y. 


1690 


28 39 5r58 15 58 


1800 


La Cruz. 


Y. 


ifm 


29 29 1 58 48 2ÍB 


2S00 


Yapeyó. 

S. Francisco Jav. 


Y. 


1626 


29 31 47,58 58 28, SSOO 


Y. 


17U 


30 32 15 62 27 151 IStoB 


San Gerónimd. 


Y. 


1748 


29 10 20 


91 43 40 


«82 


Las Garzas. 




1770 


28 28 49 


61 11 40 


218 


S. Pedro y S. Pa 


1^ 










blo. 


Y. 


1765 


29 57 


62 37 


643 


Caiastá. 


Y. 


17i9 


31 9 20 


62 39 


«7 


Yaispin. 
Barsaera^ 


Y. 


1795 


29 43 30 


62 40 30 


•M 


Y. 

t 


1580 


33 46 35 


52 » 38 


*>4m 



— :545 — 



Nombres. 



Qailmes. 
Sto. Doiningo 

riaño. Y 
Magdalena* P 
Sao Vicente. P 
Morón. P 
San Isidro. P 
Conchas. P 
Lnián. V 
Pilar. P 
La Crns. P 
Areco. V 
San Pedro. P 
Arrecife. V 
Pergamino. V 
San Nicolás. V 
Chasctmos. 
Ranchos. F 
Monte. F 
Lnjan. F 
Salto. F 
Bojas. F 
Melincné. F 
Piedras. P 
Canelón. ' V 
Saota Lnci». T 
Sao José. . V 
Colla. P 
Real Cárlo^ P 
Viveras. P 
Espinillo. P 
Mercedes. P 
Martin Garcia. P 
Arroyo de la Chi- 
na. V 

Gnalegnaichü. V 

Gnalegoai. V 

Pando. V 

Sao Carlos. Y 






d. 



d. 



d. 



1677 

1650 
1730 
1730 
1730 
1730 
1769 
1730 
1772 
1772 
1730 
1780 
1730 
1780 
Í7b9 



1780 
1778 
1781 
1781 
1780 
1680 
1780 
1780 
1791 



Latitud 
austral. 



34* 38' 45' 



33 
35 
35 
3» 
34 
34 
34 
34 
34 
34 
33 
34 
33 
33 
35 
85 
35 
84 
34 
34 
33 
34 
34 
34 
34 
34 
34 
33 
33 
33 
34 



1780 32 
1780 32 
1780 33 
d. 1782 34 
1778 34 



23 
5 
2 
40 
28 
24 
36 
25 
16 
14 
39 
4 
53 
19 
33 
30 
25 
39 
18 
11 
44 
45 
35 
30 
22 
19 
25 
56 
33 
12 
11 

29 

59 

8 

41 

44 



Longitud O. 
de Paris, 



56 60 
6l59 



20 

10 

O 

56 



60 
61 
60 
60 



0,61 
56'61 



22 

2 
47 
10 
28 

O 
40 
30 
40 
80 
45 
30 
30 
24 
23 
35 
17 
39 

8 
20 
30 
30 

S 

18 
15 
19 
18 



61 
62 
62 
62 
63 
62 
60 
60 
61 
62 
62 
63 
64 
58 
58 
58 
59 
59 
60 
60 
60 
60 
60 

60 
60 
61 

58 



60» 36*50" 



38 20 

55 40 

46 30 

4 45 

49 10 

53 30 

40 30 

33 40 

43 30 



7 
13 



3 
45 



45[57 



33 

47 

48 

9 

4 



10 
O 



47 10 



50 
4 



22 15 

36 14 

10 54 

4 50 

54 40 

19 50 

O 56 
32 



34 55 

40 41 
13 22 

41 43 
9 56 

31 30 

32 15 
17 40 

33 40 



55 

8 

10 

4 

4 

44 



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11 
d. 800 

d.l700 

d.3000 

1750 

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2000 

2000 

1500 

2058 

1772 

2300 

d. 600 

1728 

1200 

4220 

d.lOOO 

d.8000 

d. 750 

d.2000 

d. 750 

d. 740 

d. 400 

d. 800 

3500 

d. 460 

d. 350 

d. 300 

d. 200 

d.l500 

d.l300 

d. 850 

d. 200 

d.3600 
d.20OO 
'^d.1600 
d. 300 
d. 400 



Sta. Tema. 

San Míeael. 

Helo. 

ÍMa. Tecla. 

Balobf. 

Caacarf. 

BurtiCDia. 

Aladas. 

Sao Roqas. 

Bajada. 

Noftoia. 

CoroDiia. 

Rosariu, 

Rio Negru. 

MaluiaaK. 



k 


auiíral. 


Longitud 0. 
d, Puril. 


iJ 


^ 














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34- 


2f 


30" 


57- 


25' 


34' 


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1800 


3i 


22 





56 


32 


58 


350 


1763 


33 


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5 


SS 


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1735 


33 


U 


U 


55 


55 




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1795 


3i 


23 


U 


56 


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1773 


31 


16 


8 


56 


3t 


190 


1800 


30 


30 


1 


57 


6 


S^ 


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Í780 


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31 





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21 


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1780 


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57 


50 


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35 


95 


ISS 


1780 


28 


15 


20 


60 


50 


SO 


d.lKD 


1781 


28 


33 


33 


60 


57 


30 


1390 


1730 


31 


ki 


15 


63 


i 


30 


3000 


1793 


5? 


17 


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62 


24 


^ 


d.l5«l 


1768 


58 


47 


63 


21 


SOOO 


1730 


32 


56 


i 


63 


11 


20 


3500 


1781 


M 


50 





64 


43 


30 


d. SOQ 




91 


32 





59 


57 


30 


d, 800 



FIN DEL TOMO PEQIERO. 




_ 347 — 



índice 



^«^•^ '^Slbs ^[^'^"Ib'^^sft 



AdoerUneia del edüor h 

CafUulo L—Del clima y vientos. II 

CafUuío 11. — Disposición y calidad del terreno. 1 7 

Capiiido líl.—De las sales y minerales. • • • 27 
Capitulo IV. — De algums ríos principales , puer^ 

tos y pescados. 54 

Capitulo V. — De los vegetales silvestres. ... 55 

Capktuh VI.'^De los vegetales de cultivo. . . 79 

CapUuhVIl.—Delosinsectos 88 

Capítulo VIlh—De los sapos^ culebras y vivaras. I SO 

Capitulo IX.^'De los cuadrúpedos y pájaros. . 131 

Capítulo X. — De los indios silvestres. ... 143 
Capitulo XL — Algunas reflexiones sobre los tn- 

dios silvestres 247 

Capitulo XIL — De lo que practicaron los con^ 

quisladores del Paraguay y delriodela Plata 

para sugetar y reducir á los indios^ y del modo 

como se les ha gobernado 252 

Capitulo XI 11. — De lo practicado por los padres Je- 

suitas para regir y gobernar los indios* . . 269 

CapUulo XIV.— De los Pardos 291 

Capitulo XV.— De los Españoles 298 

Capitulo XVI.— Breve noticia de los pueblos ypar^ 

roquias existentes en el gobierno dd Paraguay. 31 5 
Capitulo XVII.— Breve noticia de los puMoe yfor- 

roquias existentes en el gobierno de Buenos Aires. 351 



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